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sábado, 15 de septiembre de 2012

Llegó el momento


Julio Anguita González


Septiembre de 2012

Todos tenemos asumido que con Septiembre comienza una fase en la situación económica, social, política e ideológica en la que no caben dilaciones, análisis de coyuntura o flirteos institucionales. Todo lo ocurrido, hasta ahora, no es otra cosa que un largo período de acumulación de fuerzas, acciones y proyectos para abordar esta recta final que tiene su inicio formal con la petición de rescate que el Reino de España haga a la UE. Durante ese período de tiempo que tiene su inicio en Maastricht las políticas neoliberales, de mano de una y otra columna del bipartidismo, se han ido imponiendo y arrasando las defensas ideológicas de la izquierda, sus valores, sus organizaciones. Y con ello han minado el arraigo que antaño tuvieron entre sus naturales defensores. El que de los restos del naufragio queden islotes, presencia combativa e indómitas voluntades organizadas en precario, no resta un ápice a la realidad que estoy describiendo.

Septiembre nos va a resumir, vía recortes y pérdida total de la llamada soberanía nacional un cuadro que de manera muy resumida voy a desarrollar en una serie de ítems:

1. Una deuda absolutamente impagable.

2. Un país, sus hombres y mujeres, sin horizonte alguno y sin plazo de futuro.

3. Un país que se diluye en la medida en que sus jóvenes (la España del futuro) carecen de alternativa alguna. La emigración sólo es viable para algunos titulados; para el resto sólo quedan la familia y las esporádicas peonadas de un trabajo jornalero aquí y allá.

4. La estúpida (por irreal y alucinógena) imagen de la Europa cristalizada en la UE, ha dejado de ser ya un referente para nada serio y avanzado en derechos humanos, laborales y convergencia social.

5. El pacto de concupiscencias, la transacción que fue la Transición, ha mostrado su auténtica matriz: una operación de afeite y acicalamiento para que el franquismo económico y social se bañase en el Jordan democrático y permaneciese indemne.

6. El llamado Estado de Derecho es una ficción en la que los tres Poderes del Estado rivalizan en desafueros, mal ejemplo y pérdida de credibilidad.

7. Como consecuencia de lo anterior España está asentada en la permanente inseguridad jurídica.

8. Una economía que tras el espejismo del ladrillo se muestra carente de tejido productivo moderno, sin proyecto ni plan de futuro y sobre todo, sin ganas de tenerlo.

9. Un sistema bancario que en connivencia con otras fracciones de la oligarquía, se ha dedicado a esquilmar a su propio país. Los escasos exponentes de capacidad creadora y mantenedora de puestos de trabajo sienten ya la llamada a su fin. 

10. Un sistema político que, con las excepciones de rigor, no da para más. Desde el vértice del mismo hasta la más amplia base no es otra cosa que una alianza de intereses espurios, concomitancias con medios de comunicación convenientemente abducidos y conmilitones en el festín.

Todo ello en una serie de exhibiciones de chulapos y chulapas de la política y el casticismo más cutre en la que lo anecdótico, lo fugaz, lo anecdótico, suplantan la seriedad, el rigor y el sentido de la ponderación. No hay más que seguir durante una semana los informativos nacionales o de comunidad autónoma para ver que no exagero en absoluto.

El problema que tenemos ante nosotros, mujeres y hombres de la izquierda, trasciende los márgenes partidarios, los límites conceptuales clásicos y nos demanda una nueva manera de abordarlos, un nuevo discurso, una nueva terminología, unos nuevos esquemas organizativos. La organización llamada Partido no puede ser un conglomerado de afinidades y de fórmulas lingüisticas heredadas de una tradición más reciente. Precisamente en la tradición más clásica, encontramos la concepción de Partido como Teoría y Práctica organizadas para ser sembradas en la sociedad. La apelación al ciudadano elector ya no vale si no va acompañada de la constancia en la presencia diaria.

El problema que tenemos ante nosotros no es otro que conseguir que la mayoría de dominados y perjudicados deje de ser mayoría en sí y se convierta en mayoría para sí, tal y como Marx dijera de la clase obrera. Porque solamente esa mayoría convertida en poder alternativo puede acabar con este estado de cosas**. Nosotros hemos rozado esa nueva visión y esa nueva práctica, pero nos dio miedo, vértigo. Volvamos otra vez a ello arrostrando las consecuencias de todo tipo que ello conlleve. La realidad nos lo demanda.

http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=2064&sec=3&aut=1

* Instantánea de Julio Anguita en la cordobesa plaza de la Corredera.

** Mañana mismo, domingo 16 de septiembre, se va a celebrar en Granada la Asamblea Constituyente del Frente Cívico "Somos Mayoría" en nuestra provincia. La cita será a las 6 de la tarde en la sede de la asociación de vecinos del Zaidín-Vergeles, sita en el Centro Cívico del populoso barrio granadino (calle Pintor Manuel Maldonado, s/n).

jueves, 13 de septiembre de 2012

15-S: ¡Vamos todos a Madrid, a defender nuestro futuro!


Declaración del Segundo Encuentro de la Cumbre Social

10/09/2012

El pasado 25 de julio más de 150 organizaciones de la sociedad civil*, que agrupan a más de 900 asociaciones y entidades, nos reunimos en lo que denominamos Cumbre Social para reflexionar sobre la situación por la que está atravesando nuestro país, la naturaleza y las consecuencias económicas y sociales de las políticas que se están llevando a cabo por el Gobierno de la nación en connivencia con la Unión Europea, y para mancomunar la respuesta social con el objetivo de promover un cambio sustancial de las mismas.

