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miércoles, 14 de julio de 2010

Antonio Romero: "El movimiento republicano supera el 50% de la opinión pública"


En una entrevista* concedida por Antonio Romero y publicada por El Observador, el lider republicano asegura que los próximos cinco años van a ser claves para que se abra el debate republicano y señala que la sociedad no va a aceptar a Felipe de Borbón como nuevo Jefe de Estado.

Revista El Observador

07/07/2010

¿CONOCE usted personalmente al Rey?

Sí, hemos hablado varias veces. Conversaciones muy simpáticas, hemos hablado de galgos, ha contado chistes muy actuales. Por ejemplo, hay una anécdota curiosa en una comida que tuvimos en Estrasburgo. Estaba Juan de Arespacochaga, que fue el último alcalde de Madrid antes de la democracia y senador del PP, que formaba parte de la delegación del Consejo de Europa y estábamos un reducido grupo de diputados, no más de doce, que representábamos el Parlamento español: Miguel Ángel Martínez, Roca, Anasagasti, Loyola de Palacio y yo. Tuvimos una comida muy íntima con el Rey y la Reina. Y dice el rey ‘la gente habla de solidaridad norte y sur, pero yo adonde quiera que voy lo que me preguntan es cuánto me vendes, cuánto petróleo te compro, cuánta agricultura me dejas entrar en tu país, importa lo comercial, más que lo solidario’. Esto lo decía el Rey como una opinión sobre lo que se estaba celebrando, que eran unas jornadas sobre la relación Norte-Sur. Y dijo Juan de Arespacochaga. ‘Majestad, el capitalismo no tiene entrañas’. Y le digo yo, ‘¿ha visto usted que quien ha dicho eso ha sido un senador del PP? Si lo digo yo, que soy el único rojo que hay aquí tendría algún sentido, y alguna coherencia ideológica…’ Pero sí, he hablado con el Rey, le he dicho que soy republicano, he hablado con la Reina también, en más de una ocasión, y con el Príncipe.

AHORA que no está en primera línea política, su empeño prioritario es el regreso de la Tercera República…

He defendido siempre la República. Es muy sencillo, el Estado no puede heredarse como se hereda un cortijo. No hay que ser de izquierdas para ser republicano. Lo mismo que eliges al alcalde de tu pueblo eliges al presidente de tu país si eres demócrata. En el mundo hay 200 estados con asiento propio en Naciones Unidas y no llegan a 20 las monarquías. Tienen los días contados. Son restos feudales, antiguos. Yo soy el coordinador de la Red de Municipios y Cargos Públicos por la Tercera República, encabezo este movimiento porque creo que ha llegado el momento de realizar un proceso constituyente.

ESE proceso, a día de hoy, tal y como está este país, con la unanimidad al menos mediática que despierta la figura del Rey, parece muy lejano. Sin embargo usted dice que no, que es cuestión de pocos años.

La Tercera República está muy cerca en España porque ya hay sectores de la derecha que la están planteando. Se han hecho dos encuestas, una se ha hecho pública y otra no. La del diario ‘Público’ informaba de que la juventud entre 16 y 36 años suspende a la institución monárquica y se proclama republicana. La juventud no está de acuerdo con la Monarquía. Hay un blindaje mediático que no se corresponde con Internet, donde el movimiento republicano es mayoritario. La palabra ‘República’ ha ganado en una votación realizada por el Instituto Cervantes y han hecho un sabotaje con los resultados. Han quedado en ridículo. La gente ha visto que este modelo está agotado, que la República se acerca, que la crisis no es solo económica y social, sino también política e institucional, que esta Monarquía con la ley electoral y el bipartidismo tiene los días contados. La sucesión va a crear una situación de advenimiento de la Tercera República, parecida a las repúblicas europeas de nuestro entorno. No es verdad que la Monarquía garantice la unidad de España. La monarquía belga no garantiza la unidad de Bélgica.

DOS encuestas, dice que una fue censurada.

