Contacta con GRANADA REPUBLICANA UCAR

Nos puedes localizar en nuestra página web: https://granadarepublicana.com/. Este blog dejó de estar operativo el 11/01/2021

martes, 15 de diciembre de 2009

Entrevista con Amadeo Martínez Inglés, autor de libros críticos con el rey Juan Carlos I


“Cuando coronen al príncipe volveré a salir a la calle, pero con el uniforme de campaña”

Rebeca Quintáns

Diagonal

10/12/2009

Coronel en la reserva, apartado del ejército por decir que esta institución “no servía para nada” y acicate de la figura del rey Juan Carlos, Amadeo Martínez Inglés lleva más de 20 años cuestionando los mitos de la transición.

DIAGONAL.: Para los que todavía no le conozcan, el coronel Amadeo Martínez Inglés empieza a ser un militar ‘peculiar’ cuando fue detenido por apoyar el movimiento por la insumisión.

AMADEO MARTÍNEZ INGLÉS: Yo estaba a favor de hacer un ejército profesional, pero aquello me costó la carrera. De un plumazo me pasaron a la reserva. A finales de los ‘80 la mili no servía para nada, y además morían todos los años más de cien jóvenes suicidados. A mí se me ocurrió contestar a un periodista que me llamó y me pilló con ganas… Y largué. Me sacaron en titulares: “El ejército español no sirve para nada”. Inmediatamente fui arrestado, pero la bola de nieve siguió creciendo, porque los periodistas se volcaron y yo seguí hablando y enviando artículos a la prensa. Me pasé cinco meses en la prisión militar de Alcalá, rodeado de insumisos… Y allí también, conocí al general Milans del Bosch, que estaba por lo del 23-F.

D.: Otra de sus salidas del tono habitual castrense fue su participación en una multitudinaria manifestación contra la guerra de Iraq: se plantó en la Castellana con el uniforme de coronel para unirse al millón de personas que se habían concentrado allí, ¿cómo fue aquello?

A.M.I.: Tuve un montón de aplausos. Fue más que nada por incordiar un poco... y porque estaba contra la guerra, claro. Pero, otra vez, acabó la cosa en los tribunales, para ver si yo tenía o no derecho a ponerme el uniforme. El juez me dio la razón, que conste: sigo siendo militar y coronel.

D.: Ha asumido un poco el papel de provocador…

A.M.I.: Es que ahora ya no siento ataduras de ninguna clase, y escribo lo que quiero. Hombre, y si puedo, doy caña. Pero a los de arriba, a las altas instancias.

D.: No sólo escribiendo, porque si hay ocasión, sale a la calle... ¿Qué intentaba realmente hacer cuando se coló en la boda del príncipe, otra de sus aventuras más sonadas?

A.M.I.: Yo dije que quería probar la seguridad, pero en el fondo yo lo que iba era a cargarme la boda. Lo planifiqué todo muy bien, me conocía la catedral por dentro mejor que Rouco. Pero me detectaron ya dentro, porque llevaba el uniforme de gala (que es caqui), no el de etiqueta (que es azul). Daba la nota allí en medio. Pero la idea era que cuando Rouco empezara a hablar de los anillitos y esas cosas, acercarme como fuera al micrófono –al lado del rey, al lado del altar, con las cámaras allí–, y soltar un speech republicano de 20 segundos que tenía preparado. Sabía que no me iban a dar tiempo a más: ¡Abajo la monarquía! ¡Viva la república! ¡El pueblo tiene derecho a elegir a los representantes del Estado!… Ese tipo de cosas.

D.: Pues hubiera estado muy bien… Pero ¿no se cansa de seguir intentando segar la hierba bajo los pies de la monarquía? En abril de 2008 hizo llegar un escrito al Congreso de los Diputados en el que pedía que se investigase al rey. Entre otras lindezas, usted, y cito textualmente, le acusa de “golpista”, “pagador de chantajes sexuales”, “terrorista de Estado”, “corrupto”, “presunto asesino”… ¿De dónde le viene este espíritu republicano? ¿Cuándo empieza esta inquina contra Juan Carlos?

