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viernes, 7 de enero de 2011

Rabal y la Transición


Javier Ortiz

El Mundo

31/08/2001

Canal + repone una larga entrevista con Paco Rabal, en homenaje al fallecido. La veo ya iniciada. No consigo identificar a la periodista que le interroga. Algunas preguntas están bien; otras resultan un tanto irritantes. Él las afronta con el mismo espíritu cachazudo y socarrón, eludiendo las trampas con la inteligencia que aporta la larga existencia a quienes han sabido digerirla.

Le hablan de la muerte. Rabal responde que asume ese desenlace como inevitable, aunque le cabree. Recuerda a un amigo suyo, también actor –no cita el nombre–, que llevaba tan mal la idea de la muerte que se amargó la vida. «Murió, claro», dice, a modo de remate. Simpatizo con esa concepción del deambular por el mundo. Me gustaría compartirla.

Le preguntan por la Transición: «¿Tuvo miedo?».

«¿Miedo a qué?», responde. «Peor que lo anterior, imposible. No; sentí esperanza».

Cuenta Rabal en ese punto que, tras la muerte de Franco y el fin de la dictadura, él, que había vivido mucho en Italia, pensó que al cine español le sucedería algo similar a lo que experimentó el cine italiano tras la caída del fascismo: una eclosión de creatividad, de deseo de contar la verdad; el estallido de la libertad de expresión, de la denuncia social. Confió en que en España sobrevendría algo semejante a lo que en Italia supuso el neorrealismo: De Sica, Rosselini, De Santis, Visconti, Francesco Rossi... Roma, cità aperta, Ladrón de bicicletas, Rocco y sus hermanos, Salvatore Giuliano...

«Lo que sucedió aquí es que se pusieron todos a hacer cine pornográfico», apostilla Rabal, con una sonrisa entre irónica y amarga.

No sé si evocó ese hecho con intención de resumir lo que fue la Transición española, pero lo logró.

Es una caricatura, desde luego. Algún cineasta hubo que sacó partido de la nueva situación para hacer cine interesante, reflexivo y crítico. Pero, por lo general, las pantallas reflejaron lo que demandaba una sociedad que la mayor ventaja que le veía a la libertades –sigamos con la caricatura– era la oportunidad que le proporcionaban de contemplar anatomías al completo y hablar de sexo en público.

Hubo un fenómeno sociológico perfectamente representativo: Interviú se forró sacando las fotos de Marisol desnuda. No interesaba saber que Pepa Flores era una chavala inteligente, con criterio y llena de espíritu crítico. Lo que la gente quería era verle el culo.

He dedicado a lo largo de los últimos 25 años folios y más folios a estudiar el enorme fiasco que supuso la Transición española. A demostrar que, mitologías al margen, aquello no fue la conquista de la libertad política por un pueblo ansioso de ella, un estallido de abajo a arriba, sino la remodelación superficial de un régimen que se vio urgido por imperiosas necesidades de adaptación político-económica a los parámetros imperantes en la Europa Occidental. Ni sé el tiempo que he invertido en poner de manifiesto que es eso precisamente lo que explica que los grandes vencedores de la Transición hayan sido, alternativamente, los herederos de la dictadura y los que jamás hicieron nada ni arriesgaron nada en contra de ella.

Rabal lo explicó perfectamente y en dos patadas recurriendo al medio que fue su vida: el cine.

http://www.javierortiz.net/ant/jortiz1/diario2001/34.2001.html

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