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viernes, 14 de mayo de 2010

El Defensor del Paciente critica al Rey por alabar la sanidad pública "sin pasar por urgencias"


Europa Press

11/05/2010

El Defensor del Paciente criticó hoy las palabras del Rey Don Juan Carlos en las que aplaudió la sanidad pública tras ser operado en el Hospital Clínic de Barcelona, al considerar que "es muy fácil hacer estas declaraciones cuando no se ha pasado por urgencias".

En un comunicado, la presidenta de la asociación, Carmen Flores, le recriminó al Rey que tampoco tuvo que esperar para ser intervenido, y que "es muy fácil cuando se ha estado en una zona privada".

Con esto, apuntó que miles de ciudadanos sufren una situación "caótica" en la sanidad pública, siendo la catalana una de las más endeudadas. Apuntó que en la "maravillosa sanidad" faltan profesionales, camas y medios.

"Quizás si usted estuviera informado se daría cuenta de la cantidad de personas que quedan incapacitadas, mueren o pierden su trabajo por no ser atendidas a tiempo", criticó. En su recriminación, añadió que el Rey debería estar "al tanto" de la situación que realmente viven los españoles "normales".

"Majestad, lo que usted ha vivido es la panacea, nada que ver con la realidad", concluyó Flores, quien se alegró de la recuperación del monarca y de que ya haya sido dado de alta.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¡Atención!, Blas de Otero


Luis García Montero

Público

09/05/2010

La actualidad, como un rocío sucio en el verde de los prados, está revuelta y llena de asuntos urgentes sobre los que escribir. Merece la pena meditar sobre una derecha que entiende la corrupción como algo consustancial a las instituciones y está dispuesta a defender lo suyo, diga lo que diga la Justicia. Merece la pena observar la situación del Poder Judicial, que pide respeto cuando ha asumido su propia degradación en forma, contenido, planteamiento, nudo y desenlace. Merece la pena advertir los movimientos agresivos de los poderes económicos, que intentan agudizar en España un sistema productivo enfermo y desequilibrado, para que nada cambie de verdad, aunque los trabajadores sigan viendo, impasibles con sus votos muertos, la degradación de sus vidas laborales.

Merece la pena reírnos un poquito de la beatería que sienten algunos amigos, arrodillados ante la Santa Transición española, como si 35 años no fuesen nada, y hubiera que seguir conservando inmaculado el prestigio de un proceso que está en el origen de las enfermedades de nuestra Justicia, nuestras corrupciones políticas y nuestras debilidades económicas. Merece la pena asombrarse de que un Gobierno socialista no asuma ni siquiera una política fiscal socialdemócrata, y se olvide de los patrimonios, y no persiga con dureza el fraude, y no suba los impuestos a los que más tienen, y decida combatir el déficit con medidas inútiles, y simbólicamente dolorosas, como su desprecio último al significado de la Biblioteca Nacional. ¡Gobierno de España!

Pero también merece la pena tomar conciencia de que a veces ocurre algo verdaderamente deseable, definitivo y sólido, algo que nos invita a dejar para mañana los asuntos de hoy, algo llamado a permanecer cuando el sol, avaricioso e implacable como el tiempo, deshaga el rocío sucio de los prados. Atención, se acaba de publicar el libro inédito de Blas de Otero, Hojas de Madrid con La galerna (Galaxia Gutenberg), después de 31 años de espera. No tarden en buscarlo.

Blas de Otero volvió de Cuba en 1968. Necesitaba entrar en el quirófano por culpa de una mala boda y curarse de un amor cancerígeno. Le pidió a la muerte que se olvidara de él, habló con Jorge Manrique para aprovechar el último rocío limpio de la hierba, viajó, llenó de versos la España en transición de los años setenta, encontró su gran amor y escribió poemas nerviosos y serenos. Poemas serenos, por su diálogo profundo y sosegado con los valores más nobles de la condición humana, con la paz, la palabra, el amor y la muerte; poemas nerviosos, porque escribió más libre que nunca, con una madurez llena de humor, y de brío, y de música íntima, y de conversaciones, pasando de Manrique a Bécquer, de Cernuda a Alberti, de Whitman a Aldana, y de la tradición culta al lenguaje popular, y de sus propios recuerdos a sus propias palabras, con ciudades al fondo, con guerras, dudas, ilusiones y sonetos asombrosos en la palma de la mano.

