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sábado, 14 de noviembre de 2009

Dos o tres cosas que sé de Lacan


Buceando por la red un servidor encontró un poema espléndido, escrito por Carmelo Galiano Sanz, librero y socio de UCAR-Granada, para el Primer Coloquio de Enseñantes de Psicología "Efectos de la enseñanza de Jacques Lacan", celebrado en esta capital en mayo de 2002.

Creo que merece la pena que el conjunto de nuestros asociados; y los simpatizantes, amigos y curiosos que se asoman a este blog, tengan la oportunidad de disfrutar con su lectura:

DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE LACAN

Carmelo Galiano Sanz

Eran Tiempos Modernos. Un mostrador pequeño, libros escondidos y gente, que venía y venía.

La historia era un proceso sin sujetos ni fines/ las calles se llenaban de camaradas atónitos, de sonrisas cómplices.

Las serpientes invadían nuestros sueños, pero un árbol imposible daba sombra.

En esto llegó Lacan. Y mandó seguir.

Y en largas noches de cercana comunión, el argumento se hacía vinagre, el corazón del tamaño del mundo.

El perseguidor nos acompañaba, el "Hombre que yo quiero" sonaba por las venas.

Y Weather Report y tantos otros.

Mientras, nuestro decano sacaba a pasear a Dora.

Aquellas tardes con Julia

Una consigna: Lucha de clases/ y sexualidad.

No había ni armarios de los que salir.

Granada era una fiesta.

Althusser preguntaba: ¿todos comunistas?

A la vez, pasábamos las hojas de la lección/ los sentidos al descubierto.

Los Diarios de Brecht, "las Albertianas" y el Mundo Obrero, para la señora y el caballero.

Fuentevaqueros, con su voz por los tejados.

Descubrimos ideologías/ pisamos la tierra y, al mismo tiempo, el cielo abierto.

Llegaban Comediantes/ un terremoto sacudía nuestros corazones.

La Garnacha, el Free, el Anarquista, poblaban nuestras noches de calma y voluptuosidad.

Aquel viaje al París del Ruedo Ibérico.

Y la visita raté al tío Luís/ no teníamos maestros, sino parientes por línea de radical historicidad.

También tuvimos Claveles rojos/ desde un seiscientos clamábamos: "¡Estamos aquí!".

Los trenes rigurosamente vigilados/ la muerte, ¿cómo no?, en Venecia.

La Teoría indicaba el camino.

Enamorados de Sara/ era uno de los nuestros.

Después llegó la bandera,

El tema 83, la democracia.

Y transitamos, de pié.

De lo pasado, no lo voy a negar/ heridas que esperan un diván.

Encuentros aplazados.

Y un largo adiós.

Y otra lección, de solidaridad.

Hoy, malos tiempos para la ética, necesitamos una aspirina del tamaño del mundo.

¡Queda la palabra!

Y la inferencia de la mejor explicación.

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