A.M.I.: Cuando conocí a Milans del Bosch en la cárcel, y me di cuenta, con lo que me contó, de la clase de persona que era el rey. Milans me hizo revelaciones sobre el 23-F que me llevaron a la conclusión de que Juan Carlos no salvó nada aquel día… más que su propio puesto en la Zarzuela. Y después, dejó a los suyos tirados.

D.: ¿Qué va a aportar de nuevo La conjura de mayo sobre la participación del rey en el 23-F?

A.M.I.: Que, en 1981, el rey organizó un golpe para parar otro golpe. Algo que no es admisible en ningún país. El rey era jefe supremo de las Fuerzas Armadas y, al enterarse del golpe de Estado que estaban preparando los militares ultraderechistas del colectivo Almendros, tendría que haberlos llamado a capítulo, ponerse el uniforme militar y decir: “¡Usted y usted, ¡a la cárcel militar! ¡Que los procesen por golpistas!”. Y poner otros. Pero no lo hizo. En lugar de eso, montó la tristemente famosa “solución Armada” y, cuando fracasó, por chapuceros, se desentendió del asunto.

D.: ¿Cuáles cree, por los testimonios que tiene, que pueden haber sido sus motivaciones para actuar de esa manera?

A.M.I.: Juan Carlos le tiene mucho miedo al ejército. En aquella ocasión, como en otras, tendría que haber tenido mano dura. Pero no se atrevió: pensó que si los arrestaba tendría los tanques en la Zarzuela al día siguiente. Y sus únicos principios está claro que son mantenerse en la corona, poner a su hijo en el trono tras él, aumentar su fortuna… y sus juergas.

D.: Pero ¿se considera usted republicano, o sólo anti-juancarlista?

A.M.I.: Republicano, sin ninguna duda. Pero estamos en una monarquía porque este hombre se aprovechó de la situación en La transición. Dijo: “Si me admitís a mí –la banderita, la coronita, los alabarderos, el tachíntachán…–, os doy unas libertades. ¡Ojo! las que yo quiera, ¿eh?”. Y montaron este tinglado. Pero lo peor es que ahora resulta muy difícil cambiar las cosas. El pueblo votó la Constitución porque les dijeron que era o esto o el golpe militar. Votó con miedo. Pero nadie les dijo: ¡Ojo!, ¡que viene el tontorrón éste con una corona…! ¡Y viene blindado! Porque la Constitución lo ha divinizado: es irresponsable, nadie puede hablar de él, él puede robar, matar a la mujer, a los hijos… ¡Hemos puesto un dios!

D.: ¿Estamos entonces condenados a soportar la monarquía?

A.M.I.: Es que ya no se le puede echar. Hace falta mayoría absoluta en las Cortes, disolverlas, nueva mayoría absoluta… Está blindado. Pero nos quedan oportunidades históricas. Yo, el día que quieran coronar al príncipe, volveré a salir a la calle con el uniforme de coronel… ¡pero con el de campaña!

D.: Corre el rumor de que también es usted el autor de Un rey golpe a golpe, firmado con el pseudónimo de Patricia Sverlo.

A.M.I.: No, no es verdad. Patricia Sverlo no soy yo. Ese libro lo hizo la editorial vasca de Pepe Rei. Con el propio Pepe Rei hablé varias veces, y si me pedían alguna colaboración lo hacía con mucho gusto. Pero mi línea no tiene nada que ver con la de ellos. Nos llevábamos muy bien, y todos estábamos en contra de la mili, pero desde puntos de vista muy distintos: yo quería un ejército profesional eficaz; ellos no querían ningún ejército.

“Espasa Calpe me la ha jugado”

D.: ¿Qué está pasando con su último libro, La Conjura de mayo?