Mientras amaba y moría, durante 10 años escribió, casi a modo de diario, Hojas de Madrid, y por medio surgieron los poemas de La galerna, esa súbita tempestad marina del mar Cantábrico, que sirvió para simbolizar sus depresiones cíclicas. Después formó con ellos un solo libro, Hojas de Madrid con La galerna, porque las hojas de papel son el único remedio para consolarnos de las hojas secas de los árboles. Es verdad, no todo se lo lleva el viento.

El 2 de junio de 1976, poco antes de asistir al homenaje a Federico García Lorca celebrado en Fuente Vaqueros, escribió un poema sobre sus recuerdos del poeta granadino: “Mas no hay paz todavía, / ni podrá haberla en tanto tus huesos no resuciten / en la tumba de la luna…”. En Fuente Vaqueros conocí yo a Blas de Otero, rodeado de los jeeps de la policía armada que nos reclamaban una disolución inmediata. Me acerqué al poeta, le pedí que me dedicara un libro y confesé que por gente como él estaba yo en aquella plaza, con mis primeros versos y mis banderas políticas. “Espero que algún día puedas perdonarme…”, fue su contestación.

Larra hablaba de la melancolía propia de los liberales españoles. Hoy comprendo sus melancolías, don Blas. Y aquí sigo, en transición, preocupado por la plaza y por las tumbas de la luna. Pero, por gente como usted, también sé detenerme ante lo que de verdad importa. No sólo está perdonado, sino que, además, merece la pena.

lunes, 10 de mayo de 2010

Hermanos Quero, el retorno de una leyenda


La editorial Comares recupera en un libro de Jorge Marco la historia de los hermanos guerrilleros que murieron luchando contra la represión franquista en los años cuarenta

Jesús Arias

Granada Hoy

07/02/2010

La vida -y la muerte- de los hermanos Quero es un argumento de una película brutal. Los cuatro guerrilleros granadinos que tuvieron en jaque a las autoridades de la ciudad a lo largo de los años cuarenta podrían ser perfectamente los protagonistas de un argumento de Hollywood si hubiesen nacido en Chicago o en Nueva Orleáns. Sus aventuras, sus peripecias, sus atracos espectaculares, su resistencia para continuar una Guerra Civil que ya había tocado a su fin han pervivido en la memoria mítica de los granadinos a lo largo de las décadas. Ahora, un catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Jorge Marco, viene a ponerle realidad a todas las leyendas en el libro Hijos de una guerra: los hermanos Quero y la resistencia antifranquista. Se trata de una obra magistral que ilustra a la perfección como era el mundo, la vida y la cotidianeidad en una Granada opaca y oscura. Y en medio ella, un puñado de soñadores.

"Yo no soy de Granada ni sabía nada de los hermanos Quero", dice ahora Jorge Marco, que presentará el libro el próximo jueves, a las 19.00 horas, en la Casa de los Tiros. "La idea de escribir un libro sobre ellos me surgió leyendo un libro del anarquista Eduardo Pons en el que hacía referencia a sus peripecias y me quedé impresionado. Pensé en hacer algo y estuve siete años involucrado en el proyecto". Al final, la editorial Comares, en su colección La Vela, dio cobertura a un trabajo de un rigor histórico formidable.

Los hermanos Quero fueron un extraño fenómeno: eran maquis, pero maquis urbanos. Su resistencia al franquismo no se producía en las sierras ni en los montes, sino en el centro de Granada. La familia vivía en el Albaicín dedicada al negocio de la carne cuando les sorprendió la Guerra Civil. Los hermanos Antonio, José, Pedro y Francisco Quero se aliaron del lado republicano y estuvieron en el frente. Cuando concluyó la guerra, como tantos otros milicianos, sólo deseaban volver en paz a sus casas.

Pero el régimen franquista jamás perdonaría a los combatientes republicanos. Al concluir la contienda, comenzó otra incluso más cruel todavía: la represión y persecución franquista. Los hermanos Antonio y José Quero Robles fueron encarcelados a penas menores, pero los continuos fusilamientos que siguieron tras la guerra y los rumores de que los fascistas asesinaban a los presos les empujaron a hacer algo que les cambiaría la vida: fugarse.

Aquella escapada de la cárcel de La Campana, en Granada, en junio de 1940 los convertiría en unos proscritos. Lo primero que hicieron los dos hermanos fue unirse a la partida de Juan Medina García, El Yatero, con el que estarían unos meses para después constituir ellos mismos su propia partida.

