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martes, 23 de junio de 2020

De lo que fue y pudo haber sido. La educación como motor social en una sociedad republicana


Ana Maeso Broncano (*)

¿Cómo sería nuestra realidad actual si la II República hubiese continuado hasta nuestros días? ¿Si la Guerra Civil y, por ende, los años de dictadura, se hubiesen borrado de nuestra historia? Todas quienes compartimos los valores republicanos, y me aventuraría a decir, todas las personas demócratas, hemos jugado alguna vez a practicar ese ejercicio de ficción utópica: imaginar cómo sería nuestro presente si no hubiésemos atravesado cuarenta años de oscurantismo y otros cuarenta arrastrando secuelas de aquellos anteriores. 

Imaginar las posibilidades de los mundos puede llegar a ser realmente estimulante, especialmente cuando la potencialidad de lo que podría haber sido es tan distinto de lo que ha resultado ser. Es, en ese sentido, la educación la que dibuja futuros distintos. La que abre ventanas, ventila los vestigios vetustos de lo que fue y se abre a lo que crece.

Si bien la escuela pública vive su nacimiento en España en 1857 con la Ley de Instrucción Pública, será a partir de 1931 con la proclamación de la II República, cuando la educación experimente toda una transformación radical. En una España de una mentalidad anclada aún en ideas conservadoras y una fuerte tradición católica, con más del 50% de población analfabeta, con docentes e investigadores en una devaluada posición social, sin infraestructuras ni recursos dedicados a la educación, sería diseñado un ambicioso plan de potencia de la cultura y la educación, entendiendo estas como motor de cambio político y social.

Comienza a gestarse un modelo de enseñanza influido por los mimbres del pensamiento ilustrado, que, apoyándose en ideas krausistas y regeneracionistas, respiraba aires de modernidad. De la influencia de la Institución Libre de Enseñanza se desarrollarían iniciativas vanguardistas como la Residencia de Estudiantes, la Residencia de Señoritas, el Museo Pedagógico o las Misiones Pedagógicas, entre otras. Sería fundamental la creación de infraestructuras como bibliotecas, centros culturales, nuevas escuelas de arte y asociaciones artísticas. En una España eminentemente rural, una de las misiones de la República fue llevar la cultura a pueblos y aldeas: obras de teatro, proyecciones cinematográficas, bibliotecas y exposiciones artísticas que deslumbraban a quienes jamás habían tenido acceso a la cultura.

Las aulas de la República

Una de las primeras iniciativas fue la de dignificación social de la profesión del magisterio: se incrementaron sus salarios, indignos hasta entonces, y se mejoró notablemente su formación: los estudios de magisterio pasaron a ser estudios universitarios. Las escuelas se multiplicaron en número por todo el país, y en sus aulas, cayeron por fin, metafórica y literalmente, los muros que separaban en las clases a niños y niñas. En ellas, las maestras republicanas, tomarían un papel fundamental como modelo de mujeres libres, autónomas, que con valentía llevarían a cabo su profesión en ambientes en ocasiones hostiles.

«Tenemos el deber de llevar a las escuelas las ideas esenciales en que se apoya la República: libertad, autonomía, solidaridad, civilidad» (Revista de Pedagogía, 1931) [1] 

A nivel pedagógico, en las escuelas se despliegan distintos enfoques de pedagogías activas, situando al niño como protagonista y centrándose en su educación integral. Estarían presentes en estos enfoques: la unión de lo intelectual y lo emocional, la creatividad, el pensamiento crítico, el desarrollo de la intuición, el aprendizaje desde el entusiasmo, la conexión de los contenidos con la realidad o los valores sociales como la paz y la ciudadanía. Se potenciarían las artes y el ejercicio físico y niños y niñas saldrían de las aulas, realizando excursiones. Se llegarían incluso a introducir el Método Montessori o la pedagogía de Freinet, las tesis de Froebel o Pestalozzi (las teorías educativas más innovadoras). Se vive una época de verdadero entusiasmo por una escuela abierta a todos: pública, laica, gratuita, democrática y con la solidaridad como principio.

