Contactar con GRANADA REPUBLICANA UCAR

Correo Electrónico: info@granadarepublicana.es

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz 2015 desde UCAR-Granada


* Postal diseñada por Pablo Jones Medina, a partir de una fotografía original de Víctor Gutiérrez Navarro.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Grabación y Fotografías - “Otra Constitución es posible: la alternativa republicana” - Granada, 15/12/2014





* Vídeo e imágenes del debate constitucionalista celebrado en Granada el pasado 15 de diciembre de 2014. La mesa redonda, desarrollada en el Centro de Documentación Científica de la UGR, contó con la participación de José Luis Serrano Moreno, Gregorio Morales Villena y Miguel Ángel del Arco Blanco. La actividad, organizada por la asociación cultural republicana UCAR-Granada, fue presentada por Laura Rodríguez Mejías y moderada por Silvia González Alcalde.

** La totalidad de las fotografías, realizadas por Raúl Polo Carmona (autor también de la grabación), están disponibles aquí.

sábado, 13 de diciembre de 2014

“Otra Constitución es posible: la alternativa republicana” - Mesa redonda en Granada - Próximo lunes 15/12/2014 - 19:00 horas - Centro de Documentación Científica de la UGR


MESA REDONDA EN GRANADA  
“OTRA CONSTITUCIÓN ES POSIBLE
LA ALTERNATIVA REPUBLICANA

Intervienen:

- José Luis Serrano Moreno, escritor y catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada

- Gregorio Morales Villena, novelista, poeta y columnista en el diario Ideal

- Miguel Ángel del Arco Blanco, profesor contratado doctor de Historia Contemporánea en la Universidad de Granada y coordinador del Mapa de la Memoria Histórica de la ciudad

Modera: Laura Rodríguez Mejías, técnica de Administración General en el Ayuntamiento de Granada

Fecha: Lunes 15 de diciembre de 2014

Hora: 7 de la tarde

Lugar: Salón de Actos del Centro de Documentación Científica, sito en calle Rector López Argüeta, s/n, entre el Colegio Mayor Isabel la Católica y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología

Organiza: Unidad Cívica Andaluza por la República en Granada (UCAR-Granada)

Cartel: Pablo Jones Medina

sábado, 6 de diciembre de 2014

Entrevista a José Mª García Labrac en "La Hora de la República" de Radio Vallekas (02/12/2014)



Entrevista radiofónica al compañero José María García Labrac, nuevo presidente provincial de la asociación cultural Unidad Cívica Andaluza por la República en Granada (UCAR-Granada). La interviú se llevó a cabo el 2 de diciembre de 2014 en el programa "La Hora de la República", emitido por Radio Vallekas (107.5 FM).
 

domingo, 30 de noviembre de 2014

UCAR-Granada elige a José Mª García Labrac como presidente, reafirmando su apuesta por un proceso constituyente hacia la III República


Nota de Prensa

UCAR-Granada elige a José Mª García Labrac como presidente, reafirmando su apuesta por un proceso constituyente hacia la III República

La asociación cultural Unidad Cívica Andaluza por la República en Granada (UCAR-Granada), acaba de renovar su Junta Directiva provincial, eligiendo como presidente ejecutivo a José María García Labrac, máximo responsable andaluz del colectivo desde 2012.

García Labrac, nacido en Granada en 1985, es diplomado en Relaciones Laborales, experto en Derecho de Extranjería y técnico superior en Prevención de Riesgos Laborales. Profesionalmente, se dedica a la asesoría laboral en la empresa privada.

La Asamblea Extraordinaria ha aprobado también el calendario de actividades para los próximos meses, reafirmando la apuesta estratégica del colectivo: la apertura de un proceso constituyente que permita a los ciudadanos españoles decidir libremente entre Monarquía y República, confiando en la propuesta republicana federal como la más viable para defender los intereses generales del país. Los republicanos granadinos manifestaron que la confluencia de la mayoría social con las fuerzas antitroika es la única oportunidad para finiquitar positivamente el régimen del 78, evitando la segunda transición y posibilitando la refundación republicana del Estado. En ese sentido, se acordó seguir participando en instancias unitarias como las Marchas de la Dignidad, la Junta Estatal Republicana, la Asamblea Ciudadana Proreferéndum, el Seminario Otro Pensamiento es Posible, el Instituto de la Paz y los Conflictos y la Plataforma Granada Abierta. 

La asociación cultural, fundada el 25 de abril de 2005, se ha convertido en el mayor referente del movimiento republicano granadino, agrupando a más de 100 ciudadanos comprometidos con el cambio político. Desde su constitución ha desarrollado una importante actividad divulgativa de la causa republicana, celebrando jornadas y simposios con la participación de personalidades de la talla de Julio Anguita, Antonio Romero, Juan Carlos Monedero, José Luis Serrano o Andrés Sopeña, entre otros. En sus casi diez años de existencia, UCAR ha trabajado también en el ámbito memorialista, recordando las trayectorias de ilustres demócratas  granadinos, como Mariana Pineda, Emilio Herrera Linares, Fernando de los Ríos, Constantino Ruiz Carnero, Américo Castro, Juan José de Santa Cruz o los hermanos Quero.

UCAR-Granada es un colectivo plural y transversal en el que conviven republicanos independientes y militantes de diversa procedencia social, política y sindical.

Granada, noviembre de 2014.

jueves, 23 de octubre de 2014

La pregunta del embajador


Felipe Alcaraz Masats

Andaluces Diario

19/10/2014

Según se cuenta, el embajador de los EEUU en España, en su reciente visita a Andalucía con motivo de la utilización de las bases de Rota y Morón, le preguntó a un alto cargo de la Junta si creía que era posible un acuerdo entre Podemos e IU.

La pregunta es significativa por sí misma, pero tiene otro significado, mucho más extenso e intenso, si la realiza el embajador del imperio, que hasta no hace mucho se arrogaba el derecho a conceder o no el “placet” a los gobiernos que se constituían en la Europa occidental. Dicho ejercicio de “placet” iba precedido, naturalmente, de las oportunas pesquisas de la CIA, dedicadas no solo a valorar líderes, movilizaciones, movimiento sociales y partidos, sino a valorar también las consecuencias de las elecciones y la formación de los gobiernos consecuentes.

Fue una pregunta simple, directa, en orden, por encima de otras. Y esto habla, queramos que no, de una preocupación que puede afectar a problemas internos, en los que presuntamente no entran (ni salen), y a otros problemas, referidos a las relaciones internacionales y muy específicamente las políticas de paz y la solidaridad, y al entendimiento (clave) con esa flotante categoría de “comunidad internacional” que avala o deslegitima guerras, que genera coaliciones y bombardeos, y que tiene en las bases de Rota y Morón un apoyo privilegiado para escudos antimisiles, vigilancia con respecto a África o zonas de cuarentena para soldados procedentes de las tierras del ébola (“Andalucía”, tras la foto, le dio pleno permiso y confianza para esta función de cuarentena).

Se supone que la base argumental de esa pregunta no sólo está en la observación simple de la realidad, a través de los medios de comunicación, que también, sino en la confección y estudio de las encuestas pertinentes, cualitativas y cuantitativas, en esta España donde la transición carbonizada ha dado paso al paro masivo y la cleptocracia; y ha dado paso asimismo a una movilización permanente, alternativa, que levantó la liebre un 15M y la convicción generalizada de que sí se puede, a pesar de los pesares y a pesar de la CIA y los hombres de negro.

Es decir, si el gobernador hace esta pregunta en su visita a tierras calientes, quiérese decir que la suma de Podemos e IU podría conquistar el gobierno, e incluso, si las cosas se agudizan, podrían llegar a conquistar el poder. Es así. ¿Para qué le vamos a dar vueltas a las cosas y andar con merodeos y perífrasis?

