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sábado, 22 de febrero de 2014

Vídeos e Imágenes - “La oportunidad republicana: El miedo tiene que cambiar de bando” con Juan Carlos Monedero - Granada, 19/02/2014









* Vídeos y fotografías de la conferencia “La oportunidad republicana: El miedo tiene que cambiar de bando”, impartida por el politólogo Juan Carlos Monedero en la ETSIE de Granada, el pasado 19 de febrero de 2014.  La charla-coloquio fue coorganizada por UCAR-Granada.

** La totalidad de las imágenes, tomadas por el fotógrafo Sergio Rojas, se encuentran disponibles en la galería pública de nuestra asociación.  

martes, 11 de febrero de 2014

“La oportunidad republicana: El miedo tiene que cambiar de bando” - Conferencia de Juan Carlos Monedero en Granada - Miércoles 19 de Febrero - Salón de Actos de la ETSIE (antigua Arquitectura Técnica)


CONFERENCIA EN GRANADA  
LA OPORTUNIDAD REPUBLICANA: 
EL MIEDO TIENE QUE CAMBIAR DE BANDO
(Sesión 15 de los Seminarios Miradas al Mundo)

Ponente: Juan Carlos Monedero Fernández-Gala (Madrid, 1963), profesor de Ciencia Política y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid y director del Departamento de Gobierno, Políticas Públicas y Ciudadanía Global del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Es autor de numerosos ensayos, entre los cuales destacan “La Transición contada a nuestros padres. Nocturno de la democracia española” (Los Libros de la Catarata, 2011)“Curso urgente de política para gente decente” (Seix Barral, 2013). Entre 2005 y 2010 asesoró al desaparecido presidente venezolano Hugo Chávez.

Fecha: Miércoles 19 de febrero de 2014.

Hora: 7 de la tarde.

Espacio: Salón de Actos de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación (antigua Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica), sita en el Campus Universitario de Fuentenueva (calle Doctor Severo Ochoa, s/n).    

Aperitivo: «El régimen del 78 [...] está herido de muerte. No hay más que ver la crisis de legitimidad de la monarquía, la judicatura, los partidos, los problemas territoriales... [...] El régimen hace aguas y ¿cuál es la propuesta del bipartidismo? Una segunda transición. Pero algunos lo que tenemos claro es que España no necesita una segunda transición sino una primera ruptura» (entrevista del profesor Monedero en La Opinión A Coruña, publicada el 18 de enero).

viernes, 7 de febrero de 2014

Podemos, la discapacidad y la razonable urgencia de los oprimidos


Pablo Echenique-Robba*


04/02/2014

En las últimas semanas, el movimiento denominado Podemos, con Pablo Iglesias al frente como mediático portavoz, ha tomado por asalto los medios (al menos los medios de izquierdas), ha llenado —y desbordado— auditorios en varias capitales españolas y ha provocado encendidos debates en las redes sociales y en la blogosfera (seguro que hay una palabra mejor que "blogosfera", pero me gusta esa connotación de periodista viejo de la tele que acaba de descubrir internet).

Numerosos argumentos a favor de Podemos, en contra, neutrales, paralelos y ortogonales, se han puesto encima de la mesa: Que si divide a la izquierda, que si no la divide. Que si se ha creado mediante el conciliábulo de unos pocos y sin un proceso asambleario. Que si va a desactivar los ríos subterráneos de innovación social surgidos del 15M, que si los va a potenciar. Que si debería haberse propuesto en el seno de Izquierda Unida por ser el partido de izquierdas con mayor base social y mayor expectativa de voto. Que si han desideologizado el discurso haciéndolo más populista y diluyendo la verdadera identidad de la izquierda. Que si hubiese sido mejor no plantearse las elecciones europeas como principal objetivo sino las municipales... y cien mil cosas más.

Ha sido también un tema recurrente la persona de Pablo Iglesias —por razones obvias— y la idoneidad de su claro protagonismo en todo el asunto.

Por poner un ejemplo que he seguido de cerca, hace unos días se publicó en eldiario.es un corte de 49 segundos de un vídeo en el Pablo Iglesias contaba una anécdota de una pelea en la que él y unos amigos suyos se vieron envueltos y en el que utilizaba unas palabras claramente despectivas para referirse a los tipos con los que se pegaron.