«Educar antes que instruir; hacer del niño, en vez de un almacén, un campo cultivable» 
(M. B. Cossío) [2] 

Resulta muy ilustrativo que una de las frases que zanjó aquella ilusionante etapa fuese aquel “Muera la inteligencia” [3], pronunciada mientras se llevaba a cabo la denominada “Depuración del Magisterio”, donde maestras y maestros serían apartados forzosamente de su profesión, muchos de ellos enjuiciados y hasta encarcelados o fusilados. La educación volvió a las manos de la iglesia católica, se suprimió la coeducación y el bilingüismo, las aulas volvieron a separar a niños y niñas, y se cambió el ideario republicano por la iconografía militar franquista, heredera de la visión de la España del Imperio. La utopía de una España que anduviese a la par de las democracias más avanzadas de Europa dejó paso a los grises años de “la letra con sangre entra”.

Imaginar qué hubiese sido de un pueblo donde tres generaciones hubieran sido educadas en el respeto, en la atención y el fortalecimiento de sus potencialidades, en el desarrollo de su creatividad, de la curiosidad por el mundo y en valores como la libertad, democracia y solidaridad puede ser, en días como hoy, un ejercicio agridulce. No obstante, más que nunca, resulta fundamental para no perder el horizonte de una sociedad más justa, que, como desde tiempos inmemoriales, nace en la escuela.

(*) Ana Maeso Broncano, profesora de Educación Artística en la Universidad de Almería, está afiliada a la asociación Granada Republicana UCAR.

[1] En la novela Historia de una maestra (2015), de Josefina Aldecoa, se recoge la publicación de este mensaje en la Revista de Pedagogía (1931).

[2] Manuel Bartolomé Cossío en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) nº 65 (31 de octubre de 1879), citado por Antonio Jiménez Landi en La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente: Periodo parauniversitario (1996).

[3] Recientemente el historiador Severiano Delgado ha puesto en duda la veracidad de esta cita atribuida, como es célebre, al general franquista Millán Astray. No obstante, la frase que sustituye a esta, según la reconstrucción de los hechos, sería similar en significado: “Muera la intelectualidad”.

https://www.elindependientedegranada.es/politica/lo-que-fue-pudo-haber-sido-educacion-como-motor-social-sociedad-republicana

viernes, 12 de junio de 2020

Intervención de José Mª García Labrac, presidente de Granada Republicana UCAR, en el programa de radio "La Hora de la República" (09/06/2020)



Intervención del compañero José María García Labrac, presidente de la asociación Granada Republicana UCAR, en el programa "La Hora de la República", emitido por Radio Rebelde Republicana y patrocinado por Unidad Cívica por la República (UCR).

El espacio, conducido por el periodista Ángel Pasero Barrajón, secretario federal de UCR, se emitió el pasado 9 de junio de 2020, contando también con la colaboración del activista republicano Juanjo Picó Pastor, portavoz del colectivo Europa Laica.

jueves, 11 de junio de 2020

Emilio Herrera, el sabio que peleó junto al pueblo


En estos días, gracias a su aparición en la serie El Ministerio del Tiempo, está en boca de todo el mundo un granadino ejemplar, demasiado desconocido todavía para la mayoría de sus paisanos: don Emilio Herrera Linares (1879-1967), científico, inventor, pionero de la aeronáutica, general de Aviación y presidente del Gobierno de la II República Española en el exilio (1960-1962).

Queremos aprovechar la ocasión para recordar el homenaje que le tributamos desde Granada Republicana UCAR hace ya doce años, el 14 de abril de 2008, en el que tuvimos la suerte de contar con el arte del maestro Juan Pinilla, siempre dispuesto a apoyar la causa de la libertad con la fuerza de su garganta.

¡Honor y gloria para el general Herrera, "un sabio que peleó junto al pueblo" (*)!

(*) Cita textual del poema que le dedicó uno de sus hijos, el escritor José Herrera Petere (1909-1977).


martes, 26 de mayo de 2020

Los dilemas de la pandemia


Antonio Pérez Villena (*)

El Ateneo de Granada Republicana UCAR / El Independiente de Granada

26/05/2020

Es un honor haber sido invitado por la asociación Granada Republicana UCAR a publicar en este espacio y espero no defraudar con mi primera aportación. Estas semanas de confinamiento dan para pensar mucho sobre el mundo en que vivimos y sobre esta nueva crisis que afrontamos. Aprovecho pues para compartir mis inquietudes.

