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jueves, 18 de octubre de 2012

El silencio




Octubre de 2012

Primero el silencio como poder. Ese poder tan fuerte que parece que nadie lo ejerce. Ese silencio del poder, que tiene en la prepotencia de la distancia la forma de doblegar a través del miedo y la resignación. Ese poder que actúa a la distancia de una fusta. O el silencio de Dios, que ante las tragedias es incluso criticado por los creyentes, que no terminan de comprender que Dios es precisamente eso que nos ignora.

O el silencio del pueblo, el silencio de las mayorías, el poder de las mayorías silenciosas, que ahora son evocadas como contrapunto de aquellos que se movilizan, que gritan u ocupan la calle, y que en el fondo vuelve a ser lo mismo: son también el silencio del poder porque es el poder quien lo interpreta, quien se apodera de él y lo utiliza como una herramienta contra los más conscientes. Y la heroicidad de aquellos que, ante la luz de los focos, se atreven a pasar de la mayoría silenciosa a las filas de los que luchan a cara descubierta, como el camarero de la Cafetería Prado, que de pronto adquiere una gran autoridad moral ante los manifestantes perseguidos por el poder a punta de porra. No es despreciable en los momentos que corren esta microfísica del heroísmo, personalizada por gente como este camarero, o el hombre mayor que en la estación de Atocha, para protegerlo, se abrazó a un muchacho y empezó a gritar, como si su voz fuera una alarma incansable: “Vergüenza, vergüenza”.

O el silencio de los intelectuales posmodernos, de una gran parte de ellos, en estos tiempos de canallas y de estafa estructural. ¿Dónde están los intelectuales? Y alguien puede responder: En el mercado. Ese mercado que marca la norma, que es siempre una norma comercial, y exige neutralidad, equidistancia y silencio. Por eso, y a modo de denuncia también, se celebra en Madrid el Congreso de Escritores, Intelectuales y Artistas por el Compromiso, porque no es posible callar en estos tiempos, porque no es posible dejarlo todo al espectáculo en que el neoliberalismo está convirtiendo la política representativa y la lucha institucional.

Ese silencio intelectual que, por ejemplo hace un cerco de olvido a las obras que señalan la alternativa, que señalan la realidad desde el punto de vista de la explotación y el dominio de las relaciones humanas, como es el caso el silencio ingente ante obras esenciales como lo fue en su momento (y lo es ahora) “Teoría e historia de la producción ideológica”, de Juan Carlos Rodríguez, absolutamente ignorada y cuestionada desde esa violencia estructural del silencio denso de las academias y los intelectuales de mercado.

Frente al silencio la voz, incluso el grito. Frente a las puertas cerradas, la calle. Son días en que es preciso existir con otros, salir a la calle, gritar, oponerse, afilar los argumentos contradictorios, al menos para que se sepa en el futuro que no estuvimos de acuerdo con los tiempos lóbregos que nos tocó vivir.

http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=2145&sec=6&aut=104

* Imagen de Alberto Casillas Asenjo, el camarero que se enfrentó a los antidisturbios el pasado 25S.

1 comentario:

dvd dijo...

Y ese señor votaba al PP. Pero es que da igual, no se nos puede estar encasillando, como simples forofos, en tal o cual departamento ideológico. Las personas son personas. Nada más y nada menos. Pero es que los Mercados (con eme bien gorda) también son los Mercados, no lo olvidemos cuando nos den una patada en el culo... Gracias por textos tan clarividentes como éste...