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viernes, 11 de diciembre de 2009

Manuel Prado o el valido


Jesús Cacho

El Confidencial

06/12/2009

La vida y fortuna de Manuel Prado y Colón de Carvajal, fallecido ayer en su casa de Sevilla a los 78 años de edad, dio un salto adelante con motivo de la invasión de Kuwait por Sadam Husein, lo que motivó la intervención norteamericana y británica para expulsar a las tropas iraquíes del emirato y volver a instalar a la familia Al Sabah en el trono. Solo al final de la guerra se supo que, además de los pozos de petróleo, habían ardido algo así como 55.000 millones de pesetas de la época que la Kuwait Investment Office (KIO) mantenía en las cuentas de su filial española, el Grupo Torras. Ocurrió que una buena parte de aquella suma se utilizó para el pago de favores políticos realizados en pro de la liberación del emirato, en concreto para permitir que los aviones de la USAF pudieran utilizar las bases españolas para repostar en sus viajes al Medio Oriente. Al menos esa fue la excusa que los trincones de turno pusieron para sacarle los dineros a KIO.

La nueva rama de los Al Sabah que tras la retirada iraquí se instaló en el emirato pronto se dio cuenta del timo y procedió a querellarse en Londres y Madrid contra el presidente de KIO, Fahad Mohamed Al Sabah, miembro de la familia reinante, contra su primer ejecutivo, Fouad Khaled Jaffar, y contra el presidente de Torras en España, Javier de la Rosa, quien, en declaración jurada ante la Corte de Londres, reconoció haber entregado a Manuel Prado hasta 160 millones de dólares, de los que el aludido reconoció en sede judicial haber recibido 100 –en dos entregas de 80 y 20-, algo así como 15.000 millones de pesetas de la época, recepción que justificó como “el pago de dictámenes y trabajos de asesoría por él realizados para De la Rosa”. Testigo del episodio en las alturas fue Sabino Fernández Campo, el ex jefe de la Casa del Rey recientemente fallecido, a quien un día el Rey Juan Carlos I pidió que acudiera al piso que De la Rosa solía utilizar durante sus estancias en Madrid, un hermoso penthouse en el 47 del Paseo de la Castellana, para que transmitiera al catalán el siguiente escueto mensaje:

-Vas a ir a ver a Javier de la Rosa a este número de la Castellana y le vas a decir que, de parte del Rey, todo está arreglado y que muchas gracias.

-Pero bueno –quiso saber Sabino, despistado- ¿no hay que decir de qué se trata?

-No, nada. Tú limítate a transmitirle lo que te he dicho.

Dicho y hecho. Fernández Campo cumplió su misión, certificando que el dinero había llegado a su destino. La gente más enterada de entre el madrileñeo nuestro de cada día se las prometía felices maquinando cómo se las iban a ingeniar los tribunales de Justicia para hacer como que juzgaban sin que saliera a relucir la figura que bajo ningún concepto podía salir a la palestra. ¡Ingenuos! Tras años de dilaciones, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, presidida por Javier Gómez Bermúdez, condenó en junio de 2006 a Javier de la Rosa a cinco años y dos meses de prisión por un delito continuado de apropiación indebida y otro de falsedad documental en las operaciones Pincinco (300 millones de dólares que volaron durante la Guerra del Golfo, incluidos 80 de los 100 pagados a Prado) y Oakthorn (préstamo de 105 millones). Por los mismos delitos fue también condenado a tres años y ocho meses el abogado de Torras, Juan José Folchi; a un año y seis meses el ex consejero delegado, Jorge Núñez, y a otro año por apropiación indebida el ya citado Manuel Prado, nacido en Quito y con residencia en Suiza, pasaporte diplomático e intendente real, cargo que tradicionalmente designa a la persona encargada de manejar los dineros privados del Rey.