Conspiración vs. reacción de la Naturaleza

¿De dónde ha salido el coronavirus? Esta es la gran pregunta. Para plantearla conviene siempre repasar la historia: la humanidad ha sufrido numerosas pandemias, muchas con consecuencias devastadoras. ¿Es un virus sintético o es una mutación de la propia Naturaleza? Creo que jamás lo sabremos, pero ambas hipótesis nos llevan a un punto común.

Si algo así ha sido ensayado en laboratorio, ya sea de forma intencionada o no, es una grave irresponsabilidad o directamente un acto criminal. Me decanto por el virus como consecuencia directa de la progresiva degradación medioambiental que se arrastra desde buena parte del siglo XX. Aquí se explica muy bien.

Queda de manifiesto que el comportamiento de la especie humana es un peligro para el planeta y pone en riesgo su propia supervivencia. Nuestra superioridad tecnológica no va acompañada de la inteligencia suficiente para gestionarla sin graves consecuencias. Previo a entrar en consideraciones económico-políticas, constato que ninguno de los modelos de la post-guerra fue jamás respetuoso con el medio ambiente.

Modelo económico-productivo: Capitalismo vs. Estado del Bienestar

La reconstrucción económico-social que tuvo lugar tras la II Guerra Mundial polarizó el mundo en dos bloques que, si bien eran antagónicos, se conformaron como un ente que derrotó al fascismo. Durante décadas, Capitalismo y Comunismo actuaron como sendos contrapesos en un delicado equilibrio, con fricciones que siempre terminaron provocando terremotos en escenarios geográficos ajenos. En la Europa Occidental se establecieron unos mecanismos que garantizaron una cierta justicia social (en unos países más que en otros; el caso español requiere un análisis aparte), instaurando un largo período de 'paz social' con sus altibajos (el mayo francés del 68, por ejemplo). El fallecimiento del dictador Franco en nuestro país abrió una puerta de esperanza a sumarnos a ese escenario de libertad y derechos sociales que tanto ansiábamos.

Pero he aquí que irrumpió el denominado Neoliberalismo, de facto mutación del Capitalismo. Se gestó claramente a principios de la década de los 80, con dos protagonistas reconocibles en las potencias referentes del mundo capitalista: Ronald Reagan (EEUU) y Margaret Thatcher (Reino Unido).

Ambos pusieron la primera pica en Flandes, demonizando el llamado Intervencionismo Estatal, en pro de supuestas libertades que a la postre se han manifestado como esclavitudes. A partir de ese momento, el llamado Estado del Bienestar fue menguando de forma exponencial hasta el escenario de nuestros días. El consumismo y otros panem et circenses facilitaron que los tentáculos de ese gran pulpo terminaran atrapando las llamadas sociedades libres, seduciendo y abduciendo a sus ciudadanos.

La pandemia se ha presentado con la sociedad sufriendo aún las consecuencias de la crisis del 2008, primer síntoma de la enfermedad de un Capitalismo Financiero desbocado. Entonces se reaccionó justo en el sentido contrario al necesario para haberla atajado: aumento de la desigualdad social, condiciones draconianas en la Unión Europea para los países más castigados como Grecia y privatización galopante de los servicios públicos (incluyendo el más sensible de todos, la Sanidad). La gestión económico-política de la crisis fue comandada por quienes menos tenían que perder.