Esto ocasionó un buen revuelo y se empezó a debatir —a veces airadamente— si estaba utilizando la ironía, o se le había escapado el exabrupto denotando un clasismo subyacente que lo descalificaba automáticamente para proponer nada, o se le había calentado la boca pero no lo pensaba, o sí lo pensaba pero sólo dentro del marco teórico marxista, o lo decía en broma, o estaba descontextualizado... o cien mil cosas más.

Al día siguiente —así de rápido es el debate político de hoy— Pablo Iglesias se explicaba y disculpaba en Público. La explicación básicamente incide en cuál era el objetivo pedagógico de la anécdota y acepta que las palabras que usó (para provocar) fueron desafortunadas e irresponsables. Por el tono y por el error en el mismo, por las formas, en efecto se disculpa, pero en ningún momento se retracta del fondo del asunto. Además, en su estilo, comienza el artículo con una defensa que es un ataque (o una crítica, si queremos ser más suaves): a quienes editaron el fragmento de 49 segundos y al periodista de eldiario.es que publicó la noticia.

Os podéis imaginar ya lo que sigue: Que si no se ha disculpado, que si sí lo ha hecho. Que si se le sigue viendo el plumero del clasismo. Que si lo deja todo claro, que si hace falta una explicación de la explicación. Que si se le nota que es un universitario pedantillo de clase media, que si pocos como él defienden a la gente a la que nombró con tan controvertidas formas... y cien mil cosas más.

Todo esto está muy bien. El debate es divertido y enriquecedor (o, a veces, perjudicial y estéril). Los análisis político-sociológicos son muy necesarios y supongo que el análisis de Pablo Iglesias como individuo también. Cada uno tiene su opinión y todos tienen muchas ganas de decirla.

Yo, claro, no voy a ser menos.

Así que vamos allá.

En primer lugar, es bueno dejar claro de dónde viene la crítica: Yo no soy periodista profesional, ni politólogo profesional, ni político profesional, ni he participado nunca seriamente de organizaciones políticas, sindicales o sociales. Mi profesión es la de científico, me consume el 80% de mi tiempo (aproximadamente) y todo lo demás que hago —si lo hago— es a tiempo (muy) parcial y desde un amateurismo descarado y casi ofensivo. No digo esto con orgullo, pero es un hecho y es bueno tenerlo en mente.

Uno podría objetar que —entonces— mi opinión tiene poco valor. Pero también se puede argumentar que, de hecho, casi todos los ciudadanos, casi todos los votantes, están en una situación similar a la mía; al menos en lo que se refiere a no dedicar casi nada de tiempo a la práctica o al análisis formal de la política. En este sentido, mi opinión, y la de la mayoría que es como yo, puede pensarse que es —al contrario— la más importante de todas.

Creo que ésta es una de las cosas que la gente de Podemos en general, y Pablo Iglesias en particular, han sabido ver y creo que es una de las fuentes de su éxito (parcial de momento, pero tangible). Sin embargo, no es éste el punto clave que quiero comentar.

Hoy quiero hablar de la urgencia, de la prisa de los oprimidos.

Veréis. Yo soy clase media. Tengo una vida razonablemente segura en lo económico (de momento) y me podría permitir cualquier exceso de teorización, cualquier debate interminable, cualquier artículo de 10 páginas sobre los canales de participación política y su relevancia diferencial en la configuración de los movimientos de izquierda. Hasta podría pegarme una semana en google a ver si encuentro una foto de Pablo Iglesias borracho, disfrazado de comandante de las SS y abrazando a Marhuenda en una fiesta privada (o si, por el contrario, sólo aparece regalando caramelos y desordenando el pelo de "lúmpenes de clase mucho más baja que la suya" con una sonrisa beatífica y un rayo de sol iluminándole la coleta).

El tema es que muchísima gente no se puede permitir este lujo.

Si hablamos de la discapacidad —que es un tema que sí conozco—, la mayor parte de los ciudadanos que tienen una se ven abocados a una vida que a ninguno nos gustaría llevar.

