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martes, 14 de junio de 2011

La Casa Real no indigna a nadie


Sergio Rojas Recuero

Diario de un cabrón

11/06/2011

El próximo miércoles se cumplirá un mes del inicio de las protestas en la Puerta del Sol de Madrid. El sistema político en su práctica totalidad ha sido desde entonces sujeto de duras críticas por parte de un gran número de ciudadanos. Reivindicaban reformas que aportaran sentido común a los desorbitados salarios, las prebendas, las pensiones, los beneficios fiscales y el enriquecimiento en general de nuestros gobernantes y sus secuaces. Porque no es justo que la clase política mantenga semejante ritmo de vida a costa del pueblo. Que gracias a la falsa democracia imperante en nuestro país hayan establecido su chiringuito sin que nadie pueda hacer nada para remediarlo. Pero me llama poderosamente la atención que dentro de la vorágine mediática ocasionada apenas se haya hecho mención a la institución que indiscutiblemente lidera esta práctica parásita consistente en vivir a cuerpo de rey con el dinero de los contribuyentes. Me refiero, cómo no, a La Casa Real.

Se borraron del mapa. En el mismo instante en que los motivos de las manifestaciones afloraron desatando una tormenta mediática, la familia real decidió guarecerse y esperar a que cesara el temporal. Resulta obvio que los medios de comunicación recibieron algún tipo de instrucción al respecto, pues durante el tiempo en que más ruido generó el movimiento 15M no era posible encontrar noticia alguna relacionada con la sangre azul. España fue una República durante dos semanas. Sin duda, en vista de la situación, asomar la cabeza no era una buena idea.

Y es que a los políticos al menos podemos elegirlos, pero a ellos no. La gente parecía haber obviado uno de los términos que definen nuestro actual sistema: Monarquía Parlamentaria. Las protestas se centraron en el ámbito de lo parlamentario y se olvidaron de la cúspide de la pirámide democrática española: la Jefatura del Estado. Un órgano inamovible personificado en la figura del Rey Juan Carlos I. Una familia establecida en la más absoluta opulencia a costa de los ciudadanos. ¿Por qué? Porque sí. El nombramiento del entonces príncipe como sucesor al trono fascista supuso la opción menos mala, pues la peor hubiera sido la continuación de una dictadura militar. Su Majestad firmó la jubilación anticipada en el momento en que sancionó la Constitución de 1978, la cual le reconocía como Jefe del Estado y perpetuaría su posición privilegiada de forma vitalicia y hereditaria. Un texto que le atribuye multitud de poderes simbólicos y representativos, ya que todas las funciones unidas a la figura del monarca han de pasar o ser requeridas previamente por el Congreso de los Diputados. Mi pregunta es: ¿le importa verdaderamente el devenir de una nación a un individuo que acepta quedarse totalmente al margen a cambio de su trono? Supongo que los políticos de entonces pensarían: “Sí, sí, a este le ponemos la corona y que nos deje en paz“.

Según lo previsto en el artículo 62 de la C.E. corresponde al Rey proponer al candidato a Presidente del Gobierno, y en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución. Esto es: el pueblo vota y un partido gana las elecciones, su número uno es propuesto como Presidente por dicho partido, el Congreso vota su investidura y el Rey, lógicamente, lo nombra en el cargo. ¿Se imaginan al Rey rechazando a un Presidente de Gobierno? Yo no. Ni nadie. Aquí pues el ejemplo de atribución absurda.

Pero el artículo más importante para la familia real es el último, concretamente el punto subrayado:

Artículo 65.

1. El Rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su familia y Casa, y distribuye libremente la misma.

2. El Rey nombra y releva libremente a los miembros civiles y militares de su Casa.

Pero, ¿cuánto dinero es esa cantidad global?

Año 2007 …………………………………………… 8,289.970 euros

Año 2008 …………………………………………… 8,663.020 euros

Año 2009 …………………………………………… 8,896.920 euros

Año 2010 …………………………………………… 8,896.920 euros

Año 2011 ……………………………………………. 8,434.280 euros

Total últimos cinco años …………………….. 43,181.110 euros

(más de 7.000 millones de pesetas)

Los ingresos medios con los que una familia española mantiene su Casa son de 26.000 euros anuales, es decir, 130.000 euros en cinco años. Según estos datos la Casa Real recibe del Estado tanto dinero como 332 familias de ingresos medios.

El salario mínimo interprofesional en 2011 se sitúa en 640,41 euros al mes, lo que hacen 7,684,92 euros al año. La Casa Real ingresa en un año la misma cantidad que 1.158 ciudadanos que perciban el salario mínimo.

El Presidente del Gobierno cobra 78.185 euros anuales, 114 veces menos que la dotación de la Casa Real.

Alguno pensará: “Bueno, pero es que hay muchos gastos, con ese dinero pagan todo lo relativo a sus gastos, empleados del Palacio de la Zarzuela, viajes, etc“. Pues no.

Esa cantidad NO incluye:

- Casi seis millones de euros que figuran como “Apoyo a la gestión administrativa de la jefatura del Estado", destinados al pago de salarios de empleados de la Casa Real (más de 140 personas en plantilla).

- Mantenimiento y servicio del Palacio de la Zarzuela, mansión del Príncipe y Palacio de la Almudaina. Estos gastos corren por cuenta de Patrimonio Nacional, quien tiene un presupuesto de 140 millones de euros.

- Vehículos oficiales. El Parque Móvil del Estado se hace cargo. Presupuesto aproximado de 50 millones de euros.

- Gastos derivados de viajes de Estado, a cuenta del Ministerio de Exteriores.

Los salarios de la clase política son, en muchos casos, desorbitados. La voluntad de inyectar lógica y raciocinio en los números de nuestros gobernantes debe ser unánime. Pero, ¿qué pasa con la familia real? ¿A ellos sí se les permite el despilfarro?

No sé vosotros pero yo, después de leer esto, estoy indignado.

http://www.sergiorojas.es/2011/06/11/la-casa-real-no-indigna-a-nadie/

domingo, 12 de junio de 2011

Tarde o temprano


María José Fernández Arcones

El Comercio

09/06/2011

Monarquía o república. Es una cuestión que la juventud española, menor de treinta y dos años, acabará planteando al Estado en los próximos años de una manera o de otra. Las instituciones, los observatorios sociológicos y los medios informativos lo saben y lo vienen detectando año tras año. La propia institución monárquica se esfuerza en funcionar de una manera más pragmática y apegada a la realidad con el fin de no perder contacto con la realidad ni traicionar la esencia del modelo de la Monarquía parlamentaria. De su capacidad para ser más transparente y de entender los cambios de mentalidad de los españoles va a depender el grado de aceptación de la monarquía en los próximos tiempos. El movimiento 15- M, que tantos mensajes, deshilvanados o no, nos está dejando, puede que haya empezado a desprecintar también la caja de celofán en la que metimos a la monarquía y sus miembros desde 1977 con el fin de construir la entonces ansiada democracia. Hoy, tantos años después, somos más y diferentes. Hubo un inevitable cambio generacional. La manera de relacionarnos individualmente con el Estado ha cambiado. Las instituciones surgidas dentro del marco constitucional de 1978 no pueden dejar de adaptarse de manera ordenada y real al paso del tiempo y responder al sentir de las gentes.

Se vienen registrando en los últimos tiempos algunos indicios de que la juventud española ha empezado a tutear a la monarquía, como parte de la democracia real en la que quiere participar. Indicios a los que el propio heredero Felipe de Borbón ha demostrado estar muy atento. El pasado 31 de mayo, durante su visita a Pamplona, donde acababa de entregar los Premios Príncipe de Viana, Felipe de Borbón mantuvo en la calle una inesperada charla con una joven ciudadana que llamó su atención y le espetó «con todos mis respetos, ¿cuándo usted sea rey tendrá la honestidad suficiente para proponer un referéndum sobre monarquía o república por una cuestión democrática?». La situación creada en plena calle, rodeado de escoltas, autoridades y público, le dio al futuro jefe de Estado una pequeña medida de la complejidad de la tarea que tiene encomendada y de la importancia de saber reaccionar con responsabilidad ante cualquier acontecimiento por nimio que sea.


* Afiche del dibujante Josetxo Ezcurra, publicado en el diario alternativo Rebelión.

viernes, 10 de junio de 2011

Un reto para la Política


Julio Anguita González

Mundo Obrero

Junio de 2011

Es la tarde del día de reflexión y vengo de estar acompañando a los integrantes del movimiento Democracia Real Ya, instalados en el bulevar del Gran Capitán de Córdoba. Durante mi acto de presencia algunos jóvenes me han planteado la madre de todas las preguntas ¿y ahora qué?

Los acampados y supongo que la inmensa mayoría de los que están dando el toque de atención y reflexión más mayúsculo desde hace muchísimo tiempo, están siendo conscientes de que la fase de ocupación y manifestación en la vía pública está tocando a su fin como única manifestación visible de su ejemplar capacidad de traducir a consignas, propuestas y actitudes un estado de opinión generalizado. Es decir, se trata de afrontar el reto de la ampliación de este movimiento a sujeto de intervención política inmediata en nombre de las aspiraciones de una mayoría social que lo es en función de la situación objetiva de sus integrantes: paro, precariedad, pérdida de horizonte, futuro más que incierto, derechos fundamentales negados en la práctica, etc. El reto no es otro que la transformación de hábitos mentales, imaginarios colectivos y subjetividades alienadas en consciencia de la propia situación y las causas de la misma. Ese tránsito conlleva implícita y explícitamente la asunción del protagonismo para facilitarlo; es la Política.

Afortunadamente los portavoces de este movimiento han sentenciado algo fundamental, "somos apartidistas pero no apolíticos". Esta precisión los hace incompatibles con quienes hacen del apoliticismo bandera del medro propio y excusa para sus concupiscencias. Y es que el problema ahora radica en como Democracia Real Ya lleva a buen puerto sus denuncias, sus anhelos y sus propuestas.

Se ha afirmado en estos días que los cambios- para ser efectivos- son inseparables del voto. Es cierto, pero solo a medias; la afirmación necesita ser precisada. El voto ciudadano en Democracia es la única fuente legítima de las leyes; pero ello no puede interpretarse de manera reduccionista como la obligación ineludible de votar a tal o cual partido político; es una opción tan cerrada que más bien parece un trágala. ¿Por qué no hablamos de propuestas y/o programas en vez de siglas partidarias? ¿Por qué no llevamos a las instituciones directamente las medidas nacidas de un gran consenso social, hijo del debate ciudadano?

Nunca he olvidado mi pertenencia a un partido político pero en él aprendí que éste no era otra cosa que una herramienta útil para crear- en unos casos- y en otros ayudar, a conseguir consensos, acuerdos, programas y movilizaciones de transformación social.

Democracia Real Ya, a mi juicio, no puede esperar que su esfuerzo presente y futuro cristalice en una espera del caballo blanco de Santiago que le ofrezca, a cambio de su voto, su mediación en las instituciones; la experiencia vivida en España me exime de mayores comentarios. Tampoco puede resignarse a ser interpretada en el campo del funcionamiento político; ya sabemos lo de traduttore, traditore. Porque además eso sería dejar el ejercicio de la Política en las exclusivas manos de las organizaciones políticas. El ciudadano y la ciudadana son los sujetos principales de la actividad política. Los partidos y su más que obvia necesidad, son algo más que unos meros confeccionadores de listas electorales para ejercer su actividad en las instituciones; tienen un papel esencial en la formación de la ideología, la vertebración social y la formación del consciente ciudadano.

Si este naciente movimiento quiere -y digo además que debe- convertirse en un sujeto de intervención en la Política, desde su apartidismo, debe buscar una organización plural, participativa, activa, profundamente democrática y centrada en concretar sus anhelos y luchas en torno a programas, propuestas legales y proyectos de organización de la sociedad y del Estado. De esta manera ejercerían el papel de una función política totalmente objetivada en la realidad concreta sin tener que optar, como tal movimiento, por siglas partidarias y haciendo de sus relación con ellas una cuestión de debate programático y de compromiso en la defensa del mismo.

http://www.pce.es/mundoobrero/mopl.php?id=1462

miércoles, 8 de junio de 2011

Alhambra indignada


Gregorio Morales*

Ideal

07/06/2011

¡Esto es mucho mejor! La indignación de la plaza del Carmen se escucha en Granada. Pero la de la Alhambra, en todo el país. Los indignados se han percatado de que si quieren resonar más allá de la urbe, el lugar de protesta es la Alhambra.

Los palacios nazaríes tienen gancho. Su música suena como un gong. Me lo dijo Mª del Mar Villafranca: “¡No te puedes imaginar el poder de convocatoria de la Alhambra!”. Ahora lo sé. No es que sea una vía. Es que es la Vía. Desde la Alhambra, todo se amplifica. Todo se escucha. Todo trasciende. Ante ella, la puerta del Sol es un juego de niños.

El domingo, la Alhambra se convirtió en la conciencia de España. Los indignados subieron a la colina como una mesnada democrática. Como los conquistadores de un nuevo orden. Y sacaron a Granada de su ominoso letargo para ponerla en vanguardia de la indignación.

Hasta el domingo, los medios nacionales habían concedido poca importancia a los acampados en la plaza del Carmen. Pero desde el domingo, los indignados granadinos marchan con la cabeza del movimiento. Cientos de medios se han hecho eco de su protesta. El mundo ha identificado la belleza de la Alhambra con la bella dignidad de los manifestantes sureños.

Hay lugares que son encrucijadas del tiempo. La Alhambra es la encrucijada de España. Desde ella, se gobernó la ciudad más populosa de Europa. En ella, se consumó la unidad nacional. En sus aposentos, nació la poesía renacentista española. A su vera, Juan de la Cruz escribió los versos más hermosos de nuestra literatura. En su corazón, el cante jondo fue rescatado para el Arte. Ahora, en ella, los indignados claman por que la Junta no destruya Andalucía ni a los andaluces. Parece una verdad de Pero Grullo. Lamentablemente no lo es.

Desde la Alhambra, al mundo. Lo que los políticos han hipotecado, la Alhambra lo deshipoteca. La voz de una ciudad abducida, estallando de pronto a la luz. ¡Qué inteligentes han sido los organizadores!

Las consignas resuenan. “Andalucía no es tu cortijo”, le estamparon al consejero Díaz Trillo, que trató de contemporizar, pero al que le salió el tiro por la culata. El catering con el que iba a agasajar a sus premiados, acabó en un comedor social. ¡Como debe ser! La plaza de los Aljibes se convirtió en un aleph que sumó todas las plazas indignadas de España.

Los lugares no son gratuitos. Lo importante es el entusiasmo, las propuestas singulares, la inteligencia, pero, si no se elige el lugar preciso, imposible levantar el vuelo. Desde la Alhambra, se gana el mundo. Si la Alhambra está indignada, cientos de diarios están indignados. ¡Sólo entonces los políticos comienzan a moverse!

En la puerta del Sol o en la plaza del Carmen, los indignados son inofensivos. En la Alhambra, una revolución.

http://lorealinvisible.blogspot.com/2011/06/alhambra-indignada.html

* Gregorio Morales Villena es socio fundador de UCAR-Granada.

** Fotografía extraída de Periodismo Cultural, el blog de la comunicadora gaditana Noelia Vera.

lunes, 6 de junio de 2011

El mosqueo del príncipe con la republicana arrasa en YouTube


'Desde luego has conseguido un minuto de gloria', le dijo a una joven que pedía un referéndum para suprimir la monarquía

La Voz Libre

06/06/2011

El príncipe Felipe se saltó el protocolo el pasado 31 de mayo en Pamplona cuando una ciudadana se dirigió a él para plantearle la posibilidad de celebrar un referéndum para abolir la monarquía e instaurar la república.

Después de la entrega de los premios Príncipe de Viana, al salir del Palacio de Congresos, el príncipe fue despedido con abucheos y gritos de "Viva la República". Una joven se encaró con él, le insistió con el asunto de la consulta y el heredero de la Corona estalló. "Desde luego has conseguido un minuto de gloria", le dijo a la mujer visiblemente irritado para zanjar la conversación.

El vídeo del príncipe y la joven republicana está arrasando en YouTube y lleva cerca de 100.000 reproducciones.

ASÍ FUE LA CONVERSACIÓN:

- Príncipe: "Como tú sabrás, desde luego no me corresponde a mí convocar un referéndum... y soy el principal...".

- Joven: "Bueno, puede proponer o puede abdicar".

- Príncipe: "Yo creo en el sistema".

- Joven: "Yo también creo en el sistema, por eso mismo si queremos una democracia..."

- Príncipe: "Pues por mecanismos democráticos todo es posible".

- Joven: "Hoy por hoy el referéndum es sobre una monarquía o una república...la Constitución es inviable".

- Príncipe: "Está prevista como un mecanismo posible".

- Joven: "Un mecanismo que usted conoce y que es bastante inviable".

- Príncipe: "El presidente lo conoce muy bien" (En referencia al presidente del Gobierno de Navarra, Miguel Sanz).

- Joven: "Bueno sí, yo también".

- Príncipe: "Claro".

- Joven: "Simplemente quería preguntarle eso".

- Príncipe: "Lo que no le puedo decir es que cambie de deseos porque son contradictorios a los míos. Yo voy a cumplir con mi deber, que he aprendido a hacerlo lo mejor posible y cumplo con la Constitución".

- Joven: "La Constitución debería ser un derecho de toda ciudadanía, poder plantearnos siquiera".

- Presidente de Navarra: "Ya lo plantearon los representantes del pueblo".

- Joven:"Yo no la voté".

- Otra persona: "¿Este es el único problema que tienes en tu vida?".

- Joven: "No, no. Sencillamente quiero dejar de ser súbdita para ser ciudadana y de esa manera poder incidir en la comunidad en la que vivo".

- Príncipe: "Y desde luego has conseguido un minuto de gloria".

- Joven: "No era lo que quería".

- Príncipe: "Pues lo has conseguido, porque esto no lleva a ningún sitio".


sábado, 4 de junio de 2011

Hora de despertar


Antonio Muñoz Molina

Escrito en un instante

20/05/2011

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.

Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.

El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omnipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critican no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.

He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.

Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.

Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.

Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.

http://antoniomuñozmolina.es/2011/05/hora-de-despertar/

jueves, 2 de junio de 2011

El Rey anda mal de los nervios


Juan Carlos Escudier

Público

02/06/2011

Decían que el Rey estaba mal de la rodilla y resulta que lo que no anda nada bien es de los nervios. Lo de la rodilla se veía venir porque el jefe del Estado es de los que suelen saltarse el protocolo y de tanto brinco las articulaciones terminan por resentirse. Pero lo de los nervios es muy preocupante por impredecible. Los ataques pueden darle en una cumbre, como cuando mandó callar a Hugo Chávez y organizó la de San Quintín, o en una recepción en Zarzuela y emprenderla con esos periodistas que, según cree, sólo piensan en darle por muerto y ponerle un pino en la tripa.

Si en algo lleva razón el monarca es en que la prensa no ha hecho bien su trabajo en relación a su borbónica mismidad. Durante años, ha ocultado sus deslices, sus ausencias, las periódicas crisis palaciegas y hasta sus negocios, que sólo llegaban a conocerse parcialmente cuando sus administradores terminaban sentados en el banquillo por algún tipo de estafa. En torno a su figura se levantó un muro de protección que llegó a convertirle en un rey burbuja, a salvo de la crítica de una sociedad democrática. Caído en parte ese telón de acero, se comprueba que la institución es de una porcelana tan delicada que se desconcha a la primera fuera de la vitrina.

De este último arranque vitriólico de campechanía, puede inferirse que lo que realmente molesta al Rey no son las especulaciones acerca de salud sino el debate ya iniciado sobre su abdicación del trono, que es un tema que le produce urticaria y que explicaría sus últimas apariciones con la barba tan desaliñada. Según parece, el Rey, como cualquier hijo de vecino, no tiene ninguna prisa en cruzar la laguna Estigia, y cuando le llegue la hora pretende hacerlo con la corona puesta, aunque tenga que sujetársela a la cabeza con una goma bajo la barbilla.

Ello no justifica en ningún caso que pierda los papeles, ya que la monarquía viene a ser de esos polvorones que sin papel se desmoronan. Al fin y al cabo, para la Casa Real siempre será mejor que se hable de abdicación y no de República, que es otro debate que habrá que suscitar seriamente tarde o temprano.

http://blogs.publico.es/escudier/830/el-rey-anda-mal-de-los-nervios/