Todos los condenados plantearon recurso de casación ante el Supremo, cuya Sala de lo Penal dio a conocer su fallo en septiembre de 2007, ampliando la condena para De la Rosa -siete años de prisión- y Núñez –cinco años-, mientras confirmó las de Folchi, y el añito a Manolo Prado. Siete años para el dante y uno para el tomante. Prado no ingresaría en la cárcel esta vez. Lo había hecho ya en abril de 2004, la de Sevilla, para cumplir dos años de prisión por su implicación en la llamada operación Wardbase, primera pieza separada del gran árbol del escándalo KIO. La Audiencia Nacional lo consideró culpable de un delito de apropiación indebida como receptor de un pago de 11,4 millones de euros (1.900 millones de pesetas) procedentes de Torras. Dos meses después se le concedió el segundo grado por razones humanitarias. En febrero de 2008 fue de nuevo condenado por la Audiencia Nacional a tres meses de prisión por apropiación indebida en la descapitalización de Grand Tibidabo.

Hombre de confianza de Juan Carlos I

Para entonces Manuel Prado era ya un juguete roto, obligado a vivir en la clandestinidad desde el punto de vista social y a entrar en Palacio casi a hurtadillas. Personaje clave en los últimos 50 años de Historia de España, sin el cual no se pueden entender muchas de las cosas ocurridas y que siguen ocurriendo –tal que la corrupción galopante en que ha derivado el Sistema-, su vida cambió el día en que, a mediados de los sesenta, conoció al entonces Príncipe Juan Carlos. Hijo de un chileno, Julio Prado, que tuvo también problemas con la Justicia y acabó de relaciones públicas de José Banús en la Costa del Sol, Prado fue el hombre providencial que se iba a encargar de rescatar al Príncipe de la mediocridad de aquellos aristócratas que le acompañaron en sus primeros años en España. De la mano de Prado, don Juanito, como le llamaban compañeros y profesores en Las Jarillas, abandonó a sus amigos de juventud –excepto a Jaime Carvajal y Urquijo, al que, entre otras cosas, haría presidente de Ford en España-, gente con mucho pedigrí y poco dinero, propietarios de fincas que al culto a la madre tierra unían un elegante desdén por el vil metal.

31 de octubre de 1975. El Príncipe preside un Consejo de Ministros en La Zarzuela, con el problema del Sahara Occidental como cuestión prioritaria. Al lado de Arias Navarro toma asiento como invitado el jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Fernández Vallespín. Don Juan Carlos manifiesta su determinación de ponerse al frente de los acontecimientos. Sin embargo, nada dice a los reunidos que él ya ha enviado a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a Washington, para solicitar la ayuda de Henry Kissinger, consciente como es de que una guerra colonial con Marruecos en aquellos momentos podría precipitar los acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podría perder su corona antes de ceñirla. Como enviado del futuro Rey, Prado viajó también a Casablanca y al francés Palacio del Eliseo para sumar apoyos exteriores a la joven democracia española.

Asentado Juan Carlos en la cúpula de la monarquía parlamentaria surgida a la muerte de Franco, Manuel Prado se iba a dedicar en cuerpo y alma a cuidar la fortuna del Rey, dispuesto el Monarca a abandonar para siempre su complejo de pobre, a olvidar las apreturas que de niño vivió en Estoril y después experimentó en sus años de juventud bajo la tutela de Franco. ¡Juro por Dios que nunca volveré a ser pobre! Tamaña determinación haría al entonces presidente Felipe González exclamar un día ante Sabino Fernández Campo, mientras esperaba en la antecámara para ser recibido por el Rey en uno de sus habituales despachos: “¡Y dile a Manolo que se conforme con el 2%, porque cobrar el 20% es una barbaridad...! Aludía el sevillano a las supuestas comisiones del petróleo importado por España de algún país árabe. Mucho antes, finales de 1973, el joven Príncipe había dirigido una cariñosa carta a Henry Ford II, presidente de la multinacional del automóvil del mismo nombre, recomendando encarecidamente a su amigo Manuel Prado como la persona idónea para facilitar los trámites legales necesarios para que la Ford se estableciera en Almusafes.