Sí. Una fue realizada por un sector de los empresarios de Madrid que comprobó un crecimiento de la opinión republicana espectacular. Incluso el Grupo Prisa, que blinda a la Corona de manera especial y al Rey lo trata entre algodones, reconocía en una crónica que analizando todas las encuestas que se habían hecho, el movimiento republicano había avanzado en España 12 puntos. Una cosa espectacular.

ACEPTEMOS que hay un avance de los sentimientos republicanos, pero aún así, la Monarquía está muy consolidada en España. ¿Qué factores tendrían que darse para que se produzca el advenimiento de la Tercera República?

El movimiento republicano, con muy pocos medios, supera el 50% de la opinión pública. La gente se declara ‘juancarlista’, no monárquica. Yo creo que lo que va a suceder es que la gente no va a aceptar a Felipe como heredero.

¿POR qué?

El Rey se ha labrado una imagen de que ha logrado parar un golpe de estado y ha salvado la Constitución y la democracia en el país. Porque no se ha investigado a fondo ese golpe de estado. Hay libros que plantean la implicación de Juan Carlos en su desarrollo, o que incluso los golpistas no iban a neutralizarlo y (Alfonso) Armada estaba esperando sus órdenes para formar un gobierno de gestión. El Rey tuvo unas implicaciones en el golpe que no están aclaradas, pero en fin, la campaña mediática de que salvó a España de una dictadura de nuevo le ha hecho crear simpatía en sectores republicanos de izquierdas y de progreso. Pero Felipe no ha ganado nada. El Estado no puede heredarse como si fuera un cortijo. Somos demócratas. La Monarquía no tiene sentido en democracia. Luego, el Tribunal Constitucional ha dado un golpe con el estatuto catalán al federalismo y España debe ser una república federal y solidaria, y en ese terreno tiene cada vez más partidarios. Yo creo que cuando se abran caminos para tener más presencia en los medios de comunicación. El mundo de la cultura ya se declara abiertamente republicano, tenemos un déficit en el movimiento sindical de debate republicano y tenemos un gran déficit en los medios de comunicación, en las universidades todos los actos que hacemos Julio Anguita o yo se abarrotan de chavales que hablan de la República. Estamos muy cerca…

CÓMO se articula el proceso legal y administrativo que ha puesto en marcha la Red de Municipios y Cargos Públicos por la Tercera República.

Ya hemos llevado a las Cortes el proyecto con una primera petición firmada por 10 ayuntamientos, ahora estamos entre 25 y 30 ayuntamientos. El próximo otoño iremos a Madrid, depositaremos las actas y tendremos el debate abierto, está cada vez más cerca.

¿SE atreve a ponerle fecha?

Los próximos cinco años serán clave para que se abra el debate republicano. Ya está en la agenda política y no lo había estado en 30 años de democracia. No era cuestión prioritaria para ningún partido. La gente se manifiesta republicana, lleva banderas republicanas. Antes se veían una o dos, ahora son miles en las manifestaciones. Las personas y cargos públicos que se declaran republicanos están invadiendo todos los campos. El otro día me contaron que hasta Ana Rosa Quintana se declaró a favor de la República en uno de sus programas. Gente de la cultura, de la televisión, de la política… es que monárquico se declara poca gente en España.

http://www.revistaelobservador.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3884&Itemid=29

* Extracto de la entrevista a Antonio Romero en El Observador, seleccionado por los compañeros del periódico digital La República.