Pronto se caracterizarían por sus golpes espectaculares al régimen franquista, por sus enfrentamientos a tiros con la policía armada y la Guardia Civil y por su forma de escabullirse de las ratoneras más difíciles. A sus sorprendentes atracos y secuestros (llegaron a cometer dos simultáneamente en un mismo día) se unió la fama de que el dinero que obtenían era o bien para la Resistencia antifranquista o para familias que estuviesen pasando un estado de necesidad. Gracias a ellos lograrían tener una enorme red de apoyos e informadores.

Los hermanos Quero, que confiaban que el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de Hitler supondría también la caída de Franco en España y el regreso de la República, se habían prometido que se suicidarían antes de ser detenidos por elementos del Régimen. Se sabían abocados a la muerte, pero eso no fue óbice para que cometiesen atracos que dejaban atónita a la población granadina del momento, como el secuestro, durante un par de horas, de Manuel Rodríguez-Acosta, de una de las familias más adineradas entonces, para conseguir 250.000 pesetas, una fortuna entonces, o la retención de otro miembro de la burguesía granadina para obtener otro tanto. Eso sí: siempre que cometían un atraco o un secreto lo hacían con una tremenda educación. Eran famosos por ir muy bien vestidos y ser exquisitos en el trato con la gente... Hasta que tenían que enfrentarse a tiros con los guardias.

Hoy parecería increíble. Pero fueron famosas las persecuciones por Granada con gran cantidad de intercambio de disparos entre los miembros de la partida y las fuerzas franquistas. Algo digno del más genuino Chicago de Al Capone.

"A partir de 1942", dice Jorge Marco, "es cuando la leyenda se comienza a acrecentar y ellos se creen su propia leyenda y se ven incluso obligados a dar golpes sorprendentes para mantener aquella leyenda". Eso le impulsaría a realizar secuestros a plena luz del día en la Gran Vía, por ejemplo.

La tragedia, sin embargo, no tardaría en llegar. Pepe Quero, de 29 años, murió en un almacén del Carril del Picón al tratar de secuestrar a su propietario para conseguir un rescate. El hijo del dueño, al descubrir la situación, disparó contra el miembro de la banda. Se organizó un tiroteo y su otro hermano, Francisco, se vio obligado a huir dejando atrás el cadáver.

En julio de 1945, Francisco y Pedro Quero se vieron acorralados por la Guardia Civil en el Sacromonte. Los dos resultaron heridos, Pedro con una pierna rota y Francisco, con un disparo en el ojo. Su huida fue antológica: Francisco, con los ojos ensangrentados, se echó a su hermano a hombros mientras Pedro disparaba contra los agentes.

Luego consiguieron separarse y Pedro se escondió en una antigua mina. Allí fue acorralado. Resistió matando. En el asedio, una cuñada suya pudo entrevistarse con él para convencerle de que se entregase. Él sólo le pidió un cigarrillo. Al terminar de fumárselo, le dijo a su cuñada que se fuera y se pegó un tiro. Y ni aun así, los agentes se atrevieron a asomarse a la boca de la mina.

El 30 de marzo de 1946 le tocaría el turno al propio Francisco. Sorprendido junto a Antonio Morales, El Palomica, en la Plaza de los Lobos, Francisco Quero inició una esperpéntica escapada a tiros por todo el centro de la ciudad, calle Duquesa, Plaza de la Trinidad, calle Mesones, Escudo del Carmen, San Matías... Eso sucedía a las cuatro de la tarde. En la calle Solares, herido, acorralado y disparando con dos pistolas, Francisco Quero cayó abatido frente a una multitud de policías. Su cadáver sería posteriormente pateado con saña hasta dejar su rostro irreconocible. En el tiroteo también murieron un pintor y un policía. Francisco tenía 24 años.

El final de la banda de los Quero llegaría el 24 de mayo de 1947. Dos días antes, Antonio Quero, Antonio Ibáñez y José Mérida, sufrieron una emboscada por parte de la policía en un piso del Camino de Ronda en el que se habían refugiado. Habían sido delatados por un confidente. Todo el bloque fue desalojado y comenzó un asedio que duraría dos días. En ese asedio se produjo un episodio que aún se recuerda en Granada: en un intento desesperado, Antonio Ibáñez cogió un colchón y saltó con él desde un segundo piso ante los disparos de la policía. Cayó malherido pero continuó disparando hasta morir una hora después. No existe una versión oficial de la muerte de Antonio Quero. Mientras la policía de la época señaló oficialmente que había sido abatido cuando intentó oponer resistencia a la entrada de las fuerzas (llegó a haber en la operación hasta un helicóptero del Ejército), Jorge Marco cree que la teoría más plausible fuera la del suicidio final, tal y como se habían prometido los cuatro hermanos.