Un hombre que se mantuvo fiel al Monarca

Prado acabaría convertido en el valido, el nuevo Godoy por cuyas compuertas han pasado casi todos los secretos de La Zarzuela. Provisto de un pasaporte diplomático y con esa palabra impresa en su tarjeta de visita (cosa que enfadaba mucho a los profesionales del cuerpo, porque nunca fue de la carrera) Manolo Pardo atravesaba fronteras libre como el viento. Le perdió la avaricia, como a tantos otros protagonistas de la Historia, eso que Hobbes denominó “un perpetuo e insaciable deseo de poder y dinero, que cesa solo con la muerte”. La avaricia y la sensación de impunidad. Su momento más duro, con todo, llegó con el juicio de la operación Pincinco. Ahí estuvo a punto de venirse abajo. Faltó el canto de un duro. Bien pudo el Monarca hacer suya aquella frase del presidente Harding: “Puedo hacer frente muy bien a mis enemigos. Pero mis condenados amigos, mis malditos amigos, son los que me quitan el sueño”. Prado aguantó, sin embargo, con una reserva de estoicismo y de fidelidad que nunca será apreciada en toda su importancia por quien corresponde. Un hombre que se mantuvo leal, y que, con el misterioso libro editado por el ex ministro Pimentel bajo siete llaves, se ha ido con sus secretos a la tumba. ¿O no?

Desaparecidos Sabino y Prado, ya solo queda Paco Sitges, ex presidente de los astilleros Mefasa, y, en menor medida, Mario Conde, como testigos de algunos de los episodios más llamativos, por ignorados, de la historia reciente de este país. No es cierto, sin embargo, que en los últimos años el Monarca borrara a Prado de sus afectos y le diera la espalda. En primer lugar porque eso no hubiera sido posible: al valido no le representa un cargo, sino una condición de la que no es posible abdicar. Del papel de Godoy nadie puede cesar, dimitir o ser expulsado. Hasta hace poco más de un año, el “intendente” seguía teniendo despacho en Zarzuela. No podía ser de otro modo. Prado se había convertido en el retrato de Dorian Gray del Rey de España, cuya vida y reinado no pueden entenderse sin la de Manuel Prado y viceversa. Como afirma Lord Henry Wotton, uno de los protagonistas de la obra de Wilde, “lo único que vale la pena en la vida es la satisfacción de los sentidos”. Sus últimos años, con todo, fueron duros. Sufrió por su amigo, Juan Carlos de Borbón. Descanse en paz.

http://www.elconfidencial.com/con-lupa/manuel-prado-valido-20091206.html

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Documental: “Escándalos económicos del franquismo”

Del programa “Paisajes de la Historia” de “La 2″ de TVE, emitido el 24-11-2009.


Enlace al documental:

http://www.rtve.es/alacarta/index.html#635655

* Noticia recogida por los compañeros del Foro por la Memoria:

http://www.foroporlamemoria.info/2009/11/documental-escandalos-economicos-del-franquismo/

lunes, 7 de diciembre de 2009

Iñaki Anasagasti: "La transición española terminará cuando vuelva la República"


La República

04/12/2009

El senador del PNV Iñaki Anasagasti ha vuelto a cargar contra la Casa Real aprovechando una visita a Galicia para presentar su libro "Una monarquía protegida por la censura" (Editorial Foca).

En una entrevista en el Xornal, Anasagasti ha acusado a la Casa Real de "actuar a lo bruto" contra su libro, "que se agotó muy rápido" en Barajas y "no permitieron que se repusiera".

"Al rey se le ha santificado por su conducta el 23-F cuando él fue uno de los grandes culpables de aquel golpe, por frívolo, por ligero, por enfrentarse a Suárez, por imponer al General Armada… Es de República bananera, el responsable del 23-F es el que nos dicen que nos salvó", ha afirmado Anasagasti, quien ha opinado que "la transición política española no terminará hasta que vuelva la República".

"Yo prefiero tener un representante elegido por votación que por procreación en donde el que elija sea un espermatozoide. Es cierto que entonces podría ser elegido Aznar como presidente, pero bueno, en cuatro o cinco años se le podría echar", ha ironizado Anasagasti.

"Yo prefiero tener un representante elegido por votación que por procreación."

El senador jetzale ha acusado al rey de despreciar las lenguas que conviven en España "por su educación militar".