La esperanza de “ellos”, se supone, radica en la torpeza de los que pueden perseguir por separado la revolución democrática del sí se puede. Saben los delegados del imperio que hay condiciones objetivas y que empiezan a crearse las subjetivas, pero confían en una epidemia de torpeza global que lleve todos los vectores, objetivos y subjetivos, a una especie de rosario de la aurora integral. Quedando siempre la posibilidad de la ‘grosse koalition’ entre PP y PSOE como ocurre, con unos u otros formatos, en una decena de países europeos. Pero también saben que la segunda transición, que consolidaría el bipartidismo, el paro y la miseria estructurales, y la democracia de bajo voltaje, no sería posible con un grupo parlamentario alternativo, apoyado en la calle, de muchas decenas de diputados, quizás por encima del PSOE, y acercándose “magnis itineribus” a los porcentajes que se le suponen al PP.

Y todo esto en el plazo de un año. El año que vamos a vivir con una suspensión del aliento, sabiendo que no se ha inventado la vacuna contra la epidemia del “Rosario-de-la-Aurora”.

http://www.andalucesdiario.es/mares_del_sur/la-pregunta-del-embajador/

* Fotografía del encuentro entre Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía, y James Costos, embajador estadounidense en España, durante la estancia del diplomático en nuestra comunidad autónoma.

martes, 14 de octubre de 2014

¡¡¡QUE NADIE DECIDA POR TI!!! - Campaña de Recogida de Firmas - Referéndum Monarquía/​República


Estimados compañeros:

La Asamblea Ciudadana Proreferéndum, de la que UCAR forma parte, ha puesto en marcha una campaña de recogida de firmas por Internet para exigir al Gobierno la convocatoria de un referéndum consultivo sobre la forma política del Estado (con la disyuntiva Monarquía o República).


Necesitamos conseguir la mayor cantidad posible de firmas, difundiendo la campaña por todos los rincones de Andalucía y de España.

¡¡¡QUE NADIE DECIDA POR TI!!!

¡¡¡ABAJO EL RÉGIMEN DEL 78!!!

¡¡¡REFERÉNDUM YA!!!

¡¡¡POR UN PROCESO CONSTITUYENTE HACIA LA III REPÚBLICA!!!

Granada, a 13 de octubre de 2014

Junta Directiva de Unidad Cívica Andaluza por la República (UCAR)

domingo, 12 de octubre de 2014

Queridas frustraciones: imposible cambiar el modelo de la UE



03/10/2014

Hay un aforismo árabe que sentencia de esta manera: la primera vez que me engañaste la culpa fue tuya, en la segunda la culpa es mía. La experiencia política y la de la vida cotidiana nos evidencia que tal afirmación es precisa. 

La frustración de un importante sector de la población francesa y europea con las actuales medidas de política económica y social de François Hollande, incurre plenamente en el ámbito de la realidad que el aforismo señala. Recordemos cómo al principio de su mandato el presidente puso en marcha determinadas políticas económicas que parecían indicar un sesgo hacia la izquierda. Pero duró poco tiempo. 

La elección de Manuel Valls como primer ministro y las medidas que ha tomado éste, se han encargado de traer otra vez ante los sempiternamente engañados la futilidad de sus esperanzas. La reacción más común ante la frustración es volver la cara electoral hacia otros horizontes políticos. Trabajo inútil. El problema que la actuación de Hollande se ha encargado de evidenciar radica en la imposibilidad de cambiar el modelo de política económica y social dentro del marco de la actual UE. 

La existencia de la señora Merkel y su papel de pararrayos de todas las invectivas es cada vez menos convincente como raíz y fundamento de todos los males. La UE de factura alemana y con un euro sucesor del marco no ha sido una desviación maléfica de la lógica de los Tratados europeos desde el Acta Única, sino la aplicación más consecuente de los mismos. Se le pide a Alemania que renuncie a aplicar una lógica que la beneficia y que consecuentemente ha conducido a una UE a tres velocidades. Se le pide que ejerza caridad y filantropía pero manteniendo los principios de la actual y mal llamada construcción europea.

Y así de frustración en frustración, una parte de la opinión pública europea continúa deshojando la margarita en cada evento electoral. No quiere darse cuenta que la solución consiste en cambiar de flor.


viernes, 10 de octubre de 2014

¿Por qué hoy para ser reformista de verdad hace falta ser revolucionario?


Manolo Monereo*

Cuarto Poder

08/10/2014

Todo tiene que ver con la experiencia última de la socialdemocracia y el específico experimento de Hollande en Francia. El tema es conocido: cuando la derecha gobierna hace políticas neoliberales, y cuando gobierna la izquierda, también. Claro y evidente: las grandes fuerzas políticas están de acuerdo en lo fundamental y divergen solo en lo accesorio. Hay un pluralismo meramente formal y en todas partes mandan aquellos que no se presentan a las elecciones, es decir, los grandes poderes económicos-financieros. Como resumen y síntesis puede valer, creo.

Estos son los hechos, habría que ir más allá e intentar explicarlos. Que Francia estaba en el ojo del huracán de eso que se llama los mercados, lo sabíamos todos; conocíamos con mucha precisión que la Comisión Europea estaba al acecho y que la señora Merkel, como representante del todopoderoso Estado alemán, venía advirtiendo de los incalculables males que para la Unión Europea y el euro tendría una Francia enferma; ni que decir tiene que esta opinión es compartida por la gran patronal francesa, los medios de comunicación y la derecha en sus diversas y complementarias posiciones.

Paul Krugman, entre otros muchos, ha subrayado una y otra vez que no hay razones económicas para tanto escándalo y que “el golpe” de Hollande nada tiene que ver con el futuro de Francia y de sus gentes, sino con algo más sustancial: redimensionar el Estado y recortar los derechos sociales. En todas partes lo mismo: la socialdemocracia hace lo que la derecha no se atreve o no puede hacer. Ahora se trata, ni más ni menos, de liquidar las bases de la República, es decir, los derechos de ciudadanía que han fundamentado una cultura pública y el sentido de pertenencia de una entera comunidad política.

Que los socialistas franceses han traicionado sus promesas electorales, lo dicen las elecciones y lo confirman las encuestas: la popularidad del presidente francés apenas supera el 10% y la derecha podría ganar las próximas elecciones en competencia, dura, con el Frente Nacional. De esto no hay dudas; sin embargo, queda por explicar el porqué de esta autoinmolación, de esta autodestrucción de la socialdemocracia que, es justo subrayarlo, no logra capitalizar la izquierda alternativa francesa.

Como siempre hay muchas razones: la carencia de un proyecto alternativo al neoliberal dominante; la desnaturalización del viejo proyecto socialdemócrata y la ruptura con los sindicatos, en un momento de recomposición y pérdida de referentes políticos de las clases trabajadoras; los cambios en la organizaciones partidarias y la tendencia prevaleciente a una mayor homogeneidad de las fuerzas políticas en las llamadas sociedades de la información.

Se podría continuar y afinar más. Sin embargo, me gustaría centrarme en lo que creo que es fundamental: las consecuencias políticas, económicas y sociales del modelo de poder y de acumulación del capital impuesto por el neoliberalismo en estos últimos veinte años y, específicamente, en esto que se llama la construcción europea, es decir, la Unión Europea del euro.

Si pretendiéramos definir el aspecto más característico del proyecto (contra-) revolucionario neoliberal sería con el término ‘irreversibilidad’. Todo el mecanismo de poder funciona con este propósito claro y rotundo: hacer irreversible el modelo capitalista neoliberal, por eso van desmontando todos y cada uno de los instrumentos de control estatal y de regulación social del mercado. Se trata de garantizar que la oligarquía económica-financiera siga dominando más allá de las elecciones y de los cambios en el gobierno. Desde otro punto de vista: posibilitar la alternancia e impedir o dificultar decisivamente la alternativa al modelo.

La experiencia de nuestros ayuntamientos, comunidades autónomas y Gobierno central es bastante evidente. Se podría exponer así: ¿cómo desprivatizar lo privatizado?; ¿cómo recuperar decenas y decenas de empresa municipales y autonómicas de servicios públicos entregadas a los capitalistas amiguetes?; ¿cómo reconstruir un tejido empresarial público capaz de industrializar el país?; ¿cómo recuperar la soberanía económica en una Unión Europea que nos condena a ser una periferia subdesarrollada y dependiente de los centros económicos dominantes nucleados por el Estado alemán?