Vimos entonces cómo las políticas que se están implementando desde mayo de 2010 y que se han intensificado desde la llegada del PP al Gobierno están suponiendo una fractura social sin precedentes: Se sigue destruyendo empleo; se siguen deteriorando los derechos laborales y sociales; se intensifica la devaluación de nuestro Estado de Bienestar; se promueve una involución ideológica de carácter neoconservador y confesional negando a las mujeres el derecho a decidir sobre su salud sexual y reproductiva, profundizando la división sexual del trabajo, reduciendo los recursos contra la violencia sexual, criminalizando a la población inmigrante,... y aparecen síntomas preocupantes de autoritarismo político que amenazan la calidad de nuestro sistema democrático. No existe ningún colectivo, ni ámbito de la actividad social y cultural, que se libre de las consecuencias de estas políticas salvo los poderes económicos y las élites que los representan. Todo ello, sin que en estos dos años largos de políticas neoliberales a ultranza aparezca el más mínimo indicio de superación de la crisis, antes al contrario, se profundiza la recesión económica.

El mundo del trabajo, los empleados y empleadas públicos, los desempleados y los pensionistas, los autónomos, el pequeño comercio; el mundo de la cultura y la ciencia; la justicia; el medio rural; los medios de comunicación y los periodistas, los inmigrantes, los jóvenes; la sanidad, la educación, la dependencia y los servicios sociales; el medio ambiente y las posibilidades de un modelo económico sostenible, los derechos de los consumidores, la actividad de las organizaciones que trabajan con los más empobrecidos y que practican la cooperación al desarrollo, ... TODO y TODOS y TODAS estamos sufriendo las consecuencias de unas políticas que nos llevan a un cambio de modelo social y nos arrastran hacia una sociedad más injusta, menos igualitaria y más autoritaria, rompiendo los consensos básicos establecidos en la transición democrática.

Desde la pasada reunión de la Cumbre Social hemos seguido sufriendo centenares de incendios repartidos por toda nuestra geografía que podrían haberse evitado o, al menos, haber sido menos devastadores si no se hubiesen recortado los recursos dedicados a ello ni destruido la ganadería extensiva como elemento de limpieza de los montes; se ha prolongado la ayuda a los parados que no perciben ninguna prestación pero reduciendo muy significativamente el número de beneficiarios de la misma, cebándose muy especialmente en los jóvenes; se ha intensificado la persecución de aquellas organizaciones no sumisas a las directrices del poder como ha sucedido con las amenazas contra FACUA, ha continuado el cerco del Gobierno central hacia las corporaciones locales, particularmente las menores, y hacia las CCAA y ha aumentado exponencialmente el riesgo de rescate de la economía española.

Las organizaciones reunidas en esta segunda Cumbre Social ratificamos el compromiso adquirido en la anterior de conseguir el próximo 15 de septiembre una gran concentración en Madrid, que exprese el profundo rechazo que nos merecen estas políticas; que plantee con nitidez que existen alternativas a las políticas europeas y nacionales, empezando por una política fiscal más justa y progresiva y una decidida lucha contra el fraude fiscal sin amnistía para los defraudadores. El 15 de septiembre, también, debe cuestionar la legitimidad del Gobierno para llevar a cabo unas medidas que no formaron parte de su programa electoral.

Ninguna de las medidas que, desde enero, se vienen aplicando se sometió a la consideración de la ciudadanía en las pasadas elecciones del 20 de noviembre. Cada una de ellas de manera aislada ya supone un ejercicio de ocultación suficientemente grave, pero todas juntas, como programa de acción gubernamental, supone un auténtico fraude democrático y una violación de los derechos humanos y de la ética de la política.

El mal llamado rescate (ni blando ni suave) que negocia el Gobierno ni es inevitable ni deseable con los antecedentes conocidos (Grecia, Irlanda, Portugal) y, de llevarse a cabo, supondrá nuevas condiciones y por tanto nuevos recortes, que amenazan con desbaratar lo poco que se mantiene en pie, prestaciones por desempleo, pensiones,... Ésa es una decisión de tal trascendencia que no puede tomarla el Gobierno por sí sólo. Si antes teníamos suficientes motivos para exigir un Referéndum, ahora más.

La Constitución Española contempla en su artículo 92.1 la posibilidad de que ante decisiones de especial relevancia se recurra a la consulta popular, eso es lo que da sentido y fortalece nuestra democracia, lo que en momentos tan críticos es justo que demandemos. En todo caso la ciudadanía debe tener la posibilidad de expresarse. Ése también es nuestro compromiso. 


* ACSUR-Las Segovias • ACULCO • AMTAS-UPTA • APIAERPA, Asociación para la Integración y el Asesoramiento de Emigrantes Retornados al Principado • ARI-Perú • Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP) • Asociación Directores y Gerentes de Centros de Servicios Sociales • Asociación de Futbolistas de España (AFE) • Asociación de Graduados en Ingeniería Civil • Asociación Jueces para la Democracia • Asociación de Jugadores de Fútbol Sala (AJFS) • Asociación de Mujeres “Nosotras Mismas”, de Chamberí • Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) • Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) • Asociación de Planificación Familiar de Madrid • ATTAC • Asociación Paz Ahora • CEPES • CCOO, Comisiones Obreras • Código por el Derecho Social • CONADEE C.N. Ecuatorianos • Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA) • Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV) • Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE) • Confederación General de las Pequeñas y Medianas Empresas del Estado Español (COPYME) • Confederación Intersindical (CI) • Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) • Confederación Sindical Independiente y de Funcionarios (CSI-CSIF) • CONFESAL • CJE, Consejo de la Juventud de España • Consejo General de Trabajo Social • Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos • Coordinadora de ONG’s de Desarrollo (CONGDE) • Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) • Coordinadora Española Para el Lobby Europeo de Mujeres (CELEM) • Coordinadora Feminista • Consejo General de la Psicología • Ecologistas en Acción • Economistas Frente a la Crisis • Enclave Feminista • Estudiantes en Movimiento • Federación de Asociaciones de Subinspectores de Empleo y Seguridad Social • FACUA, Consumidores en Acción • Federación de Artistas del Estado Español • Federación de Asociaciones de Estudiantes Progresistas • Federación de Asociaciones de Inspección Servicios Sanitarios (FAISS) • Federación de Asociaciones de Mujeres de la Economía Social (ESFERA) • Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FASDP) • FELGTB, Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de España • Federación de Jóvenes Investigadores • Federación de Mujeres Progresistas • Federación de Mujeres Rurales (FADEMUR) • Federación de Mujeres Separadas y Divorciadas • FSM, Foro Social de Madrid • Fórum de Política Feminista • Federación de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAAVVM) • GESTHA, Sindicato de Técnicos de Hacienda • Ingeniería sin Fronteras • Instituto Sindical de Cooperación al Desarrollo (ISCOD) • Mesas Ciudadanas de Convergencia y Acción • Liga Española de la Educación y la Cultura Popular • MPDL • Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa • Plataforma Social en Defensa del Estado de Bienestar Social y de los Servicios Públicos (que agrupa a unas 60 organizaciones) • Plataforma 2015 y más • Psicólogos sin Fronteras • Plataforma en Defensa de la Ley de Dependencia, Distritos de Madrid • Plataforma de Afectados por la Ley de Dependencia • Secretaría de Comités Óscar Romero del Estado Español • Sindicato de Arquitectos • Sindicato Español de Maquinistas y Ayudantes Ferroviarios (SEMAF) • Sindicato de Estudiantes • Sindicato Independiente de Enseñanza (ANPE) • Sindicato de Periodistas • Sindicato de Secretarios Judiciales • Sindicato de Técnicos de Enfermería (USAE) • Sindicato de Trabajadores de la Administración de Justicia (STAJ) • Sindicato Unificado de la Policía (SUP) • Socialismo 21 • Sociólogos sin Fronteras • UGT, Unión General de Trabajadores • Unión de Actores • Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE) • Unión Federal de Policía (UFP) • Unión de Guardias Civiles (UGC) • Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) • Unión Progresista de Fiscales • Unión Sindical Obrera (USO) • Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA).