Si la discapacidad se da en una familia promedio, normalmente se puede salir adelante, pero es casi seguro que uno de los padres (o de los hijos, si la persona es mayor) tenga que dedicarse gran parte del día a asistir al retrón** y no pueda trabajar. Casi siempre se trata de la madre y no recibe remuneración alguna por ello, más que la que le toque por la miserable ley de dependencia; si le toca algo.

El retrón, por otro lado, tiene un poco complicado —por no decir imposible— alcanzar una vida de independencia como la que casi todos dais por sentada en la adultez. Imagina que tu madre te tenga que acompañar siempre que viajes o tener que vivir toda la vida en casa de tus padres, incluso aunque —contra todas las estadísticas— consigas un trabajo.

El material de ortopedia que necesitas es caro y las subvenciones sólo alcanzan para comprar artículos de la gama más baja... y eso cada unos cuantos años. Así que te mueves en una silla de ruedas medio rota con la que ni siquiera tienes claro que puedas realizar un trayecto medio en la ciudad sin que te dé un susto.

Es también muy posible que, para que tu madre descanse un poco, la familia contrate a un asistente personal algunas horas, normalmente un extranjero ilegal al que le pagáis poco y en negro para poder llegar a fin de mes.

Si este panorama económico familiar —especialmente en el actual contexto— no os lleva a la pobreza en unos años, igual tienes en el horizonte el envejecimiento de tus cuidadores familiares y tu casi seguro internamiento en una residencia cuando cumplas 40 años (o antes). La poca libertad que tenías la acabas de perder y cruza los dedos para que la enfermera que te toque tenga buen carácter y te limpie el culo con cariño y más o menos cuando te hace falta; una hora arriba, una hora abajo.

Si tu familia ya parte de una situación económica precaria, todo esto se agrava, todo el proceso se acelera y la pobreza es tu destino más probable e inmediato. No voy a hablar de la salud y de tu esperanza de vida mucho más corta que la media porque creo que ya vas pillando la idea y no me quiero extender.
Con estas perspectivas, no puedes evitar hacerte algunas preguntas que parecen bastante obvias:

¿Por qué sube el IBEX?

¿Por qué las eléctricas ganan cada vez más y yo pago cada vez más en el recibo de la luz?

¿Por qué aumenta el número de millonarios en España?

¿Por qué se indulta a banqueros?

¿Por qué se construyen nuevos ramales de alta velocidad?

¿Por qué el gobierno da créditos blandos a una banca que ha demostrado su inmoralidad e irresponsabilidad y declara haber perdido ya la cantidad correspondiente a tres décadas de la (maltrecha) ley de dependencia?

Además, te haces una preguna que afecta a todas las anteriores:

¿Por qué no dejan de torturarme y arreglan esto ya mismo?

Claro, a nada que te informes, la respuesta a todo esto es obvia: Porque el partido que gobierna (y el que gobernaba antes también, aunque ligeramente en menor medida) sólo responde a los intereses de una élite que no tiene tus problemas urgentes ni le importa un bledo que tú los tengas.

El siguiente paso es obvio también: Giras entonces la cabeza hacia la izquierda política —ésa cuyos postulados se centran en la solución de tus problemas— y la giras con esperanza. Pero entonces surgen nuevas preguntas:

¿Por qué no se juntan todos los que piensan parecido y así aumentan sus posibilidades de ganar?

¿Por qué (si es cierto que les preocupo tanto) no ponen sus diferencias aparte y se unen en un frente común?

¿Quién gana qué con la división de los partidos de izquierdas?

¿Por qué no se unen también los movimientos sociales a dicho frente?

Y, de nuevo:

¿Por qué no lo hacen ya mismo?

Es cierto que los analistas y los opinadores te dan miles de razones: Que si no se pueden quemar etapas. Que si el cambio social tiene su propia dinámica. Que si no se puede basar un cambio profundo en una población desideologizada. Que todo lleva tiempo. Que primero hay que consultar a las bases, luego convocar un congreso extraordinario, luego consensuar un documento, después iniciar una ronda de contactos y, quizás, en las elecciones de 2020 tengamos, si dios quiere y no hay ningún contratiempo, un frente común.