Se podría continuar. Lo que se quiere decir es simple: el poder que se tiene aquí y ahora cuando se accede al gobierno es un mucho menor que antes. Los gobiernos de la derecha y de la socialdemocracia conscientemente se fueron atando las manos y dejando al poder económico el control de los gobiernos elegidos democráticamente. La maquina expropiatoria ha sido la Unión Europea. Todo el diseño de fondo de lo que impropiamente se llama Europa tiene un doble objetivo: dejar fuera de la dirección y del control popular (de la democracia) a la economía, privatizar el Estado y convertirlo en una Pyme.

Era el viejo sueño de Hayek: impedir la “politización” de la economía y frenar la “demagogia populista de los políticos”, es decir, que los elegidos por el pueblo no tuvieran en cuenta los deseos y aspiraciones de la ciudadanía a favor del pleno empleo, los derechos laborales y sindicales, el disfrute de los derechos sociales… La mejor vía: que la dirección de la economía esté en manos de un Banco Central sin control democrático alguno, dedicado a velar por el valor del dinero y alejado del mundanal ruido de las personas de carne y hueso.

La otra cara de la moneda era también evidente: impedir la construcción de un “Estado Europeo” que, de una u otra forma, reuniera los atributos y funciones de los Estados nacionales. Por eso es una gloriosa tontería hablar de que este tipo de entramado institucional tiene algo que ver con un futuro federal, una especie de Estados Unidos de Europa, para nada: es esta forma de dominio político la que se buscaba, es decir, Estados minimizados, amputados de su soberanía económica y con democracias devaluadas y oligárquicas donde las grandes fuerzas de la derecha y de la izquierda se turnan para el mayor y único beneficio de los grandes grupos de poder económico-financieros.

Los dos últimos tratados ratificados por la mayoría de los Estados (Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza de la Unión Económica y Monetaria; Tratado Constitutivo del Mecanismo Europeo de Estabilidad) van mucho más allá del Tratado de Lisboa, imponiendo durísimas condiciones a los gobiernos y con mecanismos de sanciones casi automáticas para aquellos que no cumplan con las directrices de las instituciones de la Unión, es decir, de la troika.

En un marco así construido, no se pueden hacer políticas socialdemócratas en sus varias acepciones y solo cabe romper con las reglas de juego dominantes. No nos engañemos, con las constricciones político-económicas vigentes en la UE no se pueden hacer políticas que nos hagan salir de la crisis desde los intereses de la mayorías sociales; el pleno empleo con derechos se convierte en quimérico y el Estado social, su defensa y desarrollo, en mera declaración de intenciones de fuerzas de oposición que traicionarán, con mayor o menor desparpajo, una vez que estén en el gobierno.

La experiencia latinoamericana enseña mucho. Salir del modelo de poder y de acumulación neoliberal exige un proceso constituyente, es decir, una nueva legalidad, una nueva Constitución al servicio de una nueva legitimidad plebeya y republicana. Esta sigue siendo la línea de demarcación: restauración o ruptura democrática. Un Gobierno Podemos-Izquierda Unida, por ejemplo, si quiere hacer de verdad políticas sociales y democráticas avanzadas, tiene que iniciar un proceso constituyente que defina una nueva relación con Europa (que es mucho más que la UE), subordine la economía a la satisfacción de las necesidades humanas básicas, ponga los fundamentos de un verdadero Estado federal (desde el reconocimiento del derecho a la autodeterminación), garantice constitucionalmente los derechos sociales y se comprometa activamente con la lucha a favor de la igualdad sustancial entre hombres y mujeres, asegurando la paz con el planeta y con las demás naciones.

Se puede y se debe criticar a la socialdemocracia, pero hay que hacerlo desde el convencimiento de que, en nuestras especificas condiciones, reformas no reformistas, como se decían en otros tiempos, exigen conquistar el gobierno para desde él transformar las instituciones y asegurar un cambio real en la relación de fuerzas. Una estrategia nacional-popular tiene aquí su origen y fundamento.

* El autor es politólogo y miembro del Consejo Político Federal de IU. Su último libro publicado, junto con Enric Llopis, es Por Europa y contra el sistema euro (El Viejo Topo, 2014).

domingo, 28 de septiembre de 2014

España, ahora sí, ha dejado de ser católica


Hugo Martínez Abarca*


25/09/2014

El entierro de la contrarreforma de la ley del aborto es una victoria clara del movimiento feminista. No sólo del que ha combatido la reaccionaria propuesta de Gallardón en los últimos años, sino del movimiento feminista que durante décadas viene combatiendo el dominio machista, las leyes restrictivas y la cultura del vivan las caenas hegemónica en España durante siglos y que ponía doble cadena sobre las mujeres. Pero además supone una grave derrota de la jerarquía católica que ya sí puede ir asumiendo definitivamente que ha perdido el control moral y cultural sobre la sociedad española.

El aborto no es cualquier cosa para nuestra Iglesia Católica. Según sus consignas es un infanticidio, el asesinato de más de cien mil bebés al año. Un horror comparable con el nazismo y mucho peor que cualquier otro gran crimen que la humanidad haya perpetrado. Y sin embargo… un gobierno clerical ha tenido que renunciar a prohibir tal horror porque en la gran mayoría de la sociedad española los apocalipsis anunciados con sotana causan una mezcla de irritación, hastío y risa.

No es la primera derrota. Que este mismo gobierno no se haya atrevido a reinstaurar la discriminación a los homosexuales en el matrimonio civil (¿os acordáis de que la situación actual iba a destruir la familia?) ya probaba que el estruendo de los torquemadas se oía tanto sólo porque tienen buenos altavoces.

Más allá de los fracasos del gobierno clerical, todas las estadísticas nos hablan de una acelerada huida de la sociedad española del control vaticano. Es muy significativo que dentro de la gente que se casa (que ya es un sesgo pues muchísimos no católicos vivimos en pareja sin habernos casado de ninguna forma) ya hay más que se casan por lo civil que por la Iglesia Católica. Como lo es que entre los menores de 35 años apenas supere el 50% los que se declaran católicos y de ellos no llegue a un 5% (esto es, 2.5% del total) los que dicen que suelen cumplir la obligación de ir a misa los domingos.

La Iglesia Católica ha dejado de controlarnos. No debería ser ningún drama para ellos: nadie les va a obligar a incumplir su moral, sus costumbres y sus principios, simplemente cada vez les va a resultar más complicado decirnos qué tenemos que hacer los demás y mucho más mantener los pecados en el código penal.

Tienen aún mucho poder. Controlan buena parte de la educación; tienen recursos económicos ingentes gracias a que los gobiernos les permiten incumplir su promesa de hace 35 años de autofinanciarse y a que se les regala ingresos por entradas a buena parte de nuestro patrimonio cultural (que, eso sí, restauramos entre todos, como tiene que ser). Gozan de presencia exclusiva en espacios públicos (capellanes militares, capillas católicas en recintos públicos, estos días descubriremos si aún hay biblias y crucifijos en la toma de posesión de ministros…), se prohíbe que los ateos y los laicos expresemos nuestras ideas cuando vienen papas o los católicos deciden que son fechas sagradas… Pero esto ya sólo obedece a que nuestros gobiernos han estado entregados (unos más y con más entusiasmo; otros, el de Zapatero, menos aunque también) y les han prestado una posición de dominio que no sólo no se merecen sino que ha sido nociva, ha generado atraso, falta de libertades, triunfo de la superstición frente a la razón y siempre discriminación a las mujeres, a los homosexuales, lesbianas, a los diferentes…

España sigue concediendo un poder ilegítimo a la jerarquía católica, pero no porque los españoles sigan siendo sumisos y obedientes a sus soflamas sino porque nuestros gobiernos son dóciles a los poderes ilegítimos vengan de donde vengan; y este poder viene de ese pasado nacional-católico que no se quiso conjurar. España ha dejado de ser católica. Ahora falta que el Estado español se entere.