A. M. I.: Pues que Espasa Calpe me la ha jugado. A través de mi agente negociamos la publicación hace unos meses. Estaban muy interesados e insistieron en tener el original en exclusiva. Decían que iba a ser “una bomba”. Pero hace unas semanas anularon el compromiso, con la excusa del supuesto informe de un historiador que no se sabe quién es. En fin, era de esperar: Espasa Calpe es del grupo Planeta, de José Manuel Lara, con título nobiliario de Marqués de Pedrosa Lara concedido por el rey en 1993, así que se deberán favores mutuos. Pero el libro acabará saliendo. Hay otras editoriales.

http://www.diagonalperiodico.net/Cuando-coronen-al-principe-volvere.html

domingo, 13 de diciembre de 2009

Manuel Prado, el valido del Rey


Matías Vallés

Levante

8/12/2009

El ex diplomático Manuel Prado y Colón de Carvajal fue durante años un «amigo muy íntimo» de Juan Carlos I, pero sus gestiones paralelas acabaron distanciándole de La Zarzuela y provocándole problemas con la Justicia

El Rey no tiene Corte, pero tiene amigos y embajadores como el supuesto príncipe georgiano Zourab Tchokotoua o Manuel Prado y Colón de Carvajal. El primero se halla en paradero desconocido en Marruecos, lo cual obligó a la Audiencia Nacional a declararlo inencontrable. El segundo acaba de morir. Sus secretos abultan más que su figura. Aun admitiendo que explotaba sus vínculos regios —cuando promueve un hotel para la Expo sevillana lo llama Juan Carlos I—, se puede concluir que el jefe del Estado habló más de su valido que viceversa. Prado aparece en las confesiones del monarca a José Luis de Vilallonga como «un amigo muy íntimo», y la única persona de que podía fiarse a la hora de que el rumano Ceausescu transmitiera la voluntad real a Santiago Carrillo.

«Manolo Prado» también figura en el primer volumen de conversaciones de la Reina con Pilar Urbano, como un «amigo» que vivió la zozobra del 23-F en La Zarzuela. Prado demuestra que ni siquiera un Rey puede vivir sin confiar en nadie, por mucho que la experiencia desaconseje esa debilidad.

El rango de «amigo íntimo» de Juan Carlos de Borbón, es un título efímero y cambiante. Sabino Fernández Campo declaró al autor de este texto que «el Rey sabe sacrificar a las personas que no le son útiles». De hecho, los excesos que llevaron al valido a pisar la cárcel en una de sus tres condenas judiciales, enlazando con una tradición secular entre los favoritos, contribuyeron a que el jefe del Estado dejara de tener amigos. En los últimos años, ha sustituido a los hombres de confianza como Prado por proyectos concretos —por ejemplo, la consecución de un yate, con Tchokotoua muy activo en la colecta—.

Una vez conseguido el objetivo, se desembaraza de los ejecutivos, en una técnica que aplaudirían los gurús del management. Gracias a esa estrategia, las encuestas confirman que la erosión de la figura real es mínima, en su cuarta década en el trono.

Del mismo modo que un contingente de republicanos se declaran juancarlistas, los monárquicos postergados por Juan Carlos de Borbón figuran entre sus críticos más acerbos, y enumeran con cierto regusto los conflictos judiciales en que se han visto involucrados «los amigos del Rey». Al prudente Fernández Campo le correspondía bloquear las ambiciones de quienes aspiraban a suplantar su labor. No sólo lo hacía por fidelidad a su superior, sino por la responsabilidad subsidiaria que pudiera contraer en su calidad de jefe de la Casa. Prado ejerce de introductor de Javier de la Rosa, y el cancerbero asturiano de La Moncloa impidió una vez más que el financiero catalán le obsequiara un yate al monarca, porque «el Rey no puede admitir regalos como un yate, se crea una obligación». El bastión sólo se derrumba con el advenimiento de un carismático banquero gallego, Mario Conde.Los «amigos» del Monarca

