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martes, 28 de abril de 2020

El 14 de abril que nunca olvidaremos


Rosa María Escobar Molina (*)

El Ateneo de Granada Republicana UCAR / El Independiente de Granada

28/04/2020

El domingo 15 de marzo nos levantamos confinados, en pleno estado de alarma, con una sensación de desconcierto, unos asustados, otros tantos alucinados y muchos apenados. No se sabe qué será de nosotros cuando todo pase, no tenemos ni idea de cuándo será ese día en que esta pesadilla termine; parece una letra de una canción, pero es la sintonía de nuestra cabeza cada jornada.

Los días pasan, la incertidumbre no acaba y nos vemos envueltos en un fallo sistémico, creándose una nueva profesión, “experto en pandemia de redes”, ejercida por aquellos que saben lo que hubiera pasado si se hubieran aplicado sus teorías. Paralelamente, se extiende una pandemia más fuerte que la propia generada por el virus, surge lo que yo denomino la pandemia del odio.

En este periodo aparecen lo mejor y lo peor del individuo: el ser humano empático, coherente, agradecido y solidario que contrasta con el ser no humano, egoísta, cruel, estúpido y arrogante.

Contrastan los episodios de balcón y los de salón. En los primeros salen los seres humanos, cita obligada cada día a las 20:00 horas para aplaudir la valentía de ese sector público (con sus imprescindibles heroínas), pero luego cuando vamos al salón se nos olvida y sale el ser humano incoherente y estúpido, despotricando contra las medidas que se toman: yo lo haría mejor que tú si estuviera en tu lugar. ¿Les suena de algo?

Todos conocemos a ángeles y demonios en esta crisis, muchas veces más cerca de lo que quisiéramos y que nos ayudan a hacer una crítica de lo incomprensible que puede llegar a ser el ser humano y más aún el ser no humano. Pero vamos a intentar ser optimistas y positivos y vamos a levantarnos la moral y así podremos contrarrestar la inhumanidad que habita en nuestra sociedad.

Ya ha pasado un mes desde el encierro. Estamos a miércoles. Sí, es 14 de abril, una fecha que celebrar, el día de la República más especial que nuestras mentes van a recordar. Por delante, los valores republicanos: en primer lugar, la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero también la solidaridad, la ejemplaridad, la deliberación, la responsabilidad, la austeridad, la laicidad, la defensa de lo público y la racionalidad.

Defensa de nuestros servicios públicos, que contrasta con quienes jalean en el balcón, pero no han defendido con la razón, las consecuencias de esas políticas destructivas que no cuidaron de esas heroínas a las que ahora se aplaude.  Se vitorea a un sector, el de la sanidad pública, que está trabajando en unas condiciones lamentables, carentes de una protección suficiente; pero ahí están ellos, al pie del cañón, sin dudarlo ni cesar. Nuestros grandes héroes van cada jornada al hospital para defender con dignidad los que otros no han sabido salvaguardar.

Surge una nueva pregunta en nuestra mente: ¿es el momento de luchar por una III República? Por supuesto que sí, más que nunca.

Después de la tormenta del coronavirus, habrá que repensar si una monarquía obsoleta, retratada en mitad de una pandemia como una institución superflua, corrupta e inútil, es la mejor alternativa para regir los destinos de nuestra patria.

Cuando esto acabe y podamos hacer autocrítica, en nuestras manos estará generar cambios. No se puede cambiar lo de arriba si todos seguimos igual. No podemos conseguir avanzar si los de abajo no tenemos responsabilidad. Debemos cultivar mentes críticas para poder alcanzar el objetivo final: una República de la ciudadanía, en la que merezca la pena vivir. 

Solo las clases trabajadoras y las capas populares, esa mayoría que produce y crea la riqueza de nuestro país (y de la que esos parásitos, que se llaman falsamente patriotas, se apropian), podrán finiquitar la monarquía y traer la República. Nuestra labor como republicanos será ayudar a esa toma de conciencia colectiva, difundiendo el ideal de un nuevo país sin súbditos ni vasallos (un espacio común en el que los seres humanos vayan venciendo progresivamente a los no humanos), alumbrando el camino hacia la libertad.

(*) La economista Rosa María Escobar Molina es miembro del colectivo Granada Republicana UCAR.


lunes, 13 de abril de 2020

La República en los tiempos del coronavirus

Viñeta del maestro Andrés Vázquez de Sola sobre el coronavirus y la peste borbónica.