martes, 11 de septiembre de 2012

Otoño caliente


Ignacio Ramonet


Septiembre de 2012

Como si las vacaciones de verano fuesen un manto de olvido que disipase la brutalidad de la crisis, los medios de comunicación han tratado de distraernos con dosis masivas de embrutecimiento colectivo: Eurocopa de fútbol, Juegos Olímpicos, aventuras estivales de ‘famosos’, etc. Desean hacernos olvidar que una nueva andanada de recortes se avecina y que el segundo rescate de España será socialmente más lastimoso… Pero no lo han conseguido. Entre otras razones, porque los audaces aldabonazos de Juan Manuel Sánchez Gordillo y el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) han roto el conjuro y mantenido la alerta social. El otoño será caliente.

En una conversación pública mantenida en agosto pasado (1) con el filósofo Zygmunt Bauman coincidíamos en la necesidad de romper con el pesimismo imperante en nuestra sociedad desengañada del modo tradicional de hacer política. Debemos dejar de ser sujetos individuales y aislados, y convertirnos en agentes del cambio, en activistas sociales interconectados. “Tenemos el deber de tomar el control de nuestras propias vidas –afirmó Bauman–. Vivimos un momento de grave incertidumbre donde el ciudadano no sabe realmente quién está al mando, y esto hace que perdamos la confianza en los políticos y en las instituciones tradicionales. El efecto en la población es una situación constante de miedo, de Los políticos sugestionan a los ciudadanos para que siempre tengan inseguridad… miedo, y así poder controlarlos, constreñir sus derechos y limitar las libertades individuales. Estamos en un momento muy peligroso, porque las consecuencias de todo esto afectan nuestra vida diaria: nos repiten que debemos tener seguridad en el trabajo, mantenerlo a pesar de las duras condiciones de empleo y de precariedad, porque así obtendremos dinero para poder gastar... El miedo es una forma de control social muy poderosa”.

Si el ciudadano ya no sabe quién está al mando es porque se ha producido una bifurcación entre poder y política. Hasta hace poco, política y poder se confundían. En una democracia, el candidato (o la candidata) que, por la vía política, conquistaba electoralmente el poder Ejecutivo, era el único que podía ejercerlo (o delegarlo) con toda legitimidad. Hoy, en la Europa neoliberal, ya no es así. El éxito electoral de un Presidente no le garantiza el ejercicio del poder real. Porque, por encima del mandatario político, se hallan (además de Berlín y Angela Merkel) dos supremos poderes no electos que aquél no controla y que le dictan su conducta: la tecnocracia europea y los mercados financieros.

Estas dos instancias imponen su agenda. Los eurócratas exigen obediencia ciega a los tratados y mecanismos europeos que son, genéticamente, neoliberales. Por su parte, los mercados sancionan cualquier indisciplina que se desvíe de la ortodoxia ultraliberal. De tal modo que, prisionero del cauce de esas dos rígidas riberas, el río de la política avanza obligatoriamente en dirección única sin apenas margen de maniobra. O sea: sin poder.

“Las instituciones políticas tradicionales son cada vez menos creíbles –dijo Zygmunt Bauman– porque no ayudan a solucionar los problemas en los que los ciudadanos se han visto envueltos de repente. Se ha producido un colapso entre las democracias (lo que la gente ha votado), y los dictados impuestos por los mercados, que engullen los derechos sociales de las personas, sus derechos fundamentales”.

Estamos asistiendo a la gran batalla del Mercado contra el Estado. Hemos llegado a un punto en que el Mercado, en su ambición totalitaria, quiere controlarlo todo: la economía, la política, la cultura, la sociedad, los individuos… Y ahora, asociado a los medios de comunicación de masas que funcionan como su aparato ideológico, el Mercado desea también desmantelar el edificio de los avances sociales, eso que llamamos: “Estado de bienestar”. 

Está en juego algo fundamental: la igualdad de oportunidades. Por ejemplo, se está privatizando (o sea: transfiriendo al mercado) de forma silenciosa la educación. Con los recortes, se va a crear una educación pública de bajo nivel en el que las condiciones de trabajo estructuralmente van a ser difíciles, tanto para los profesores como para los alumnos. La enseñanza pública va a ­tener cada vez más dificultades para favorecer la emegencia de jóvenes de origen humilde. En cambio, para las familias acomodadas, la enseñanza privada va a conocer seguramente un auge mayor. Se van a crear de nuevo unas categorías sociales privilegiadas que accederán a los puestos de mando del país. Y otras, de segunda categoría, que sólo tendrán acceso a los puestos de obediencia. Es intolerable.