Vamos, que es obvio que ellos no están encarcelados ni les limpia el culo una enfermera con mala hostia. Ideas, teorías y análisis tienen muchos; prisa ninguna.

Entonces aparece un tipo y un movimiento que propone justo eso: frente común y quemar etapas. ¡Hasta se atreven a sugerir la posibilidad de ganar las elecciones (en vez de quedar terceros)!

Y claro, si la discapacidad te está llevando a la miseria, o si te van a desahuciar la semana que viene, o si eres parado de larga duración, o si un banco te ha robado tus ahorros de toda la vida, o si amenazan con quitarte la sanidad, o la pensión, o si están legislando en este mismo momento sobre tu útero, resulta bastante natural que la idea te resulte interesante.

Quizás si tuvieses un lindo sofá y una tele de plasma en un coqueto piso del centro te parecería un hobby interesante estudiar los procesos internos de IU y sus diferencias con EQUO, analizar en qué medida una propuesta metodológica como la del Partido X puede ser compatible con una postura ideológica sólida, debatir alrededor de un buen Rioja crianza si lo primero es la educación o si la revolución va primero y la educación va después, o hacer una lista de las contradicciones de Pablo Iglesias y cómo se comparan éstas con las de Monedero o las de Errejón, o debatir de si la pronunciación en voz alta de "lúmpenes" denota un realismo crítico o un clasismo oculto pero recalcitrante.

Pero resulta que no tienes ni sofá, ni tele, ni piso coqueto. Así que no te vas a dedicar a esto. Lo que vas a hacer es seguir preguntando:

¿Por qué no hacéis algo ya mismo y me dejáis de contar historias?

Porque estás muy jodido y tienes prisa; lógicamente.


* Pablo Echenique-Robba es doctor en Física Teórica y científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

** Concepto utilizado por el autor y por su compañero de blog Raúl Gay para definir a los discapacitados.

martes, 4 de febrero de 2014

Partir de cero


Miguel Riera*


Febrero de 2014

A estas alturas del viaje, es lícito preguntarse qué queda de sano en las instituciones españolas. Algo habrá, desde luego, pero cuesta bastante verlo. Al menos aparentemente, la gusanera de la corrupción ha invadido todos los espacios, y lo ha hecho desde hace ya bastante tiempo. Que haya tardado tanto en explotar jurídica y mediáticamente sólo es explicable porque los sufridos ciudadanos hemos estado desviando la mirada de la punta del iceberg, evidenciando una tolerancia suicida ante los primeros brotes que fuimos conociendo.

Pero lo cierto es que hay corrupción en la esfera política (y no sólo económica; también moral); en la justicia; en el mundo financiero; incluso en el domicilio del mayor comisionista del país: la casa real. La mentira campa por doquier, llegando a veces a ser tan obvia que uno puede llegar a dudar de la salud mental del mentiroso (recordad, lectores y lectoras, como ejemplo de mentira estúpida, que el presidente del gobierno dijo hace relativamente poco, en rueda de prensa con corresponsales extranjeros, que no le constaba que hubiera ningún cargo del PP imputado).

Al nivel que han llegado las cosas, lo que este país necesita no son simples reformas, sino un cambio radical de naturaleza moral. Una recuperación de principios olvidados hace décadas. Además, ¿alguien cree de veras que con los partidos políticos actuales se van a alcanzar las profundas reformas que el país pide a gritos? ¿De verdad alguien puede llegar a pensar que PP y PSOE, acompañados por PNV, CiU y otros, van a permitir un nuevo proceso constituyente? ¿Que van a impulsar la despolitización de la justicia? ¿Que aceptarán una nueva ley electoral que pueda menoscabar sus intereses?

No seamos ingenuos.

El vigente sistema político, empezando por la casa real, no va a permitir cambios radicales que afecten a su actual estatus, aunque salgan millones de ciudadanos a protestar por las calles. Eso pudo suceder en el pasado, pero ahora la fortaleza de los intereses cruzados es tal que resistirá cualquier embate. El cinismo con que se nos miente desde arriba revela bien a las claras que se creen inmunes, y me temo que verdaderamente lo son.