lunes, 12 de julio de 2010

La deriva paraguaya en Euzkadi


Pablo Alcázar López

Donde los ángeles

06/07/2010

Ander, amigo, me ha impresionado tu comentario a mi post A las vuvuzelas les va el himno de España, en el que me decías que tú, y otros vascos, os visteis “obligados” a animar a Paraguay, el día del partido contra España. Por eso te contesto con esta nueva entrada: Muchas personas con responsabilidades públicas, cuando sueltan una broma, inmediatamente dan marcha atrás y afirman, "y ahora, ya en serio…". Pero yo estoy convencido de que la única forma de hablar en serio, es hacerlo en broma, dada la actual putrefacción del lenguaje de los políticos, su descomposición y su incapacidad para expresar algo objetivo u objetivable. De ahí el tono de mis “Vuvuzelas”. Franco me vacunó contra el nacionalismo españolista, y en general, contra todos los procesos identitarios. Pero, como soy padre, sé muy bien que cuando alguien se quiere ir de la casa hay que abrirle la puerta para que se vaya. Nadie ha de estar a la fuerza en ningún sitio. Los políticos, unos y otros, se han acostumbrado a parasitar torpemente el “conflicto vasco”, y no saben o no pueden o no quieren resolverlo. Si fueran valientes, harían frente al problema con decisión y, tras un periodo suficiente de paz, en ausencia de la "violencia del Estado español” y de la “violencia de los pistoleros de ETA", convocarían a los vascos a pronunciarse en un referéndum sobre el asunto. Esto ya se ha hecho en otros estados que sufrían una situación parecida. Para ello habría que contemplar el horizonte independentista como una posibilidad, nada catastrófica. Ahora bien, si los votantes se pronuncian en contra de la independencia, deberían de comprometerse a no volver a repetir la consulta hasta dentro de 25 o 50 años y si los vascos dicen que sí, tendrían la obligación de conducir el proceso de independencia de forma ordenada, amistosa y, sobre todo, justa. Respetando, dentro de lo posible, los intereses de todos. Estoy harto de llorones, de quejicas, de agraviados, de gente que piensa que se le debe algo desde el principio de los tiempos. No quiero oírles ni una queja más. Y eso sólo será posible si hay un camino viable y sin trampas para que los vascos, si así lo deciden, se constituyan en estado independiente. Yo, por mi parte, voy a seguir siendo español, si me dejan los españolistas, porque no quiero dedicar ni un segundo de mi tiempo a cavilar sobre si soy más, menos o igual que cualquier habitante del planeta. No me hace falta. Ya sé que soy un ser único (aunque de poca calidad y en el que no se puede confiar demasiado) y con bastante suerte porque durante toda mi vida he podido comer tres veces al día, lavarme, hablar con amigos y disputar con enemigos, sin recibir más heridas que las del amor y las de la vida. Estoy resentido, desde luego, porque ni la ciencia ni la religión, ni las utopías de salvación colectiva, me aseguran que no vaya a recibir la herida definitiva, como todos. Yo soy de Cenes de la Vega (Granada), que no es mi pueblo, pero sí donde tuve mi primera vespa, y del castellano, la lengua que me enseño mi madre de niño y que después mejoré leyendo a Cervantes en el internado donde pasé mi adolescencia. Él me ayudó a sobrellevar el cautiverio de cuatro años que padecí en un colegio de dominicos. Esa es mi patria. Tengo la suerte de que el Estado español me deja residir, por ahora, en ella. También los curas de mi colegio me dejaron construir, y pasar en ella las horas del recreo, una réplica aproximada de Granite House, el refugio de La isla misteriosa de Julio Verne. Si España obstaculizara este humilde “proyecto de vida”, posiblemente estaría tan cabreado y con tantas ganas de largarme como los independentistas vascos o catalanes. Por otra parte, espero llevarme bien con algunos vascos, independientes o no, al fin y al cabo comparto con ellos, y con los balineses, más paquete genético que con la mosca del vinagre. Incluso me puedo llevar bien con algún cenero. Y desde luego si me preguntan, votaré en contra de que el Atlético de Bilbao juegue en la misma liga que el Cenes Club de Fútbol, aunque me gustaría que el equipo de mi pueblo jugase contra la Real Sociedad en la Champion League.

http://purpuranevada.blogspot.com/2010/07/la-deriva-paraguaya-de-algunos-vascos.html

* La imagen que acompaña el texto fue colgada anoche en Facebook por el compañero Luis Egea, presidente de la Asociación por la Memoria Histórica de Miranda de Ebro (Burgos), tras la victoria de la selección española en el Campeonato Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010.

sábado, 10 de julio de 2010

España y el Mundial de fútbol: A las banderas les falta un color


Javier Parra

La República

08/07/2010

“A las banderas les falta un color, mami”, contaba mi amiga Victoria que su hijo le había dicho, sorprendido, después de que las calles de España se convirtieran en una fiesta al clasificarse la selección para la final del Mundial de fútbol. Miles de personas, cientos de banderas rojigualdas, portadas más como una moda futbolera que como un acto de reafirmación patriótica, se paseaban por las calles de muchas ciudades españolas.