En ese sentido, la crisis probablemente actúa como el shock, del que habla la socióloga Naomi Klein en su libro La Doctrina del shock (2): se utiliza el desastre económico para permitir que la agenda del neoliberalismo se realice. Se han creado mecanismos para tener vigiladas y bajo control a las democracias nacionales, para poder aplicar (como está pasando en España y pasó antes en Irlanda, Portugal o Grecia) feroces programas de ajuste vigilados por una ­nueva autoridad: la troika que ­forman el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo; unas instituciones no democráticas cuyos miembros no son elegidos por el pueblo. Instituciones que no representan a los ciudadanos. 

Y sin embargo, esas instituciones –con el apoyo de unos medios de comunicación de masas que obedecen a los intereses de grupos de presión económicos, financieros e industriales– son las encargadas de crear las herramientas de control que reducen la democracia a un teatro de sombras y de apariencias. Con la complicidad complaciente de los grandes partidos de gobierno. ¿Qué diferencia hay entre la ­política de recortes de Rodríguez Zapatero y la de Mariano Rajoy? Muy poca. Ambos se han ­inclinado servilmente ante los especuladores financieros y han obedecido ciegamente a las consignas eurocráticas. Ambos han liquidado la soberanía nacional. Ninguno de los dos tomó decisión política alguna para ponerle freno a la irracionalidad de los mercados. Ambos consideraron que, ante los dictados de Berlín y el ataque de los especuladores, la única solución consiste –a semblanza de un rito antiguo y cruel– en sacrificar a la población como si el tormento inflingido a las sociedades pudiera calmar la codicia de los mercados.

En semejante contexto, ¿tienen los ciudadanos la posibilidad de reconstruir la política y de regenerar la democracia? Sin duda. La protesta social no cesa de amplificarse. Y los movimientos sociales reivindicativos se van a multiplicar. Por ahora, la sociedad española aún cree que esta crisis es un accidente y que las cosas volverán pronto a ser como eran. Es un espejismo. Cuando tome conciencia de que eso no ocurrirá y de que estos ajustes no son “de crisis” sino que son estructurales, que ­vienen para quedarse definitivamente, entonces la protesta social alcanzará probablemente un nivel importante. 

¿Qué exigirán los protestatarios? Nuestro amigo Zygmunt Bauman lo tiene claro: “Debemos construir un nuevo sistema político que permita un nuevo modelo de vida y una nueva y verdadera democracia del pueblo”. ¿A qué esperamos?

(1) En el marco del Foro Social organizado en el seno del Festival Rototom Sunsplash en Benicàssim (Castellón) del 16 al 23 de agosto de 2012. www.rototomsunsplash.com/es

(2) Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, Paidós, Barcelona, 2007.


domingo, 9 de septiembre de 2012

Politofobia


Editorial


07/09/2012

Cuando el capitalismo entra en su fase de crisis terminal, surge el fascismo para convencer a la población de que la culpa de todo no la tienen los verdaderos culpables sino los inmigrantes, los políticos, los sindicalistas, los judíos, los intelectuales, los musulmanes, los obreros, los homosexuales, los negros o todo aquel que no sea gran empresario o banquero.

Lo pudimos comprobar con la crisis de 1929.

Así pues, una de las características fundamentales del fascismo es la que podríamos denominar como “politofobia”, es decir, odio visceral hacia los políticos que ejercen tareas de representación democrática.

El caldo de cultivo idóneo para que la politofobia pueda propagarse es una sociedad políticamente inculta y permanentemente dispuesta a responsabilizar de todos los males al capataz y no al dueño de la finca.

Quizá como causa, quizá como consecuencia de esta estrategia, los políticos son ya el tercer problema para los españoles. Y subidos a este carro, algunos políticos (de esos que cuando culminan su labor institucional son fichados como consejeros por grandes empresas para que “aconsejen”) han comenzado a lanzar demagógicos discursos contra los políticos.

El punto máximo del aroma fascistoide lo alcanzó ayer la presidenta de Castilla–La Mancha, Dolores de Cospedal, cuando propuso suprimir las remuneraciones de los diputados autonómicos en su territorio, para que éstos se dediquen por completo a sus respectivas actividades profesionales, y destinen sólo algunos de sus ratos libres a las labores institucionales.

Tras el desplazamiento de los políticos castellano–manchegos hacia esta especie de voluntariado institucional surge una pregunta: ¿quién se encargará de la cosa pública cuando los políticos no se vean remunerados por su dedicación exclusiva? La respuesta del poder económico está clara: el Dinero gestionará lo que quede del Estado, por lo que, cuantos menos testigos haya, mejor.

En la España del siglo XIX, los caciques eran quienes componían los ayuntamientos, los parlamentos y las diputaciones, mientras se dedicaban a sus respectivos negocios ¿Es este el modelo que pretende implantar Cospedal? ¿Su propuesta de reducir el número de parlamentarios en Castilla–La Mancha tiene alguna otra finalidad, aparte de reforzar el bipartidismo decimonónico?

Evidentemente, es preciso racionalizar el gasto público y acabar con el mamoneo que se ha producido en muchas instituciones de nuestro país, pero eso no quiere decir que “los políticos” sean los culpables de la actual situación económica. De hecho, sólo a una pequeña parte de ellos que ha ejercido grandes tareas de gobierno, cabría imputarle una parte de la responsabilidad por el fracaso al que nos ha conducido la fallida ideología neoliberal.

Además, el volumen de gasto público destinado a pagar las retribuciones, los coches oficiales o los escoltas de los representantes institucionales del pueblo soberano es infinitamente menor que el que se ha dedicado y se va a dedicar a pagar los platos que rompieron un puñado de constructores, promotores y banqueros durante la época dorada del ladrillo.


viernes, 7 de septiembre de 2012

¿Está dejando de ser intocable la Monarquía?