Por eso, porque hay que cambiar de paradigma moral, hay que dejarse de palabrería y empezar por suprimir el pilar sobre el que se asienta todo el sistema: la monarquía.

Sólo con la llegada de una república será posible partir de cero, empezar de nuevo. No se me escapa que el régimen republicano no es per se inmune a la corrupción, al cinismo, la mentira, el abuso de poder. Todo eso puede pasar bajo una república. Pero, al menos, tendríamos una oportunidad.

Así pues, pienso que deberíamos poner la reivindicación republicana como mascarón de proa de cualquier otra reivindicación. Que los partidos que se dicen republicanos (pero que no hacen nada efectivo por traer la república) deberían gritar un día sí y al otro también que hay que proclamar ya la IIIª República. Aunque a su alrededor hayan muchos sordos.

Si no se hace así, si no lo conseguimos (y la verdad es que el asunto no tiene buena pinta) haremos buena la famosa frase de Lampedusa: cambiaremos algo, pero para que nada cambie.


* Miguel Riera Montesinos, periodista y editor, es el director de la mítica revista El Viejo Topo.

domingo, 2 de febrero de 2014

Aprendiendo de América Latina


Pascual Serrano*


Enero de 2014

En el pasado Congreso del Partido de la Izquierda Europea, en diciembre en Madrid, invitaron al vicepresidente boliviano Álvaro García Linera, quien tuvo una magnífica intervención de poco más de media hora. García Linera se dirigió a los europeos con respeto pero con la autoridad que le da formar parte de uno de los gobiernos de izquierda que está cambiando América Latina y convirtiendo la región en el referente para toda la izquierda del mundo. Más allá del contenido de su conferencia, el hecho de que más de treinta partidos de la izquierda europea escuchen y tomen nota de su interpretación de lo que sucede en Europa, su análisis del capitalismo mundial y sus propuestas de regeneración y lucha, supone un hecho sin precedentes. Supone el reconocimiento, por fin, en la izquierda institucional europea de que la experiencia latinoamericana es el lugar donde mirar en la búsqueda de un referente y una esperanza. Durante décadas, la mitad de la izquierda europea -y no nos referimos a la socialdemocracia- renegaba de la revolución cubana; durante los primeros años de gobierno de Hugo Chávez, esa misma izquierda le seguía considerando un gorila golpista. Y gobiernos como el de Evo Morales o el de Ecuador eran mirados con desdén. Pero mientras los gobernantes europeos solo despiertan desprecio y rechazo por donde van, Morales o Correa reúnen miles de partidarios incluso cuando convocan actos públicos en Europa. Y no digamos los cubanos y venezolanos. 

García Linera nos dijo que ve “una Europa que está abatida. Vemos una Europa ensimismada y satisfecha de sí misma. Vemos una Europa, hasta cierto punto, apática y cansada. Son palabras muy feas y muy duras, pero así vemos a Europa. Atrás ha quedado la Europa de las luces, la Europa de las revueltas, la Europa de las revoluciones. Atrás, muy atrás, ha quedado la Europa de los grandes universalismos que movieron al mundo, que enriquecieron al mundo y que empujaron a los pueblos de muchas partes del mundo a adquirir una esperanza y movilizarse en torno a esa esperanza. Atrás han quedado los grandes retos intelectuales. (…) Esta silenciada, encerrada y única Europa que vemos en el mundo es la Europa de los grandes consorcios empresariales, la Europa neoliberal, la Europa de los grandes negociados financieros, la Europa de los mercados y no la Europa del trabajo. (…) parafraseando a Montesquieu, sólo se oye el lamentable ruido de las pequeñas ambiciones y de los grandes apetitos”.