El autor, licenciado en Filosofía y en Ciencias Políticas, es bloguero y miembro de la dirección federal de Izquierda Unida.

http://www.martinezabarca.net/2014/09/25/espana-ahora-si-ha-dejado-de-ser-catolica/

lunes, 22 de septiembre de 2014

El extraño caso del doctor República y míster Monarquía


Javier Gallego*


17/09/2014

La decisión sobre el modelo de Estado en España está en manos de los indecisos, valga la paradoja. Entre la derecha monárquica y la izquierda republicana, hay un mundo habitado por ninis, ni republicanos ni monárquicos, y por republicanos no practicantes y hasta republicanos que practican la monarquía. Mientras éstos no apuesten decididamente por la república, no veremos la tercera.

El sueño de la república produce monstruos. Estos días de encendido debate sobre la Corona, hemos asistido a un curioso fenómeno de desdoblamiento de la personalidad al que podríamos llamar, con el permiso de Stevenson, El extraño caso del doctor República y Monarquía, individuos que se declaran republicanos pero actúan como monárquicos. A diferencia de los vampiros y los hombres-lobo, los republicanos-monárquicos no cambian de aspecto, solo de forma de pensar. Pueden ser monárquicos y republicanos y todo lo contrario. Ni Santa Teresa, oiga.

El espécimen más incoherente dentro de esta fauna es el socialista-republicano-monárquico, capaz de defender que su republicanismo “es compatible con la monarquía”, en palabras de Rubalcaba, o que los socialistas tienen “alma republicana en un cuerpo constitucional”, como dijo Soraya Rodríguez. Asombroso cómo el cuerpo puede independizarse de la mente y vender su alma a la monarquía por mantener un puñado de poder. En realidad, ambos estaban citando a Marx –Groucho, no Carlos– en aquella frase en la que ridiculizaba el travestismo ético: “estos son mis principios pero si no le gustan, tengo otros”. A esto ha quedado reducido el marxismo de la cúpula socialista, a una comedia.

Quienes la secundan no tienen otro interés que salvaguardar el protagonismo del PSOE y sus oligarquías afines en la representación bipartidista. También en la prostitución abunda esta doble moral en la que el personaje respetable se transforma en belle de jour. Pero en casa, en las bases socialistas, han empezado a ver esta esquizofrenia con desaprobación. De hecho, la sucesión en Ferraz puede ir muy unida a la sucesión de la Corona. Por intentar salvar a la monarquía pueden acabar perdiéndose. Si se desligan de ella, aún pueden tener parte en la regeneración del país.

Más allá de este cálculo interesado, hay otros indecisos que tienen razones coyunturales para aparcar el debate. Así, hay republicanos que opinan que hay asuntos más urgentes que resolver, republicanos que piensan que la república puede romper España, republicanos que prefieren la mala monarquía conocida a la buena república por conocer, republicanos que se fían aún menos de un presidente electo que de un monarca hereditario y hasta republicanos que afirman (les juro que lo he leído) que ya vivimos en una república aunque coronada. Y nosotros sin saberlo.

En este territorio pragmático y conservador, se mueven muchos votantes de centro-derecha que apuestan por una segunda Transición continuista más que por una ruptura a manos de los representantes de la nueva política o de la izquierda republicana tradicional. Se mezcla en ellos el miedo a lo desconocido, el rechazo hacia nostalgias de la II República que despiertan fantasmas guerracivilistas y un cierto paternalismo que niega a los jóvenes el derecho que reclaman, según las encuestas, de participar en la creación de un nuevo modelo.

Pero incluso los más timoratos coinciden en que necesitamos una regeneración estructural. Por eso pienso que el debate más urgente no es tanto monarquía contra república sino proceso constituyente frente al continuismo reformista que defienden los más indecisos. No me parece lógico encargar la reforma del edificio a los mismos arquitectos que levantaron la obra que ahora se desmorona. Ya estamos viendo que lo que quieren hacer es un cambio de cromos para que todo siga más o menos igual.

El proceso constituyente no es, como los más cautos piensan, un problema que habrá que abordar cuando salgamos de la crisis, sino la oportunidad de afrontarla y salir de ella con los deberes hechos. Es también la oportunidad para que monárquicos y republicanos expliquen qué monarquía o república es más adecuada para el país. Tiene sus riesgos, pero la madurez democrática no se alcanza eludiendo la democracia sino ejerciéndola.

Decía Jekyll en el cuento de Stevenson: “Las dos naturalezas que contenía mi conciencia podía decirse que eran a la vez mías porque yo era radicalmente las dos”. En las municipales empezaremos a ver si quienes tienen la conciencia dividida se decantan por el doctor República o se dejan arrastrar por míster Monarquía. Dependerá de cómo encare el nuevo monarca los escándalos de su familia, de que el republicanismo modernice su discurso para llegar más allá de la izquierda y de quién gane la lucha entre la vieja y la nueva política.

[Artículo publicado en el número especial de verano de la revista La Marea]


sábado, 13 de septiembre de 2014

De lo pintado a lo vivo


Hoy, en España, la contradicción principal o fundamental se establece entre el Poder y su expresión política, el bipartidismo y la mayoría social.

Julio Anguita González


12/09/2014

Raimondo Montecuccoli (1609 – 1680) genio militar de su época y autor de brillantes tratados sobre la guerra, expresó sus críticas a aquellos generales que ante una situación bélica de características novedosas o poco comunes, solían acudir a los textos de estudios militares de tipo académico para indagar en ellos qué hubieran hecho en semejante situación Alejandro Magno, Pirro, Aníbal o Julio César. Por otra parte y partiendo siempre de que la realidad es concreta, difícilmente repetible y anclada en necesidades inmediatas, Montecuccoli afirmaba que en la guerra hacían falta tres cosas: dinero, dinero y dinero.

A simple vista podría considerarse como contradicción el que un estudioso de las cuestiones bélicas desechara los saberes acumulados sobre ella para cambiarlos por una aparente y frívola improvisación. Nada de eso, lo que Montecuccoli decía era que los saberes, las teorías, los principios, las experiencias acumuladas, deben servir de guía pero, en absoluto convertirse en un catecismo o en manual de recetas. La realidad del momento exige respuestas pertinentes.

Siglos después, el genio revolucionario de Lenin reiteraba que la verdad era concreta y no abstracta o que el árbol de la teoría era gris pero el de la vida era verde. Lenin en abril de 1917 acepta de los alemanes (previo permiso del soviet de Petrogrado), viajar en tren desde Suiza hasta Finlandia para ayudar a la causa de la revolución haciendo campaña contra la guerra, y no abandonando en ningún momento el objetivo fundamental, por mucho que los alemanes quisieran utilizarlo para ganar el conflicto armado a la Rusia zarista. ¿Puede considerarse como traidor a Lenin? ¿Puede ser motejado de populista desideologizado a Lenin porque, dirigiéndose a la población rusa de campesinos y soldados, no hablase de la lucha de clases o de la izquierda y fijase el objetivo de la Revolución, en aquél momento, en aquella coyuntura, en aquella fase, en tres ideas: paz, pan y tierra? ¿Podía considerarse a Lenin un iluminado o visionario cuando asumió que en aquella hora y en determinadas cuestiones, las masas iban por delante del propio partido?

Antonio Gramsci postuló la necesidad de una respuesta popular ante una situación de extrema gravedad planteando la necesidad de una ideología-mito que no debía presentarse como una fría utopía ni como una argumentación doctrinaria, sino como la creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para rescatar y organizar su voluntad colectiva. Nótese como el objetivo central es conseguir la cohesión de una mayoría social sin especificar adscripción ideológica alguna.

Enrico Berlinguer planteaba su propuesta de Compromiso Histórico como un designio de transformación de la sociedad y del Estado por medio de un movimiento unitario y democrático en el cuál sean protagonistas, en condiciones de igualdad, todas las fuerzas populares. Curiosamente, y por aquél entonces el dirigente del Partido Socialista de Italia, Bettino Craxi, planteaba como alternativa la “unidad de la izquierda” para desalojar del poder político a la Democracia Cristiana

Muy recientemente (28 de Agosto del 2014) ha aparecido en Rebelión un artículo de Marta Harnecker: Para construir una sociedad socialista se requiere de una nueva cultura de izquierda, que consta de 59 epígrafes. Por cuestiones de espacio me limito a recomendar su lectura y muy especialmente los puntos 56, 57, 58 y 59.