José María García Labrac (*)

El Ateneo de Granada Republicana UCAR / El Independiente de Granada

13/04/2020

La República en España sería en el horizonte la irradiación de lo verdadero, promesa para todos, amenaza para el mal únicamente; sería ese gigante, el Derecho, en pie en Europa, detrás de esa barricada llamada los Pirineos.
Si España renace monarquía, es pequeña.
Si renace República, es grande.
Que escoja.
(Victor Hugo, 1868) 

Por primera vez en dieciséis años, esta primavera de 2020 no celebraremos nuestra tradicional Cena Republicana Granadina. La pandemia del coronavirus ha provocado la suspensión de la conmemoración anual de la proclamación de la II República Española, el acto central de la asociación que me honro en presidir, Granada Republicana UCAR. Además, la emergencia sanitaria mundial nos ha obligado a aplazar el evento del XV aniversario de nuestro colectivo, fundado el 25 de abril de 2005 en los sótanos del Colegio Mayor Isabel la Católica.

Este mes de abril está siendo muy distinto a los anteriores. Tenemos que permanecer en casa el máximo tiempo posible para evitar que el virus se expanda a toda velocidad, colapsando el sistema sanitario público, tan dañado por la ofensiva privatizadora de la derecha. Nuestra responsabilidad como ciudadanos/as es respetar el confinamiento y la cuarentena que han establecido las autoridades, colaborando para derrotar a la enfermedad cuanto antes. Nos veremos cuando amaine la tormenta. Ahora toca resistir. El esfuerzo es mínimo, comparado con las adversidades que superaron nuestros mayores en otras épocas terribles.

Al inicio de la crisis, cuando se hicieron públicas las escandalosas comisiones pagadas por la dictadura saudita al rey emérito junto con las donaciones de este a su antigua amante, el actual monarca salió a la palestra, anunciando que renunciaba a la herencia de su padre, reconociendo implícitamente sus corruptelas y pretendiendo salvar la Monarquía a toda costa, dejando en la estacada al anciano playboy. Las redes sociales ardieron y se lanzó una cacelorada republicana que tuvo cierto éxito, al amparo de los primeros días de aplausos colectivos a los trabajadores de la sanidad. Posteriormente, la cuestión desapareció de la primera línea, quedando oculta tras los furibundos ataques de la dupla PP-Vox a la gestión del Gobierno PSOE-UP. Los medios obedecieron las consignas de sus amos e hicieron desaparecer el asunto de la agenda pública, dedicando toda su artillería a descabalgar al Ejecutivo de coalición, proponiendo que lo reemplazara un Gobierno tecnocrático de concentración, al servicio de unas élites preocupadas por el futuro de sus cuentas de resultados.

Cuando consigamos vencer al coronavirus y podamos reencontrarnos en calles y plazas, habrá que pensar muy seriamente en acabar con el virus de la Corona, la principal tara del régimen del 78. Por higiene democrática, tendríamos que desinfectar la Zarzuela y las instituciones del Estado de la enfermedad monárquica, levantando una nueva España desde las virtudes republicanas. El país que necesitamos para afrontar los retos del porvenir, como el cambio climático (que puede dejar a la COVID-19 a la altura del betún), debe ser una República soberana, que se haga respetar en Bruselas y en Washington, reforzando los lazos fraternales con Portugal y con las naciones de América Latina y del Mediterráneo. Un rompeolas contra la corrupción y el desmantelamiento del Estado de Bienestar, que nos permita prepararnos para afrontar pandemias, epidemias y catástrofes, defendiendo siempre la supervivencia de la especie humana frente a los mercaderes de la vida y la dignidad. 

El próximo 14 de abril, a las nueve de la noche, aunque no podamos abrazarnos ni brindar por la Tercera, hay que volver a sacar la tricolor al balcón, hacer sonar el Himno de Riego y golpear nuestras ollas y cacerolas para que el mundo entero sepa que la República sigue viva en los tiempos del coronavirus, como la medicina ideal para superar la peste borbónica y construir un país libre y soberano. Nuestra patria es la gente. Solo el pueblo salva al pueblo. España es mucho más que esa ralea de ultras que hoy amenazan la convivencia. España somos nosotros y nosotras, los herederos de siglos de luchas, de victorias y de fracasos, los llamados a protagonizar un mañana mejor.

España también eres tú. Hazte oír este martes, por ti y por los tuyos. En definitiva, por la República, un nuevo pacto social para enfrentar juntos y juntas los desafíos que vendrán.

(*) El autor es el presidente de la asociación Granada Republicana UCAR.