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jueves, 29 de abril de 2010

La marcha contra el franquismo se convierte en la mayor manifestación republicana de la Historia


Javier Parra

La República

24/04/2010

Decenas de marchas contra la impunidad del franquismo se celebraron el sábado en muchas ciudades de España y del mundo, pero la de Madrid superó todas las expectativas. Cientos de miles de personas colapsaron el centro de la capital llenando la calle de Alcalá y el Paseo del Prado de miles de banderas republicanas.

Con las calles atestadas de gente de toda edad y condición, era imposible que los manifestantes pudieran alcanzar su destino, mientras los integrantes de la cabecera tuvieron que llegar a Sol por los laterales.

La marcha, que comenzaba en Cibeles, tenía colapsada la Plaza de Cibeles, llegaba hasta la puerta de Alcalá y hasta Neptuno, y delante de la cabecera miles de personas incluso llegaban ya a la Puerta del Sol.

La manifestación contra la impunidad de los crímenes del franquismo se convirtió en la mayor manifestación republicana de la Historia, con cientos de miles de personas portando banderas tricolor y fotografías de víctimas de Franco como Julián Grimau, Salvador Puig Antich, Lorca y de miles de familias republicanas rotas por las hordas fascistas.

"Fuera fascistas de la judicatura", o "Yo no reniego de mi abuelo, los del PP tampoco", así como "vivas a la República" fueron la banda sonora de la que se ha convertido ya en una marcha histórica que va a marcar un antes y un después en la Historia de España.

Tras el recorrido, el discurso, con familiares de las víctimas en el escenario. La mayoría de los asistentes no lograron llegar a Sol, pero no importaba, porque todos apoyaron hoy que se abra la vía penal contra el fascismo también en España, el último refugio internacional que alberga impunemente a los criminales de guerra ante los ojos de su propia justicia, que dice llamarse democrática.

En la clausura de la Manifestación, la organización Human Rights Watch pidió al gobierno que proteja a las víctimas del franquismo y aseguró que los derechos de la gente no se pueden impedir ni por amnistía ni por el paso del tiempo. "¿Por qué las víctimas del franquismo deberían tener menos derechos que las víctimas del pinochetismo", se preguntó el portavoz de la organización, quien consideró desafortunado e hipócrita que no se esten aplicando en España los mismos estándares que sirven para perseguir delitos similares en otros paises.

"Para los grupos de derechos humanos los crímenes son las desapariciones y los asesinatos, no la investigación de los mismos", aseguró.

Por su parte, Almudena Grandes lamentó que organizaciones de extrema derecha hayan conseguido paralizar la investigación de los crímenes del franquismo, y recordó que 150.000 personas siguen en las cunetas víctimas de la aniquilación de parte de la población. "El deseo de los nietos, de las viudas, de recuperar los restos de sus seres queridos, y de recuperar su dignidad, no puede ser delito".

Pedro Almodóvar, quien también intervino al final de la marcha señaló que la justicia es también "solidaridad con quienes han sufrido la injusticia del terror", y señaló que "hoy es la dignidad de las víctimas del franquismo la que esta en juego".

En último lugar intervino el poeta comunista Marcos Ana, quien se pasó 23 años en las cárceles de Franco recordando que "los crímenes contra la humanidad no prescriben jamás" y que "la ley de punto final no puede prevalecer sobre el derecho internacional". "Hoy la sociedad civil esta en la calle está para hacer suya la causa de las víctimas del franquismo", aseguró.

Ayer, el clamor popular trascendió a la mentira del sistema, sólo otra manifestación en febrero de 2003 alcanzó este volumen de voz, ajeno a los partidos y nacido en las calles. Y esto es apenas el principio.

lunes, 26 de abril de 2010

Los "Robin Hood" de la posguerra


Los hermanos Quero ganaron fama en Granada con sus espectaculares secuestros y atracos

Inés Gallastegui

Ideal

12/02/2010

Se llamaban Antonio, José, Pedro y Francisco Quero Robles y eran una especie de 'Robin Hoods' en los oscuros años de la postguerra de Granada. Lideraron un grupo de guerrilla urbana que entre 1941 y 1947 protagonizó un centenar de espectaculares secuestros y atracos, tiroteos con la policía y huidas de película. Adscritos a organizaciones de izquierda, traían de cabeza a las autoridades franquistas, pero gozaban de gran apoyo popular, vivían escondidos gracias a la solidaridad vecinal y repartían las ganancias de sus 'golpes' entre familias pobres o represaliadas. Todos murieron de forma violenta y sus allegados fueron brutalmente castigados por el régimen a causa de sus hazañas. Sus descendientes han mantenido viva la historia y algunos de ellos participaron ayer en la Casa de los Tiros en la presentación del libro 'Hijos de la guerra: los hermanos Quero y la resistencia antifranquista' (Ed. Comares).

Su autor, el investigador de la Universidad Complutense Jorge Marco (Madrid, 1977) se encontró por casualidad con un texto de los años setenta que hablaba de los Quero. De ellos le fascinó su carácter de guerrilleros urbanos -un fenómeno casi exclusivo del anarquismo catalán en la postguerra- y la espectacularidad de sus acciones. Sin embargo, se dio cuenta de que aquel relato, basado en testimonios orales, tenía mucha leyenda. Seis años después, la vida de los hermanos Quero se ha convertido en un libro de 480 páginas, cuyo contenido forma parte de la tesis doctoral sobre la guerrilla en Andalucía oriental que Marco leerá en 2011.

El grupo de los Quero no se caracteriza por su identidad ideológica: aunque todos habían luchado en el bando republicano en la Guerra Civil, entre ellos había simpatizantes socialistas, comunistas y anarquistas. Hijos veinteañeros de un carnicero del Albaicín, tras la contienda Antonio y Pepe fueron condenados a penas de cárcel menores, pero las noticias de los continuos fusilamientos les decidieron a fugarse en junio de 1940.

Su vida en la clandestinidad comenzó en la banda del maquis Juan Medina, 'El Yatero', pero meses después los cuatro hermanos formaron su propia partida, que llegó a tener 16 miembros entre familiares y amigos.

En el libro, Jorge Marco relata uno de sus golpes más famosos, el secuestro de Manuel Rodríguez-Acosta, que les reportó 225.000 pesetas. Aquel mismo día duplicaron el botín tras retener a un miembro de los Sánchez Montes, otra familia adinerada, en la Gran Vía y a plena luz del día. En otra ocasión lograron un rescate de 500.000 pesetas, una auténtica fortuna en la época, después de mantener a un general encerrado en una cueva durante tres días.

El autor asegura que el pueblo les admiraba por su increíble habilidad para burlar a las fuerzas policiales, pero también porque sus ganancias las repartían entre familias necesitadas y represaliados de la dictadura. Al igual que el resto de los grupos guerrilleros, entregaban una parte a la CNT, única organización de la resistencia antifranquista que se mantenía viva en aquella época.

También necesitaban el dinero para pagar a las personas que se jugaban la vida y la libertad al ocultarles. Aunque la casa familiar estaba en la albaicinera Plaza de las Castillas, su red de refugios incluía pisos en el Sacromonte, el Barranco del Abogado y el centro.

Pacto de suicidio

Jorge Marco afirma que los hermanos pactaron no dejarse coger vivos. Pepe murió tiroteado durante un secuestro. Pedro, acorralado por la Guardia Civil en el Sacromonte, se pegó un tiro. Francisco, asediado en una vivienda del camino de Ronda, saltó desde un segundo piso 'planeando' sobre un colchón y fue abatido por la Policía. Parece que Antonio también se suicidó.

Pese a su frenética carrera de atracos, tiroteos y secuestros de empresarios, falangistas, militares y alcaldes, los Quero nunca cometieron un asesinato a sangre fría. Nunca, hasta 1947, cuando un guerrillero de la banda de 'El Yatero' que se había unido a Antonio, entonces único superviviente de la saga, acabó de un tiro con el empresario y político Indalecio Romero. El pueblo, que había aplaudido sus andanzas, aquello no lo entendió.

«Con ellos muertos, desapareció la guerrilla de Granada capital», concluye Marco. Las represalias contra la familia fueron «terroríficas». Las cuatro viudas y otros tres hermanos fueron a la cárcel. La mujer de Paco, Teresa Maya, era una bailaora gitana y decidió marcharse a Madrid con sus dos hijas. Otro estuvo «secuestrado en un colegio de monjas» bajo una identidad falsa hasta que lo rescataron.

Los descendientes actuales ya conocían muchas de estas historias. «Les contaron lo que hicieron sus padres o sus abuelos como si fuera un cuento -explica el autor del libro-. Lo sorprendente es que no tienen ningún ansia de venganza. No odian a nadie, pero necesitaban que alguien escribiese lo que pasó».

sábado, 24 de abril de 2010

Garzón como pretexto


María Toledano

Rebelión

20/04/2010

“Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”
Víctor Hugo


Cautivos y derrotados. ¿Cuántas veces? ¿Cuántas veces quieren que traguemos su aceite de ricino? No hablemos del famoso juez Garzón. Poco importa su persona o actividad judicial. No se trata de la defensa del magistrado: cada cual tiene su opinión al respecto. Reservo la mía para otros tiempos, quizá menos agitados por la barbarie. La memoria histórica, es decir, la reivindicación de un pasado de miseria y asesinato (los cimientos de la actual democracia), está en juego. Cabalgan de nuevo y sus botas acharoladas resuenan por los prados y desmontes. Ganaron la contienda y ellos, vencedores, tampoco quieren que se olvide. La izquierda real (¿acaso existe tal cosa?) insiste en la defensa de la verdad frente al silencio gris de la Transición: frente a tantas lecturas hijas de Prego y Salamina. Todos culpables, todos inocentes. Como el ser de Aristóteles, la guerra de España se dice de muchas formas. Casi todas, salvo las inspiradas en la Causa General, hablan de lucha de clases, pobres contra ricos, milicianos contra un ejército regular, buenas botas y alimentos, apoyado por Alemania e Italia. Estuvieron en Gernika probando aviones y corrieron, asustados, con los penachos en la mano, por los secarrales de Guadalajara. Eran muchos y organizados. Y contaban con la ayuda de su Dios todopoderoso (los curas disparaban desde la ventanas de los seminarios). Ganaron. No podían perder. Las democracias europeas cerraron los ojos. Es su costumbre. No quisieron ver en Franco -como si vio el doctor Negrín, primavera del 1939- un antecedente de la guerra mundial. A partir de ahí se estableció un régimen de terror conocido que finalizó con la muerte natural del Caudillo de las Españas todas. Muerto el dictador, apoyado por EE.UU., las Cortes se inmolaron -un falso sacrificio ritual- dejando paso a un “atado y bien atado” que nos gusta llamar democracia: estado social y democrático de derecho. Palabras.

Primero UCD, Suárez, que bastante hizo con contener las hordas; luego González, ausente de los temas cruciales, empeñado en la reconversión industrial y en la incorporación de España a las instituciones europeas. Era su salvoconducto hacia la gloria: conseguida. Más tarde, Aznar: pequeño oficial victorioso. Cacique local con aspiraciones de atleta, intentó cerrar el debate sobre el franquismo: fracaso. Zapatero, fiel a sus principios, legisló el problema, Ley de Memoria Histórica, criticada por la mayoría de las asociaciones, de forma que todo quedara más o menos igual: Lampedusa provincial. Garzón, el juez del helicóptero, quita el polvo al Código Penal y cita a los responsables (la mayoría muertos) del genocidio español (expresión de Paul Preston). Enterrados bajos elegantes lápidas de mármol pero atentos a la actualidad, las cornetas resuenan. En la superficie, grupos parafascistas, magistrados, jueces, periodistas, voceros del mal alzan su cáliz de sangre y agitan sus huestes. El resultado es conocido: Garzón procesado. Es necesario dar un escarmiento. ¿Todavía no sabe esta gentuza que ganamos la guerra? La cruzada acabó con los rojos y, transcurridos más de 70 años, los nietos, amparados en una democracia de superficie, inmersos en la dinámica estructural del Capitalismo 3.0, quieren ahora, a estas alturas, condenarnos. Es lo que tiene la democracia, su fuerza simbólica. Los pobres se creen con derechos: se creen ciudadanos. Pongamos de nuevo las cosas en su sitio: demos un golpe de mano. Garzón al banquillo: Garzón como excusa.

Las democracias débiles, inseguras e inestables, edificadas sobre los escombros (y vigas) de una dictadura militar de inspiración nacional-católica, son así. Hilvanadas con urgencia, las costuras saltan al mínimo esfuerzo. España está remendada con hilos de sangre que dejan traslucir las heridas abiertas (profundas como surcos en la tierra, en las manos) en cuanto se cuestiona cualquier poder, pasado o presente. Pasamos del arado y el turismo de las suecas al centro comercial sin cuestionarnos qué (nos) estábamos dejando en el camino. La paz social y el consumo eran objetivos prioritarios. Las “leyes de punto final”, extendidas por el universo, España como modelo, pretenden acallar el clamor popular con indulgencias plenarias y miradas de soslayo. Dejemos escapar a Sánchez Mazas. No disparemos al enemigo. Al fin y al cabo, es un hombre. Barros y lodos. No recuerdo que ellos, cada vez que tuvieron oportunidad, hicieran lo mismo. La izquierda moral, ligeramente exquisita, confunde “reconciliación nacional” con silencio cómplice. Zapatero es su adalid, su paje. Otra conclusión: ya que no se puede meter a todos los rojos denunciantes en la cárcel, ya que no se puede fusilar dos veces a las mismas personas y sus familias, acusemos a Garzón de prevaricación. Dicen que cuestionando la Transición (y sus interesados olvidos) se pone en peligro el espíritu que inspiró el paso del franquismo a la democracia monárquica. ¿Espíritu? Confunden, creando un caos semántico, “consenso popular” (proceso constituyente) con “consenso cupular” (proceso político). Entre todos haremos de Garzón un mártir de la democracia. Quede fijada mi opinión al respecto: parece que tanto al PP (tradicional) como al PSOE (renovado) les molesta la figura del juez. Recordemos que pasó de fustigador a diputado de González; de aburrido parlamentario (plato de lentejas) a buscar la “x”, de nuevo como juez, del GAL; de la persecución del narcotráfico a la corrupción política y la lucha contra ETA. Por lo que se ve, los partidos políticos no van a interceder (podrían, por supuesto, sin vulnerar el principio de separación de poderes) en el proceso. Estos días, todos somos argentinos en el exilio.

* Dibujo de Eneko, publicado en el periódico gratuito 20 Minutos.

jueves, 22 de abril de 2010

Juan Antonio Samaranch, el falangista reciclado


Antonio Salvador

El Llanto de la Acequia

09/10/2009

A la desaparición del general Franco, la amnesia colectiva se fue instalando entre nosotros como por arte de magia, deslizándose bajo las alfombras de los ministerios y de las sedes partidarias. La oposición había legitimado la dictadura al sellar un pacto de silencio que anuló la memoria histórica de las izquierdas españolas, otorgando la dirección del cambio a las élites reformistas del propio franquismo.

Los secuaces del tirano, los cómplices del exterminio, las comparsas de la felonía, acabaron autoindultándose, sin que sus víctimas, hastiadas tras tanta represión, sedientas de democratismo formal, dijeran esta boca es mía. La claque que palmeaba al son que le marcaban desde El Pardo, se acomodó al renovado escenario, aprendiendo a aplaudir al gracejo sevillano, al toque de Cebreros.

La chaquetilla blanca, la camisa azul mahón, la boina roja, tiradas al fondo del armario, sustituidas por impecables trajes de alta costura, permutadas las esencias falangistas por aromas de tortilla campera, vestidas de pana marrón. El baile de disfraces de la oligarquía gatopardista puso coto al fascismo montaraz, salvando los muebles por enésima vez.

La otra semana, los telediarios ensalzaron sin sonrojo al ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, con motivo de la fallida candidatura de la ciudad de Madrid para los Juegos de 2016. Nadie parecía recordar el deshonroso pasado del patriarca venerable de la tribu olímpica. Voy a tomarme la libertad de rememorar los hitos más granados de su currículum:


"Fue designado concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Barcelona (1955-1962), organizando en dicha ciudad los II Juegos del Meditérraneo y posteriormente fue designado Delegado Nacional de Educación Física y Deportes (1967). En 1973 fue nombrado presidente de la Diputación Provincial de Barcelona y cuatro años después embajador en la Unión Soviética y Mongolia (1977), momento en que era ya vicepresidente del COI organización en la que ingresó en 1966." (Fuente: Wikipedia.)

Si queremos comprender el estatus de Samaranch a partir de los años 50, tenemos que resituarnos en la Barcelona de la posguerra, en la capital vencida del separatismo catalanista, derrotado y sojuzgado en la guerra civil precedente. Juan Antonio Samaranch es uno entre los muchos coraceros imperiales del fascismo, un cachorro del nazismo hispano, un burgués asustado, acorazado tras el uniforme. De repente, comienza a frecuentar ilustres compañías, participando en las correrías nocturnas de importantes prebostes del régimen.

Correveidile de Ramón Serrano Súñer o de Luis Carrero Blanco, por entonces en disputa por los favores del dictador, camarada de farras, de juergas y de vida disipada. España era un erial, un Estado-cárcel-cementerio, mientras los dueños de todas las cosas jugaban a ser señoritos calaveras. El pueblo español moría de hambre y de frío, financiaba con su indigencia el banquete suculento de los salvadores de la patria.


Precipitado a las prebendas del poder, equipado todavía con la indumentaria del Movimiento Nacional, acostumbrado al chalaneo del coche oficial, provisto de carta blanca para hacer lo que le viniera en gana, Samaranch inició un ascenso imparable en la pirámide franquista. El régimen necesitaba cuadros obedientes y eficaces, garantes del orden establecido, dispuestos a emplear cualquier método en defensa de los privilegios obtenidos en la victoria.

El posterior desarrollo de los acontecimientos históricos ha demostrado el excelente olfato político de nuestro protagonista, capaz de adaptarse a los bandazos de la realidad con una destreza admirable. El mismo Samaranch que celebraba, brazo en ristre, el 18 de julio en 1974, era nombrado tres años después embajador ante la URSS, el sempiterno rival, sin ni siquiera despeinarse la cabellera.


La inmensa mayoría de la nomenklatura franquista apostó a caballo ganador, sumándose a la operación de transmutación de la dictadura en un sistema democrático de corte occidental. Juan Antonio Samaranch, Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa, Juan José Rosón, Torcuato Fernández Miranda, el mismísimo Adolfo Suárez, fueron algunos de los conversos a la fe liberal, algunos de los que enterraron la pistola y los correajes junto al ataúd de Francisco Franco.

Los prohombres de la Falange controlaron la Transición, apuntalando la monarquía Borbón, siguiendo fielmente el guión previsto en Washington DC. Samaranch se desentendió de la pelea electoral y fue consagrándose a nivel internacional. Los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 significaron su apoteosis, el blanqueo definitivo de la juventud escuadrista, de la madurez francofalangista. El fascista no arrepentido, en el cénit de su éxito, comprendió que como el Cid Campeador, el general ferrolano seguía ganando batallas después de muerto.

http://socialismoeslibertad.blogspot.com/2009/10/la-desaparicion-del-general-franco-la.html

* Con ocasión del reciente fallecimiento de Juan Antonio Samaranch, rescatamos este artículo de Antonio Salvador (antiguo seudónimo literario de nuestro compañero José María García Labrac), publicado en la bitácora El Llanto de la Acequia, con ocasión del fracaso de la candidatura olímpica de Madrid 2016, el pasado mes de octubre de 2009. Sirva como pequeña dosis de Memoria Histórica, frente al oscurantismo del régimen de la Transición, especializado en el maquillaje inmisericorde de las biografías de los servidores y lacayos del dictador.

martes, 20 de abril de 2010

Españoles, “la transición”… ha muerto


Hugo Martínez Abarca

Quien mucho abarca

08/04/2010

Desde hace algún tiempo vengo sosteniendo que la Transición no es un breve periodo de años tras la muerte de Franco que da lugar al régimen constitucional, sino que la Transición es un Régimen en el que seguimos inmersos (como la Restauración duró treinta y cinco años pese a que el acto concreto de restaurar al Borbón se produjo en un sólo día en que se produjeron el pronunciamiento militar de Martínez Campos y la coronación de Alfonso XII). El procesamiento de ayer de Garzón a instancia de Falange y otros grupos ¿post?franquistas no hace sino confirmar que estamos en un Régimen que no se ha salido del cauce que se decretó en aquellos años y que quien se salga de ese cauce (incluso si es alguien tan del sistema como ha sido Garzón) se sitúa al otro lado de los márgenes de lo permisible.

Uno de los límites insuperables es la ruptura con la dictadura fascista de Franco. No sólo no se pudo romper jurídicamente, sino sobre todo política y moralmente. Con la connivencia de abanderados de la izquierda plenamente entregados al nuevo poder y al orden (pienso en Carrillo desde la política, avalista imprescindible de la Ley de Amnistía y que rechazó desde el principio con la investigación de Garzón, o en Santos Juliá desde la academia, que tanto esfuerzo ha puesto en minusvalorar los trabajos de los historiadores recientes inventándose que tras el franquismo sí se investigaron los crímenes de la dictadura en la Universidad -leed el estupendo artículo de Francisco Espinosa al respecto-), se echó un manto de mierda que tapara los crímenes y sobre el que pudieran continuar caminándo quienes hicieron carrera política, financiera, policial, militar o judicial bajo los Principios del Movimiento Nacional.

Cuando Juan Carlos de Borbón afirma que delante de él no permite que se hable mal de Francisco Franco (el mayor asesino de la Historia de España), no habla a título personal: habla el Jefe del Estado y parece que el monarca recuerda a aquel familiar suyo que proclamó que él era el Estado. Delante del Estado no se habla mal de Francisco Franco, hasta ahí podíamos llegar. Y no se hace desde ninguna de sus instituciones. Por eso la Ley de Memoria Histórica fue tan descafeinada y estéril: en pleno del Régimen de la Transición no cabe romper política y moralmente con los crímenes franquistas. Por eso la judicatura española no puede asumir que estén vigentes aquí los tratados internacionales firmados por España y recogidos por la Constitución que declaran imprescriptibles e inamnistiables tengan vigor en España. Por eso la judicatura persigue al juez que trató de sacar a los asesinados de las fosas comunes a las que fueron arrojados para que sus familiares los entierren como deseen. No se trata de Garzón, se trata de España, de salvar la España de la Transición.

Digo que “la transición” ha muerto. Muere el mito, la farsa, la leyenda, la creencia religiosa según la cual tuvimos una transición modélica a la que todo el planeta mira admirado. No es así: hoy todo el mundo señala abochornado a un país en el que Falange expulsa al juez que investiga su genocidio, que es como si el NSDAP hubiera conseguido inhabilitar a los jueces de Nürnberg (que tenían mucho menor soporte legal que Garzón, pero fueron ciertamente más expeditivos), a un país que abrió la puerta a la limpieza de los crímenes contra la humanidad y que ve hoy cómo otros países se ciscan en sus autoamnistías mientras Falange repele la afrenta doméstica. Queda refutado el mito de “la transición”, la reconciliación… Como escribía Fernando Fernán Gómez en Las bicicletas son para el verano, no ha llegado la paz, ha llegado la victoria. El Régimen de la Transición, que ayer mostró su rostro real, se asienta sobre la victoria.
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NOTA (1) La concentración en defensa de la investigación sobre el franquismo será el día que suspendan a Garzón a las 20h. Lo previsible es que sea el día 22, pero puede ser cualquier día: hoy mismo se reúne la permanente del CGPJ, aunque no parece que tengan competencias para suspender a Garzón. En Facebook hay un grupo (con 3.000 personas): en Madrid será frente a la Audiencia Nacional, pero en otras ciudades se están organizando en los foros de ese grupo.

NOTA (2) Han escrito también en Kabila, Capitalismo salvaje, amanece que no es poco, Dani Martínez, Iñaki Escudero, Ceronegativo, Escolar.net, Tierra de nadie, …


* Viñeta de Ferreres, aparecida en el diario Público, el sábado 17 de abril de 2010.

domingo, 18 de abril de 2010

Vídeos VI Cena Republicana Granadina/"Republicanismo y Federalismo" en Huétor Vega

Vídeo de la Cena Republicana, organizada por sexto año consecutivo por UCAR-Granada, celebrada en el Restaurante Sierra Blanca la noche del 14 de abril de 2010, 79º aniversario de la proclamación de la Segunda República Española.

Intervinieron: José Luis García Puche, presidente de UCAR-Granada; Laura Rodríguez Mejías, secretaria de la asociación; Fran Hidalgo, militante de la Plataforma de Ciudadanos por la República de Granada; Vicente Morales Cantón, víctima del franquismo y exiliado en Francia. Créditos: Juan Pablo Segovia Gutiérrez.

VI Cena Republicana Granadina from UCARGRANADA on Vimeo.

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Vídeo de la conferencia titulada Republicanismo y Federalismo, impartida por el profesor y militante republicano José Luis Serrano en el Edificio Huerta Cercada, actual sede provisional del Ayuntamiento de Huétor Vega. Celebrada en la tarde del viernes 9 de abril de 2010, fue coorganizada por nuestra asociación y por la Asamblea local de Izquierda Unida en la localidad metropolitana. Créditos: Juanjo Pérez Romero.



viernes, 16 de abril de 2010

EL Legado de Azaña


David Fernández Martín*

Hoy hace ya casi 80 años desde que el pueblo español, cansado de su servidumbre, optó por convertirse en dueño y señor de su destino, conformando una nueva realidad basada en la soberanía popular y provocando un profundo cambio en la organización del estado. Cambio necesario en todo régimen democrático y de derecho que comenzó con la expulsión de la dinastía y la restauración de las libertades públicas y que estuvo representado, en su más alta expresión, en la figura de D. Manuel Azaña, uno de los intelectuales más brillantes de la Historia de España cuyo compromiso en la creación de un estado laico y soberano lo convirtieron en la encarnación del espíritu republicano.

Y es que Azaña pasó a ser el eje fundamental sobre el que se construyó la II República española, formando ambos una unión indisoluble que quedó plasmada de forma soberbia por el ensayista y pensador Ramos Oliveira:

“Desde este momento, octubre de 1931, Azaña es la República y la República es Azaña, [...]: Quiere decirse que Azaña, como la República de la que es inseparable en la historia, constituye una experiencia completa, una vida política entera, vida que comienza el 14 de abril, ocasión en que el pueblo español sabe por primera vez que existe Azaña, y termina cuando concluye la Repúbli­ca.”

Y fueron tareas como la promoción del laicismo en las escuelas, la apuesta por una modernización de las fuerzas armadas, la división de poderes o la separación radical entre iglesia y estado, las que definen el trabajo incesante que Azaña llevó a cabo durante toda su vida política, defendiendo a ultranza los derechos y libertades fundamentales de todos los ciudadanos y atacando duramente las oligarquías y el caciquismo tan propios de otras etapas.

Un trabajo y un espíritu que representan un grado tal de unidad y conciliación, que incluso el propio José Antonio Primo de Rivera le instó en varias ocasiones para que se pusiera al frente de la revolución española, convencido de que Azaña era el único hombre capaz de llevar a cabo una revolución con sentido nacional, porque siempre estuvo al servicio de la República y de todos los españoles:

“Si las condiciones de Azaña, que tantas veces antes de ahora hemos calificado de excepcionales, saben dibujar así las características de su Gobierno (ofrecido al destino total de España, no al rencor de ninguna bandería), quizá le aguarde un puesto envidiable en la historia de nuestros días... España ya no puede eludir el cumplimiento de su revolución nacional. ¿La hará Azaña? ¡Ah, si la hiciera!”

Y fue así, a base de trabajo y sacrificio, que por fin aquel sueño de libertad llegó a convertirse en realidad. En la única realidad posible. La expresión espontánea del pueblo español cuando se ha pensado libre porque, en las propias palabras de Azaña, sólo la República es expresión de la razón universal y la convivencia civilizada entre los españoles.

Una convivencia que hoy vemos amenazada por aquella terrible oscuridad que hirió de muerte a la legalidad republicana y que ha perdurado hasta nuestros días, dañando gravemente aquellos principios inspiradores por los que tanto trabajó Azaña durante toda su vida y por los que el pueblo luchó incansablemente, encontrándonos que son los canallas quienes castigan a los justos para tapar sus vergüenzas, que se censuran libertades al antojo de unos pocos, que la educación ya no crea ciudadanos, sino obreros, que hay una parte de la clase política que sólo busca dinero y poder, relegando al pueblo a un segundo plano y que, como en los peores tiempos, España ha vuelto a ser católica, recuperando la Iglesia protagonismo en todos los estamentos del estado, contaminándolos de nuevo.

Así que hoy, una vez más, al igual que entonces, se hace necesario un último esfuerzo, superando nuestros miedos y tabúes, apartando los últimos atisbos de oscuridad, para crear una nueva República, un nuevo comienzo construido con el trabajo de todos que camine siempre firme y que no debe mirar hacia atrás mas que para recuperar aquello que la hizo grande hace casi 80 años. Aquellos principios y valores sobre los que fue creada entonces y que, hoy nuevamente, debe de ser lo que nos una a todos para acabar con la sinrazón. El legado del espíritu republicano. El legado de Azaña.

Y como colofón me gustaría obsequiar a los presentes con la lectura del que fue uno de los mejores discursos de Manuel Azaña, dirigido el 28 de Septiembre de 1930 a todos los españoles y que lleva por título “Una República para todos”.

“La República no será el régimen de un partido, es cierto; será un régimen nacional, en este sentido: que respetuosa con los Estatutos regionales que las Cortes sancionen para regular las autonomías locales, amparará con el poder del Estado los derechos de todos.

Todos cabemos en la República, a nadie se proscribe por sus ideas; pero la República será republicana, es decir, pensada y gobernada por los republicanos, nuevos o viejos, que todos admiten la doctrina que funda el Estado en la libertad de conciencia, en la igualdad ante la ley, en la discusión libre, en el predominio de la voluntad de la mayoría, libremente expresada.

La República será democrática, o no será. De esta manera los republicanos venimos al encuentro del país, no como estériles agitadores, sino como gobernantes; no para subvertir el orden, sino para restaurarlo; no para comprometer el porvenir de la nación, sino como la última reserva de esperanza que le queda a España de verse bien gobernada y administrada, de hacer una política nacional. Tenemos conciencia de nuestra responsabilidad, y de las dificultades que nos aguardan, y estamos resueltos a afrontarlas, sin escatimar ningún sacrificio. Nosotros no podemos rematar estas declaraciones poniéndoles como conclusión la promesa de una era de felicidad, de ventura y de grandeza.

La libertad no hace felices a los hombres; los hace simplemente hombres. La República no promete glorias; no vamos a comprometer a nuestro país, cuya modesta posición en el mundo conocemos, en aventuras grandiosas.

Prometemos paz y libertad, justicia y buen gobierno. Llevad este mensaje a todos los rincones de la Península. Avivad a los dudosos y a los tímidos. Venid todos en nuestra ayuda. Estad prontos para el día de la prueba.

Que España deje ya de parecer, en el orden de la acción política, un corral poblado de gallinas donde unas cuantas monas epilépticas remedan los ademanes de los hombres. Seamos hombres, decididos a conquistar el rango de ciudadanos o a perecer en el empeño: y un día os alzaréis a este grito que resume mi pensamiento: ¡Abajo los tiranos!”


MANUEL AZAÑA

* David Fernández Martín es vocal de la Junta Directiva de UCAR-Granada.