El caso español: mil dilemas y crisis institucional

Redactando estas líneas nos golpea la noticia del fallecimiento de Julio Anguita, quien tanto advirtió y enseñó sobre la deriva neoliberal en nuestro país y las consecuencias para el futuro. Pues bien, ese futuro ya está aquí y pone en evidencia muchos de los defectos de nuestra transición democrática. Los más significativos:
  • Grave deterioro de los servicios públicos: la Sanidad es el caso más flagrante, caracterizado, desde hace años, por una pérdida de infraestructura a favor del sector privado, derivando hacia el mismo pruebas diagnósticas e incentivando la contratación de seguros de salud desde la propia Administración. También ha sido afectada la Educación, en la que el papel de los llamados centros concertados ya fue consolidado en los años en los que el PSOE gozó de mayoría, una mayoría que se podía haber utilizado para construir un fuerte sistema educativo público.
  • Continuas tensiones territoriales: producto de un esquema de organización no bien resuelto. Es cierto que el sistema autonómico proporciona un gran poder real a cada CCAA (en medio de esta crisis sanitaria tiene sus luces y sus sombras), pero a la vez se proyecta una sensación permanente de agravio comparativo. Para colmo, la sentencia del Constitucional del Estatut terminó por hacer reventar una olla exprés, inflando un conflicto cuyas consecuencias aún no sabemos cómo se resolverán.
  • Un modelo económico que hace aguas, volcado en el sector servicios y el turismo. Esto hará mucho más difícil nuestra recuperación cuando consigamos rehacer una cierta vida normal (me inquieta mucho el término “nueva normalidad”). Nuestras reconversiones industriales fueron desmantelamientos en toda regla. Y como trasfondo, una gran parte del entramado empresarial sigue fuertemente ligado a la dictadura franquista (recomiendo encarecidamente la lectura del libro 'Franquismo S.A.', de Antonio Maestre, un magnífico trabajo de investigación que pone los pelos de punta).
  • ¿Ha estado la Jefatura del Estado a la altura de la gravedad de esta situación? Claramente NO. Llama mucho la atención su mutismo en comparación a la contundencia manifestada cuando se intervino Catalunya, vía aplicación del artículo 155 de nuestra Carta Magna. Es más, resultó vergonzosa la aparición de Felipe VI, en su intento de lavado de cara institucional tras enterarnos de las nuevas y turbias operaciones monetarias de su padre, el monarca emérito Juan Carlos. Es en estos complicados momentos cuando el Jefe del Estado más tendría que respaldar la acción del Gobierno. Pero tengo bien claro hacia quienes muestra su simpatía y más clara todavía su actitud distante con el Gobierno de coalición (formado in extremis, hay que reconocer, tras una repetición electoral prescindible). Cuando más coordinación institucional y territorial se precisa, ni está ni se le espera...
El futuro: ¿Qué futuro?

Es notoria la debilidad de nuestro país para afrontar situaciones de crisis. Si la del 2008 fue una sangría para el mismo y sus familias, esta abre unas perspectivas mucho más negras. A todos los problemas estructurales existentes, hay que añadir un nivel de crispación política que hará imposible tomar cualquier decisión que suponga modificaciones significativas en la estructura política del Estado. Causa sonrojo el escenario político comparado con el de nuestro país vecino Portugal, al que tristemente España ha mirado siempre por encima del hombro y al que deberíamos tener más en consideración. Sirva de ejemplo como un país pudo sacudirse una dictadura y convertirse en una República, que con el paso del tiempo ha dado muestras de su madurez política. Necesitaríamos atender ese faro, pero no va a ser una senda nada fácil. Ahora más que nunca queda de manifiesto que la República es sinónimo de la democracia más real posible, que nuestro modelo (la transición modélica) fracasó o se quedó a medias, terminando por caducar. También habrá que encontrar un nuevo encaje territorial para que todas las Españas existentes quepan, pacífica y prósperamente, en un modelo de convivencia que perdure durante varias generaciones.

(*) Antonio Pérez Villena, funcionario del Ayuntamiento de Granada, forma parte del colectivo ciudadano Granada Republicana UCAR.

https://www.elindependientedegranada.es/politica/dilemas-pandemia

sábado, 16 de mayo de 2020

Julio Anguita, uno de los padres de la patria que está por venir

El desaparecido Julio Anguita González y el doctor José Luis García Puche, presidente de honor de Granada Republicana UCAR, durante un acto celebrado en la antigua Facultad de Medicina el 26 de abril de 2014, con motivo de la presentación en nuestra ciudad del libro “Conversaciones sobre la III República”. La grabación del evento se puede ver en https://youtu.be/gBvSosc47n4 (fotografía y vídeo cedidos por el compañero Jesús de Manuel Jerez).

Comunicado de Granada Republicana UCAR ante el fallecimiento del histórico líder de la izquierda española

El Ateneo de Granada Republicana UCAR / El Independiente de Granada

16/05/2020

Este mediodía nos ha golpeado la noticia de la muerte del compañero Julio Anguita González (1941-2020). Cuando parecía que mejoraba poco a poco, según los partes médicos diarios del Hospital Reina Sofía de su querida Córdoba, la parca nos lo ha arrebatado a los 78 años, dejándonos huérfanos de referente.