No creo que ninguno de nuestros lectores considere sospechosos de derechización o traición a los comunistas anteriormente citados. Hay en ellos una curiosa coincidencia que atraviesa sus textos y sus proyectos. Una coincidencia que sigue estando de actualidad y se expresa en tres líneas de análisis y propuesta:

1. El valor fundamental de saber en qué fase y en qué momento de la lucha social se está. El valorar la coyuntura, actuando en consecuencia. Lenin la definía como el punto nodal en el que se condensan todas las contradicciones. En consecuencia los planteamientos para la acción y la organización deben atenerse a esa realidad. En ningún momento plantean cuestiones de principios o de “purezas de sangre” ideológicas o políticas. Se atienen a lo expuesto en el Manifiesto Comunista de Marx y Engels cuando afirmaban que los comunistas no eran diferentes a las demás organizaciones obreras pero que se diferenciaban en una sola cuestión: tener presente el objetivo final en todas y cada una de las acciones diarias. Suficiente. 

2. Derivado de todo lo anterior se desprende la necesidad de evaluar, distinguir y actuar entre las contradicciones y los aspectos primarios o secundarios de las mismas. Hoy, en España, la contradicción principal o fundamental se establece entre el Poder y su expresión política, el bipartidismo y la mayoría social. Una mayoría social en la que la izquierda de carné, ideas o sentimientos no es mayoritaria aunque anhela soluciones para sus problemas a la vez que rechaza la corrupción mafiosa y la degradación de los poderes del Estado. Esta contradicción principal tiene un aspecto secundario interesante: la tensión preelectoral entre PP y PSOE que se manifiesta en críticas u oposición a determinadas propuestas como, por ejemplo la elección de alcaldes que plantea el gobierno. Se debe actuar en esta contradicción o algunas otras sin olvidar jamás quienes son los antagonistas en la contradicción principal. 

3. El protagonismo, por encima de cualquier otra consideración, de las masas organizadas. Unas masas que en cada época histórica tienen un componente diferenciado a tenor de los procesos de producción, los niveles culturales o sociales y sobre todo, como consecuencia de la creciente proletarización de sectores, grupos y sujetos menores del proceso productivo. Todo ello proporciona un pie forzado que nunca debe olvidarse: la pluralidad. Este ingente y abigarrado conjunto que constituye la mayoría, está atravesado de manera consciente o inconsciente, por contradicciones secundarias (muchas veces exclusivamente ideológicas) que si no se ubican en su lugar terminan por devenir en rupturas. El remedio contra ello es el Programa (que no es un listado de deseos) y la manera de elaborarlo. Esa era la razón que informaba la extinta elaboración colectiva de IU. Un Programa que, a tenor de su idoneidad para resolver problemas hace que muchos colectivos y personas notoriamente refractarios a la izquierda terminen como el personaje de Molière, hablando en prosa pero sin saberlo.

Con la vista puesta en la coyuntura histórica que nos ha tocado vivir. Con la necesidad más que urgente de una respuesta mayoritaria que cambie el curso de las cosas. Con el momento único que se vive tras el 22 de Marzo y el 25 de Mayo. Con la conciencia de que si esta oportunidad se desaprovecha no se levantará cabeza en décadas. ¿Es tan difícil poner el acento en lo mucho que compartimos unos y otros y, en consecuencia, establecer un nexo programático común que haga posible lo que soñara Antonio Gramsci?

Cualesquiera que, por una parte, pongan el acento en cuestiones de pedigrí ideológico (refugio fácil para la inacción), vivan sempiternamente en la cultura de la sospecha que el franquismo hizo recaer sobre los comunistas o se refugien en la torre de marfil de su inmarcesible momento de gloria, están objetivamente despreciando una oportunidad histórica. Las organizaciones viven para las causas y no las causas para las organizaciones. 

Para mayor abundamiento en lo que quiero decir y proponer, me remito a lo publicado en Mundo Obrero digital del 26 de Agosto bajo el título de “Ahora. Sin pretextos”

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Gobernar sin corbata


Felipe Alcaraz Masats

Andaluces Diario

08/09/2014

Están cayendo todas las solemnidades y carismas del poder. Del poder de siempre y su monopolio por unos pocos. Ese poder que hablaba en latín, se distanciaba con gestos elegantes, apagaba luces a su paso y se encerraba en una cabina, allí al final, para decidir las cosas en solitario. Y sobre todo para decidir un mensaje: el poder no lo puede ejercer todo el mundo; no todo el mundo es capaz. Es un tema complicado que exige una inmensa responsabilidad. Pues bien, de pronto se descorren las cortinas, se encienden las luces y aparecen en torno a una mesa el cura, el banquero y el encorbatado alcalde. Esperan mirando fijamente a una especie de crustáceo negro: es un teléfono. La mano invisible y negra que marca la historia. Si hay resistencia, hay que marcar el número del cuartelillo.

En 1848 la familia De Tocqueville, despavorida, oía desde el salón de su gran apartamento sobre el Sena los disparos de los insurrectos en los suburbios. Llamaron a la criada para que cerrara los balcones y la criada, como sonara, cada vez más cerca, el ruido de la fusilería, emitió una sonrisa. El Señor de Tocqueville la echó de inmediato, del salón, de la casa y del puesto de trabajo. Sabía perfectamente lo que significaba aquella sonrisa. Era la sonrisa del fantasma.

Un fantasma recorre las redacciones, los puentes de mando, las ejecutivas de los partidos del régimen: es el fantasma del poder popular. La gente ha sabido transformar su malestar en deseo de unidad y cambio, en capacidad programática, y se dispone a tomar el poder. Se dispone a ello y, además, sin imitar los gestos, los tonos, las vestimentas del poder de siempre. La gente ha comprendido que puede, que sabe gobernar, que se atreve a ello, y los del régimen, despavoridos, comprenden que aun cerrando las maderas de los apartamentos, no hay fuerza que pueda disuadir a la gente de sus satánicas pretensiones.

Llámalo unidad popular, llámalo frente amplio, bloque social, unidad política, concreción de las convergencias sociales… o, si quieres, llámalo poder popular. Incluso puedes hablar de frente popular. El caso es que no hay pretextos en este momento histórico, no hay desvíos, circunloquios. La salida de la crisis solo tiene dos puertas: o se mantiene el régimen y la marca blanca del neoliberalismo (¿los habéis visto en Italia, todos con camisas blancas?) o se abre paso la salida constituyente, democrática, anticapitalista. ¿Que no hay maduración suficiente? Es posible: no existe en España un demasiado amplio sentido común anticapitalista. Pero o nos lanzamos, y nos lanzamos ahora, o el régimen organiza los próximos 30 años sobre la resignación, la división y el entreguismo. Nada más darse a conocer la posibilidad de una estrategia de “frente popular” no sólo han saltado como flejes los centros neurálgicos, que no han podido evitar editoriales y llamadas al miedo, sino que ha empezado a operar el gran batallón del transformismo mediático.

Gramsci habló del transformismo como una operación a través de la cual el poder, el antiguo dominio, coopta para su hegemonía a antiguos intelectuales revolucionarios, con la misión de integrar, convencer, reducir, resignar a los batallones inquietos a través de una prosa equidistante, sibilina, seductora. Pues bien, todos/as se han puesto en marcha a la vez. Quizás algunos tras tomar un café en la bodeguilla correspondiente. Pero no hace falta recibir consignas excesivamente explícitas. Basta un gesto, una risa a tiempo, la ridiculización de los pobres (sin corbata), el señalamiento de los dogmáticos que no son capaces de perdonar una derrota histórica, la calificación de “comunistas” con un revoleo displicente de la mano propio del señor De Tocqueville.