La expresión «amigos del Rey» adquirió un tinte peyorativo en el seno de la propia Familia Real. El exhibicionismo del círculo de íntimos que encabezaba Manuel Prado alcanzó su cénit en una fiesta veraniega en el Casino de Mallorca. Fue organizada por Tchokotoua, cuyo tándem con el diplomático fallecido quedó reflejado en las conversaciones telefónicas entre ambos, grabadas por los espías del Cesid. A la fiesta asistieron, aparte del jefe del Estado, el aristócrata georgiano, Vilallonga o la diseñadora Marta Gayá. El ágape estuvo abierto a la prensa, y existe amplia documentación gráfica del mismo. La irritación que suscitó en La Zarzuela está en la raíz del súbito anuncio, por parte de palacio, de que los Reyes dejarían de veranear en el Mediterráneo para trasladarse al palacio santanderino de Sobrellano.

El mismo día en que el gabinete de prensa hacía oficial el anuncio —y desvelaba unas conversaciones de la Reina con el presidente de Cantabria al respecto—, llegó un desmentido radical, inspirado por un enfado monumental del monarca. Veinte años después, parece claro que se impuso el criterio veraniego del Jefe del Estado.

Para un Rey entusiasta de la náutica, un autoproclamado descendiente de Cristóbal Colón como Manuel Prado debería ejercer una fascinación especial. Sin embargo, Juan Carlos de Borbón no tiene demasiada paciencia para los intrincados árboles genealógicos, y ha defraudado las expectativas de más de un experto en linajes, al desentenderse de un elaborado discurso al respecto. Con todo, el diplomático fallecido era nieto del intendente real de Alfonso XIII, que ocupó el cargo con mayor discreción.

La condición de administrador establecía una ligazón mercantil entre Prado y el monarca, centrada fundamentalmente en el mundo del petróleo. Antes de que Aznar arruinara el arabismo español al apoyar la invasión de Iraq, Prado había intermediado las excelentes relaciones del Rey con los jeques kuwaitíes de la estirpe Al Sabah o con la familia real saudí —de estas fuentes proviene en esta década el regalo de un extraordinario rifle de precisión que el jefe del Estado utiliza en sus cacerías—. También aquí se prodigan los vínculos con personajes tan controvertidos como Adnan Kashoggi o el prófugo Marc Rich.

En la muerte de Manuel Prado, es obligado recordar que los «amigos del Rey» acabaron distanciados. Desde el entorno de Tchokotoua —que coincidió con el jefe de Estado en un internado suizo—, se transmite que nunca debieron entregarse al dicharachero empresario y senador por designación real ahora fallecido. Los funcionarios de carrera de Exteriores también recelaban de sus gestiones paralelas.

Al fin y al cabo, si Sabino Fernández Campo era la sombra del Rey en el reino —«me gusta la sombra»—, Manuel Prado y Colón de Carvajal operaba en el reino de las sombras. Durante años, Prado fue un pasaporte diplomático que allanaba las voluntades más reticentes. La historia deberá decidir si el Rey sabía todo lo que Prado hizo en su nombre.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Manuel Prado o el valido


Jesús Cacho

El Confidencial

06/12/2009

La vida y fortuna de Manuel Prado y Colón de Carvajal, fallecido ayer en su casa de Sevilla a los 78 años de edad, dio un salto adelante con motivo de la invasión de Kuwait por Sadam Husein, lo que motivó la intervención norteamericana y británica para expulsar a las tropas iraquíes del emirato y volver a instalar a la familia Al Sabah en el trono. Solo al final de la guerra se supo que, además de los pozos de petróleo, habían ardido algo así como 55.000 millones de pesetas de la época que la Kuwait Investment Office (KIO) mantenía en las cuentas de su filial española, el Grupo Torras. Ocurrió que una buena parte de aquella suma se utilizó para el pago de favores políticos realizados en pro de la liberación del emirato, en concreto para permitir que los aviones de la USAF pudieran utilizar las bases españolas para repostar en sus viajes al Medio Oriente. Al menos esa fue la excusa que los trincones de turno pusieron para sacarle los dineros a KIO.