Compartiendo la indignación de muchos por el hecho de que en este país – sumido en una grave crisis económica, cultural, política y social -, sólo el fútbol es capaz movilizar a las grandes masas, me gustaría romper una lanza a favor del deporte y de las alegrías colectivas que de vez en cuando nos produce a muchos de quienes crecimos soñando ser como Santillana, Juanito, Arconada, Camacho, Quini…

Pero al mismo tiempo me gustaría advertir sobre el uso político que se hace del deporte para seguir imponiendo socialmente unos símbolos que representan a una España que no es la nuestra, una España que a muchos nos avergüenza, y una España que además es de mentira.

Da vergüenza ver en el palco de los estadios a unos Borbones que han parasitado en este país desde hace siglos, y que aún siguen haciéndolo, porque se lo permitimos. Da vergüenza ver los falsos gestos de euforia de Felipe y Letizia pretendiendo ser más campechanos a ojos del pueblo. Da vergüenza ver a la reina en el vestuario de la selección aplaudiendo y haciéndose aplaudir mientras TVE le dedica más de un minuto a esa estupidez de noticia. Avergüenza que con la excusa del deporte pretendan seguir imponiendo esa España que nunca se desligó del franquismo, y que aún conserva sus símbolos: su bandera, su himno militar, y al jefe de estado que el dictador impuso.

Por eso, cuando acabó el partido que metió a España en la final, unos amigos y yo nos dirigimos a la madrileña Puerta del Sol para celebrarlo, pero lo hicimos orgullosamente ataviados con la bandera de nuestra España, la tricolor republicana. En el breve trecho que nos separaba de la plaza fueron muchos los aficionados que se nos acercaron y nos saludaban diciendo que esa también era su bandera. Tantos, que me dio la impresión que a un gran número de ellos les habría gustado llevarla si no pensaran que serían los únicos.

Ante la vergüenza y el asco que a muchos nos producen los Borbones, y el repelús que nos puede provocar la bandera rojigualda, no creo que desear que pierda España sea el acto de rebeldía oportuno, ya que, como diría mi camarada y amiga María José Durán, eso supondría no sólo que nos han robado la bandera y el himno, sino también el país. Y desde luego, no debemos ser nosotros quienes se lo regalen a esos miserables.

Y es por eso por lo que este domingo en mi casa y en muchas casas sonará el Himno de Riego antes de la Final de la Copa del Mundo, a todo volumen y con las ventanas abiertas, Y es por eso por lo que después, celebremos lo que celebremos, lo haremos con nuestra bandera republicana. Sé que seremos muchos quienes lo haremos, pero que seríamos miles y miles si no pensáramos que vamos a estar solos. Si los adalides del régimen borbónico y postfranquista llevan la política al deporte para imponer sus símbolos, nosotros deberemos echarles un pulso con los nuestros.

Empieza a ser la hora de que la bandera tricolor eche un pulso a la bandera heredada del franquismo. Empieza a ser el momento de recuperar un país que nos han robado. Si ayer los Azaña, Pasionaria, Pepe Díaz, Negrín, Picasso, Alberti, Miguel Hernández, no tenían miedo de defender esa España, nosotros no podemos tener miedo de ir a recuperarla y reivindicarla, a reconquistarla en cada casa, en cada calle, en cada pueblo, en cada ciudad y en toda España.
____

Los republicanos están impulsando dos convocatorias de cara a la Final de Mundial:

Si España gana el mundial, tod@s con banderas republicanas

http://www.facebook.com/event.php?eid=137494239602057&ref=mf

El día de la final ESPAÑA-HOLANDA que suene el himno de RIEGO.