Nuestra asociación, Granada Republicana UCAR, le debe mucho a Julio Anguita. La propuesta republicana que lanzó allá por 2004, tras retirarse de la primera línea de la política institucional, propició la creación de multitud de colectivos ciudadanos por toda España, vinculados a la plataforma impulsora del manifiesto, Unidad Cívica por la República (UCR). El 25 de abril de 2005, en los aniversarios de la portuguesa Revolución de los Claveles y de la Liberación italiana del fascismo, un conjunto de personas, vinculadas a diferentes ámbitos de la izquierda plural y espoleadas por el llamamiento de Julio y de UCR, constituimos, en los sótanos del Colegio Mayor Isabel la Católica de la capital nazarí, la delegación granadina de Unidad Cívica Andaluza por la República (refundada en 2015 como Granada Republicana UCAR).

La propuesta republicana de Anguita pretendía dotar de un primer armazón teórico al deslavazado movimiento republicano de entonces, superando la nostalgia por la arrasada II República y sentando las bases para conquistar la III. Su empeño didáctico, derivado de su vocación docente, le llevó a recorrer España de punta a cabo para intentar despertar las conciencias de una ciudadanía pasiva y desencantada (precisamente, justo dos días después de nuestro nacimiento, el 27/04/2005, el Califa Rojo impartió una histórica conferencia en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias de Granada, un acto memorable mediante el que nos presentamos a la sociedad granadina del momento).

Julio luchó por la República porque quería un nuevo país, porque sabía que solo una República federal, laica y solidaria podría estar en condiciones de resolver los graves problemas de España y de los españoles y las españolas. La República por la que combatió Anguita sigue siendo un horizonte a alcanzar, la alternativa a esta Monarquía fallida que heredamos del franquismo y que lleva naufragando una década. La pandemia del coronavirus ha vuelto a desvelar las costuras del régimen de 1978, un sistema de poder copado por la derecha neoliberal y nacionalcatólica, obsesionada en derribar al actual Gobierno de coalición, teledirigida por el IBEX 35 y apoyada en su cometido por el estamento judicial y los medios de comunicación. Una España oficial muy alejada de las necesidades básicas de la España real (a veces, sorprendentemente aliada con uno de sus principales demonios, el secesionismo catalán).

Julio Anguita lanzó un vídeo en sus últimos días de vida, marcados por la crisis de la COVID-19, dando a conocer a la opinión pública el manifiesto “El hoy y el mañana: razones para nuestro compromiso”, del que destacamos los siguientes extractos, fundamentales para articular una Tercera República en nuestro país, partiendo incluso de los postulados sistemáticamente incumplidos de la propia Constitución vigente:

“Construir el mañana supone priorizar objetivos, potenciar mecanismos e instrumentos de intervención en la realidad y sustentar todo el proceso en parámetros éticos y de conductas de moral pública consecuentes con ellos.

A nuestro parecer, los objetivos a conseguir son tres: la concreción en la práctica de los Derechos y Deberes contemplados en el Título Primero de la Constitución, la creación de un tejido productivo que ligue la economía al territorio, a las necesidades materiales de la mayoría social y lo haga menos vulnerable a crisis como ésta y, en tercer lugar, políticas medioambientales que combatan el cambio climático y a las que toda la actividad productiva y de consumo superfluo se supediten. En resumen: pleno empleo, democracia económica y calidad ambiental.

El hoy y el mañana necesitan, además, de un Estado fuerte y de una sociedad civil igualmente fuerte”.

El documento demuestra que Julio ha muerto de pie, trabajando por la mayoría social desde su trinchera cordobesa, sin descansar nunca en su batalla de siempre por la libertad, la igualdad y la fraternidad.

La España Republicana no le olvidará jamás. Anguita se ha convertido en un mito, un ejemplo de político honrado, austero, decente y ajeno a las miserias de la politiquería. Ahora nuestra obligación es lograr que su leyenda no sepulte el contenido de su obra, consiguiendo más temprano que tarde el país digno en el que hubiera merecido vivir y morir. 

La III República, si somos capaces de hacerla realidad, sería la mejor victoria póstuma del maestro Julio Anguita, uno de los padres de la patria que está por venir.


martes, 28 de abril de 2020

El 14 de abril que nunca olvidaremos


Rosa María Escobar Molina (*)

El Ateneo de Granada Republicana UCAR / El Independiente de Granada

28/04/2020

El domingo 15 de marzo nos levantamos confinados, en pleno estado de alarma, con una sensación de desconcierto, unos asustados, otros tantos alucinados y muchos apenados. No se sabe qué será de nosotros cuando todo pase, no tenemos ni idea de cuándo será ese día en que esta pesadilla termine; parece una letra de una canción, pero es la sintonía de nuestra cabeza cada jornada.

Los días pasan, la incertidumbre no acaba y nos vemos envueltos en un fallo sistémico, creándose una nueva profesión, “experto en pandemia de redes”, ejercida por aquellos que saben lo que hubiera pasado si se hubieran aplicado sus teorías. Paralelamente, se extiende una pandemia más fuerte que la propia generada por el virus, surge lo que yo denomino la pandemia del odio.

En este periodo aparecen lo mejor y lo peor del individuo: el ser humano empático, coherente, agradecido y solidario que contrasta con el ser no humano, egoísta, cruel, estúpido y arrogante.

Contrastan los episodios de balcón y los de salón. En los primeros salen los seres humanos, cita obligada cada día a las 20:00 horas para aplaudir la valentía de ese sector público (con sus imprescindibles heroínas), pero luego cuando vamos al salón se nos olvida y sale el ser humano incoherente y estúpido, despotricando contra las medidas que se toman: yo lo haría mejor que tú si estuviera en tu lugar. ¿Les suena de algo?

Todos conocemos a ángeles y demonios en esta crisis, muchas veces más cerca de lo que quisiéramos y que nos ayudan a hacer una crítica de lo incomprensible que puede llegar a ser el ser humano y más aún el ser no humano. Pero vamos a intentar ser optimistas y positivos y vamos a levantarnos la moral y así podremos contrarrestar la inhumanidad que habita en nuestra sociedad.

Ya ha pasado un mes desde el encierro. Estamos a miércoles. Sí, es 14 de abril, una fecha que celebrar, el día de la República más especial que nuestras mentes van a recordar. Por delante, los valores republicanos: en primer lugar, la libertad, la igualdad y la fraternidad, pero también la solidaridad, la ejemplaridad, la deliberación, la responsabilidad, la austeridad, la laicidad, la defensa de lo público y la racionalidad.

Defensa de nuestros servicios públicos, que contrasta con quienes jalean en el balcón, pero no han defendido con la razón, las consecuencias de esas políticas destructivas que no cuidaron de esas heroínas a las que ahora se aplaude.  Se vitorea a un sector, el de la sanidad pública, que está trabajando en unas condiciones lamentables, carentes de una protección suficiente; pero ahí están ellos, al pie del cañón, sin dudarlo ni cesar. Nuestros grandes héroes van cada jornada al hospital para defender con dignidad los que otros no han sabido salvaguardar.

Surge una nueva pregunta en nuestra mente: ¿es el momento de luchar por una III República? Por supuesto que sí, más que nunca.

Después de la tormenta del coronavirus, habrá que repensar si una monarquía obsoleta, retratada en mitad de una pandemia como una institución superflua, corrupta e inútil, es la mejor alternativa para regir los destinos de nuestra patria.

Cuando esto acabe y podamos hacer autocrítica, en nuestras manos estará generar cambios. No se puede cambiar lo de arriba si todos seguimos igual. No podemos conseguir avanzar si los de abajo no tenemos responsabilidad. Debemos cultivar mentes críticas para poder alcanzar el objetivo final: una República de la ciudadanía, en la que merezca la pena vivir. 

Solo las clases trabajadoras y las capas populares, esa mayoría que produce y crea la riqueza de nuestro país (y de la que esos parásitos, que se llaman falsamente patriotas, se apropian), podrán finiquitar la monarquía y traer la República. Nuestra labor como republicanos será ayudar a esa toma de conciencia colectiva, difundiendo el ideal de un nuevo país sin súbditos ni vasallos (un espacio común en el que los seres humanos vayan venciendo progresivamente a los no humanos), alumbrando el camino hacia la libertad.

(*) La economista Rosa María Escobar Molina es miembro del colectivo Granada Republicana UCAR.


lunes, 13 de abril de 2020

La República en los tiempos del coronavirus

Viñeta del maestro Andrés Vázquez de Sola sobre el coronavirus y la peste borbónica.

José María García Labrac (*)

El Ateneo de Granada Republicana UCAR / El Independiente de Granada

13/04/2020

La República en España sería en el horizonte la irradiación de lo verdadero, promesa para todos, amenaza para el mal únicamente; sería ese gigante, el Derecho, en pie en Europa, detrás de esa barricada llamada los Pirineos.
Si España renace monarquía, es pequeña.
Si renace República, es grande.
Que escoja.
(Victor Hugo, 1868) 

Por primera vez en dieciséis años, esta primavera de 2020 no celebraremos nuestra tradicional Cena Republicana Granadina. La pandemia del coronavirus ha provocado la suspensión de la conmemoración anual de la proclamación de la II República Española, el acto central de la asociación que me honro en presidir, Granada Republicana UCAR. Además, la emergencia sanitaria mundial nos ha obligado a aplazar el evento del XV aniversario de nuestro colectivo, fundado el 25 de abril de 2005 en los sótanos del Colegio Mayor Isabel la Católica.

Este mes de abril está siendo muy distinto a los anteriores. Tenemos que permanecer en casa el máximo tiempo posible para evitar que el virus se expanda a toda velocidad, colapsando el sistema sanitario público, tan dañado por la ofensiva privatizadora de la derecha. Nuestra responsabilidad como ciudadanos/as es respetar el confinamiento y la cuarentena que han establecido las autoridades, colaborando para derrotar a la enfermedad cuanto antes. Nos veremos cuando amaine la tormenta. Ahora toca resistir. El esfuerzo es mínimo, comparado con las adversidades que superaron nuestros mayores en otras épocas terribles.

Al inicio de la crisis, cuando se hicieron públicas las escandalosas comisiones pagadas por la dictadura saudita al rey emérito junto con las donaciones de este a su antigua amante, el actual monarca salió a la palestra, anunciando que renunciaba a la herencia de su padre, reconociendo implícitamente sus corruptelas y pretendiendo salvar la Monarquía a toda costa, dejando en la estacada al anciano playboy. Las redes sociales ardieron y se lanzó una cacelorada republicana que tuvo cierto éxito, al amparo de los primeros días de aplausos colectivos a los trabajadores de la sanidad. Posteriormente, la cuestión desapareció de la primera línea, quedando oculta tras los furibundos ataques de la dupla PP-Vox a la gestión del Gobierno PSOE-UP. Los medios obedecieron las consignas de sus amos e hicieron desaparecer el asunto de la agenda pública, dedicando toda su artillería a descabalgar al Ejecutivo de coalición, proponiendo que lo reemplazara un Gobierno tecnocrático de concentración, al servicio de unas élites preocupadas por el futuro de sus cuentas de resultados.

Cuando consigamos vencer al coronavirus y podamos reencontrarnos en calles y plazas, habrá que pensar muy seriamente en acabar con el virus de la Corona, la principal tara del régimen del 78. Por higiene democrática, tendríamos que desinfectar la Zarzuela y las instituciones del Estado de la enfermedad monárquica, levantando una nueva España desde las virtudes republicanas. El país que necesitamos para afrontar los retos del porvenir, como el cambio climático (que puede dejar a la COVID-19 a la altura del betún), debe ser una República soberana, que se haga respetar en Bruselas y en Washington, reforzando los lazos fraternales con Portugal y con las naciones de América Latina y del Mediterráneo. Un rompeolas contra la corrupción y el desmantelamiento del Estado de Bienestar, que nos permita prepararnos para afrontar pandemias, epidemias y catástrofes, defendiendo siempre la supervivencia de la especie humana frente a los mercaderes de la vida y la dignidad. 

El próximo 14 de abril, a las nueve de la noche, aunque no podamos abrazarnos ni brindar por la Tercera, hay que volver a sacar la tricolor al balcón, hacer sonar el Himno de Riego y golpear nuestras ollas y cacerolas para que el mundo entero sepa que la República sigue viva en los tiempos del coronavirus, como la medicina ideal para superar la peste borbónica y construir un país libre y soberano. Nuestra patria es la gente. Solo el pueblo salva al pueblo. España es mucho más que esa ralea de ultras que hoy amenazan la convivencia. España somos nosotros y nosotras, los herederos de siglos de luchas, de victorias y de fracasos, los llamados a protagonizar un mañana mejor.

España también eres tú. Hazte oír este martes, por ti y por los tuyos. En definitiva, por la República, un nuevo pacto social para enfrentar juntos y juntas los desafíos que vendrán.

(*) El autor es el presidente de la asociación Granada Republicana UCAR.