La nueva rama de los Al Sabah que tras la retirada iraquí se instaló en el emirato pronto se dio cuenta del timo y procedió a querellarse en Londres y Madrid contra el presidente de KIO, Fahad Mohamed Al Sabah, miembro de la familia reinante, contra su primer ejecutivo, Fouad Khaled Jaffar, y contra el presidente de Torras en España, Javier de la Rosa, quien, en declaración jurada ante la Corte de Londres, reconoció haber entregado a Manuel Prado hasta 160 millones de dólares, de los que el aludido reconoció en sede judicial haber recibido 100 –en dos entregas de 80 y 20-, algo así como 15.000 millones de pesetas de la época, recepción que justificó como “el pago de dictámenes y trabajos de asesoría por él realizados para De la Rosa”. Testigo del episodio en las alturas fue Sabino Fernández Campo, el ex jefe de la Casa del Rey recientemente fallecido, a quien un día el Rey Juan Carlos I pidió que acudiera al piso que De la Rosa solía utilizar durante sus estancias en Madrid, un hermoso penthouse en el 47 del Paseo de la Castellana, para que transmitiera al catalán el siguiente escueto mensaje:

-Vas a ir a ver a Javier de la Rosa a este número de la Castellana y le vas a decir que, de parte del Rey, todo está arreglado y que muchas gracias.

-Pero bueno –quiso saber Sabino, despistado- ¿no hay que decir de qué se trata?

-No, nada. Tú limítate a transmitirle lo que te he dicho.

Dicho y hecho. Fernández Campo cumplió su misión, certificando que el dinero había llegado a su destino. La gente más enterada de entre el madrileñeo nuestro de cada día se las prometía felices maquinando cómo se las iban a ingeniar los tribunales de Justicia para hacer como que juzgaban sin que saliera a relucir la figura que bajo ningún concepto podía salir a la palestra. ¡Ingenuos! Tras años de dilaciones, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, presidida por Javier Gómez Bermúdez, condenó en junio de 2006 a Javier de la Rosa a cinco años y dos meses de prisión por un delito continuado de apropiación indebida y otro de falsedad documental en las operaciones Pincinco (300 millones de dólares que volaron durante la Guerra del Golfo, incluidos 80 de los 100 pagados a Prado) y Oakthorn (préstamo de 105 millones). Por los mismos delitos fue también condenado a tres años y ocho meses el abogado de Torras, Juan José Folchi; a un año y seis meses el ex consejero delegado, Jorge Núñez, y a otro año por apropiación indebida el ya citado Manuel Prado, nacido en Quito y con residencia en Suiza, pasaporte diplomático e intendente real, cargo que tradicionalmente designa a la persona encargada de manejar los dineros privados del Rey.

Todos los condenados plantearon recurso de casación ante el Supremo, cuya Sala de lo Penal dio a conocer su fallo en septiembre de 2007, ampliando la condena para De la Rosa -siete años de prisión- y Núñez –cinco años-, mientras confirmó las de Folchi, y el añito a Manolo Prado. Siete años para el dante y uno para el tomante. Prado no ingresaría en la cárcel esta vez. Lo había hecho ya en abril de 2004, la de Sevilla, para cumplir dos años de prisión por su implicación en la llamada operación Wardbase, primera pieza separada del gran árbol del escándalo KIO. La Audiencia Nacional lo consideró culpable de un delito de apropiación indebida como receptor de un pago de 11,4 millones de euros (1.900 millones de pesetas) procedentes de Torras. Dos meses después se le concedió el segundo grado por razones humanitarias. En febrero de 2008 fue de nuevo condenado por la Audiencia Nacional a tres meses de prisión por apropiación indebida en la descapitalización de Grand Tibidabo.