"Ellos eran muy conscientes de que estaban luchando por una causa", señala el historiador. "No podían ser considerados ni bandidos ni gangsters ni cosas así. Eran unos idealistas a los que la situación social del país, con tantas injusticias y crueldades, había empujado a tomar aquella vida".

El libro ofrece, además, el estupendo sabor de conocer la Granada del momento, una Granada con restricciones en la energía eléctrica, con sólo cuatro horas de agua corrientes al día, una Granada de sombreros de ala ancha, atracos fascinantes. De fondo, la historia trágica de cuatro hermanos que murieron soñando.

sábado, 8 de mayo de 2010

Por la tercera república


Juan Manuel Aragüés

01/05/2010

El Periódico de Aragón

Atado y bien atado". Con esta frase se resume la previsión de futuro que el dictador Franco realizaba para el momento de su desaparición. A medida que pasan los años, y a tenor del desarrollo reciente de los acontecimientos, da la sensación de que en esa frase se encierra una pequeña historia de nuestra transición y de sus efectos. La transición española a la democracia ha sido presentada desde siempre como ejemplar y ha pretendido ser exportada a lo largo y ancho del planeta. No es de extrañar que ese discurso de ejemplaridad haya sido sostenido por las elites dominantes, tanto internas como externas, para quienes el interés radicaba en que las cosas no cambiaran en exceso. Y sabemos del efecto persuasor que la repetición atesora.

NO CABE duda de que la nuestra fue una transición tremendamente tutelada, no en vano todos los aparatos represivos del régimen --policía, ejército, judicatura--, se mantuvieron intactos y no dudaron en dar toques de atención cuando les pareció oportuno. El más evidente, el golpe de estado del 23-F, ante el que el principal tutelador internacional, Estados Unidos, se inhibió considerándolo un "asunto interno".

Las leyes de la naturaleza, en forma de envejecimiento, han ido depurando esos cuerpos, que poco tienen que ver con lo que fueron (aunque viendo las cargas de la Policía Nacional en Valencia bien podría ponerse en duda), pero no ha habido un verdadero proceso político de ruptura institucional con el pasado. Franco se nos murió en la cama y sus aparatos represivos se han instalado, llegado el momento, en una tranquila jubilación.

ESA CONTINUIDAD con el pasado ha exigido una estrategia de maquillaje para intentar disimular las reminiscencias presentes del pasado régimen. Su instrumento fundamental ha sido el olvido. La consigna más repetida es la de la necesidad de olvidar. Olvidar que quienes figuran exaltados en los muros de las Iglesias se alzaron contra un gobierno democrático, olvidar el sustento de una Iglesia que aún celebra, ahí está el Pilar para comprobarlo, la guerra civil como una cruzada de liberación, olvidar que algunos de los actores políticos contemporáneos, con Fraga a la cabeza, son cómplices de los atropellos de la dictadura. Olvidar. Olvidar que nuestro actual monarca juró lealtad, en presencia de Franco, a las Leyes Fundamentales del Movimiento.

Pero la memoria es condición básica del ser humano. Y la desmemoria política desemboca en alzheimer social, una de las más terribles enfermedades, cuyos efectos se observan estos días en el Tribunal Supremo, donde el fascismo redivivo pretende llevar a juicio a quien osa proponer una terapia contra la desmemoria. Hora es de la memoria. No de una memoria revanchista, a todas luces innecesaria en la sociedad española contemporánea, sino de una memoria lúcida que nos dirija hacia una sociedad alejada de las sombras del pasado, en la que no tengamos que, paseando por nuestra ciudades, recordar el nombre de quienes vencieron a la democracia, visitando nuestras iglesias, recordar que los demócratas fuimos derrotados ("bello civil, patria liberata", ¿hasta cuándo, arzobispo Ureña, nos va a seguir insultando a los zaragozanos?). O, mirando a la más alta instancia del Estado, recordar sus juramentos de lealtad, sus "balconadas" en la plaza de Oriente y su silencio ante los crímenes finales de la dictadura.