"Estaba con Franco y hasta se puede entender. Pero que su hijo también la tuviera… ¿para que quiere una educación militar hoy en día? Yo le dije en persona, y se quedó muy cortado, que para qué quería saber pilotar un avión de guerra, un F-18, ¿no le sería más útil saber gallego, o euskera o catalán?", se ha preguntado Anasagasti.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Otra iglesia que añora a Franco

Nueva polémica por los homenajes de la Iglesia al franquismo. La Iglesia de San Jerónimo El Real organizó una misa en la que el párroco, Carmen Franco y otros feligreses besaban la bandera franquista.



Jesús Moreno

Público

05/12/2009

El homenaje a los caídos de Paracuellos no fue la única misa franquista que organizó la Iglesia el pasado mes de noviembre. Según se puede ver en un nuevo vídeo publicado en Youtube, la parroquia madrileña de San Jerónimo El Real organizó una misa de homenaje a Franco el pasado día 22 en la que se ensalzaron los símbolos de la dictadura.

Las imágenes son reveladoras. El párroco de Los Jerónimos, Julián Melero, termina de oficiar la misa y sitúa en fila a los feligreses. Esta vez no iban a recibir la hostia consagrada, estaban prestos para besar la bandera preconstitucional. Antes de que lo hicieran ellos, hizo lo propio el párroco para darles ejemplo, y después Carmen Franco, la hija del dictador.

Después de la misa, siguió el homenaje y la exaltación de la dictadura fuera del templo. El vídeo muestra a un nutrido grupo de personas cantando el "cara al sol" en las puertas de la iglesia, a la vez que ondeaban banderas presididas por el águila franquista. Una imágen que rememora a las que aparecían en los noticiarios del NO-DO.

De esta forma continúa la polémica por la utilización de la Iglesia de símbolos preconstitucionales. Esa misma semana, como informó Público, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Plá, ofició una misa por los caídos de Paracuellos junto a una bandera franquista y otro ilustre del Régimen: Blas Piñar.

La repercusión que tuvo la información obligó al obispo a disculparse, aludiendo a que ni él ni la Iglesia se sentían identificados con ninguna posición política. La presencia de la bandera franquista la justificó diciendo que "ya se hallaba allí cuando se inició la celebración de la Misa". Esta vez, el beso del párroco de la Iglesia a la bandera con el águila franquista deja poco márgen para la confusión.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Para qué sirve la monarquía



RG Almazán

Kabila


03/12/2009

Pues aunque ustedes no lo crean esta institución sirve para muchas cosas.

Para gastarse 8,9 millones de euros sin que nadie pueda controlar.

Para darse abrazos con dictadores y hermanísimos.

Para que la familia real directa y política esté, pero que muy bien, colocada.

Para presidir e inaugurar actos protocolarios y evitar que se aburran sus miembros.

Para presidir desfiles a los que él titular antes llamaba desfiles de la Victoria.

Para que la ministra o el ministro de turno pueda gritar: ¡Viva el Rey!

Para que haya una persona por encima de todos en una constitución democrática, al que se le otorga inviolabilidad.

Para que se cierre una revista si hacen un chiste del rey o de su familia.

Para poder viajar a todo el mundo sin gastarse un duro, yendo de convidado de piedra y sin rendir cuentas.

Para que figure según las revistas Forbes y Eurobusiness el rey entre las personas más ricas del mundo (patrimonio de 1790 millones de euros).

Para que los empresarios mallorquines tengan un detalle y regalen al rey un yate por valor de 16 millones de euros.

Para tener una reina que se manifiesta públicamente en contra de leyes, por ejemplo, la de matrimonios homosexuales.

Para que el titular pueda decir “por qué no te callas” en reuniones internacionales.

Para poder esquiar y navegar en nombre y a costa del pueblo.

Para que la FAES (ya saben, esa fundación neutra cuyo jefe es el marido de una concejala de Madrid) premie al monarca y él se sienta tan contento.

Para que no se pueda hablar mal de Franco en presencia de su sucesor.

Para que haya un jefe de Estado escogido a dedo por un dictador y sin haber sido elegido democráticamente.

Y para tantas otras cosas… Vamos, haciendo democracia.

Mientras tanto, este Jefe del Estado es incapaz de conseguir que el hijo de su hermanísimo Hassan II, o sea Mohamed VI, al que tanto quiere, permita que vuelva Aminetu Haidar a El Aaiún, su tierra.

Y luego habrá quién se pregunte para qué sirve el rey.