Hombre de confianza de Juan Carlos I

Para entonces Manuel Prado era ya un juguete roto, obligado a vivir en la clandestinidad desde el punto de vista social y a entrar en Palacio casi a hurtadillas. Personaje clave en los últimos 50 años de Historia de España, sin el cual no se pueden entender muchas de las cosas ocurridas y que siguen ocurriendo –tal que la corrupción galopante en que ha derivado el Sistema-, su vida cambió el día en que, a mediados de los sesenta, conoció al entonces Príncipe Juan Carlos. Hijo de un chileno, Julio Prado, que tuvo también problemas con la Justicia y acabó de relaciones públicas de José Banús en la Costa del Sol, Prado fue el hombre providencial que se iba a encargar de rescatar al Príncipe de la mediocridad de aquellos aristócratas que le acompañaron en sus primeros años en España. De la mano de Prado, don Juanito, como le llamaban compañeros y profesores en Las Jarillas, abandonó a sus amigos de juventud –excepto a Jaime Carvajal y Urquijo, al que, entre otras cosas, haría presidente de Ford en España-, gente con mucho pedigrí y poco dinero, propietarios de fincas que al culto a la madre tierra unían un elegante desdén por el vil metal.

31 de octubre de 1975. El Príncipe preside un Consejo de Ministros en La Zarzuela, con el problema del Sahara Occidental como cuestión prioritaria. Al lado de Arias Navarro toma asiento como invitado el jefe del Estado Mayor del Ejército, Carlos Fernández Vallespín. Don Juan Carlos manifiesta su determinación de ponerse al frente de los acontecimientos. Sin embargo, nada dice a los reunidos que él ya ha enviado a su hombre de confianza, Manuel Prado y Colón de Carvajal, a Washington, para solicitar la ayuda de Henry Kissinger, consciente como es de que una guerra colonial con Marruecos en aquellos momentos podría precipitar los acontecimientos al estilo de lo acaecido en Portugal y que podría perder su corona antes de ceñirla. Como enviado del futuro Rey, Prado viajó también a Casablanca y al francés Palacio del Eliseo para sumar apoyos exteriores a la joven democracia española.

Asentado Juan Carlos en la cúpula de la monarquía parlamentaria surgida a la muerte de Franco, Manuel Prado se iba a dedicar en cuerpo y alma a cuidar la fortuna del Rey, dispuesto el Monarca a abandonar para siempre su complejo de pobre, a olvidar las apreturas que de niño vivió en Estoril y después experimentó en sus años de juventud bajo la tutela de Franco. ¡Juro por Dios que nunca volveré a ser pobre! Tamaña determinación haría al entonces presidente Felipe González exclamar un día ante Sabino Fernández Campo, mientras esperaba en la antecámara para ser recibido por el Rey en uno de sus habituales despachos: “¡Y dile a Manolo que se conforme con el 2%, porque cobrar el 20% es una barbaridad...! Aludía el sevillano a las supuestas comisiones del petróleo importado por España de algún país árabe. Mucho antes, finales de 1973, el joven Príncipe había dirigido una cariñosa carta a Henry Ford II, presidente de la multinacional del automóvil del mismo nombre, recomendando encarecidamente a su amigo Manuel Prado como la persona idónea para facilitar los trámites legales necesarios para que la Ford se estableciera en Almusafes.

Un hombre que se mantuvo fiel al Monarca

Prado acabaría convertido en el valido, el nuevo Godoy por cuyas compuertas han pasado casi todos los secretos de La Zarzuela. Provisto de un pasaporte diplomático y con esa palabra impresa en su tarjeta de visita (cosa que enfadaba mucho a los profesionales del cuerpo, porque nunca fue de la carrera) Manolo Pardo atravesaba fronteras libre como el viento. Le perdió la avaricia, como a tantos otros protagonistas de la Historia, eso que Hobbes denominó “un perpetuo e insaciable deseo de poder y dinero, que cesa solo con la muerte”. La avaricia y la sensación de impunidad. Su momento más duro, con todo, llegó con el juicio de la operación Pincinco. Ahí estuvo a punto de venirse abajo. Faltó el canto de un duro. Bien pudo el Monarca hacer suya aquella frase del presidente Harding: “Puedo hacer frente muy bien a mis enemigos. Pero mis condenados amigos, mis malditos amigos, son los que me quitan el sueño”. Prado aguantó, sin embargo, con una reserva de estoicismo y de fidelidad que nunca será apreciada en toda su importancia por quien corresponde. Un hombre que se mantuvo leal, y que, con el misterioso libro editado por el ex ministro Pimentel bajo siete llaves, se ha ido con sus secretos a la tumba. ¿O no?

Desaparecidos Sabino y Prado, ya solo queda Paco Sitges, ex presidente de los astilleros Mefasa, y, en menor medida, Mario Conde, como testigos de algunos de los episodios más llamativos, por ignorados, de la historia reciente de este país. No es cierto, sin embargo, que en los últimos años el Monarca borrara a Prado de sus afectos y le diera la espalda. En primer lugar porque eso no hubiera sido posible: al valido no le representa un cargo, sino una condición de la que no es posible abdicar. Del papel de Godoy nadie puede cesar, dimitir o ser expulsado. Hasta hace poco más de un año, el “intendente” seguía teniendo despacho en Zarzuela. No podía ser de otro modo. Prado se había convertido en el retrato de Dorian Gray del Rey de España, cuya vida y reinado no pueden entenderse sin la de Manuel Prado y viceversa. Como afirma Lord Henry Wotton, uno de los protagonistas de la obra de Wilde, “lo único que vale la pena en la vida es la satisfacción de los sentidos”. Sus últimos años, con todo, fueron duros. Sufrió por su amigo, Juan Carlos de Borbón. Descanse en paz.

http://www.elconfidencial.com/con-lupa/manuel-prado-valido-20091206.html

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Documental: “Escándalos económicos del franquismo”

Del programa “Paisajes de la Historia” de “La 2″ de TVE, emitido el 24-11-2009.


Enlace al documental:

http://www.rtve.es/alacarta/index.html#635655

* Noticia recogida por los compañeros del Foro por la Memoria:

http://www.foroporlamemoria.info/2009/11/documental-escandalos-economicos-del-franquismo/

lunes, 7 de diciembre de 2009

Iñaki Anasagasti: "La transición española terminará cuando vuelva la República"


La República

04/12/2009

El senador del PNV Iñaki Anasagasti ha vuelto a cargar contra la Casa Real aprovechando una visita a Galicia para presentar su libro "Una monarquía protegida por la censura" (Editorial Foca).

En una entrevista en el Xornal, Anasagasti ha acusado a la Casa Real de "actuar a lo bruto" contra su libro, "que se agotó muy rápido" en Barajas y "no permitieron que se repusiera".

"Al rey se le ha santificado por su conducta el 23-F cuando él fue uno de los grandes culpables de aquel golpe, por frívolo, por ligero, por enfrentarse a Suárez, por imponer al General Armada… Es de República bananera, el responsable del 23-F es el que nos dicen que nos salvó", ha afirmado Anasagasti, quien ha opinado que "la transición política española no terminará hasta que vuelva la República".

"Yo prefiero tener un representante elegido por votación que por procreación en donde el que elija sea un espermatozoide. Es cierto que entonces podría ser elegido Aznar como presidente, pero bueno, en cuatro o cinco años se le podría echar", ha ironizado Anasagasti.

"Yo prefiero tener un representante elegido por votación que por procreación."

El senador jetzale ha acusado al rey de despreciar las lenguas que conviven en España "por su educación militar".

"Estaba con Franco y hasta se puede entender. Pero que su hijo también la tuviera… ¿para que quiere una educación militar hoy en día? Yo le dije en persona, y se quedó muy cortado, que para qué quería saber pilotar un avión de guerra, un F-18, ¿no le sería más útil saber gallego, o euskera o catalán?", se ha preguntado Anasagasti.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Otra iglesia que añora a Franco

Nueva polémica por los homenajes de la Iglesia al franquismo. La Iglesia de San Jerónimo El Real organizó una misa en la que el párroco, Carmen Franco y otros feligreses besaban la bandera franquista.