Y ojo, no se trata de decir ahora que no han entendido nada. Sí lo han entendido. Han entendido perfectamente de qué van las cosas. Simplemente el miedo ha empezado a cambiar de bando y no es preciso agenciarse una corbata para ostentar no se sabe qué respetabilidad a la hora de conquistar el poder y gobernar a través de una revolución democrática. Ellos lo han entendido, y la gente ha entendido que lo han entendido. Eso es todo. Ahora la historia sigue su curso, ese (glorioso) sujeto histórico que en un momento dado puede derrocar gobiernos, y hasta monarcas recién recauchutados.


viernes, 15 de agosto de 2014

Notas de verano sobre la crisis de régimen


Alberto Garzón Espinosa*

Pijus Economicus

12/08/2014

Estoy estos días tratando de desconectar del vaivén de noticias cotidianas con el objetivo de reponer y acumular fuerzas para el próximo curso político. No hace falta decir que se prevé ciertamente caliente. Sin embargo, en un despiste me he permitido escribir algunas notas dispersas sobre el momento sociopolítico por el que atraviesa nuestro país. Y creo que pueden ser una contribución útil al debate que estamos teniendo desde hace meses. Espero así sea.

Una de mis más nítidas convicciones es que las batallas políticas no se disputan únicamente en el terreno electoral sino que se extienden también al ámbito ideológico-cultural. De ahí que nuestra tarea como pensadores sea intentar contribuir humildemente al fortalecimiento intelectual de nuestra causa política. Esta es una tarea, como tantas veces hemos declarado, inexcusable. Y, sin embargo, largamente minusvalorada.

1. Desde dónde pensar el momento sociopolítico

En aras de la honestidad intelectual, siempre conviene señalar con claridad cuál es el enfoque o método que utilizamos cuando hacemos un análisis político. La pregunta es, ¿a qué prestamos más atención? ¿a los cambios ideológicos? ¿a las formaciones políticas? ¿a las transformaciones económicas?

La tradición política marxista nunca ha tenido dudas al respecto. El materialismo histórico ha sido el instrumento que daba la respuesta: lo importante es la estructura económica (las relaciones de producción) y no tanto la superestructura jurídica y política (las instituciones, las ideas, las opiniones, las creencias…) ya que esta última sería mero reflejo de los cambios en la estructura. Así pues, desde el marxismo de Marx y Engels lo fundamental es observar los cambios que se dan en el seno del modo de producción, esto es, en la economía.

Sin embargo, en las últimas décadas, y coincidiendo con la reinterpretación de la política como un mercado donde se compran y venden productos en forma de votos, ha habido una proliferación de análisis políticos basados en las encuestas. Las encuestas, en este contexto, operan como la bolsa que muestra los precios relativos del voto a cada partido. Y esos análisis no sólo pecan de superficiales sino que además deforman el fondo político al utilizar esos indicadores como inputs (el punto de partida) cuando realmente son outputs (el resultado).

Y es que el análisis electoral es en realidad un análisis de la superestructura, es decir, de las instituciones en las que cristaliza, en un determinando momento histórico, la correlación de fuerzas entre clases sociales. Y cuando cambia la estructura económica, las bases materiales sobre las que se sostiene la sociedad, entonces esa estructura institucional puede entrar en crisis y reestructurarse. En ese punto obstinarse en hacer análisis completos desde esas estructuras institucionales en crisis es un ejercicio vano y estéril. Pues lo que cambia y lo que condiciona a esas instituciones es la estructura económica.

Cierto que este determinismo económico puede y debe ser matizado, y así tratamos de hacerlo algunos, para señalar que la relación entre estructura y superestructura no es tan simple ni directa. Por eso recogemos las aportaciones del marxismo occidental, y en particular de Gramsci, para insistir en la relación dialéctica que existe entre ambos espacios. La estructura económica condiciona la superestructura jurídica y política pero las ideas y las ideologías, como parte de esa superestructura, pueden modificar a su vez la estructura económica. Este es nuestro método.

2. El momento sociopolítico

La tesis que hemos mantenido es que estamos en una crisis económica que ha devenido en crisis institucional (crisis en la sociedad política) y crisis ideológica (crisis en la sociedad civil) precisamente como resultado de su profundidad y gravedad. Estamos ante lo que Gramsci llamaba una crisis orgánica, esto es, una crisis que manifiesta las contradicciones del modo de producción (la economía) y que al no poder ser resuelta por el bloque social y político dominante (las élites político-económicas) también se traduce en crisis del propio bloque dominante. Nosotros venimos años etiquetando a este conjunto de fenómenos como crisis de régimen. La consecuencia política es que se abre una ventana de oportunidad para disputar el poder político al bloque dominante.

La crisis ideológica es una crisis de hegemonía, lo que significa que el bloque dominante ha perdido su capacidad de lograr consenso y sólo le queda su capacidad de ejercer coerción. Esto lo vemos claramente en el incremento de la represión física, administrativa e incluso penal contra todo aquel que ose impugnar el régimen del 78. Ya no convencen, pero siguen imponiéndose. Son ejemplos claros la Ley de Seguridad Ciudadana, la Reforma del Código Penal o los centenares de sindicalistas que enfrentan juicios penales por participar en huelgas y movilizaciones.

Una crisis ideológica significa también que un sector creciente de la población se ha desvinculado de su tradicional ideología o concepción del mundo, es decir, que ha dejado de creer en lo que había creído hasta entonces. Y eso abarca a todos los ámbitos del pensamiento personal y político. En términos políticos la gente deja de creer en el relato oficial, esto es, en la concepción del mundo que se ha impulsado desde arriba (una determinada visión del Congreso, de la Monarquía, de la economía…). Pero la crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer, como decía Gramsci. Así pues, la gente deja de creer en algo pero temporalmente se encuentra huérfana de una concepción del mundo nueva y clara. En definitiva, la pregunta se ha convertido en la siguiente: ¿en qué creer ahora que sabemos que lo anterior no era cierto?

Entretanto pueden darse muchas opciones:

A) En un comienzo el bloque dominante es capaz de continuar su dominio simplemente por medios coercitivos. Se trata de un ataque a los síntomas y no a las causas, pero sin mayor efecto que trasladar el problema al futuro.

B) En el medio plazo el bloque dominante puede ciertamente reconstruir su hegemonía, a través de maniobras reformistas que aprovechan la incapacidad de las fuerzas de la oposición para presentar soluciones positivas y constructivas. El ejercicio del transformismo o la revolución pasiva, términos también de Gramsci, son instrumentales a ese objetivo. Se trataría de intentos de aprovechar una demanda social para poner en marcha políticas que consoliden precisamente lo contrario. Las reformas electorales del PP (la ya puesta en marcha en Castilla-La Mancha y la venidera para las elecciones municipales) son ejemplos de esto, pues se trata de un intento de subirse a la ola de la retórica “antipolítica” para poner en marcha medidas que acaben con el principio democrático de la proporcionalidad.

C) También puede suceder que las clases dominadas, beneficiándose de la naturaleza estructural de la crisis y de la ventana de oportunidad, amplíen su conjunto de alianzas y su espacio de consenso, invirtiendo la relación de hegemonía en su favor y transformándose en clases dirigentes del cambio. Obsérvese que se habla de alianzas desde las clases dominadas, y no desde los partidos políticos. Es decir, alianzas que parten desde la estructura y no alianzas que parten desde la superestructura.

3. La cultura política naciente

Hasta aquí la clave reside en la siguiente circunstancia: una nueva concepción del mundo, aunque naciendo y en estado embrionario, está disputándole la legitimidad a la vieja concepción del mundo. En términos políticos hablaríamos de Culturas Políticas, es decir, de paradigmas culturales a través de los cuales leemos e interpretamos la realidad política. Y en España y desde hace décadas el paradigma indiscutible ha sido la Cultura de la Transición o Cultura del 78. Esta Cultura de la Transición, que desde 1978 hegemoniza toda interpretación política está caracterizada, entre otros, por los siguientes aspectos. En primer lugar, por el recurso permanente al consenso como instrumento resolutivo de conflictos. En segundo lugar, por la orientación bipartidista y partidocrática de su sistema político. Y en tercer lugar, por la filosofía política elitista y reacia a la participación ciudadana en asuntos públicos. La Constitución del 78 es el documento donde cristaliza mejor esa Cultura de la Transición. No hablamos tanto del contenido -resultado de una correlación de fuerzas favorable a los reformistas del régimen franquista pero con elementos muy progresistas derivados de la presión del movimiento obrero- como de la cultura política que impregna el documento mismo.

Esta Cultura de la Transición es parte de la sociedad civil y como tal es transversal a todas las instituciones políticas existentes, lo que incluye también a sindicatos y partidos políticos de distinta orientación ideológica. Entre ellos, naturalmente, también los de izquierdas. Y aquí el carrillismo y el eurocomunismo (y las tesis berlinguerianas del compromiso histórico) tienen mucho que ver.

Sin embargo, la Cultura de la Transición ha ido rivalizando con otra Nueva Cultura Política que, con poco éxito hasta hace unos años, le ha ido disputando el espacio. Una Nueva Cultura Política que se abría paso a través de una interpretación abierta y flexible de la Constitución, con una filosofía política de participación ciudadana y de ruptura con las formas tradicionales de organización política que aparecen reflejadas en la propia Constitución. La irrupción de los nuevos movimientos sociales y la creación de organizaciones políticas organizadas de forma distinta a la de un tradicional partido político, han sido elementos clave en esta gestación. La propia fundación de Izquierda Unida, que renunció explícitamente a ser un partido político al uso, representó rasgos de esta nueva cultura política.

Desde entonces los movimientos sociales, tanto por su contenido (feministas, ecologistas, municipalistas, etc.) como por su forma (fundamentalmente con organizaciones horizontales) han ido desbordando al régimen del 78. Sin embargo, sin lograr arrebatarle la legitimidad y la hegemonía. No obstante, proliferaron acciones políticas y propuestas clave (como los procesos de presupuestos participativos llevados a cabo en centenares de municipios gobernados por IU o las primarias de IU de 1996) que lograron sembrar esa nueva cultura política que hoy va creciendo rápidamente. Hoy es de sentido común (en sentido gramsciano) muchas cosas que en 1978 parecían demandas propias de la marginalidad política.

Respecto a esto el hito más claro y reciente ha sido el del 15-M, que puso de manifiesto no sólo la frustración de la gente con un orden político y económico que les arrebata derechos y esperanzas, sino que también puso de relieve que la nueva cultura política empezaba a cristalizar de forma más nítida. Y, en consecuencia, mermaba con más fuerza la hegemonía de la Cultura de la Transición. Si a todo ello le sumamos el componente generacional, obviamente crucial para entender los cambios políticos de los últimos años, tenemos todos los ingredientes para comprender lo que está pasando.

No hay adanismo en esta nueva cultura política. Y quien crea que ha descubierto el nuevo mundo, se equivoca. Al fin y al cabo esta cultura política está constituida de las viejas demandas participativas del movimiento republicano, socialista y libertario. De hecho, aunque la derecha intentó hacer creer que el 15-M tenía como objetivo tomar el Palacio de Invierno, la cultura política -¡y las demandas!- que había detrás tenían más que ver con La Comuna de 1871. Hoy todo ello va emergiendo, mutando y cristalizando en determinados fenómenos políticos, a veces electorales y otras veces no-electorales. Y en estos momentos de crisis se genera un escenario de confusión en el que muchos analistas y dirigentes políticos educados en la Cultura de la Transición se muestran incapaces de comprender lo que está sucediendo.

Pero la oportunidad es clara. Hoy es más fácil que ayer no sólo disputar la hegemonía respecto a la Cultura Política sino también disputar el poder político para transformar la sociedad. Si colectivamente somos inteligentes estaremos en condiciones de poner encima de la mesa no sólo un programa político al uso sino un nuevo proyecto civilizatorio, es decir, una nueva concepción del mundo.

http://www.agarzon.net/notas-de-verano-sobre-la-crisis-de-regimen/

* El autor, economista y diputado, es secretario ejecutivo de Proceso Constituyente y Convergencia de Izquierda Unida. Su último libro es “La Tercera República” (Ediciones Península, 2014).

sábado, 26 de julio de 2014

Convocatoria - Señalización como Lugar de Memoria de la Antigua Prisión Provincial de Granada - Homenaje a los Presos Políticos Antifascistas - Miércoles 30 de Julio de 2014 - Ocho de la Tarde


* Ficha de la antigua cárcel en el Mapa de la Memoria Histórica de Granada, el proyecto memorialista promovido por UCAR: http://www.mapamemoriagranada.es/lugares/primer-franquismo/34-prision-provincial-de-granada.

** Cartel diseñado por Pablo Jones Medina, basado en dos fotografías originales de Gustavo José Bravo Vargas, disponibles en el álbum digital de la asociación: https://picasaweb.google.com/ucargr/RecordandoALosHermanosQueroHeroesDeLaGuerrillaUrbanaAntifascistaDeGranada.

Poder popular


Felipe Alcaraz Masats

Andaluces Diario

20/07/2014

Aviso: la gente, esa que salía unitariamente a la calle, y llenaba Madrid, va a saber organizarse en plataformas y asambleas de poder popular. Aviso etimológico: la democracia es el gobierno de la gente.

No es fácilmente olvidable el mantra que repitió la derecha y todos sus terminales “intelectuales”: la democracia es representativa y si el 15M quiere hacer política, que se presente a las elecciones. Y ahora, cuando esa derecha, o su apéndice bipartidista, leen las encuestas y el proceso que se está gestando, que ya ha dado su primer aviso en las elecciones europeas, atacan desaforadamente satanizando a siniestra y ultrasiniestra.

Muchos dirigentes, en función de la teoría del sujeto histórico (es decir, de las condiciones subjetivas), deberán limpiarse las telarañas de un pasado representativo que ha desecado la democracia del 78 hasta convertirla en un juego de sombras chinescas en manos de la UE y del sistema financiero, ese poder real y fáctico que incluso ha logrado el golpe de mano antidemocrático del nuevo artículo 135 de la Constitución. Es decir, la Constitución del 78 ya no existe, se la han cargado, y todo se ha movido y seguirá moviéndose en el seno del proceso constituyente que vivimos. Por cierto, una aclaración a los que dicen que hay que conseguir abrir un proceso constituyente. Supongo que se referirán al proceso legal-formal, a la hora de discutir los extremos del nuevo acuerdo de convivencia, porque el proceso constituyente político, social, ya se ha abierto hace tiempo, y sigue hirviendo ante las narices de muchos dirigentes que no saben salirse de la foto fija anterior a la irrupción del 15M.

¿Quién sabe cómo será la coyuntura política dentro de unos meses, al ritmo que van la radicales novedades que se están produciendo? Esta democracia, presumo, no la van a conocer ni los padres constitucionales que la parieron. Esa gente que llenó calles y plazas y se arremolinó en el rompeolas de todas las Españas, esa gente que gritó que parecía democracia pero no lo era, que no se sentían representados, que la realidad era otra cosa, que era posible un cambio… y que repitió el estribillo atronador del “Sí-se-puede”, da la impresión, tras la inmensa manifestación del 22M, que tienen capacidad para empoderarse en el marco de un entendimiento plural y en torno a programas concretos, y que pueden atreverse a ganar la democracia en su sentido más etimológico.

Hace poco un dirigente decía que cuando le hablaba a su vecino de “proceso constituyente” este no se enteraba de nada. ¿Y cuando le hablaba de austericidio, de prima de riesgo, de hombres de negro, de correlación de fuerzas…, se enteraba? Quizás tampoco, por lo que se deduce que deberemos hacer un esfuerzo pedagógico para incluso explicar el concepto de “plusvalía”, por muy abstruso que parezca. Por mi parte, yo le dije a mi vecino: “Cuanta mayor unidad exista en la mayoría social, mejor”. Y el vecino me contestó: “¿Por qué te crees tú que yo voy a todas las manifestaciones?” Los dos habíamos partido de la base de que era necesario cambiar las cosas de raíz. Pues bien, aquí está, como aquel aristócrata que hablaba prosa sin saberlo: esto es exactamente el proceso constituyente.

Por eso, sin ánimo de aconsejar y mucho menos de presionar, simplemente aviso: existe la gente y se está organizando. Y nosotros, que hemos representado a la gente, deberemos ahora aprender a ser gente. Cosas de la política.


domingo, 20 de julio de 2014

La alternativa republicana (nuevo "proceso constituyente" que supere al régimen del 78)


Lo que nosotros ofrecemos es responder a ese proceso de regresión social con una alternativa constituyente republicana. Con una Ruptura Democrática.



17/07/2014

Habitualmente asociamos la noción de republicanismo a aquella visión política que prefiere como Jefe de Estado a un presidente electo antes que a un rey, es decir, como simple opuesto de la monarquía. Y dado que en los últimos años han surgido numerosos escándalos en la Casa Real que han mermado el movimiento monárquico, la balanza parece haberse inclinado a favor del republicanismo. Por un lado el Rey aparece vinculado a negocios de intermediación comercial donde se obtienen jugosas comisiones. Por otro lado, la investigación del caso Nóos, una inmensa trama de corrupción, ha servido para acusar entre otros al yerno real Iñaki Urdangarin y a la infanta Cristina de Borbón. Quizás por ello en octubre de 2011, y por primera vez desde la transición, la Casa Real suspendió con un 4,8 en la valoración ciudadana. En 2013 esa nota había descendido ya al 3,68.

Pero la monarquía se inserta en un régimen absolutamente corrupto y en crisis permanente desde hace años. Como consecuencia, da la sensación de que ese republicanismo –como enfoque político opuesto a la monarquía- tiene cada vez más cabida en España. Lo tiene por méritos propios de la monarquía, pero también por el escenario político en el que se da. Y precisamente quizás por ello pueda naufragar la estrategia política del sistema, que no es otra que legitimar al nuevo rey, el ciudadano Felipe de Borbón. 

Sin embargo, es importarte recordar que el republicanismo no es un simple momento antagónico de lo monárquico sino una tradición política íntegra. Es decir, un paradigma a través del cual entender mejor las cuestiones políticas. Lo que sostenemos es que desde el enfoque republicano podemos dar mejores y más justas soluciones a los problemas reales que asolan nuestras sociedades. 

No obstante, muchos de esos problemas se han agudizado como consecuencia del proceso de transformación económica y social que estamos viviendo en los últimos años. La crisis económica ha desencadenado una grave crisis social, pero además las reformas radicales aprobadas por los diferentes gobiernos no han hecho sino empeorar la situación. Sin embargo, debemos entender tales reformas como partes esenciales de una estrategia de consolidación del capitalismo en España. Efectivamente, todas los cambios institucionales, que van desde la reforma de la Constitución hasta las reformas laborales o del sistema financiero, han tenido como propósito consolidar un nuevo modelo de crecimiento económico que impidiese el colapso del capitalismo en nuestro país. Las dramáticas consecuencias sociales son, desde este punto de vista, meros daños colaterales del proceso de ajuste a unas nuevas condiciones económicas. O, dicho de otra forma, para que el capitalismo pueda sobrevivir ha sido necesario, y sigue siéndolo en el marco de una espiral sin fin, liquidar muchos de los derechos sociales y económicos conquistados hasta ahora.

Todos estos objetivos requieren un proceso constituyente que ya está en marcha. Pero aquí no entendemos el proceso constituyente como la mera elaboración de una nueva Constitución, sino como un proceso de construcción de nuevas instituciones políticas entre las cuales la de mayor rango es la Constitución. Y en el marco nacional podemos convenir en apellidar tal proceso constituyente con Restauración Borbónica, por el papel central que la monarquía y los dos principales partidos políticos de la actualidad juegan en su consecución.

En todo caso, la Constitución de 1978 ha perdido gran parte del apoyo social que tenía hasta hace algunos años. Las razones son varias: los incumplimientos sistemáticos de sus garantías positivas, la interpretación jurídica cada vez más conservadora de sus aspectos sociales, su superación por normativa jurídica supraestatal mucho menos garantista y su reforma exprés en verano de 2011 para adecuarla al proyecto económico impuesto por la troika. 

Precisamente por todo lo anterior lo que nosotros ofrecemos es responder a ese proceso de regresión social con una alternativa constituyente republicana. Con una Ruptura Democrática. No hay vuelta atrás y la sociedad va a transformarse hasta el punto de ser irreconocible en unos pocos años. La encrucijada exige elegir nuestro propio destino político y social. Queremos una sociedad democrática, con nuevas reglas políticas y con conquistas sociales que reflejen la obtención del poder político por parte de los de abajo.

Y la receta que nos proporciona la tradición republicana para España pasa, necesariamente, por un nuevo proceso constituyente que supere al régimen del 78. Se trata de construir una base social suficientemente amplia que apoye y sostenga un cambio radical en las instituciones públicas, siempre a fin de consolidar una democracia plena. Y para ello es fundamental poder delimitar adecuadamente qué entendemos por democracia y para qué queremos las instituciones públicas.


* El diputado Alberto Garzón Espinosa es secretario ejecutivo de Proceso Constituyente y Convergencia de Izquierda Unida. Su último libro es “La Tercera República” (Ediciones Península, 2014).

sábado, 21 de junio de 2014

Memoria íntima


«Todo tiempo tiene sus injusticias y su silencio»


Ideal 

17/06/2014 

Excelente mapa histórico de Granada el que han confeccionado los profesores Miguel Ángel del Arco, Claudio Hernández, Jorge Marco y Mª Candelaria Fuentes. Abarcando el período de 1931 a 1979, saca del olvido hechos extraños, curiosos, terribles, groseros, ridículos, hasta el punto de que esta tierra que creía conocer se me antoja ahora una dimensión perdida, otro país.

A través de una página web certeramente dispuesta (www.mapamemoriagranada.es), estos cuatro investigadores han logrado que los hechos vuelvan a cobrar vida, se agiten, nos salgan al paso en los más impensados lugares, como el convento de Zafra, donde en pleno franquismo estuvo refugiado el guerrillero anarquista Villa; o el barranco del Abogado, cuyos vecinos protegieron a los audaces hermanos Quero; o la plaza de la Mariana, donde se celebró la llegada de la República tras proclamarse en la plaza del Carmen; o la biblioteca del Salón, un casino reconvertido por la pasión instructora de la República; o el teatro Cervantes, centro de difusión propagandística de los sublevados; o la Carrera, donde estuvo la sede del partido de Azaña

Así que puedes trazarte la ruta que desees, por las avenidas, callejones y atajos que se te antojen, pero vayas por donde vayas, la marcha resulta apasionante. Yo creía saberlo todo de la Granada en que he crecido, pero mi merodeo me ha hecho comprender la soberbia. Me admiran la independencia y el valor con que estos cuatro investigadores han abierto el pasado, la pericia con que han rescatado lugares, personas y hechos sepultados por el polvo de muchas décadas, y la limpieza con que los han puesto ante nosotros, echando a un lado la enjundiosa erudición o la cómplice banalidad, y encima sin victimismos de ningún tipo.

Voto a bríos que no suele haber estudios tan bien hechos en nuestra triste patria, porque o vienen larvados por el sectarismo, o son sospechosamente parciales, o están mal expuestos, o tienen un insufrible aire de prédica. Nada que ver con este trabajo meritoriamente auspiciado por UCAR-Granada y subvencionado con una cantidad testimonial por la Junta de Andalucía, ¡y es que el esfuerzo invertido vale mucho más!

No puedo impedir evocar el fusilamiento de mi abuelo y mi tío durante los primeros días de la rebelión, el uno, alcalde socialista de Alomartes; el otro, hijo y miembro destacado de las Juventudes del PSOE, y cómo el hecho me fue celosamente hurtado hasta que me enteré de él en la treintena. Siento una inmensa alegría por ellos y por mí, ¡porque ya era hora de compensar el silencio que debieron padecer los hijos para protegerse y proteger a los nietos! La memoria que llaman histórica es nada menos que la memoria íntima de muchos. Confío en que cuando se confeccione el mapa de la provincia, los nombres de ambos aparezcan ligados a la Casa del Pueblo de Alomartes, donde tantas energías dejaron, o a la cárcel Modelo de Granada, donde consumieron muchísimos meses, algunos de ellos junto a Alejandro Otero.

Conforta pensar que el tiempo siempre hace justicia y que por tanto también la hará con el presente. Aunque quizás ya no estaremos vivos, lo que ha sido fieramente cubierto saldrá a la luz como ahora. Pues todo tiempo tiene sus injusticias y su silencio. ¡Todo tiempo echa tierra sobre algo que luego debe ser rescatado!


* El novelista y poeta Gregorio Morales Villena es socio fundador de UCAR-Granada.