Salud y República

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Iberismo y españolismo


José Luis Serrano

Paralelo 36

07/08/2009

Hace unos días se presentó una encuesta realizada por el Centro de Análisis Sociales de la Universidad de Salamanca que expresaba la simpatía del 40% de los portugueses y el 30% de los españoles a una eventual federación ibérica. El dato indica un crecimiento de la tendencia iberista y una disminución de la indiferencia en ambos lados. Está muy por encima de las previsiones y es sorprendente. No es de extrañar que todos los periódicos de un lado y otro lo recogiesen. En la página web del Centro universitario salmantino pueden consultarse las reseñas de la noticia en treinta y nueve periódicos españoles y diecisiete portugueses. Pero dentro de los que recogieron la noticia hay quien la destacó y la desarrolló (El País) y quien la puso en una esquina reproduciendo sin más la nota de la agencia EFE (La Razón y El Mundo).

Hace dos años, José Saramago defendió el iberismo en una entrevista concedida a un periódico portugués. La reacción a la propuesta de Saramago fue más viva allí. Lo curioso a este lado fue también la reacción del neonacionalismo ultraliberal y clerical. Por ejemplo, Libertad digital recogió estas declaraciones en tercera fila y con un titular en el que convertía en noticia sólo la reacción a la noticia. El órgano digital de Losantos, Moa y Vidal decía sólo que había duras críticas a Saramago en Portugal por su falta de patriotismo. Curiosa esta reacción de la derecha nacionalista española a un proyecto que en teoría debería llenarlos de orgullo. Cabría esperar una reacción más favorable en estos medios porque, al fin y al cabo, se trata de una España más grande, con la misma población que los grandes de la Unión Europea, tuteándose con Francia y Gran Bretaña.

Imaginemos que a un nacionalista catalán le dicen que un 40% de los valencianos o los baleares quieren la federación. Imaginemos que a un nacionalista andaluz le dicen que el 40% de los extremeños o los murcianos quieren la integración. Imaginemos que el PNV obtiene el 40% de apoyo electoral en Navarra… Para los tres serían buenas noticias.
Sin embargo el españolismo no se alegra con la tendencia iberista de los portugueses. ¿Por qué?

Es la historia y es el federalismo. No es tan sorprendente esta alergia al iberismo de los españolistas si sabemos algo de historia. Y es que, desde el Abate Marchena, el iberismo es inseparable del federalismo y el federalismo no le gusta nada al nacional-catolicismo.

Decía un obispo que España y Portugal son hermanas y que, por lo tanto, toda unión entre ambas es incestuosa. La frase es digna de Esperanza Aguirre. Ingeniosa forma de expresar que al obispado no le gusta Iberia, como tampoco le gusta Europa o cualquier otra entidad diferente a la Cristiandad. Los guardianes de las esencias patrias prefieren una monarquía centralista a una república federal. Como mucho, en caso de extrema necesidad, un jacobinismo retórico y patriótico, versión Rosa Díez, pero sin Portugal; con himno, idioma, bandera, selección deportiva y capital indiscutible en Barajas. “Antes roja que rota”, decía Dato.

Lo curioso de todo esto es que la federación no rompe, sino que une; mientras que el centralismo fiscal, mediático, cultural y lingüístico genera de forma automática el anticuerpo del separatismo. Lo curioso de todo esto es que una vez más los que defienden la centralidad fomentan la ruptura, mientras que los que defienden el federalismo caminan hacia la unidad.

En plena revolución francesa, el sevillano José de Marchena, más conocido (lo cual es injusto para alguien tan anticlerical) por Abate Marchena, publicó una soflama en la que preconizaba la creación de una república federal ibérica. Había nacido el iberismo. Durante los siglos XIX y XX, esta curiosa forma de nacionalismo pannacionalista fue un ingrediente inseparable, más o menos presente según los tiempos, del republicanismo, del liberalismo y del libertarismo en los dos estados.