http://www.facebook.com/event.php?eid=108524725864259

jueves, 8 de julio de 2010

“En Granada se ha luchado, pero ha sido siempre derrotada” (Entrevista al historiador Enrique Tudela Vázquez)


Presentado el libro 'Nuestro pan. La huelga del 70' en el que se recogen testimonios del verano en el que murieron tres albañiles

Andrea G. Parra

Ideal

02/07/2010

Enrique Tudela Vázquez (Granada, 1979), licenciado en Historia por la Universidad de Granada, recoge en un libro, que ha titulado 'Nuestro pan. La huelga del 70' (Editorial Comares) los testimo­nios de algunos de los protagonistas del fatídico verano en el que perdier­on la vida tres albañiles Tudela, que está empeñado en que se conozca la historia social, reflexiona en esta ent­revista sobre las particularidades de Granada.

-El título del libro 'Nuestro pan. La huelga del 70' ¿Por qué? ¿Por qué ahora este libro?

-Lo de 'nuestro pan' lo puse en relac­ión con la reivindicación básica que tuvieron los trabajadores en aquel momento. No fueron tanto reivin­dicaciones políticas, de una exigenc­ia de una democracia, como muc­has veces se ha manifestado, porque realmente la huelga sucedió en un periodo bastante anterior a todo lo que fueron las movilizaciones de la Transición, sino que fueron reivindicaciones concretas las que hicier­on los trabajadores. Tenían que ver con sus condiciones de vida. Exigencias de un mayor salario, unas mejores condiciones, de poder ejer­cer su trabajo con mayor dignidad. Por eso quise enfatizar la idea de nuestro pan. Lo que sacó tanta gent­e a la calle en aquel verano de 1970 fueron reivindicaciones concretas que tenían que ver con las malas condiciones de vida de los trabajadores de la construcción.

-En el libro ha recogido testimo­nios de protagonistas de aquellos acontecimientos. ¿Con quiénes ha hablado?

-He podido hablar con bastantes per­sonas, fundamentalmente, con aquellas que tenían un compromi­so político. Me hubiera gustado po­der acceder a testimonios de traba­jadores, más de base, pero... Hay tes­timonios de gente que pertenecía a la HOAC, PCE y CCOO. Una obra que fue fundamental y que me ins­piró mucho para hacer este libro fue también un libro que se llama 'Curas obreros en Granada', que fue publicado hace unos años y recoge cuatro historias de vida, testimonios en primer persona de curas obreros de la construcción. Me dirigí a tres de las personas que participaron en aquel libro para pedirles que profundizaran en los dos acontecimientos básicos para mí: Uno es la huelga del 70 y el otro es el movimiento veci­nal que surgió en el barrio de la Virgencica.

-¿Qué aportaciones y qué va a sorprender más a los lectores?

-No sé si hago aportaciones muy reveladoras. He profundizado más en la relación que existió entre el movimiento vecinal del barrio de la Virgencica y el movimiento obrero del sector de la construcción. Ha sido en el sentido de que aquella huelga fue asamblearia. Eso es importante decirlo. Por lo cual los mecanismos por los qué se llegó a esa decisión fue­ron muy democráticos. Y ya se llevaban haciendo de manera destaca­da en el barrio de la Virgencica.

-¿Hay que recuperar la historia para que no se repita?

-Lo ideal es que cosas tan trágicas como aquellas no se repitan. Hay que recuperar la historia fundamental­mente para que se sepa que en Gra­nada se ha luchado y se ha luchado por cosas dignas. Y por las que en un momento dado merece la pena se­guir luchando si se considera que no se han cubierto los objetivos.

-En la actualidad se critica que la sociedad granadina no se movili­za. ¿Está de acuerdo?

-Para entender Granada hay que en­tender su historia. Granada fue una ­ciudad que sufrió mucha violencia política a lo largo del siglo XX. La vio­lencia en Granada ha tenido una re­lación muy directa con causas polí­ticas. Y esas causas políticas funda­mentalmente han sido movilizaciones del mundo del trabajo tanto en los años treinta como en los seten­ta. En Granada se ha luchado mucho, pero lo que pasa es que en Granada se ha perdido mucho también. Ha sido muy derrotada políticamente y económicamente. Es una tierra de emigración y es una tierra donde ha habido un subdesarrollo económico en relación con otras partes de Es­paña. Eso ha hecho que muchas gen­tes tuvieran que emigrar e irse de Granada.