Nos recordó que “unas democracias sin esperanza y sin fe, son democracias derrotadas, unas democracias sin esperanza y sin fe, son democracias fosilizadas; en sentido estricto no son democracias”. Según señaló, “la democracia es práctica, la democracia es acción colectiva, la democracia en el fondo es creciente participación en la administración de los comunes que tiene una sociedad. Hay democracia si en lo común que tenemos los ciudadanos participamos. Si tenemos como patrimonio común el agua, democracia es participar en la gestión del agua. Si tenemos como patrimonio común el idioma, la lengua, democracia es la gestión común del idioma. Si tenemos como patrimonio común los bosques, la tierra, el conocimiento, democracia es gestión, administración común, creciente participación común en la administración del bosque, en la gestión del agua, en la gestión del aire, en la gestión de los recursos naturales. Hay democracia en el sentido vivo del término, no fosilizado del término, si la población y la izquierda ayuda, participa de una gestión común de los recursos comunes. Instituciones, derechos, riquezas. Los viejos socialistas de los años 70 hablaban de que la democracia debía tocar las puertas de las fábricas. Es una buena idea pero no es suficiente. Debe tocar la puerta de las fábricas, la puerta de las empresas, la puerta de los bancos, la puerta de las instituciones, la puerta de los recursos, la puerta de todo lo que sea común para las personas”.

El vicepresidente abordó la leninista pregunta del Qué hacer, y sugirió cinco elementos. Uno de ellos es que, como dijo Pietro Ingrao, indignarse no basta: “la izquierda europea no puede contentarse con el diagnóstico y la denuncia. El diagnóstico y la denuncia sirve para generar indignación moral. Es importante la expansión de la indignación moral pero no genera la voluntad de poder. La denuncia no es una voluntad de poder. Puede ser la antesala de una voluntad de poder, pero no es la voluntad de poder. La izquierda europea, la izquierda mundial, ante esta vorágine depredadora de la naturaleza y del ser humano destructivo que lleva adelante el capitalismo contemporáneo, tiene que aparecer con propuestas o iniciativas.”

García Linera señaló que “necesitamos reivindicar la dimensión heroica de la política, Hegel veía la política en su dimensión heroica y siguiendo a Hegel, supongo, Gramsci decía que en las sociedades modernas la filosofía y un nuevo horizonte de vida tiene que convertirse en fe en la sociedad; pues solamente puede existir como fe al interior de la sociedad”. “Eso significa -añadió- que necesitamos reconstruir la esperanza, que la izquierda tiene que ser la estructura organizativa flexible, crecientemente unificada, que sea capaz de revitalizar la esperanza en la gente: un nuevo sentido común, una nueva fe, no en el sentido religioso del término sino una nueva creencia generalizada por lo que las personas apuestan heroicamente su tiempo, su esfuerzo, su espacio, su dedicación”.

Dos últimas ideas. Su llamamiento a la unidad: “La izquierda, tan débil hoy en Europa, no puede darse el lujo de distanciarse de sus compañeros. Podrá haber diferencias en diez o veinte puntos pero coincidimos en cien. Esos cien que sean los puntos de acuerdo, de cercanía, de trabajo, y guardemos los otros veinte puntos para después. Somos demasiado débiles como para darnos el lujo de seguir en peleas de capilla y de pequeños feudos, distanciándonos del resto. Hay que asumir una lógica nuevamente gramsciana: unificar, articular, promover”.

Y la reivindicación del Estado, tan vilipendiado por algunos movimientos. “Hay que tomar el poder del Estado, hay que luchar por el Estado. Pero nunca olvidemos que el Estado, más que una máquina, es una relación; más que materia es idea. El Estado es fundamentalmente idea y un pedazo es materia. Es materia como relaciones sociales, como fuerzas, como presiones, como presupuestos, como acuerdo, como reglamentos, como leyes. Pero es fundamentalmente idea como creencia de un orden común, de un sentido de comunidad. En el fondo la pelea por el Estado es una pelea por una nueva manera de unificarnos, por un nuevo universal, por un tipo de universalismo que unifica voluntariamente a las personas. Eso requiere entonces haber ganado previamente las creencias, haber derrotado a los adversarios previamente en la palabra, en el sentido común, haber derrotado previamente las concepciones predominantes de derecha en el discurso, en la percepción del mundo, en las percepciones morales que tenemos de las cosas”.

http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=3511

* El periodista y ensayista Pascual Serrano Jiménez es uno de los fundadores de la publicación electrónica alternativa Rebelión.

** Fotografía del compañero Álvaro Marcelo García Linera, vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia.