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domingo, 30 de mayo de 2010

Los trabajadores del Clínic desmienten al Rey

La operación ‘real’ y el uso de recursos públicos en clínicas privadas


Ramón Couso

Diagonal

27/05/2010

En esta ocasión la diplomacia ‘campechana’ del rey habría ido demasiado lejos al elogiar el funcionamiento de la sanidad pública tras ser operado en una clínica privada. Ésta usa los recursos públicos del Clínic de Barcelona, donde se ubica.

Cuando Juan Carlos de Borbón compareció sonriente ante los medios de comunicación para certificar su alta médica, tras una operación quirúrgica en el edificio del Hospital Clínic de Barcelona, no dudó en elogiar las bondades del sistema sanitario público. “Tenemos que estar orgullosos de la sanidad pública que tenemos, tanto en Cataluña como en Madrid”, dijo, olvidando el pequeño matiz de que estuvo ingresado no propiamente en el Clínic, sino en Barnaclínic, una clínica privada que opera en una de las plantas del edificio del Clínic.

Manicura y pedicura ‘públicas’

Esta institución privada emplea personal y recursos médicos de la sanidad pública, a los que suma una serie de servicios asistenciales adicionales de atención al paciente y sus acompañantes que incluyen peluquería, manicura y pedicura, catering externo para las comidas y servicios religiosos, entre otros, como ha denunciado recientemente la Coordinadora Antiprivatización de la Sanidad Pública de Madrid.

También distingue a Barnaclínic las cualidades ‘físicas’ del personal. “Las enfermeras de Barnaclínic no son las enfermeras de la pública”, señaló uno de los trabajadores del Hospital Clínic. No en vano, el rey dedicó un agradecimiento especial en su comparecencia: “Al equipo que me ha operado, a las enfermeras, a todo el mundo que me ha cuidado”.

En total, en la séptima planta del Clínic, en la que opera Barnaclínic, hay una docena de habitaciones, todas ellas individuales, que quedaron a plena disposición del rey y sus acompañantes entre el 8 y el 12 de mayo. Además, la operación en sí, la extirpación de un nódulo en su pulmón derecho, se realizó un sábado, cuando durante el fin de semana en el Clínico sólo funciona el quirófano de urgencia y no se realizan intervenciones programadas como ésta.

“La gravedad no es que utilice lo que ha utilizado, sino transmitir a la sociedad una mentira”, afirma uno de los integrantes del Comité de Empresa del Clínic en declaraciones a DIAGONAL. “Utiliza los servicios públicos... Sí claro, los mejores instrumentos, los mejores aparatos y el mejor personal lo tiene el servicio público. Lo grave está en que lo malo del servicio público –listas de espera, habitaciones con más camas– lo han subsanado poniendo una privada y diciéndote ‘si usted paga, lo malo de la pública se lo quitamos”, explicó.

El sindicato CGT ha pedido varias inspecciones de trabajo y prepara ya la solicitud de una nueva inspección porque, denuncia, se está produciendo una cesión ilegal de trabajadores de la sanidad pública en favor de una empresa privada. “Entre paciente y paciente te meten uno de la privada, y si te meten muchos te dan la opción de cobrar un extra”, indica la fuente del comité de empresa. La cuestión sería incluso más grave, ya que, hasta los propios cirujanos de prestigio que trabajan en el Clínic, estarían ofreciendo a sus pacientes reducir sustancialmente la espera para una operación acudiendo al sector privado. La misma operación, con los mismos medios y profesionales de la sanidad pública, pero con una espera de una semana o diez días en lugar de tres o cuatro meses.

Sanidad de fronteras difusas

La fórmula de Barnaclínic, legal conforme a la legislación vigente, es la exacerbación de un modelo sanitario que diluye cada vez más la frontera entre la sanidad pública y un sector privado con una presencia creciente. Catalunya se convirtió en el laboratorio de experimentación de estas prácticas con leyes como la de Ordenación Sanitaria de Catalunya, cuya reforma de 1995 incluye la aceptación del ánimo de lucro en la gestión de la sanidad pública, un planteamiento generalizado al resto del Estado con la Ley 15/97. El resultado son entidades como el Consorci de Salut i Social de Catalunya (CSC), formado por ayuntamientos, Generalitat y otros consorcios hospitalarios, con características más propias de un holding empresarial que de un sistema sanitario público, según denuncia Ramón Serna, miembro de la sección sanitaria del sindicato CATAC y experto en modelos sanitarios. Dentro del CSC está Consultoría y Gestión SA, una empresa que se comporta como una consultora sanitaria que actúa a nivel mundial y exporta el modelo de privatización sanitaria implantado ya en Catalunya.

En Catalunya, explica Serna, alrededor de un 20% de la población tiene mutuas sanitarias, un porcentaje mucho más elevado que en el resto del Estado, por lo que en un mismo centro, si ingresas como mutualista, el tiempo de espera es mucho menor, o te derivan a un centro privado.

A “descargar en el muelle”

El jefe del equipo de cirugía que operó al rey, Laureano Molins López-Rodó, es la última sensación en YouTube y Facebook. “Volver a sus actividades... Es diferente el que descarga en el muelle que el que puede ir a saludar y subir una horita al despacho, entonces yo creo que (risas) em... No... Quiero decir...”, afirmó Molins tras la intervención al ser preguntado en rueda de prensa por el plazo del alta médica. Los ‘fans del médico que dijo que el rey sólo trabaja una horita en el despacho’ son ya más de 37.000 en Facebook y ese vídeo ha sido visto por 51.000 personas en YouTube.

http://www.diagonalperiodico.net/Los-trabajadores-del-Clinic.html

viernes, 28 de mayo de 2010

"Sólo hay libertad para decir ¡Viva el rey!"


Koldo Méndez. El edil del PSE denunciará a la Ertzaintza por las lesiones causadas

Guillermo Malaina

Público

26/05/2010

Koldo Méndez, el edil del PSE arrestado y herido por la Ertzaintza tras protestar el martes en Bilbao contra los príncipes de Asturias, pertenece a una corriente tradicional del socialismo vasco defensora de la República. En esta entrevista, denuncia su detención, el trato sufrido por parte de la policía vasca en comisaría y la falta de libertad de expresión cuando se trata de protestar contra los Borbones.

¿Cómo se siente?

Mal. Se puede criticar a cualquier institución menos a la monarquía. Sigue siendo intocable. Fue impuesta por Franco y juró los principios del Movimiento, pero no se le puede criticar. Parece que sólo hay libertad de expresión para gritar "¡Viva el rey!", pero si es para decir lo contrario, la libertad de expresión no existe. Hemos llegado, incluso, a un punto en que la Falange puede denunciar a Garzón por investigar el franquismo.

¿Es cierto que gritó "muerte a la monarquía"?

Eso es falso. Yo sólo grité: ¡Viva la República! ¡Monarquía franquista, monarquía asesina! ¡Viva la Memoria Histórica!'. En ningún momento proferí las expresiones que se han filtrado en algunos medios.

¿Denunciará a la Ertzaintza por las heridas sufridas?

Sí. Tras la protesta, un ertzaina vino hacia mí y me dijo si estaba satisfecho. Le respondí que sí, que había ejercido mi derecho a la libertad de expresión. Después, se abalanzaron sobre mí y me arrastraron hasta la entrada de la iglesia de los Jesuitas. En comisaría, sufrí vejaciones. En plan chulesco y con la cara cubierta, decían: "¡Vaya representación que tenemos! Me echaron al suelo y me golpearon. Hace poco me han operado del estómago, y ni siquiera me dejaban ir al baño. Al final, me llevaron a un ambulatorio y, después, al hospital. Tengo dañados los ligamentos del hombro y de la rodilla. Los ertzainas me han tratado como a un auténtico delincuente.

El PSE ha anunciado que le pedirá explicaciones.

Yo esta protesta la he hecho a título personal. No tiene nada que ver con el PSE ni con la UPTA. Yo daré las explicaciones que haya que dar, pero yo pertenezco a la gran tradición republicana de nuestro partido. Yo soy concejal del PSE y por eso tengo que andar con escoltas, por defender unas ideas, por defender unos valores democráticos.

¿Le ha llamado su compañero de partido y consejero de Interior, Rodolfo Ares?

No, no me ha llamado.

jueves, 27 de mayo de 2010

Esta tarde, Acto Público Contra la Impunidad del Franquismo en el Paraninfo de Derecho


Acto Público en Granada:

Contra la Impunidad del Franquismo.

Convocatoria ciudadana unitaria.

Hoy Jueves, 27 de mayo.

7 de la tarde.

Paraninfo de la Facultad de Derecho.

Asiste y Difunde.

¡¡Barramos el Franquismo!!

Asociaciones que trabajan por la recuperación de la memoria histórica, colectivos republicanos y personas a título individual organizan un Acto Contra la Impunidad del Franquismo, HOY JUEVES 27 DE MAYO a las 19 horas en el Paraninfo de la Facultad de Derecho. En el mismo intervendrán profesores y profesoras de la UGR, intelectuales, artistas y familiares de desaparecidos. Será presentado por dos estudiantes, un alumno de Historia y una alumna de Derecho.

‐ Paco Moyano, familiar de persona desaparecida, cantaor.

‐ Gregorio Cámara, UGR.

‐ Nicolás López Calera, UGR.

‐ Maribel Brenes, historiadora, autora del libro Jaque a la
República
.

‐ José Luis Serrano, UGR.

‐ Mercedes del Amo, UGR.

‐ Álvaro Salvador, UGR.

‐ Mariano Maresca, UGR.

‐ Javier Tárraga, juglar.

‐ Pepa Merlo, escritora.

‐ Juan Trova, cantautor.

‐ Olga Matarán, familiar de personas desaparecidas.

‐ Juan Pinilla, cantaor.

martes, 25 de mayo de 2010

El miedo de Azaña y el honor del general Rojo


Félix Población

Diario del Aire

24/05/2010

Contaba hace un par de años el pintor Juan Alcalde (Madrid, 1918), autor del último retrato de don Manuel Azaña en su lecho de muerte en la localidad francesa de Montauban, que el hotel donde había fallecido quien fuera presidente de la segunda República Española estaba lleno de soldados nazis. Es de imaginar la funesta adversidad ambiental en que discurrió el velatorio de quien pretendió defender a su país del fascismo. Se supone que en medio del áspero vocerío de la milicia alemana, trató Alcalde de hallar la concentración y sensibilidad precisas para dar constancia en los trazos de su dibujo de la dignidad humana de quien sin duda, tanto entonces como ahora, es considerado como una de las personalidades políticas más importantes de nuestra historia.

Decía Juan Alcalde, desmarcándose con su versión de las mitificaciones encomiásticas con las que se suele glosar en esos casos una figura de la talla de don Manuel, algo que en principio parece devaluar la memoria de Azaña, pero que en realidad no sólo la humaniza para hacerla más nuestra, sino que realza la sensibilidad emocional y de diagnóstico de su agudeza intelectual: “Yo creo -decía el nonagenario pintor madrileño- que ese hombre tan fino, penetrante y espiritual murió de miedo, que es una forma muy decente de morir”.

Para que ese miedo matara a don Manuel Azaña con tanta decencia era preciso que su sensibilidad y talento políticos le advirtieran en su vejez derrotada y enferma de las consecuencias de aquel oscuro mundo naciente. Si los ideales republicanos habían sido pisoteados en España por un trágico golpe de Estado fascista, que prolongaría por muchos años el miedo y la muerte entre los vencidos en la Guerra Civil, toda Europa estaba pendiente entonces de los afanes imperialistas del nazismo, que llenarían a la postre de mucho miedo y mucha sangre al viejo continente. Es muy valiosa la opinión de Juan Alcalde, pues fue él quien con su último retrato de Manuel Azaña pudo captar acaso, en las facciones yacentes del presidente republicano, las secuelas de ese postrero sentir. El destino del dibujo del pintor madrileño estará en las dependencias del Centro Documental de la Memoria Histórica, con sede en Salamanca. Junto a esa obra habrá otro preciado objeto que acaba de recobrar actualidad: la maleta con la que el general Vicente Rojo salió para el exilio.

Con esa maleta, posiblemente, también regresó a España desde Bolivia, en 1957, quien fue la máxima cabeza militar de la República durante la Guerra Civil. Puede que en ese trayecto de retorno, cuando ya estaba enfermo y probablemente ya había esbozado también las primeras páginas, viajara con el equipaje del general el proyecto de los 600 folios que muchos años después descubriría el ayudante del escritor Jorge Martínez Reverte, Mario Martínez Zauner, en el Archivo Histórico Militar de Madrid. Ahora, ese manuscrito se ha hecho libro bajo el título Historia de la Guerra de España, y nos ofrece dos constataciones que son muy significativas por su relevancia acerca de la actitud y personalidad de Vicente Rojo ante el golpe de Estado de Franco y el entendimiento que tuvo el general republicano de su lucha.

Con relación a su fidelidad a la República, dice Rojo ante la felonía de otros de sus colegas: “No era momento de dejarse llevar por corazonadas; no había tiempo para discutir ni motivos para ampararse en el ejemplo de ajenas conductas o a la sombra de un presunto vencedor. Importaba solamente la verdad de España, sin zarandajas ni convencionalismos. La duda, terrible duda, estaba planteada en toda su crudeza, como jamás se nos había planteado; y yo la resolví bien o mal, pero radicalmente, categóricamente y hasta con cierta repugnancia, porque no me agradaban muchas cosas que veía en torno mío (y lo grave aún no había comenzado); y la resolví manteniéndome fiel a lo único que en aquellos aciagos momentos me dictaba mi estrecho concepto del honor: el cumplimiento del juramento que había prestado de defender la patria, defendiendo la Ley y las autoridades legítimamente constituidas, con estricta obediencia a mis jefes naturales. Nada podía torcer esa resolución”.

En cuanto a la tan manida y falaz argumentación de los seudo-historiadores revisionistas o similares, para quienes la República llevaba camino de convertirse en un régimen bolchevique, queda una vez más rebatida, en este caso por quien representaba al Jefe del Estado Mayor central del ejército que defendió aquel régimen. Nunca pensó Rojo, de confesión católica, que la República acabaría siendo fagocitada por el comunismo. La ayuda militar soviética se debió, según el general, a la falta de apoyo por parte de los países democráticos europeos, sin que esa colaboración de la Unión Soviética significase una entrega ideológica y política a Moscú.

El retrato post-mortem de Manuel Azaña en Montauban y la maleta de Vicente Rojo son dos preciados recuerdos de la dolorosa diáspora republicana sufrida por un país, el nuestro, “donde los hombres -según escribió Albert Camus- aprendieron que es posible tener razón y aun así sufrir la derrota. Que la fuerza puede vencer al espíritu y que hay momentos en que el coraje no tiene recompensa. Esto es sin duda lo que explica por qué tantos hombres en el mundo consideran el drama español como su drama personal”. Tanto el miedo de don Manuel, que apunta Alcalde, como el concepto del honor que esgrime Rojo, abundan en esa explicación.

domingo, 23 de mayo de 2010

Hamlet se enamoraría de Luciano Varela. (¿La Política se viste de Derecho?)


José Luis Pitarch

La República

22/05/2010

I

¿Quién soportaría “the law's delay” (en libros jurídicos suele traducirse por “la lentitud, o tardanza, de la justicia”), se duele el buen Hamlet junto a otras desdichas cual el amor menospreciado, una vida de fatiga y tedio, o la insolencia de quienes detentan cargo, poder (“office”). ¡Inconmensurable Shakespeare! Pues he ahí para remediarlo el juez de la horca don Luciano Varela (“Aquí los linchamientos se producen al amparo de la ley”, ¿recuerdan el film de otro inmenso, John Huston, con Paul Newman, Ava Gardner, Tony Perkins?). Lo de la horca va por la inusitada rapidez enjuiciadora de don L.V., discúlpeseme el tropo; que ya no hay pena de muerte, eso era en el franquismo, hasta los fusilamientos de 1.975. (Con una precisión sobre la abolición de tal pena capital, que muestra cómo el franquismo llega, en aspectos, hasta 2.010... en las Fuerzas Armadas. Pues en 1.978 los militares de Franco impusieron a la Constitución que sí pudiese haber pena capital en tribunales militares; para eso tenían a algún firmante de pena de muerte en la dictadura, como Fraga, de “padre” de la Constitución). Ahora, dice Fraga que no acepta la jurisdicción universal. No es tonto el hombre.

¡Vertiginoso proceso el llevado a cabo por don Luciano!, de envidia muero. Servidor aguarda respuesta ¡treinta años! a un Recurso contra hospedaje forzoso de seis meses en la Prisión Militar de Alcalá de Henares, que uno cursó en mayo del 80. Ya reza el adagio: “la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”, lo que cítase sin ánimo de universalizar ni dar vejamen. (Distinto asunto es si confluyen condición de mílite y de no demócrata, cruce del que tenemos ejemplos hasta ayer y hoy. Pueden repasarlo, si permiten, en mi libro “Memoria irredenta del franquismo”, más up-to-date ahora que cuando vio la luz hace un año. O vean la invectiva de ha dos meses del general García de Dios, contra las medallas al patriotismo y lealtad al pueblo concedidas a los oficiales de la UMD).

Perdonen estas digresiones y embragues con asuntos adyacentes. Mas, habiendo ya pecado, dejen que reincida con una cita menos colateral, por la que confío no me riña Baltasar Garzón. Hace menos de un año, en viaje del mismo a Valencia por motivos privados, compartimos un largo café durante el cual don Baltasar me inquirió, un tanto divertido, por qué en mi mencionado libro, escrito en 2.008 (cuyo índice onomástico refiere a una decena de páginas bajo la advocación “Garzón”) aventuraba uno que “legión de políticos, jueces, etc” tratarían de “hacerle pagar cara” su investigación sobre los crímenes internacionales o “universales” de lesa humanidad y genocidio franquistas.

Crímenes hasta ahora tapiados --y lo que sigue en este párrafo temo me haga reo, si no me salva mi irrelevancia, de la admonición o desprecio de Javier Pradera, a quien tanto he admirado, una vez leído su infumable artículo “¿La amnistía contra la Constitución?” del día 5 de los corrientes; ¡no es revisionismo, don Javier, es dignidad y derecho a la justicia!--, hasta ahora enterrados, decimos, por esa “transacción” bajo fuertes coacciones y trágalas de los “vencedores” de 1.939 a la que se ha llamado púdicamente “transición” (cuya considerable parte de méritos uno conoce), y en la que dichos triunfadores gracias a Hitler y Mussolini no quisieron un “abrazo de Vergara” como en 1.839, sino mantener en las tinieblas, por poner un solo ejemplo entre no pocos, a los combatientes antifascistas (maquis) homólogos de los “resistentes” franceses, holandeses, serbios y del resto de Europa, este y oeste, contra el nazifascismo; en todas partes héroes, aquí aún bandidos. Washington, Jefferson, Adams, Madison, creadores y Presidentes de los EEUU, se revolverán en sus tumbas, porque ellos también ejercieron el sagrado derecho de rebelión armada contra la tiranía, que viene de Aristóteles, Tomás de Aquino, Locke.

Respondí a la pregunta de Garzón, más o menos: pues tratarán de que pagues muy caro haber dejado con el trasero al aire (en términos jurídicos y democráticos) a gran mayoría de los jueces de este país que se han llamado y siguen llamando andana respecto a las fosas de la ignominia y lesa humanidad, en cuyo ranking o número sólo nos supera posiblemente en el mundo --a Bosnia la “ganamos”-- la Camboya de Pol Pot (aparte los exterminios hitlerianos); y otro tanto en relación a muchos de nuestros altos gobernantes durante más de tres décadas. Unos y otros, jueces y políticos --dejamos para otro día los fiscales--, añadí, temo que ni habrán leído tus Autos de 16 de octubre y 18 de noviembre de 2.008, ni las Conclusiones y Recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU del 31 de octubre intermedio, especialmente sus inquietudes o preocupaciones (“concerns”) por que la Ley de Amnistía de 15-10-77 permanezca “in force”, obstaculizando contra lege el cumplimiento de obligaciones asumidas voluntariamente por España en una larga serie de Tratados y/o Convenios Internacionales, europeos y mundiales; obligaciones de mayor rango jurídico que dicha Ley de Amnistía, por lo que deben prevalecer sobre ésta. En fin, la ONU añadió expresamente la petición a España de “no aplicación por los tribunales españoles” de normas que restrinjan “la persecución de crímenes contra la humanidad”. Otra vez verde y con asas, alcarraza.

II

Entonces, ¿es que el magistrado Sr. Varela, aparte desoír al Fiscal, desconoce todo esto? ¿Y el Artículo 10 de la Constitución --el primerísimo de su Título Primero--, que prescribe: “Las normas relativas a los derechos fundamentales (...) se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos --de la propia ONU-- y los Tratados y Acuerdos Internacionales sobre las mismas materias ratificados por España”? ¿Es ignorancia, es prevaricación, es vendetta personal o corporativista, o qué demonios es esto que nos convierte en escándalo y hazmerreír jurídico, político y moral del mundo civilizado?

¿Tendrá razón Joan Garcés cuando escribe --citando jurisprudencia de nuestros Tribunal Supremo y Constitucional, del Tribunal Europeo de Derechos Humanos “cuya doctrina es obligatoria para España”, de los Tribunales Internacionales para la ex Yugoslavia y Ruanda-- que el auto de fe y los sofismas del Sr. Varela tratan de crear doctrina distinta a la de todos esos Tribunales en tanto acarrea leña para quemar a Garzón? ¿Tendrá razón Garcés --uno cree que sí-- cuando señala que esta “doctrina Varela” es un peligro para el orden público internacional y un ataque a principios democráticos irrenunciables?

También se pregunta uno si el Sr. Varela habrá leído el “manifiesto” de Jueces para la Democracia del pasado 14 de abril, donde consta: “Cuestionar la ley de amnistía (como ha hecho Garzón) basándose en el Derecho Internacional que niega validez a las normas que otorgan impunidad a los crímenes internacionales NO PUEDE SER UN HECHO DELICTIVO, porque entra en la función del juez ponderar las normas que debe aplicar y determinar la que mejor haga efectivos los valores constitucionales y el Derecho Internacional de los derechos humanos”. Mas “hoy --prosigue el manifiesto-- se ha abierto el camino para que los herederos del franquismo lleven al banquillo a un juez que simbolizaba la conquista civilizatoria de los derechos humanos, rompiéndose así con valores constitucionales y poniéndose en cuestión los compromisos internacionales adquiridos por el Estado español”. También firma este escrito la Unión Progresista de Fiscales, Magistrados Europeos para la Democracia y las Libertades, y la Federación Latinoamericana de Jueces para la Democracia.

Quedan muchas preguntas, por lo que abreviaremos, un poco en revoltillo. Conocemos el robusto ego de Garzón, pero ¿qué hay del de Varela? ¿La imputación de Garzón es un aviso a navegantes para que no osen ventilar las cloacas de la dictadura? ¿Prevaricaron los magistrados de la Audiencia Nacional Clara Bayarri, Ramón Sáez, J. Ricardo de Prada por pronunciarse en altas Resoluciones judiciales a favor de las tesis de Garzón? ¿Se aplicará la “doctrina (anti)Garzón” sobre prevaricación al Presidente del Tribunal Superior de Justicia valentino, Sr. De la Rúa, de quien cinco magistrados del TS, por unanimidad, han dicho que “infringió la ley” al exculpar a su “más que amigo” Camps (cuando ya debió excusarse de conocer en tal proceso, por dicha amistad)? ¿Hay una “politización” retrofranquista de buena parte del “poder judicial”? ¿Los jueces no se dejan nunca influir por consideraciones, convicciones o intereses políticos? ¿Tampoco en el asunto del Estatuto catalán?

Terminemos: ¿coincide en algo Javier Pradera con Dª Esperanza-de-Tamayo-y-Sáez cuando ésta llama “aquelarre de carcamales resentidos” a los reunidos en un acto de apoyo a Garzón, o cuando Don Mariano-el-leve tilda de “brutales” y “antidemócratas” a quienes ejercen crítica lícita de algunos jueces? ¿Conocen la frase de José Luis Sampedro: “lo grave no es la maldad de los malos, sino el silencio de los buenos”? ¿Y la de Galeano: “somos lo que hacemos, pero sobre todo lo que hacemos para cambiar las cosas”? No se puede abdicar del pasado, y el olvido, a veces, está lleno de mentiras. El olvido sella la muerte del que existió, sobre todo si se persigue su derecho a ser recordado. Me lo enseñó Carlos Castilla, como él solía denominarse a sí mismo, omitiendo “del Pino”. Un día de 1.983, en Córdoba.

José Luis Pitarch

Profesor de Derecho Constitucional

Presidente federal de Unidad Cívica por la República

viernes, 21 de mayo de 2010

La Transición contada a mis padres


Juan Carlos Monedero

Público

28/04/2010
A la memoria de Pepín Vidal Beneyto

Mil veces oímos una petición de silencio que hoy resuena con cuento de furia y ruido: “Abuelo, deje de contar batallas”. Ignoraban los guardianes de los tiempos apacibles que la verdadera batalla no era esa que los viejos apuntaban. Era otra, apenas susurrada, que se contaban a ellos mismos en un silencio de décadas, con complicidad de café, trinchera y cuitas compartidas. “¡Deje de contar batallas, abuelo!”. Y los apaciguadores, al tiempo, contaban incontables veces su cuento incontinente: “La democracia nos la inventamos nosotros”. Lo dijeron, lo escribieron, lo repitieron, lo exportaron y, quizá –sólo quizá–, hasta se lo creyeron. Sociólogos corrieron a decir que antes de la Transición no hubo democracia y que, de pronto, ya éramos iguales al resto de Europa; filósofos cambiaron panfletos contra el todo por panfletos por lo que me caiga; historiadores oficiales dieron el pasado como inocuo pasto abierto sólo a anticuarios; sabedores de la política hicieron taxonomías borgianas para que encajara la democracia con un campo sembrado de fosas comunes y desmemoria; matemáticos trazaron la topología que permitía transitar en vez de retornar a la democracia perdida; periodistas y filólogos encontraron en el decir “consenso” una palabra mágica que contentaba a tirios y troyanos (a unos porque no cuestionaba ningún fruto de su victoria; a otros, porque les entregaba una excusa perfecta para explicar por qué eran tan vociferantes y tan poco consecuentes). Burlón este espíritu de la Transición democrática.

La Transición redujo la explicación dolida del pasado a un problema de derechos humanos. En la distancia, todos somos bienintencionados. Por eso era relevante explicar aquella época como una locura colectiva fruto del calor y los tiempos duros. Otras explicaciones sacan el hilo al ovillo y llegan hasta palacios reales, catedrales, cámaras bancarias y mansiones donde siguen los que nunca se fueron.

Recuerdo de la madre. Hija robada por la posguerra a un herrero anarquista –linchado cabeza abajo, colgando de un olivo, por el jefe de Falange, luego alcalde del pueblo–. Nueva vida en Madrid. Pudo estudiar. Su colegio tenía dos puertas, una principal para las niñas ricas y otra lateral para las hijas de la caridad. Recuerdo a la madre subiendo, junio de 1977, la calle del colegio donde estudiaban sus hijos. A suplicar un precio en los caros ejercicios espirituales. Carteles electorales en las paredes. Entendí cuando el cura afirmó: “Si no podéis permitíroslo, buscad otro colegio”. El franquismo fue una dictadura de clase. Pero nunca acepté el tuteo arrogante a la madre derrotada. Porque los mataron mil veces. En aquellos años de la guerra y la posguerra, y también en cada humillación, durante cuatro interminables décadas (las cartas que llegaron y las que no llegaron; compartir mesa con el verdugo; suplicar trabajo o limosna de lo que fue el propio patrimonio; los labios mordidos; pisar el suelo donde reposan los abandonados; las placas santas ensalzando al sayón; la impunidad de los togados, los purpurados, los condecorados; el interminable usted no sabe con quién está hablando…).

“Con la Transición, los demócratas vencimos”, y le cargaron al búnker toda la memoria del franquismo. Derrotado el búnker, derrotado el franquismo. ¿Un nuevo inicio? ¿Sin restitución? Hasta que un juez quiso llevar a juicio aquella etapa y se cayeron las caretas. El juicio al franquismo ha separado a los demócratas gratuitos de los demócratas con todas las consecuencias. “Las virtudes de la Transición son los vicios de la democracia” se reescribe: “Los vicios de la Transición son los vicios de la democracia”. Un sistema electoral indigno; Bartolín llamando a la Guardia Civil desde un maletero porque lo había secuestrado ETA. Cospedal y la Caudillesa gritando ¡golpe de Estado! por una reunión política en sede universitaria; un juez escondiendo residuos franquistas bajo alfombras progresistas; el filósofo de la ética para adolescentes recibiendo el premio literario más amañado de la historia de los premios; el ministro de Información de Franco, el que afirmó tras el asesinato en la Puerta del Sol de Julián Grimau que ese “caballerete” merecía morir, redactando la Constitución de la democracia que apuntaló a un rey de origen franquista, a comisarios de origen franquista, a catedráticos de origen franquista, a periodistas de origen franquista e, incluso, a franquistas de origen franquista. Ahí reposa nuestro miedo. Franco es más peligroso muerto que vivo. Vivo por lo menos se le veía venir.

Dudo de que la Transición hubiera podido ser radicalmente diferente. En 1973 fue el golpe contra Allende. Unos meses después, la Revolución de los Claveles alertó a los guardianes de la guerra fría. Y 40 años de exilio, represión y miedo. Lo reprochable es la falta de honestidad de sus voceros. No decir: “Hicimos lo que pudimos, lo que nos dejaron, lo que nos atrevimos”. Esconderlo tras “nos corresponde la mayor hazaña democrática de la historia de España”. Una Transición perfecta que no deja entender una democracia tan imperfecta.

Lo han tenido que recordar desde fuera: aquí hubo un propósito de genocidio. Hubo guerra porque los franquistas, aun ayudados por Hitler y Mussolini, no tuvieron la fuerza suficiente. Cuando ganaron, la intención genocida se consumó. Hoy se siguen repartiendo culpas con la excusa de la guerra. Para una lectura democrática, los luchadores por la República dieron todo para frenar el genocidio. Y los olvidamos.

Por eso, abuela, abuelo, perdonad por lo que no os dejaron hablar en estos años. Y contadme otra vez, desde el principio, todas aquellas batallas.

* Juan Carlos Monedero es profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid.

martes, 18 de mayo de 2010

Hasta el Defensor del Paciente pide cuentas al Borbón


Iñigo Landa

13/05/2010

El Rey abandonó la planta privada del Hospital Clínic de Barcelona (Barnaclinic)por su propio pie antes de cumplirse el cuarto día de su intervención para extirparle un nódulo en el pulmón de carácter -nos dicen y queremos creer- benigno debido a su "muy favorable" evolución y a que ya no existe necesidad de que permanezca en el centro.

Juan Carlos salió a las 16.15 horas del centro sanitario barcelonés y, en una breve intervención, dio las gracias al equipo médico que le ha atendido y resaltó que "en España tenemos que estar orgullosos de la sanidad pública que tenemos, tanto en Cataluña, como en Madrid". O sea, otra de sus habituales patochadas que suenan más a burla ante el pueblo que a otra cosa.

Pero, había algo con lo que no contaban en Zarzuela y no es otra cosa que les saliese "al paso" alguien que ni sabían que estaba ni mucho menos esperaban: el Defensor del Paciente. No es otro quién critica las palabras del Borbón al considerar que "es muy fácil hacer estas declaraciones cuando no se ha pasado por urgencias". En un comunicado, la presidenta de la Asociación, Carmen Flores, recriminó al Rey que tampoco tuvo que esperar para ser intervenido, y que "es muy fácil cuando se ha estado en una zona privada".

Con esto, apuntó que miles de ciudadanos sufren una situación "caótica" en la sanidad pública, siendo la catalana una de las más endeudadas. Apuntó que en la "maravillosa sanidad" faltan profesionales, camas y medios. "Quizás si usted estuviera informado se daría cuenta de la cantidad de personas que quedan incapacitadas, mueren o pierden su trabajo por no ser atendidas a tiempo". "Majestad, lo que usted ha vivido es la panacea, nada que ver con la realidad".

Los gastos de la intervención y de la hospitalización del monarca irán con cargo a la Seguridad Social, según fuentes del Hospital. "El Rey recibe el mismo trato que cualquier ciudadano que necesite una intervención quirúrgica similar y acuda a un hospital público para ser operado por un cirujano que trabaje para la sanidad pública". La única diferencia que ha existido es que el Rey, "por cuestiones de seguridad", ha ocupado una habitación de la planta privada. Los únicos gastos que tendrá que abonar, igual que cualquier otro paciente de la sanidad pública, son los extras como llamadas telefónicas, bebidas o catering.

La Casa Real (su Dpto. de Marketing, Publicidad y Propaganda) ha pedido costear los gastos extra de seguridad y protocolo... ¡qué buenos... que legales!... ¡qué jetas!... Pero bueno... siempre nos quedará el consuelo de que no les quedan ni tres Legislaturas parlamentarias, lo que no deja de ser un verdadero alivio.

Por cierto, también hoy hemos sabido acerca de los recortes sociales que tiene intención de llevar a la práctica un Gobierno que llegó a negar el término "crisis" y al que le han tenido que venir a llamar al orden desde fuera. En resumen, los malparados serán funcionarios, jubilados y embarazadas. Por supuesto, los principales causantes de la caótica situación económica (bancos, especuladores, etc.)... de rositas. Para variar, siempre ha de ser el pueblo llano el que "pague el pato" pero, ¿dónde está el ejemplo por parte de la jefatura del Estado? o ¿acaso van a reducir los ingresos de los Borbones en un 5%?.

Una cosa si que nos queda meridianamente clara: si alguien está esperando a que esa iniciativa parta de Zarzuela, lo tiene más claro que el caldo del asilo. Aquí ya no cuenta el marketing propagandistico de la casa del Borbón. Y es que mucho me temo que les gusta el dinero demasiado... nuestro dinero, claro.

domingo, 16 de mayo de 2010

Baltasar Garzón, última víctima del franquismo


El jurista intentó llevar a cabo la investigación sobre las más de 100,000 desapariciones a manos de los franquistas durante la guerra civil (1936-1939) y la posterior dictadura de Francisco Franco (1939-1975).

Panamá América

15/05/2010

Después de 22 años trabajando al frente del Juzgado de Instrucción número cinco, el juez Baltasar Garzón abandonó ayer, entre lágrimas, la Audiencia Nacional española, desde que persiguió al ex dictador chileno Augusto Pinochet, a represores de la dictadura argentina, a terroristas y a narcotraficantes.

Y desde que también intentó, sin éxito, investigar uno de los episodios más oscuros de la historia de España: las más de 100,000 desapariciones a manos de los franquistas durante la guerra civil (1936-1939) y la posterior dictadura de Francisco Franco (1939-1975).

Eran cerca de las dos de la tarde cuando el juez, de 54 años, salió del tribunal por la puerta principal.

Poco antes, y mientras tomaba declaración a un imputado, le habían comunicado por teléfono lo que se sabía de antemano que iba a ocurrir.

El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) decidió suspenderlo cautelarmente, después de que el juez del Tribunal Supremo, Luciano Varela, abriese el miércoles juicio oral contra él por presunta prevaricación intencionada en la investigación de los crímenes franquistas. Garzón debía abandonar “de forma automática” la Audiencia Nacional.

Jueces, fiscales y otros funcionarios se reunieron en la puerta de la audiencia, muy cerca del Supremo, en el que tendrá que sentarse en el banquillo de los acusados, para despedirlo con aplausos, abrazos y ovaciones, junto a ciudadanos anónimos congregados allí para expresarle su solidaridad y apoyo.

“Garzón, amigo, el pueblo está contigo”, le gritaron.

Su mujer, Rosario Molina, había acudido al lugar de trabajo de Garzón para acompañarlo en el trance. El juez pretendía meterse con ella en el auto oficial, pero la emoción se impuso.

Y Garzón rodeó el vehículo para fundirse en abrazos con compañeros como los magistrados Fernando Andreu y Santiago Pedraz y con ciudadanos que se decían “consternados” por la suspensión del único juez que tuvo “en cuenta a las víctimas” del franquismo.

Para entonces, las sonrisas de agradecimiento en la cara del juez se habían convertido ya en mueca que trataba de evitar, sin éxito, las lágrimas.

Prácticamente a la misma hora, el ultraderechista Miguel Bernad, secretario general del autodenominado sindicato Manos Limpias -no cuenta con representación en ningún centro de trabajo de España-, anunciaba en rueda de prensa el “triunfo de toda la sociedad”. La suspensión de Garzón, dijo, demuestra que “nadie está por encima de la ley”.

Las acusaciones sostienen que Garzón se declaró competente en 2008 para investigar la desaparición de miles de personas durante la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura, pese a que sabía que por ley no le correspondía hacerlo, en virtud de la Ley de Amnistía de 1977. Como castigo piden que sea inhabilitado durante 20 años.

Opiniones.

“El hecho de que aparten del ejercicio de su profesión al juez Garzón, o cualquier a otro juez, por pretender enjuiciar los crímenes de la dictadura franquista, me provoca una desasosegante desconfianza en nuestro sistema judicial”, aseguró el cineasta Pedro Almodóvar en una de las primeras reacciones del mundo de la cultura, en el que un sector lleva semanas apoyando públicamente al juez.

Plataformas culturales en apoyo de Garzón y en defensa de las víctimas del franquismo ya han convocado una oleada de actos en solidaridad con el magistrado.

viernes, 14 de mayo de 2010

El Defensor del Paciente critica al Rey por alabar la sanidad pública "sin pasar por urgencias"


Europa Press

11/05/2010

El Defensor del Paciente criticó hoy las palabras del Rey Don Juan Carlos en las que aplaudió la sanidad pública tras ser operado en el Hospital Clínic de Barcelona, al considerar que "es muy fácil hacer estas declaraciones cuando no se ha pasado por urgencias".

En un comunicado, la presidenta de la asociación, Carmen Flores, le recriminó al Rey que tampoco tuvo que esperar para ser intervenido, y que "es muy fácil cuando se ha estado en una zona privada".

Con esto, apuntó que miles de ciudadanos sufren una situación "caótica" en la sanidad pública, siendo la catalana una de las más endeudadas. Apuntó que en la "maravillosa sanidad" faltan profesionales, camas y medios.

"Quizás si usted estuviera informado se daría cuenta de la cantidad de personas que quedan incapacitadas, mueren o pierden su trabajo por no ser atendidas a tiempo", criticó. En su recriminación, añadió que el Rey debería estar "al tanto" de la situación que realmente viven los españoles "normales".

"Majestad, lo que usted ha vivido es la panacea, nada que ver con la realidad", concluyó Flores, quien se alegró de la recuperación del monarca y de que ya haya sido dado de alta.

miércoles, 12 de mayo de 2010

¡Atención!, Blas de Otero


Luis García Montero

Público

09/05/2010

La actualidad, como un rocío sucio en el verde de los prados, está revuelta y llena de asuntos urgentes sobre los que escribir. Merece la pena meditar sobre una derecha que entiende la corrupción como algo consustancial a las instituciones y está dispuesta a defender lo suyo, diga lo que diga la Justicia. Merece la pena observar la situación del Poder Judicial, que pide respeto cuando ha asumido su propia degradación en forma, contenido, planteamiento, nudo y desenlace. Merece la pena advertir los movimientos agresivos de los poderes económicos, que intentan agudizar en España un sistema productivo enfermo y desequilibrado, para que nada cambie de verdad, aunque los trabajadores sigan viendo, impasibles con sus votos muertos, la degradación de sus vidas laborales.

Merece la pena reírnos un poquito de la beatería que sienten algunos amigos, arrodillados ante la Santa Transición española, como si 35 años no fuesen nada, y hubiera que seguir conservando inmaculado el prestigio de un proceso que está en el origen de las enfermedades de nuestra Justicia, nuestras corrupciones políticas y nuestras debilidades económicas. Merece la pena asombrarse de que un Gobierno socialista no asuma ni siquiera una política fiscal socialdemócrata, y se olvide de los patrimonios, y no persiga con dureza el fraude, y no suba los impuestos a los que más tienen, y decida combatir el déficit con medidas inútiles, y simbólicamente dolorosas, como su desprecio último al significado de la Biblioteca Nacional. ¡Gobierno de España!

Pero también merece la pena tomar conciencia de que a veces ocurre algo verdaderamente deseable, definitivo y sólido, algo que nos invita a dejar para mañana los asuntos de hoy, algo llamado a permanecer cuando el sol, avaricioso e implacable como el tiempo, deshaga el rocío sucio de los prados. Atención, se acaba de publicar el libro inédito de Blas de Otero, Hojas de Madrid con La galerna (Galaxia Gutenberg), después de 31 años de espera. No tarden en buscarlo.

Blas de Otero volvió de Cuba en 1968. Necesitaba entrar en el quirófano por culpa de una mala boda y curarse de un amor cancerígeno. Le pidió a la muerte que se olvidara de él, habló con Jorge Manrique para aprovechar el último rocío limpio de la hierba, viajó, llenó de versos la España en transición de los años setenta, encontró su gran amor y escribió poemas nerviosos y serenos. Poemas serenos, por su diálogo profundo y sosegado con los valores más nobles de la condición humana, con la paz, la palabra, el amor y la muerte; poemas nerviosos, porque escribió más libre que nunca, con una madurez llena de humor, y de brío, y de música íntima, y de conversaciones, pasando de Manrique a Bécquer, de Cernuda a Alberti, de Whitman a Aldana, y de la tradición culta al lenguaje popular, y de sus propios recuerdos a sus propias palabras, con ciudades al fondo, con guerras, dudas, ilusiones y sonetos asombrosos en la palma de la mano.

Mientras amaba y moría, durante 10 años escribió, casi a modo de diario, Hojas de Madrid, y por medio surgieron los poemas de La galerna, esa súbita tempestad marina del mar Cantábrico, que sirvió para simbolizar sus depresiones cíclicas. Después formó con ellos un solo libro, Hojas de Madrid con La galerna, porque las hojas de papel son el único remedio para consolarnos de las hojas secas de los árboles. Es verdad, no todo se lo lleva el viento.

El 2 de junio de 1976, poco antes de asistir al homenaje a Federico García Lorca celebrado en Fuente Vaqueros, escribió un poema sobre sus recuerdos del poeta granadino: “Mas no hay paz todavía, / ni podrá haberla en tanto tus huesos no resuciten / en la tumba de la luna…”. En Fuente Vaqueros conocí yo a Blas de Otero, rodeado de los jeeps de la policía armada que nos reclamaban una disolución inmediata. Me acerqué al poeta, le pedí que me dedicara un libro y confesé que por gente como él estaba yo en aquella plaza, con mis primeros versos y mis banderas políticas. “Espero que algún día puedas perdonarme…”, fue su contestación.

Larra hablaba de la melancolía propia de los liberales españoles. Hoy comprendo sus melancolías, don Blas. Y aquí sigo, en transición, preocupado por la plaza y por las tumbas de la luna. Pero, por gente como usted, también sé detenerme ante lo que de verdad importa. No sólo está perdonado, sino que, además, merece la pena.

lunes, 10 de mayo de 2010

Hermanos Quero, el retorno de una leyenda


La editorial Comares recupera en un libro de Jorge Marco la historia de los hermanos guerrilleros que murieron luchando contra la represión franquista en los años cuarenta

Jesús Arias

Granada Hoy

07/02/2010

La vida -y la muerte- de los hermanos Quero es un argumento de una película brutal. Los cuatro guerrilleros granadinos que tuvieron en jaque a las autoridades de la ciudad a lo largo de los años cuarenta podrían ser perfectamente los protagonistas de un argumento de Hollywood si hubiesen nacido en Chicago o en Nueva Orleáns. Sus aventuras, sus peripecias, sus atracos espectaculares, su resistencia para continuar una Guerra Civil que ya había tocado a su fin han pervivido en la memoria mítica de los granadinos a lo largo de las décadas. Ahora, un catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Jorge Marco, viene a ponerle realidad a todas las leyendas en el libro Hijos de una guerra: los hermanos Quero y la resistencia antifranquista. Se trata de una obra magistral que ilustra a la perfección como era el mundo, la vida y la cotidianeidad en una Granada opaca y oscura. Y en medio ella, un puñado de soñadores.

"Yo no soy de Granada ni sabía nada de los hermanos Quero", dice ahora Jorge Marco, que presentará el libro el próximo jueves, a las 19.00 horas, en la Casa de los Tiros. "La idea de escribir un libro sobre ellos me surgió leyendo un libro del anarquista Eduardo Pons en el que hacía referencia a sus peripecias y me quedé impresionado. Pensé en hacer algo y estuve siete años involucrado en el proyecto". Al final, la editorial Comares, en su colección La Vela, dio cobertura a un trabajo de un rigor histórico formidable.

Los hermanos Quero fueron un extraño fenómeno: eran maquis, pero maquis urbanos. Su resistencia al franquismo no se producía en las sierras ni en los montes, sino en el centro de Granada. La familia vivía en el Albaicín dedicada al negocio de la carne cuando les sorprendió la Guerra Civil. Los hermanos Antonio, José, Pedro y Francisco Quero se aliaron del lado republicano y estuvieron en el frente. Cuando concluyó la guerra, como tantos otros milicianos, sólo deseaban volver en paz a sus casas.

Pero el régimen franquista jamás perdonaría a los combatientes republicanos. Al concluir la contienda, comenzó otra incluso más cruel todavía: la represión y persecución franquista. Los hermanos Antonio y José Quero Robles fueron encarcelados a penas menores, pero los continuos fusilamientos que siguieron tras la guerra y los rumores de que los fascistas asesinaban a los presos les empujaron a hacer algo que les cambiaría la vida: fugarse.

Aquella escapada de la cárcel de La Campana, en Granada, en junio de 1940 los convertiría en unos proscritos. Lo primero que hicieron los dos hermanos fue unirse a la partida de Juan Medina García, El Yatero, con el que estarían unos meses para después constituir ellos mismos su propia partida.

Pronto se caracterizarían por sus golpes espectaculares al régimen franquista, por sus enfrentamientos a tiros con la policía armada y la Guardia Civil y por su forma de escabullirse de las ratoneras más difíciles. A sus sorprendentes atracos y secuestros (llegaron a cometer dos simultáneamente en un mismo día) se unió la fama de que el dinero que obtenían era o bien para la Resistencia antifranquista o para familias que estuviesen pasando un estado de necesidad. Gracias a ellos lograrían tener una enorme red de apoyos e informadores.

Los hermanos Quero, que confiaban que el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída de Hitler supondría también la caída de Franco en España y el regreso de la República, se habían prometido que se suicidarían antes de ser detenidos por elementos del Régimen. Se sabían abocados a la muerte, pero eso no fue óbice para que cometiesen atracos que dejaban atónita a la población granadina del momento, como el secuestro, durante un par de horas, de Manuel Rodríguez-Acosta, de una de las familias más adineradas entonces, para conseguir 250.000 pesetas, una fortuna entonces, o la retención de otro miembro de la burguesía granadina para obtener otro tanto. Eso sí: siempre que cometían un atraco o un secreto lo hacían con una tremenda educación. Eran famosos por ir muy bien vestidos y ser exquisitos en el trato con la gente... Hasta que tenían que enfrentarse a tiros con los guardias.

Hoy parecería increíble. Pero fueron famosas las persecuciones por Granada con gran cantidad de intercambio de disparos entre los miembros de la partida y las fuerzas franquistas. Algo digno del más genuino Chicago de Al Capone.

"A partir de 1942", dice Jorge Marco, "es cuando la leyenda se comienza a acrecentar y ellos se creen su propia leyenda y se ven incluso obligados a dar golpes sorprendentes para mantener aquella leyenda". Eso le impulsaría a realizar secuestros a plena luz del día en la Gran Vía, por ejemplo.

La tragedia, sin embargo, no tardaría en llegar. Pepe Quero, de 29 años, murió en un almacén del Carril del Picón al tratar de secuestrar a su propietario para conseguir un rescate. El hijo del dueño, al descubrir la situación, disparó contra el miembro de la banda. Se organizó un tiroteo y su otro hermano, Francisco, se vio obligado a huir dejando atrás el cadáver.

En julio de 1945, Francisco y Pedro Quero se vieron acorralados por la Guardia Civil en el Sacromonte. Los dos resultaron heridos, Pedro con una pierna rota y Francisco, con un disparo en el ojo. Su huida fue antológica: Francisco, con los ojos ensangrentados, se echó a su hermano a hombros mientras Pedro disparaba contra los agentes.

Luego consiguieron separarse y Pedro se escondió en una antigua mina. Allí fue acorralado. Resistió matando. En el asedio, una cuñada suya pudo entrevistarse con él para convencerle de que se entregase. Él sólo le pidió un cigarrillo. Al terminar de fumárselo, le dijo a su cuñada que se fuera y se pegó un tiro. Y ni aun así, los agentes se atrevieron a asomarse a la boca de la mina.

El 30 de marzo de 1946 le tocaría el turno al propio Francisco. Sorprendido junto a Antonio Morales, El Palomica, en la Plaza de los Lobos, Francisco Quero inició una esperpéntica escapada a tiros por todo el centro de la ciudad, calle Duquesa, Plaza de la Trinidad, calle Mesones, Escudo del Carmen, San Matías... Eso sucedía a las cuatro de la tarde. En la calle Solares, herido, acorralado y disparando con dos pistolas, Francisco Quero cayó abatido frente a una multitud de policías. Su cadáver sería posteriormente pateado con saña hasta dejar su rostro irreconocible. En el tiroteo también murieron un pintor y un policía. Francisco tenía 24 años.

El final de la banda de los Quero llegaría el 24 de mayo de 1947. Dos días antes, Antonio Quero, Antonio Ibáñez y José Mérida, sufrieron una emboscada por parte de la policía en un piso del Camino de Ronda en el que se habían refugiado. Habían sido delatados por un confidente. Todo el bloque fue desalojado y comenzó un asedio que duraría dos días. En ese asedio se produjo un episodio que aún se recuerda en Granada: en un intento desesperado, Antonio Ibáñez cogió un colchón y saltó con él desde un segundo piso ante los disparos de la policía. Cayó malherido pero continuó disparando hasta morir una hora después. No existe una versión oficial de la muerte de Antonio Quero. Mientras la policía de la época señaló oficialmente que había sido abatido cuando intentó oponer resistencia a la entrada de las fuerzas (llegó a haber en la operación hasta un helicóptero del Ejército), Jorge Marco cree que la teoría más plausible fuera la del suicidio final, tal y como se habían prometido los cuatro hermanos.

"Ellos eran muy conscientes de que estaban luchando por una causa", señala el historiador. "No podían ser considerados ni bandidos ni gangsters ni cosas así. Eran unos idealistas a los que la situación social del país, con tantas injusticias y crueldades, había empujado a tomar aquella vida".

El libro ofrece, además, el estupendo sabor de conocer la Granada del momento, una Granada con restricciones en la energía eléctrica, con sólo cuatro horas de agua corrientes al día, una Granada de sombreros de ala ancha, atracos fascinantes. De fondo, la historia trágica de cuatro hermanos que murieron soñando.

sábado, 8 de mayo de 2010

Por la tercera república


Juan Manuel Aragüés

01/05/2010

El Periódico de Aragón

Atado y bien atado". Con esta frase se resume la previsión de futuro que el dictador Franco realizaba para el momento de su desaparición. A medida que pasan los años, y a tenor del desarrollo reciente de los acontecimientos, da la sensación de que en esa frase se encierra una pequeña historia de nuestra transición y de sus efectos. La transición española a la democracia ha sido presentada desde siempre como ejemplar y ha pretendido ser exportada a lo largo y ancho del planeta. No es de extrañar que ese discurso de ejemplaridad haya sido sostenido por las elites dominantes, tanto internas como externas, para quienes el interés radicaba en que las cosas no cambiaran en exceso. Y sabemos del efecto persuasor que la repetición atesora.

NO CABE duda de que la nuestra fue una transición tremendamente tutelada, no en vano todos los aparatos represivos del régimen --policía, ejército, judicatura--, se mantuvieron intactos y no dudaron en dar toques de atención cuando les pareció oportuno. El más evidente, el golpe de estado del 23-F, ante el que el principal tutelador internacional, Estados Unidos, se inhibió considerándolo un "asunto interno".

Las leyes de la naturaleza, en forma de envejecimiento, han ido depurando esos cuerpos, que poco tienen que ver con lo que fueron (aunque viendo las cargas de la Policía Nacional en Valencia bien podría ponerse en duda), pero no ha habido un verdadero proceso político de ruptura institucional con el pasado. Franco se nos murió en la cama y sus aparatos represivos se han instalado, llegado el momento, en una tranquila jubilación.

ESA CONTINUIDAD con el pasado ha exigido una estrategia de maquillaje para intentar disimular las reminiscencias presentes del pasado régimen. Su instrumento fundamental ha sido el olvido. La consigna más repetida es la de la necesidad de olvidar. Olvidar que quienes figuran exaltados en los muros de las Iglesias se alzaron contra un gobierno democrático, olvidar el sustento de una Iglesia que aún celebra, ahí está el Pilar para comprobarlo, la guerra civil como una cruzada de liberación, olvidar que algunos de los actores políticos contemporáneos, con Fraga a la cabeza, son cómplices de los atropellos de la dictadura. Olvidar. Olvidar que nuestro actual monarca juró lealtad, en presencia de Franco, a las Leyes Fundamentales del Movimiento.

Pero la memoria es condición básica del ser humano. Y la desmemoria política desemboca en alzheimer social, una de las más terribles enfermedades, cuyos efectos se observan estos días en el Tribunal Supremo, donde el fascismo redivivo pretende llevar a juicio a quien osa proponer una terapia contra la desmemoria. Hora es de la memoria. No de una memoria revanchista, a todas luces innecesaria en la sociedad española contemporánea, sino de una memoria lúcida que nos dirija hacia una sociedad alejada de las sombras del pasado, en la que no tengamos que, paseando por nuestra ciudades, recordar el nombre de quienes vencieron a la democracia, visitando nuestras iglesias, recordar que los demócratas fuimos derrotados ("bello civil, patria liberata", ¿hasta cuándo, arzobispo Ureña, nos va a seguir insultando a los zaragozanos?). O, mirando a la más alta instancia del Estado, recordar sus juramentos de lealtad, sus "balconadas" en la plaza de Oriente y su silencio ante los crímenes finales de la dictadura.

LEJOS de lo que los corifeos del Poder han insistido de manera machacona sobre las bondades de nuestra transición y el papel fundamental de la Corona, series de televisión incluidas, entendemos algunos que la Transición representa una claudicación ante el pasado y la Monarquía el nexo más firme que a él nos une. Por eso, a pocas fechas del catorce de abril, en el que en toda España se realizaron lecturas de la Constitución de 1931, recordamos la frase que en 1930 escribiera uno de los más insignes intelectuales de la España del siglo XX, José Ortega y Gasset: "Delenda est monarchia" ("Hay que acabar con la monarquía"). La memoria, los tiempos, la democracia, lo exigen.

* Profesor de la Universidad de Zaragoza y miembro del Movimiento por la Tercera República (MP3-Aragón).

jueves, 6 de mayo de 2010

Sigue quedándonos la palabra


Lola Ruiz Domenech

Paralelo 36

26/04/2010

Un clamor de justicia se extiende cada día con mayor fuerza por nuestro país. Desde Cataluña a Andalucía, de Madrid a Galicia, los ciudadanos y ciudadanas españoles han dejado de ser súbditos para erigirse en protagonistas y exigir justicia, verdad y reparación. También exigen derogar la ley de punto final que supuso la ley de Amnistía de 1.977 y avanzar en un camino sin retorno hacia un país más libre, más democrático, más fraternal.

Lo mismo que Argentina, Uruguay, Chile, países que han vivido dictaduras sangrientas, con miles de personas asesinadas y desaparecidas por sus ideas han sabido derogar leyes y restablecer el estado de derecho al buscarlas, al rendirles homenajes y al juzgar y condenar a quienes realizaron crímenes de lesa humanidad, nuestro país tiene que responder a ese clamor incesante que el viento de este abril de 2010 trae desde el rincón más recóndito del estado español.

Un juez juzgado por haber cumplido con su deber. Juzgado por los nostálgicos del franquismo, por los fascistas, herederos de los fascistas y asesinos que causaron tanto y tanto dolor en nuestro país. Un juez perseguido por haberse osado a leer, conocer y aplicar la Declaración de Derechos Humanos que reconoce el principio de justicia universal y que los delitos de lesa humanidad no prescriben.

El franquismo sometió a la población española a una dura represión que significó la persecución, desaparición, encarcelamiento de miles de personas por sus ideas. La impunidad no puede permanecer por más tiempo. Reconciliarse supone cerrar heridas y cerrar heridas supone que aquellas familias que quieren buscar, encontrar y enterrar a sus muertos puedan hacerlo sin que ningún fascista de antaño o de ahora venga a impedírselo.

Hechos como el que vivimos demuestran que la dictadura no finalizó. El dictador murió en su cama y con todos los honores. Los poderes quedaron prácticamente inalterables. Franco, enterrado en su mausoleo construido con las manos de los presos que no han visto anuladas sus penas, se frotará las manos al confirmar que lo dejó todo atado y bien atado con el lazo de la monarquía, los intereses económicos y los intereses políticos que prefirieron repartirse la tarta a restaurar una verdadera democracia en el estado español.

Ahora tenemos la oportunidad de rectificar. Para permitir que nuestros hijos, nuestras hijas y sus descendientes vivan en un país basado en esas hermosas palabras de libertad, igualdad, fraternidad y justicia.

Muchas mujeres y muchos hombres seguiremos luchando con la fuerza de nuestras convicciones para conseguirlo.

No nos callarán.

Nos queda la palabra.


* Lola Ruiz Domenech es concejala de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Granada desde 2003. Forma parte, por segundo año consecutivo, de la Junta Directiva de UCAR-Granada.

martes, 4 de mayo de 2010

La invisibilidad de las víctimas


Juan Diego Botto

El País

18/04/2010

Al bisabuelo español de mi hija

La primera persona que va a ser juzgada por los crímenes del franquismo es precisamente la única que ha pretendido investigarlos. Esta paradoja cuestiona la naturaleza de nuestro Estado de derecho y nuestra democracia. La transición nació fruto del siguiente pacto: Estado de derecho sí, pero vamos a hacer un aparte con este genocidio y estos crímenes de lesa humanidad para que sea posible avanzar. Y así se desarrolla nuestra democracia, manteniendo en los aparatos del Estado a quienes habían administrado la dictadura.

Mi generación (nacidos en 1975) siempre pensó que era cuestión de tiempo, que cuando la democracia estuviera asentada llegaría el momento de las víctimas. Lo que ha ocurrido es precisamente lo contrario. Este auto del juez Luciano Varela es el equivalente a la peor de las leyes de punto final. Peor, porque en este país ya nadie pedía sentar en el banquillo a los responsables. Lo único que se pedía era dar amparo a víctimas y familiares.

Preguntémonos con qué autoridad moral se asienta un Estado de derecho que investiga a quien comete un asesinato pero no a quienes cometen 100.000; que investiga la desaparición de una niña pero no la de decenas de miles de personas; que persigue a quien roba un coche pero no a quien organiza un entramado para robar niños. Sobre esa estructura es improbable que alguien llegue a confiar en sus instituciones. La mejor manera de garantizar que ningún grupo ose alzarse de nuevo contra la democracia es demostrar que la justicia será con ellos implacable. Pero a quienes lucharon por la República se les ha premiado con una fosa común con vistas al olvido.

Según las encuestas, la mayoría de los españoles prefiere la democracia a la dictadura franquista, a la que la mayoría considera sangrienta. Ello presupone que cualquier gobierno en estos años de democracia estaba legitimado para enfrentar una tarea que, sin embargo, ninguno acometió.

Se trataba, simplemente, de catalogar esos delitos como lo que son y, más importante aún, ofrecer reparación a las víctimas. Si desde el Estado se cometieron los crímenes -y se hizo además desde las fuerzas del Estado y en nombre del Estado- es éste, sin duda, el que debe asumir buscar, desenterrar y averiguar cómo fueron eliminados sus ciudadanos. La visibilidad de casi 1.000 víctimas del terrorismo etarra es uno de los grandes aciertos de la democracia española; sin embargo, la lacerante invisibilidad de los al menos 113.000 desaparecidos y miles de torturados, encarcelados y exiliados es una de sus más imperdonables deudas.

En cuanto a la Historia, se recurre a menudo al argumento de la equidistancia: "Por ambos bandos se cometieron atrocidades". Sí, muy probablemente el bando republicano cometiera crímenes de guerra. Todos deberían ser investigados. Ahora bien, eso no puede nunca oscurecer el hecho históricamente nítido de que la contienda tuvo un responsable, un bando que se sublevó contra la democracia y que ello derivó en una guerra. Más aún, no se puede negar que hubo durante la guerra y también en los años posteriores a ella un plan sistemático para acabar con un grupo político o ideológico.

Ampararse en que ambos bandos cometieron atrocidades para igualar a los contendientes sería tanto como afirmar que no se puede juzgar a los nazis porque los aliados también cometieron crímenes. Sin lugar a dudas las cometieron. Es difícil pensar que los bombardeos sobre Dresde no fueran un crimen de guerra. Eso, sin embargo, no ampara ni una sola de las atrocidades cometidas por los nazis.

Para sostener que hubo prevaricación, el juez Varela señala que la Ley de Amnistía impide juzgar los crímenes del franquismo. Pues bien, aclaremos que la propia Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas pide la nulidad de dicha ley, porque los delitos de lesa humanidad y genocidio no pueden estar sujetos a leyes de amnistía. Son delitos considerados tan graves que no se permite a los políticos el derecho de amnistiarse ni arrebatar a las víctimas el derecho a obtener justicia. Por otra parte, esa interpretación que coloca la Ley de Amnistía por encima del amparo a las víctimas es contradictoria con los artículos 10.2 y 96.1 de la Constitución, en vinculación con varios tratados y convenciones internacionales suscritos por España.

Varela indica, además, que los delitos han prescrito, pero eso solo sería posible si se observa cada caso individualmente, es decir, si se niega la existencia de crímenes masivos y por ende, la intencionalidad del franquismo de cometerlos, dado que los crímenes de genocidio y lesa humanidad no prescriben.

Varela señala también que Garzón ha incumplido la Ley de la Memoria Histórica al usurpar tareas que corresponden a la administración, lo cual es falso, porque dicha ley señala en su disposición adicional segunda que las previsiones contenidas en la misma son compatibles con el ejercicio de las acciones establecidas en las leyes o tratados y convenios internacionales suscritos por España.

Cuando la justicia da cobertura a una dictadura a costa de negar auxilio a sus víctimas, cuando se actúa de espaldas a la voluntad de la mayoría, ¿qué Estado de derecho es éste? ¿Qué democracia es ésta?

* Juan Diego Botto, hijo de desaparecido de la dictadura argentina, es actor.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/invisibilidad/victimas/elpepuopi/20100418elpepiopi_4/Tes

domingo, 2 de mayo de 2010

El comienzo de la unidad de acción por la III República


Antonio Olvera Calderón

21/04/2010

La Asamblea celebrada el pasado día 17 de Abril en el teatro Fígaro de Madrid supuso una valiosa puesta en común de diversas ideas y valoraciones en torno a la iniciativa por la unidad de acción aportada por la Plataforma “Cultura, Progreso y República”, organizadora del evento.

Desde que empecé a finales de 2005 a participar en la idea de “unidad de acción por la República” a través de la organización de distintos eventos, mi objetivo siempre ha sido sentar alrededor de una misma mesa a distintos colectivos que defienden la construcción de la III República para que pudieran dialogar y ponerse de acuerdo en un mismo programa de actividades. Y, sobre todo, llevar el tema de la República allí donde, por las circunstancias y características de su población, fuese más complejo (y por lo tanto más necesario) llevar el debate sobre la ilegitimidad de origen de la monarquía, y el compendio de desigualdades y ataques al sentido común que trae consigo.

Pensaba que en la Asamblea de Madrid se iban a repetir los mismos patrones por los que se ha ido moviendo los encuentros republicanos de este tipo a los que he asistido y participado. Está, por ejemplo, ese punto del orden del día no escrito dedicado a darle vueltas al inadecuado papel del PCE en la transición, o a IU para acusarle de “cómplice del sistema monárquico”. Pero la escena que más veces he tenido que recrear es aquella en la que el miembro de un colectivo o partido político me agarra del brazo para decirme al oído, en tono de alarma, que no me fiara de tal o cual representante de tal partido, o de dicha actividad republicana porque la organiza tal o cual persona. El último episodio de esta escena la viví días antes de la Asamblea celebrada en el Teatro Fígaro, cuando un amigo militante del PSOE (que no asistió) trató de prevenirme de la inutilidad de dicho encuentro debido a un desencuentro personal con uno de los organizadores. En estos casos siempre he tenido el acierto de no hacer caso a este tipo de advertencias y/o recomendaciones.

En las jornadas que presenté en el 2008 en Granada, no hubo colectivo que no mostrara desconfianza ante un programa de actividades que incluía a colectivos y partidos republicanos de izquierdas de toda índole. Y en La Isla sucedió al parecido en el 2007. Aún así, las jornadas en La Isla y en Granada tuvieron continuidad y, quiero creer, las personas que forman parte de esos colectivos han aprendido que poner palos a las ruedas de quienes van en el mismo camino no conduce más que a retrasar la llegada de la III República. No nos equivoquemos de adversarios con excusas que se circunscriban al ámbito personal o partidista. La III República es un proyecto común.

El proyecto debatido en la Asamblea, presentada por la Plataforma “Cultura, Progreso y República”, es un proyecto factible, que no ha caído en vicios pasados, y que como primera consecuencia tiene la posibilidad de trabajar en la unidad de acción que tan difícil nos hemos puesto en los últimos años. Incluso Unidad Cívica por La República y Ciudadanos por La República han conseguido presentar por primer vez un manifiesto conjunto, porque saben que la discrepancia debe tener unos espacios concretos para que se transformen en acuerdos. Acuerdos que, por muy mínimos que sean, nos permitan seguir acercando el fin de la monarquía en el Estado español y preparar el terreno para un proceso constituyente.

La unidad de acción del movimiento republicano representa unas tierras difíciles que hemos comenzado a labrar para ver crecer una República. Un trabajo que también implica el intercambio de experiencias y propuestas con los antimonárquicos de los demás países que aún padecen el yugo de la institución que más pisotea los más básicos derechos humanos.

¡A por la Tercera República!


* Antonio Olvera Calderón "Paterr" (La Isla, 1977), politólogo, fue uno de los fundadores en 2005 de la Unión de Republicanos de La Isla (actualmente denominado Ateneo Republicano de La Isla), y precursor de la "Semana Republicana" en San Fernando y en Granada, así como de la Coordinadora Republicana de esta última localidad en el año 2008. Recientemente, fue elegido Secretario Político del Comité Local del Partido Comunista de Andalucía en San Fernando.