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lunes, 9 de julio de 2012

Vuelven los sesenta, pero del XIX


Isaac Rosa


28/06/2012

No insistan en darle ese toque vintage a todas sus fotos, olvídense de esos retratos que parecen arrancados del álbum de novios de nuestros padres, con colorido setentero y marco tipo Polaroid: Instagram ya pasó a la historia, ya no se lleva. La próxima sensación para fotos con el móvil es una aplicación que pienso comercializar de inmediato: Daguerromatic, con filtros para dar a tus imágenes un aire no ya vintage sino de anticuario; que en vez de salidas del álbum familiar parezcan encontradas en el desván de los abuelos. Como auténticos daguerrotipos del XIX.

Daguerromatic es mucho más acorde a los nuevos viejos tiempos que estamos viviendo, que imponen otro tipo de revivals. Está comprobado que todos los años toca volver a los sesenta; no hay año en que la industria publicitaria, los diseñadores o la crítica musical perdonen el recurrente y comercial “Vuelven los sesenta” (pues desde los sesenta no hemos hecho otra cosa que volver una y otra vez a aquella inagotable edad de oro). Pero esta temporada el lema debería ser otro: “Vuelven los sesenta, pero del XIX”.

Con esta fabulosa aplicación fotográfica lucirán mucho mejor las estampas populares de esta España en crisis, a la que sientan estupendamente el tono grisáceo o sepia de los viejos daguerrotipos y la expresión asustada de los primeros retratados (obligados a permanecer inmóviles durante largos tiempos de exposición). Esas filas de parados ante la oficina de empleo, esas cola de ciudadanos en los comedores sociales, esas familias desahuciadas de sus casas con lo puesto, no me dirán que no pasarían por originales del XIX si las retratásemos con Daguerromatic.

Ya lo advirtieron los sindicatos y los economistas heterodoxos tras la última reforma laboral: hemos vuelto al siglo XIX, hemos retrocedido más de un siglo en derechos sociales, entregando todo el poder al patrón, dejando en sus manos la modificación de las condiciones laborales y desactivando la fuerza colectiva al devaluar los convenios. Si a ello le sumamos el creciente ejército de reserva formado ya por cerca de seis millones de parados, que consigue ese efecto tan XIX de abaratar la mano de obra y obligar a los trabajadores a aceptar lo que les echen, el viaje al pasado es total.

Incluyan en ese álbum de tonos sepia a los mineros asturianos, que en esta sociedad que se dice hipertecnologizada parecen escapados de una novela de Zola, y a los que quieren condenar al museo como una reliquia. No dejen fuera a ese rey cazando elefantes y viajando por el mundo con su amiga, en la mejor tradición de sus antepasados coronados. Retraten también a ese juez de misa diaria dándose la gran vida en hoteles y restaurantes de lujo; e incluso a los dos grandes partidos turnistas guisándose y comiéndose ellos solos la reforma de la Constitución o los recortes y reformas a espaldas de los ciudadanos.

Si además sacamos unas fotos de cualquiera de esos “Compro oro” que extienden la usura por los barrios, ya tenemos una España de daguerrotipo a poco que le quitemos el color, la desenfoquemos un poco y le demos textura de papel viejo.

Eso que llaman crisis ha puesto en marcha el reloj de la historia, pero hacia atrás, y ahí vamos, desbocados hacia el XIX. Subidos a la máquina del tiempo ya hemos cruzado de vuelta los neoliberales años noventa y ochenta, hemos saltado sobre los contraculturales setenta y los felices sesenta, nos hemos cepillado sin miramientos el contrato social europeo de la posguerra que resultó en el Estado de Bienestar, hemos pasado de puntillas sobre las guerras para no despertar a la bestia, nos hemos asomado a la crisis del 29 a la que en algún momento creímos parecernos, y ya tenemos a la vista el XIX, en todo su esplendor de miseria, explotación y democracia más formal que real. Y esperen que nos detengamos allí, no sea que sigamos retrocediendo y en vez de daguerrotipos tengamos que recurrir al Photoshop para darle un efecto óleo a la realidad, así como de pinturas negras de Goya.

La revolución de 1868

El reloj social está atrasando a lo loco y deberíamos ser conscientes de lo que va a costar darle cuerda y ponerlo en hora otra vez. Si dejamos que atrase décadas, puede costarnos el mismo tiempo volver a ponerlo en fecha.

Por cierto: si de verdad vuelven los sesenta, pero del XIX, hay que recordar que en aquella década España vivió una de las peores crisis financieras de su historia, causada por la burbuja del ferrocarril (que era el ladrillo de entonces), que provocó la quiebra de la mitad de los bancos, endeudó al Estado, y supuso el tiro de gracia para un régimen político moribundo que fue barrido por la revolución de 1868. ¿Paralelismos históricos? Si se empeñan en que volvamos al XIX, que sea con todas las consecuencias.


* Fotografía de Asís G. Ayerbe (revista Qué Leer, enero de 2012).

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