Luis Arias Argüelles-Meres   

La Nueva España

04/09/2012

Sobre el manotazo regio

Proclamamos una vez más la majestad de nuestra República, la inquebrantable voluntad de nuestro civismo y la permanencia de las glorias españolas cifradas en sus instituciones libremente dadas por la nación. (Azaña)

Llegará el día en que se hablará con asombro de un tiempo y un país en el que gran parte de la prensa libre y la izquierda de siglas adoptaron una actitud cortesana difícilmente comprensible en lo que se supone que es un Estado democrático. Llegará el día en que muchos se pregunten por qué se aceptó con tanta sumisión que el sucesor de Franco en la Jefatura del Estado se mantuviera en ella durante décadas sin el refuerzo no ya de un plebiscito, sino ni tan siquiera de un debate libre, sin que la forma de Gobierno fuese un asunto tabú. Llegará el día en que no resulte fácil entender por qué una supuesta democracia no reivindicó la memoria de quienes tuvieron que abandonar su país por razones políticas. Llegará el día -y creo que no está muy lejano- en el que la transición no sea un mito, y se perciba con nitidez y sin prejuicios que lo que se hizo tras la muerte de Franco fue una especie de repetición -mutatis mutandis- de la Restauración canovista, con su bipartidismo y caciquismo en lo político. Y que la izquierda de siglas aceptó ese juego. Llegará el día en el que resulte muy difícil explicar que los grandes partidos no se pronunciasen sobre determinados lances. Pongamos como ejemplo el reciente episodio que tuvo como protagonistas al Monarca y a su chófer, lance que viene produciendo hilaridad, pero que deja perplejos a quienes se preguntan qué es lo que está pasando en este país.

Imagine el lector por un momento que hubiese documentos gráficos que plasmasen que Rajoy o Rubalcaba se comportasen de esa guisa con su chófer. La catarata de declaraciones sería arrolladora, y los calificativos, inequívocos. Y, sin embargo, la España oficial, incluidos grandes partidos y sindicatos, no se pronuncia al respecto. Y, aun así, lo cierto es que hay constancia de lo sucedido en una ciudadanía, atónita y crispada, que ve que, en la España oficial, todo el mundo pierde, como poco, los nervios.

Más allá de los chascarrillos y del humor facilón, alguien debería preguntarse si es de recibo que se trate de ese modo a un ciudadano en el ejercicio de su trabajo. Y alguien debería preguntarse también la relación que aconteceres así pueden guardar con un desprestigio que, por méritos propios, va en aumento, tal y como lo atestiguaba una encuesta que publicó recientemente un diario nacional, muy monárquico, por cierto, cuyos resultados daban cuenta del aumento creciente de ciudadanos que, llegado el caso, se pronunciarían por la República. Y el referido aumento es muy grande en los últimos quince años, el período que, al decir de Ortega, marca el tiempo de mando de una generación.

Y, por otro lado, cabe pensar que los grandes partidos empiezan a ser conscientes de que la opción republicana podría ir mucho más allá de un cambio en la Jefatura del Estado, es decir, que implicaría, como ocurrió en su momento, una regeneración política de arriba abajo y de abajo arriba, que no les dejaría mucho margen a los dos partidos turnantes de esta segunda Restauración borbónica.

La desafección y el desapego ciudadanos abarcan hoy, como hace cien años, a lo que Ortega llamaría en 1914 «la España oficial», una España oficial con políticos cada vez más mediocres y con una Monarquía que no pasa precisamente por su mejor momento.

En un país como éste, donde los dos grandes partidos vienen demostrando de continuo que son parte importante del problema pero que están muy lejos de ser la solución, la Monarquía no es ajena a escandaleras mediáticas y al desprestigio. Y, se quiera o no, ya ha dejado de ser intocable.

Lo que queda es un largo camino para el debate. Y para la regeneración, que nunca saldrá de la podredumbre de un bipartidismo que tanto contribuyó a arruinar el país, tanto por sus corruptelas y abusivos privilegios como también por su ineficiencia y creciente mediocridad.

La pregunta retórica más importante del momento es si cabe creer que la Monarquía puede seguir intacta en tanto sus escuderos más fieles, esto es, los dos grandes partidos con sus respectivas impedimentas mediáticas, viven merecidamente las horas más bajas desde la transición a esta parte. Añádase a ello que hay comportamientos y lances que, por sí solos, son nocivos para la institución a la que se dice representar.

http://www.lne.es/opinion/2012/09/04/dejando-intocable-monarquia/1293197.html

* Imagen del heredero del dictador con la nariz malherida tras su caída en el Cuartel General del Estado Mayor de la Defensa, en Madrid, el último 2 de agosto.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El Estado de malestar


La destrucción del Estado de bienestar conducirá a la entronización de un Estado de malestar de siniestros perfiles

Manuel Castells*

La Vanguardia

01/09/2012

Lo que estamos viviendo en el contexto de la crisis, en España y en el mundo, es la transición del Estado de bienestar al Estado de malestar. En la convención republicana de Estados Unidos, que tuvo lugar en Tampa esta semana, se aclamó un programa calcado del presupuesto que presento en el Congreso Paul Ryan, el líder más carismático de la derecha. Recortes presupuestarios a tope en las prestaciones sociales, reducción masiva de impuestos a los más adinerados y a las grandes empresas y mantenimiento de impuestos a los sectores medios y bajos. Así se supone que se reduce el déficit presupuestario (sobre todo por los recortes) y se estimula la inversión (porque se espera que los ricos inviertan con el dinero disponible en contra de la evidencia empírica de los últimos 20 años). Pero, ¿que más da? Ya se encuentran siempre economistas a sueldo para hacer una gráfica que justifique cualquier cosa. Se trata de quien tiene el poder de hacerlo. Los republicanos controlan la Cámara de Representantes, gracias a la ingenuidad de Obama. Y si Romney y Ryan llegan a la Casa Blanca, será el llorar y el crujir de dientes para la castigada sociedad estadounidense, con el apoyo de la mayoría de hombres blancos que son tan racistas como antigobierno por ideología. Lo mas espectacular es el proyecto de liquidación gradual de Medicare, el programa de salud pública de Estados Unidos destinado a los mayores. ¿Puede imaginarse una política mas descarnadamente antisocial que retirar la cobertura de sanidad a los desprotegidos en su jubilación? Era impensable hace un tiempo, pero en tiempos de crisis todo es posible. Incluso el que una crisis financiera generada por los financieros desemboque en salvar a las instituciones financieras y recompensar a sus ejecutivos en salarios e impuestos para, en cambio, penalizar a los mas necesitados quitando elementos esenciales de su protección social. 

Pero esto no es, como sabemos, sólo una cuestión de política estadounidense. La estrategia de Merkel y demás dirigentes europeos, con Rajoy jaleando para que salven al país, y a él de paso, no es diferente. Se trata de aprovechar el miedo de los ciudadanos para llegar al poder, hacer creer que hay que elegir entre austeridad y caos, y liquidar, con el apoyo de un empresariado de cortas miras, lo que era la clave de la sociedad europea: el Estado de bienestar

Es ahora o nunca. Hay que dejar de pagar a los parados porque en el fondo son jóvenes vagos sin respeto a la autoridad. A los pacientes porque consumen excesivos fármacos (y ¿cómo si no prosperarían las empresas farmacéuticas?). A los profesores que no se resignan a ser gestores de almacenamiento de niños en lugar de educadores. E incluso a estos funcionarios públicos exaltados como héroes de la sociedad, bomberos, policías y demás agentes de seguridad, malpagados, maltratados y obligados a veces a pegar a quienes con ellos se solidarizan.

Se argumenta que en tiempo de crisis no da para estos lujos. Olvidando que sólo se sale de la crisis con productividad y competitividad, lo cual requiere educación, investigación, servicios públicos eficientes. Las cuentas de la vieja de Rajoy no sirven para una economía moderna. El problema no es gastar más de lo que se ingresa sino gastarlo mal en lugar de invertirlo en recursos humanos y de emprendeduría que puedan acrecentar la economía real y generar más riqueza. Una estupidez recorre Europa: la idea de que el Estado del bienestar es excesivamente caro y además insostenible porque el envejecimiento de la población conlleva menos activos y muchos más dependientes y, además, más caros estos últimos porque no tienen la decencia de morirse cuanto toca. En el fondo se trata del triunfo de una mentalidad en que la vida es para producir y consumir y cuando ya no da más hay que eliminar el desecho o reducirles las prestaciones en consonancia con su irrelevancia. Pues, ¿saben qué? En términos estrictamente técnicos, no es así. El Estado de bienestar es la base de la productividad, además de la solidaridad social. En el libro que publique hace unos años con Pekka Himanen sobre el modelo finlandés mostramos cómo la productividad y competitividad de Finlandia, entre las más altas de Europa y superiores a la teutona, estaban basadas en la calidad del capital humano, de la educación, de las universidades, de la investigación. Y también de la salud publica (sin corpore sano no hay mens sana). De modo que hay un circulo virtuoso: el Estado del bienestar genera capital humano de calidad que genera productividad que permite financiar sobre bases no inflacionistas el Estado del bienestar. Si se desconectan, se hunden los dos. Porque el tan cacareado desfase entre activos y pasivos olvida que en esa ratio entre el numerador de pasivos y el denominador de activos lo importante no es el número en sí sino cuánta productividad generan los activos para pagar por el costo de sostener a los pasivos. Si además las prestaciones sociales se realizan con un Estado de bienestar dinámico y apoyado en tecnologías de información, se abaratan costos. De modo que es sostenible a condición de generar productividad en la economía y disminuir ineficiencia (que no empleo) en el Estado mediante una modernización organizativa y tecnológica del sector público.

Pero hay algo aún más importante. El Estado de bienestar no fue un regalo de gobiernos o empresas. Resultó en el periodo 1930-1970 (según países) de potentes luchas sociales que consiguieron renegociar las condiciones del reparto de la riqueza. Y como resultado se estableció una paz social que permitió centrarse en producir, consumir, vivir y convivir.

Hoy día se están cuestionando las bases de esta convivencia. Mal cálculo para sus promotores. Porque la destrucción deliberada del Estado de bienestar conducirá a la entronización de un Estado de malestar de siniestros perfiles. Pero esto no acaba así. Nuevos movimientos se están gestando, uniendo indignados y sindicatos. Y de ahí puede surgir un nuevo Estado y un nuevo bienestar.


* Manuel Castells Oliván es catedrático de Sociología y de Urbanismo en la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos de América).

lunes, 3 de septiembre de 2012

Desobediencia civil, Estado de Derecho y la izquierda


Alberto Garzón Espinosa*


30/08/2012

Las acciones del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), y su réplica en Extremadura, han sido fenómenos políticos que han marcado la agenda mediática en las últimas semanas, pero desgraciadamente y por lo general los debates se han limitado a aspectos superficiales de la acción. Con ánimo de descender hacia el fondo teórico de tales acciones el compañero Luis Felip [LF] [2] ha escrito un post en su blog en el que reflexiona sobre el binomio legalidad y legitimidad, trayendo al debate aspectos cruciales de lo que es la estrategia y táctica de la izquierda anticapitalista. El objetivo, a mi entender, es dilucidar si estas acciones son coherentes y consistentes con la acción política de la izquierda y, en concreto, de Izquierda Unida. Mi intención es hacer aquí algunas aportaciones a dicho debate, tratando de justificar que estas acciones son tácticas adecuadas que se inscriben en una estrategia que busca alcanzar una democracia real y un verdadero Estado de Derecho.

La desobediencia civil

Los propios ejecutores de las acciones mencionadas han defendido su proceder basándose en que eran acciones de desobediencia civil, esto es, acciones pacíficas que se sitúan en la frontera externa de la ley. Como nos recuerda LF, “para Rawls, la desobediencia civil significa que, asumiéndose lo fundamental del estado democrático de derecho realmente existente (a pesar de sus imperfecciones), y en especial los principios de justicia que lo rigen, se lleva a cabo una forma de disensión” que se situará en la frontera de la ley por su lado externo.

LF repasa los rasgos propios de una acción de desobediencia civil (entiendo que siguiendo a Fernández Buey), y entre los cuales se encuentra la existencia de una finalidad política, el respeto a las reglas de juego, la aspiración de alto consenso en la población, la aceptación de las consecuencias legales y su naturaleza pública, pedagógica y pacífica. Naturalmente en la historia podemos encontrar muchos ejemplos de acciones que se ajustan a tal descripción, siendo los más citados en estos días las acciones de Gandhi y de Rosa Parks. La acción del SAT podría perfectamente también enmarcarse  aquí.

El otro día conversando con Máximo Pradera llegamos a una analogía que a mi entender permite expresar lo anterior con claridad. En el fútbol hay unas acciones que se llaman “faltas tácticas” y que no persiguen ni hacer daño al rival ni negar la necesidad de existencia de un árbitro. Sencillamente son acciones sancionables, es decir, son faltas, pero que buscan un objetivo que va más allá de ese momento en el juego. En el fútbol se realizan para romper el ritmo, para recibir amonestaciones -tarjetas amarillas- que ajusten la estrategia de temporada de un equipo o para otros fines. La acción del SAT, por ejemplo, se enmarca en este tipo de táctica. Dentro de las reglas de juego es una “falta” que no busca hacer daño y para la cual se acepta sus consecuencias legales, pero el objetivo real es una denuncia política sobre un fenómeno (el hambre y falta de democracia económica) y una percepción (leyes injustas, reglas de juego desiguales).

Aceptado lo anterior, la pregunta que debe formularse, a mi entender, es en qué estrategia política se inscriben estos quebrantamientos selectivos de la ley, es decir, qué objetivo se persigue al llevarlos a cabo.

Estado de Derecho y liberalismo

LF nos recuerda que hasta el advenimiento de las revoluciones de la Ilustración y la concepción de Estado de Derecho, esto es, del gobierno de las leyes, algunos pensadores como Tomás de Aquino justificaban toda desobediencia a la ley bajo el amparo del derecho natural, la ley de Dios. En dicho contexto institucional -monarquías absolutas- la desobediencia quedaba justificada por concepciones morales derivadas de la religión.

Sin embargo, el advenimiento de la Ilustración nos traería el concepto de libertad civil, que se resume en las palabras de Kant: “Nadie me puede obligar a ser feliz a su manera (tal como él se figura el bienestar de los otros hombres), sino que cada uno tiene derecho a buscar su felicidad por el camino que le parezca bueno, con tal de que al aspirar a semejante fin no perjudique la libertad de los demás“. Sobre este principio nacerían dos conceptos distintos: el de Estado de Derecho y el de Capitalismo. Por un lado el ideal de vivir al margen de las creencias de los demás pero de acuerdo a las leyes y a la Razón, y por otro lado el ideal de permitir que los derechos de propiedad de los medios de producción permitan acrecentar la riqueza individual sin ningún tipo de intervención externa.

Esta es precisamente la tesis de actuales y brillantes filósofos marxistas como Carlos Fernández Liria y Luís Alegre Zahonero [2], quienes denuncian que la ideología dominante pretende hacer creer que Estado de Derecho y Capitalismo son la misma cosa, a la vez que critican las experiencias políticas del llamado socialismo real precisamente por olvidar que el fin más alto del ser humano es el de convertirse en un ciudadano en el marco de un verdadero Estado de Derecho: un Estado de Derecho socialista.

Lo que Liria y Zahonero nos recuerdan es que el ideal del ciudadano de la Ilustración y del liberalismo -la defensa de lo expresado por Kant y que se refleja en el “libertad, fraternidad e igualdad” de la Revolución Francesa de 1789; es decir, la utopía liberal- es incompatible con el capitalismo. Bajo el capitalismo el Estado de Derecho se convierte en una mentira, en una apariencia, en una simulación. El ideal de la Ilustración aplicada al ámbito económico -el famoso laissez faire y el papel de la mano invisible- anula el concepto de ciudadano libre. Como asegura Naredo, “la principal contribución de esa utopía liberal al mantenimiento y expansión del capitalismo fue la de permitir la máxima libertad de acción a aquellos que detentaban el poder económico, lavándoles la conciencia de todo escrúpulo para que guiaran su actuación exclusivamente con arreglo a sus intereses más inmediatos de lograr un enriquecimiento rápido” [3]. Bajo el capitalismo los ciudadanos no existen como se espera de ellos en el ideal liberal, sino que únicamente existen trabajadores forzados a ser alquilados por algún poseedor de medios de producción; trabajadores esclavos de su situación de desposeídos.

La traición de ese ideal liberal, de ese proyecto de la Ilustración, llevó por ejemplo a los anarquistas a buscar un nuevo neologismo que se ajustara a sus pretensiones reales. Los anarquistas acogieron el término libertario para expresar la necesidad de seguir buscando el ideal del hombre y mujer libre [4]. Noam Chomsky también reclama para sí el concepto original del pensador liberal [5], de la misma forma que nosotros podríamos alzar nuestra voz y decir: “Los liberales no son los verdaderos liberales; son unos farsantes que aprovechando su poder económico han usurpado nuestro lenguaje en su beneficio“. Por estas razones Liria y Zahonero consideran que el proyecto de la Ilustración murió con la ejecución de Robespierre en 1794 y que completar el proyecto de la Ilustración sólo puede lograrse con el socialismo, es decir, con la democracia económica y con la supresión del ideal liberal aplicado a la economía.

No obstante, la ideología dominante, y también las prácticas del llamado socialismo real, han llevado a una impresión generalizada de que las pretensiones comunistas son opuestas al ideal de la Ilustración. Nada más lejos de la realidad. Como recuerda Erik Hobsbawm en su magnífico Historia del Siglo XX, “la medalla conmemorativa del Partido Socialdemócrata alemán exhibía en una cara la efigie de Karl Marx y en la otra la estatua de la libertad. Lo que rechazaban era el sistema económico, no el gobierno constitucional y los principios de convivencia“. Por entonces, “el movimiento obrero socialista defendía, tanto en la teoría como en la práctica, los valores de la razón, la ciencia, el progreso, la educación y la libertad individual“. Pero fueron las contradicciones propias del sistema económico las que llevaron a tal crisis económica -la Gran Depresión- y a tal conmoción en las masas, por lo general poco o nada instruidas, que el crecimiento de movimientos fascistas permitió derribar las instituciones liberales y sumir a la humanidad en la fatídica II Guerra Mundial.

En definitiva, el Estado de Derecho y la democracia que tenemos actualmente sólo son apariencias de lo que deberían ser. De la misma forma que no existe una democracia real -porque la ciudadanía no tiene capacidad de decidir sobre el poder económico- tampoco existe un Estado de Derecho real. Y es a partir de este punto argumental donde yo entiendo que puede conectarse toda la tradición del marxismo y socialismo clásico (Marx, Engels, Bakunin, etc.) con los movimientos sociales actuales (decrecimiento, democracia real ya, etc.). No se trata de superar el Estado de Derecho por algo “mejor” sino precisamente de alcanzarlo, para lo cual es necesario superar el capitalismo.

La estrategia de la izquierda

Si no vivimos en una democracia real y si no estamos en un Estado de Derecho real, entonces ¿cómo lo alcanzamos? LF apunta algo con lo que estoy totalmente de acuerdo y que es consistente con la exposición anterior: “La desobediencia civil sólo se concibe como una más de las herramientas de una estrategia reformista (junto con las acciones legales y su participación en las instituciones) que, no siendo incompatible con la voluntad de transformación radical de la sociedad, marca profundamente el sentido de esta voluntad al concebir la revolución como un proceso dilatado en el tiempo, y no como un hecho puntual, que además pasa a través de las instituciones y asume las reglas del juego para dotarse de la legitimidad democrática que haga posible la acumulación de fuerzas y de hegemonía ideológica“.

Engels apuntaba lo mismo cuando afirmó que otra herramienta era igualmente fundamental: “El trabajo lento de propaganda y la actuación parlamentaria se han reconocido también aquí como la tarea inmediata del partido” [6]. Asimismo, Engels apuntaba que “con la agitación electoral se nos ha suministrado un medio único para entrar en contacto con las masas del pueblo allí donde todavía están lejos de nosotros, para obligar a todos los partidos a defender ante el pueblo, frente a nuestros ataques, sus ideas y sus actos; y, además, abrió a nuestros representantes en el parlamento una tribuna desde lo alto de la cual pueden hablar a sus adversarios en la Cámara y a las masas fuera de ella con una autoridad y una libertad muy distintas de las que se tienen en la prensa y los mítines“.

En definitiva, la estrategia de una izquierda que quiere alcanzar la democracia real y el Estado de Derecho real y que quiere ser “capaz de movilizar y orientar un bloque social amplio, y capaz de hegemonizar la lucha ideológica, ha de situar en primer plano la contradicción entre democracia y capitalismo” [LF].  Además, esta tarea ha de hacerla tanto en la práctica como en en el discurso. Efectivamente, y como no se cansa en recordar el compañero y profesor Pablo Iglesias [7] la izquierda tiene que hablar con los conceptos que entiende la gente, aquellos que están en su estructura mental y que no son otros que los que ha insertado la ideología dominante. La ideología, no lo olvidemos, se encarna en las costumbres, los modos de vida, la percepción de lo que está bien y mal.

Dicho todo lo cual, no puede negarse que los actos de desobediencia civil son un golpe extraordinario a esa misma ideología dominante. Son un impacto en la forma que tiene la ciudadanía de comprender el mundo. Son actos que explicados de forma pedagógica son fácilmente comprensibles y sirven para desactivar la hegemonía de la ideología dominante. Son actos coherentes, consistentes con el proyecto de la Ilustración y desde luego con la estrategia socialista. Lo que las acciones del SAT han dicho ha sido sencillamente lo siguiente: “olvídese usted de las instituciones que tiene asumidas en la cabeza (propiedad privada, legalidad, etc.) y piense si es justo que la gente pase hambre cuando tenemos exceso de comida; piense si es justo que haya viviendas vacías y gente sin casa; piense en eso y reformule su ideología y, en consecuencia, el apoyo pasivo que está haciendo al sistema económico que no nos permite ser libres”. Actos de desobediencia civil, pacíficos y dirigidos por el ideal de la Ilustración, son en realidad la mejor forma de luchar en el campo ideológico y de alcanzar la hegemonía gramsciana. Han de extenderse.

NOTAS:

[1] Luis Felip, además de amigo, es licenciado en Filosofía y responsable de formación del Partido Comunista de Málaga Ciudad.

[2] Fernández Liria, C. y Alegre Zahonero, L. (2011): El orden de El Capital. Editorial Akal.

[3] Naredo, J.M. (2003): La economía en evolución

[4] Escribía Déjacque en 1851 que “Le Libertaire no tiene más patria que la patria universal. Es enemigo de los límites: límites-fronteras de las naciones, propiedad de Estado; límites-fronteras de los campos, de las casas, de las fábricas, propiedad particular; límites-fronteras de la familia, propiedad marital y paternal. Para él, la humanidad es un solo y mismo cuerpo en el cual todos los miembros tienen un mismo e igual derecho a su libre y completo desarrollo, sean los hijos de este o del otro continente, pertenezcan a uno o a otro sexo, a tal o cual raza”.

[5] Chomsky, N. (2005): El gobierno en el futuro. Editorial Anagrama.

[6] Engels, F. (1895): Prefacio a las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850. Disponible en http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/francia/francia1.htm

[7] Iglesias, P. (2012): La izquierda ha de dirigirse a la gente común. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153781

http://www.agarzon.net/?p=2041

* Alberto Garzón Espinosa es diputado al Congreso por la provincia de Málaga, en representación de Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía: La Izquierda Plural.

** Fotografía tomada el  pasado 7 de agosto, durante la expropiación fallida intentada por el SAT, en el centro comercial Carrefour de la localidad gaditana de Arcos de la Frontera.