Jesús Moreno

Público

05/12/2009

El homenaje a los caídos de Paracuellos no fue la única misa franquista que organizó la Iglesia el pasado mes de noviembre. Según se puede ver en un nuevo vídeo publicado en Youtube, la parroquia madrileña de San Jerónimo El Real organizó una misa de homenaje a Franco el pasado día 22 en la que se ensalzaron los símbolos de la dictadura.

Las imágenes son reveladoras. El párroco de Los Jerónimos, Julián Melero, termina de oficiar la misa y sitúa en fila a los feligreses. Esta vez no iban a recibir la hostia consagrada, estaban prestos para besar la bandera preconstitucional. Antes de que lo hicieran ellos, hizo lo propio el párroco para darles ejemplo, y después Carmen Franco, la hija del dictador.

Después de la misa, siguió el homenaje y la exaltación de la dictadura fuera del templo. El vídeo muestra a un nutrido grupo de personas cantando el "cara al sol" en las puertas de la iglesia, a la vez que ondeaban banderas presididas por el águila franquista. Una imágen que rememora a las que aparecían en los noticiarios del NO-DO.

De esta forma continúa la polémica por la utilización de la Iglesia de símbolos preconstitucionales. Esa misma semana, como informó Público, el obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Plá, ofició una misa por los caídos de Paracuellos junto a una bandera franquista y otro ilustre del Régimen: Blas Piñar.

La repercusión que tuvo la información obligó al obispo a disculparse, aludiendo a que ni él ni la Iglesia se sentían identificados con ninguna posición política. La presencia de la bandera franquista la justificó diciendo que "ya se hallaba allí cuando se inició la celebración de la Misa". Esta vez, el beso del párroco de la Iglesia a la bandera con el águila franquista deja poco márgen para la confusión.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Para qué sirve la monarquía



RG Almazán

Kabila


03/12/2009

Pues aunque ustedes no lo crean esta institución sirve para muchas cosas.

Para gastarse 8,9 millones de euros sin que nadie pueda controlar.

Para darse abrazos con dictadores y hermanísimos.

Para que la familia real directa y política esté, pero que muy bien, colocada.

Para presidir e inaugurar actos protocolarios y evitar que se aburran sus miembros.

Para presidir desfiles a los que él titular antes llamaba desfiles de la Victoria.

Para que la ministra o el ministro de turno pueda gritar: ¡Viva el Rey!

Para que haya una persona por encima de todos en una constitución democrática, al que se le otorga inviolabilidad.

Para que se cierre una revista si hacen un chiste del rey o de su familia.

Para poder viajar a todo el mundo sin gastarse un duro, yendo de convidado de piedra y sin rendir cuentas.

Para que figure según las revistas Forbes y Eurobusiness el rey entre las personas más ricas del mundo (patrimonio de 1790 millones de euros).

Para que los empresarios mallorquines tengan un detalle y regalen al rey un yate por valor de 16 millones de euros.

Para tener una reina que se manifiesta públicamente en contra de leyes, por ejemplo, la de matrimonios homosexuales.

Para que el titular pueda decir “por qué no te callas” en reuniones internacionales.

Para poder esquiar y navegar en nombre y a costa del pueblo.

Para que la FAES (ya saben, esa fundación neutra cuyo jefe es el marido de una concejala de Madrid) premie al monarca y él se sienta tan contento.

Para que no se pueda hablar mal de Franco en presencia de su sucesor.

Para que haya un jefe de Estado escogido a dedo por un dictador y sin haber sido elegido democráticamente.

Y para tantas otras cosas… Vamos, haciendo democracia.

Mientras tanto, este Jefe del Estado es incapaz de conseguir que el hijo de su hermanísimo Hassan II, o sea Mohamed VI, al que tanto quiere, permita que vuelva Aminetu Haidar a El Aaiún, su tierra.

Y luego habrá quién se pregunte para qué sirve el rey.

Salud y República