LEJOS de lo que los corifeos del Poder han insistido de manera machacona sobre las bondades de nuestra transición y el papel fundamental de la Corona, series de televisión incluidas, entendemos algunos que la Transición representa una claudicación ante el pasado y la Monarquía el nexo más firme que a él nos une. Por eso, a pocas fechas del catorce de abril, en el que en toda España se realizaron lecturas de la Constitución de 1931, recordamos la frase que en 1930 escribiera uno de los más insignes intelectuales de la España del siglo XX, José Ortega y Gasset: "Delenda est monarchia" ("Hay que acabar con la monarquía"). La memoria, los tiempos, la democracia, lo exigen.

* Profesor de la Universidad de Zaragoza y miembro del Movimiento por la Tercera República (MP3-Aragón).

jueves, 6 de mayo de 2010

Sigue quedándonos la palabra


Lola Ruiz Domenech

Paralelo 36

26/04/2010

Un clamor de justicia se extiende cada día con mayor fuerza por nuestro país. Desde Cataluña a Andalucía, de Madrid a Galicia, los ciudadanos y ciudadanas españoles han dejado de ser súbditos para erigirse en protagonistas y exigir justicia, verdad y reparación. También exigen derogar la ley de punto final que supuso la ley de Amnistía de 1.977 y avanzar en un camino sin retorno hacia un país más libre, más democrático, más fraternal.

Lo mismo que Argentina, Uruguay, Chile, países que han vivido dictaduras sangrientas, con miles de personas asesinadas y desaparecidas por sus ideas han sabido derogar leyes y restablecer el estado de derecho al buscarlas, al rendirles homenajes y al juzgar y condenar a quienes realizaron crímenes de lesa humanidad, nuestro país tiene que responder a ese clamor incesante que el viento de este abril de 2010 trae desde el rincón más recóndito del estado español.

Un juez juzgado por haber cumplido con su deber. Juzgado por los nostálgicos del franquismo, por los fascistas, herederos de los fascistas y asesinos que causaron tanto y tanto dolor en nuestro país. Un juez perseguido por haberse osado a leer, conocer y aplicar la Declaración de Derechos Humanos que reconoce el principio de justicia universal y que los delitos de lesa humanidad no prescriben.

El franquismo sometió a la población española a una dura represión que significó la persecución, desaparición, encarcelamiento de miles de personas por sus ideas. La impunidad no puede permanecer por más tiempo. Reconciliarse supone cerrar heridas y cerrar heridas supone que aquellas familias que quieren buscar, encontrar y enterrar a sus muertos puedan hacerlo sin que ningún fascista de antaño o de ahora venga a impedírselo.

Hechos como el que vivimos demuestran que la dictadura no finalizó. El dictador murió en su cama y con todos los honores. Los poderes quedaron prácticamente inalterables. Franco, enterrado en su mausoleo construido con las manos de los presos que no han visto anuladas sus penas, se frotará las manos al confirmar que lo dejó todo atado y bien atado con el lazo de la monarquía, los intereses económicos y los intereses políticos que prefirieron repartirse la tarta a restaurar una verdadera democracia en el estado español.

Ahora tenemos la oportunidad de rectificar. Para permitir que nuestros hijos, nuestras hijas y sus descendientes vivan en un país basado en esas hermosas palabras de libertad, igualdad, fraternidad y justicia.

Muchas mujeres y muchos hombres seguiremos luchando con la fuerza de nuestras convicciones para conseguirlo.

No nos callarán.

Nos queda la palabra.


* Lola Ruiz Domenech es concejala de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Granada desde 2003. Forma parte, por segundo año consecutivo, de la Junta Directiva de UCAR-Granada.

martes, 4 de mayo de 2010

La invisibilidad de las víctimas


Juan Diego Botto

El País

18/04/2010

Al bisabuelo español de mi hija

La primera persona que va a ser juzgada por los crímenes del franquismo es precisamente la única que ha pretendido investigarlos. Esta paradoja cuestiona la naturaleza de nuestro Estado de derecho y nuestra democracia. La transición nació fruto del siguiente pacto: Estado de derecho sí, pero vamos a hacer un aparte con este genocidio y estos crímenes de lesa humanidad para que sea posible avanzar. Y así se desarrolla nuestra democracia, manteniendo en los aparatos del Estado a quienes habían administrado la dictadura.

Mi generación (nacidos en 1975) siempre pensó que era cuestión de tiempo, que cuando la democracia estuviera asentada llegaría el momento de las víctimas. Lo que ha ocurrido es precisamente lo contrario. Este auto del juez Luciano Varela es el equivalente a la peor de las leyes de punto final. Peor, porque en este país ya nadie pedía sentar en el banquillo a los responsables. Lo único que se pedía era dar amparo a víctimas y familiares.

Preguntémonos con qué autoridad moral se asienta un Estado de derecho que investiga a quien comete un asesinato pero no a quienes cometen 100.000; que investiga la desaparición de una niña pero no la de decenas de miles de personas; que persigue a quien roba un coche pero no a quien organiza un entramado para robar niños. Sobre esa estructura es improbable que alguien llegue a confiar en sus instituciones. La mejor manera de garantizar que ningún grupo ose alzarse de nuevo contra la democracia es demostrar que la justicia será con ellos implacable. Pero a quienes lucharon por la República se les ha premiado con una fosa común con vistas al olvido.

Según las encuestas, la mayoría de los españoles prefiere la democracia a la dictadura franquista, a la que la mayoría considera sangrienta. Ello presupone que cualquier gobierno en estos años de democracia estaba legitimado para enfrentar una tarea que, sin embargo, ninguno acometió.

Se trataba, simplemente, de catalogar esos delitos como lo que son y, más importante aún, ofrecer reparación a las víctimas. Si desde el Estado se cometieron los crímenes -y se hizo además desde las fuerzas del Estado y en nombre del Estado- es éste, sin duda, el que debe asumir buscar, desenterrar y averiguar cómo fueron eliminados sus ciudadanos. La visibilidad de casi 1.000 víctimas del terrorismo etarra es uno de los grandes aciertos de la democracia española; sin embargo, la lacerante invisibilidad de los al menos 113.000 desaparecidos y miles de torturados, encarcelados y exiliados es una de sus más imperdonables deudas.

En cuanto a la Historia, se recurre a menudo al argumento de la equidistancia: "Por ambos bandos se cometieron atrocidades". Sí, muy probablemente el bando republicano cometiera crímenes de guerra. Todos deberían ser investigados. Ahora bien, eso no puede nunca oscurecer el hecho históricamente nítido de que la contienda tuvo un responsable, un bando que se sublevó contra la democracia y que ello derivó en una guerra. Más aún, no se puede negar que hubo durante la guerra y también en los años posteriores a ella un plan sistemático para acabar con un grupo político o ideológico.

Ampararse en que ambos bandos cometieron atrocidades para igualar a los contendientes sería tanto como afirmar que no se puede juzgar a los nazis porque los aliados también cometieron crímenes. Sin lugar a dudas las cometieron. Es difícil pensar que los bombardeos sobre Dresde no fueran un crimen de guerra. Eso, sin embargo, no ampara ni una sola de las atrocidades cometidas por los nazis.

Para sostener que hubo prevaricación, el juez Varela señala que la Ley de Amnistía impide juzgar los crímenes del franquismo. Pues bien, aclaremos que la propia Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas pide la nulidad de dicha ley, porque los delitos de lesa humanidad y genocidio no pueden estar sujetos a leyes de amnistía. Son delitos considerados tan graves que no se permite a los políticos el derecho de amnistiarse ni arrebatar a las víctimas el derecho a obtener justicia. Por otra parte, esa interpretación que coloca la Ley de Amnistía por encima del amparo a las víctimas es contradictoria con los artículos 10.2 y 96.1 de la Constitución, en vinculación con varios tratados y convenciones internacionales suscritos por España.

Varela indica, además, que los delitos han prescrito, pero eso solo sería posible si se observa cada caso individualmente, es decir, si se niega la existencia de crímenes masivos y por ende, la intencionalidad del franquismo de cometerlos, dado que los crímenes de genocidio y lesa humanidad no prescriben.

Varela señala también que Garzón ha incumplido la Ley de la Memoria Histórica al usurpar tareas que corresponden a la administración, lo cual es falso, porque dicha ley señala en su disposición adicional segunda que las previsiones contenidas en la misma son compatibles con el ejercicio de las acciones establecidas en las leyes o tratados y convenios internacionales suscritos por España.

Cuando la justicia da cobertura a una dictadura a costa de negar auxilio a sus víctimas, cuando se actúa de espaldas a la voluntad de la mayoría, ¿qué Estado de derecho es éste? ¿Qué democracia es ésta?

* Juan Diego Botto, hijo de desaparecido de la dictadura argentina, es actor.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/invisibilidad/victimas/elpepuopi/20100418elpepiopi_4/Tes

domingo, 2 de mayo de 2010

El comienzo de la unidad de acción por la III República


Antonio Olvera Calderón

21/04/2010

La Asamblea celebrada el pasado día 17 de Abril en el teatro Fígaro de Madrid supuso una valiosa puesta en común de diversas ideas y valoraciones en torno a la iniciativa por la unidad de acción aportada por la Plataforma “Cultura, Progreso y República”, organizadora del evento.

Desde que empecé a finales de 2005 a participar en la idea de “unidad de acción por la República” a través de la organización de distintos eventos, mi objetivo siempre ha sido sentar alrededor de una misma mesa a distintos colectivos que defienden la construcción de la III República para que pudieran dialogar y ponerse de acuerdo en un mismo programa de actividades. Y, sobre todo, llevar el tema de la República allí donde, por las circunstancias y características de su población, fuese más complejo (y por lo tanto más necesario) llevar el debate sobre la ilegitimidad de origen de la monarquía, y el compendio de desigualdades y ataques al sentido común que trae consigo.

Pensaba que en la Asamblea de Madrid se iban a repetir los mismos patrones por los que se ha ido moviendo los encuentros republicanos de este tipo a los que he asistido y participado. Está, por ejemplo, ese punto del orden del día no escrito dedicado a darle vueltas al inadecuado papel del PCE en la transición, o a IU para acusarle de “cómplice del sistema monárquico”. Pero la escena que más veces he tenido que recrear es aquella en la que el miembro de un colectivo o partido político me agarra del brazo para decirme al oído, en tono de alarma, que no me fiara de tal o cual representante de tal partido, o de dicha actividad republicana porque la organiza tal o cual persona. El último episodio de esta escena la viví días antes de la Asamblea celebrada en el Teatro Fígaro, cuando un amigo militante del PSOE (que no asistió) trató de prevenirme de la inutilidad de dicho encuentro debido a un desencuentro personal con uno de los organizadores. En estos casos siempre he tenido el acierto de no hacer caso a este tipo de advertencias y/o recomendaciones.

En las jornadas que presenté en el 2008 en Granada, no hubo colectivo que no mostrara desconfianza ante un programa de actividades que incluía a colectivos y partidos republicanos de izquierdas de toda índole. Y en La Isla sucedió al parecido en el 2007. Aún así, las jornadas en La Isla y en Granada tuvieron continuidad y, quiero creer, las personas que forman parte de esos colectivos han aprendido que poner palos a las ruedas de quienes van en el mismo camino no conduce más que a retrasar la llegada de la III República. No nos equivoquemos de adversarios con excusas que se circunscriban al ámbito personal o partidista. La III República es un proyecto común.

El proyecto debatido en la Asamblea, presentada por la Plataforma “Cultura, Progreso y República”, es un proyecto factible, que no ha caído en vicios pasados, y que como primera consecuencia tiene la posibilidad de trabajar en la unidad de acción que tan difícil nos hemos puesto en los últimos años. Incluso Unidad Cívica por La República y Ciudadanos por La República han conseguido presentar por primer vez un manifiesto conjunto, porque saben que la discrepancia debe tener unos espacios concretos para que se transformen en acuerdos. Acuerdos que, por muy mínimos que sean, nos permitan seguir acercando el fin de la monarquía en el Estado español y preparar el terreno para un proceso constituyente.

La unidad de acción del movimiento republicano representa unas tierras difíciles que hemos comenzado a labrar para ver crecer una República. Un trabajo que también implica el intercambio de experiencias y propuestas con los antimonárquicos de los demás países que aún padecen el yugo de la institución que más pisotea los más básicos derechos humanos.

¡A por la Tercera República!


* Antonio Olvera Calderón "Paterr" (La Isla, 1977), politólogo, fue uno de los fundadores en 2005 de la Unión de Republicanos de La Isla (actualmente denominado Ateneo Republicano de La Isla), y precursor de la "Semana Republicana" en San Fernando y en Granada, así como de la Coordinadora Republicana de esta última localidad en el año 2008. Recientemente, fue elegido Secretario Político del Comité Local del Partido Comunista de Andalucía en San Fernando.