Después de la revolución de 1868, exiliada y execrada con justicia la reina Isabel II, y convencidos de que nunca más nos gobernaría un Borbón, los liberales españoles acariciaron la idea de entronizar a la dinastía Braganza de Portugal. Sin fundamento biográfico alguno, pero con una intuición histórica considerable, los liberales de las Españas consideraban a los Braganza más liberales que los Borbones. Con buen criterio, decidieron ofrecer el trono no a Luis I, que ya reinaba en Portugal, sino a su padre Fernando de Coburgo, que vivía apartado del afán político. La idea era que su reinado fuese una etapa transitoria. A su muerte el rey Luis heredaría ya las dos coronas y cerraría la unidad peninsular.

La comisión negociadora que se desplazó a visitar a don Fernando estaba compuesta por Salustiano Olózaga, Fernández de los Ríos y el mismo general Prim, que era quien de verdad mandaba en Madrid y, por tanto, quien refrendaba la fuerza de la oferta. Don Fernando aceptó la corona con una serie de condiciones tales como la aprobación del pueblo portugués. Todas le fueron aceptadas salvo dos: el parlamento y el ejército quería Fernando que tuviesen su sede en la ciudad de Lisboa. Ante la negativa retiró la condición del parlamento. El gobierno y el parlamento en Madrid, pero el ejército en Lisboa. Prim lo intentó, pero la cúpula militar se opuso y la unificación quedó frustrada.

Tras la frustrada unificación de 1868, el iberismo se aletarga hasta la caída de la monarquía portuguesa. Al igual que la Revolución de los Claveles de 1974, la revolución portuguesa de 1910 provocó entusiastas manifestaciones republicanas en España y, de paso, la aparición de varios escritos sobre el iberismo. En 1927, el iberismo recibe el afluente anarquista. Ese año se fundó en Valencia la Federación Anarquista Ibérica, en cuya dirección se contó siempre con los portugueses antes de la guerra civil y después, en el exilio. Victoria Kent publicó, en Nueva York, durante muchos años, el boletín “Iberia por la Libertad”.

Los nacionalismos periféricos también captaron enseguida la fuerza del iberismo para contrarrestar la cada vez más nítida centralidad de Madrid. El poeta Joan Maragall, que en su Imne Ibérico preconizaba la integración de Portugal en España, propuso a Unamuno la creación de la revista “Ibérica”, que iría escrita en castellano, catalán, galaico-portugués y vasco. En un momento o en otro, de una forma o de otra, se suman al iberismo, Cambó, Pi i Margall, Sabino Arana… y Blas Infante.

En un texto que Enrique Iniesta ha recogido en su libro “España o Las Españas”, Blas Infante acusa a Portugal de haber traicionado la sagrada unidad de España. Hay que hacer muchos reajustes en nuestra cabeza histórica para entender cómo el padre del nacionalismo andaluz puede acusar a Portugal de esto y en estos términos. Y esos reajustes ideológicos pasan por el iberismo. En efecto, en los años treinta, el mismo Blas Infante en su escudo de la casa de Coria del Río manda hacer la siguiente inscripción: “Sean por Andalucía Libre, Iberia y la Humanidad”. ¿Qué ha pasado en apenas quince años para que el nombre de España haya de ser cambiado por el de Iberia? A las alturas de 1918, cuando se redacta la letra del himno de Andalucía, España significa todavía una unidad geográfica peninsular que contiene una pluralidad nacional, que desde luego incluye a Portugal. Después de Primo de Rivera, España significa en cambio un estado excluyente con capital indiscutible en Madrid y hegemonía de un ejército que ya no es liberal como el del XIX, sino africanista de formación y nacional-católico de ideología.

Hace pocos años un político catalán contaba en televisión como su partido, Unió Democrática de Catalunya, era un partido histórico que sin embargo, sabía adaptarse a los nuevos tiempos. Como ejemplo de buena adaptación, vino a decir que en la última reforma de los estatutos habían quitado eso del iberismo, que nadie sabe bien lo que es. Si un nacionalista catalán dice esto, no hay mejor prueba de que el iberismo ha muerto.

Es por eso por lo que después de reconocer que el iberismo ha muerto, lo primero que hay que subrayar es que necesitamos el iberismo. Como dice Saramago: “¿El iberismo está muerto? Sí. ¿Podremos vivir sin un iberismo? No lo creo.”

martes, 1 de diciembre de 2009

Imágenes en color de la guerra civil española