-¿Se conoce suficiente la histo­ria social de esta ciudad?

-Hay buenos trabajos -investigacio­nes-, pero queda mucho que cono­cer. A través de las vidas de las personas se puede conocer mucho de lo que ha pasado en esta ciudad. Creo que queda mucho por hacer. A veces me da la sensación de que en Granada se conocen mucho unas cosas, pero de otras no se habla tanto. No se habla mucho en Granada de la historia de Granada o al menos de determina­das cosas.

-Por ejemplo, el monumento que hay recordando a los obreros de la construcción, ¿pasa un poco desapercibido?

-Tampoco existen placas que recuer­den exactamente lo que pasó. En otras ciudades cargadas de historia si se encuentran placas conmemora­tivas o explicativas donde se puede conocer lo que pasó.

-¿La sociedad granadina ha reco­nocido suficientemente a los albañiles fallecidos?

-Se han hecho muchos homenajes y buscando en la prensa he visto que los homenajes se remontan a mu­cho tiempo atrás. Estas tres muertes fueron muy lloradas y muy sentidas. Realmente fue una tragedia y nadie esperaba que eso pudiera pasar. Fue un enfrentamiento muy violento. Las dos partes se agredieron mutua­mente, lo que pasa es que la corre­lación de fuerzas era abrumadora­mente superior por parte de la poli­cía por los recursos que tenia, que eran las pistolas. Los demás tenían piedras. El mejor reconocimiento que se le podía hacer a estas perso­nas, creo que sería mejorar las con­diciones de trabajo en el sector y que los convenios fueran siempre me­jorando porque por eso se luchó y por eso murieron.

-En septiembre habrá una huelga general... ¿Qué opina?

-Lo qué opino es que las deman­das no han sido satisfechas y eso es algo estructural. Es el resultado de la Transición. Digamos que deman­das más políticas que hubo ha ha­bido muchas que si se lograron como fue la legalización de parti­dos, sindicatos... pero las deman­das de base, que tienen que ver con mejorar las condiciones laborales, acabar con el paro... eso no se ha cumplido. El descontento es gene­ral porque siguen existiendo mu­chos motivos... Creo que las deman­das básicas no han sido satisfechas.

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Reseña, para abrir boca, de 'Nuestro pan. La huelga del 70':

Granada, verano de 1970. La dictadura franquista vive su última etapa, cuando en la ciudad estalla una protesta imprevista por la inmensa mayoría de la población. En el transcurso de una masiva asamblea de trabajadores de la construcción, se acuerda comenzar una huelga para presionar a la patronal a que acepte sus demandas. La concentración pacífica convocada el primer día de huelga frente a la sede del Sindicato Vertical, desemboca en una batalla campal entre policía y manifestantes. Decenas de heridos y tres albañiles muertos por disparos policiales, rompen la imagen de una ciudad hasta entonces considerada poco conflictiva por parte del régimen de Franco.

Este libro es un análisis descriptivo de aquel importante suceso. Es también una aportación a la historia social de la ciudad de Granada en el siglo XX durante los últimos años de la dictadura de Franco, realizada mediante fuentes diversas, entre las cuales destacan los testimonios de protagonistas de aquellos acontecimientos. Una época en la que emergió con fuerza, bajo la aparente tranquilidad y conformidad, la protesta social de amplios sectores de la sociedad granadina más desfavorecida. Esta obra quiere cubrir vacíos y contribuir a una mejor comprensión de la Huelga del 70, pero también de nuestro pasado, que no es lejano ni debe ser ajeno.

Enrique Tudela Vázquez (Granada, 1979) Licenciado en Historia por la Universidad de Granada. Sus múltiples intereses le han llevado a desarrollar una pasión profunda por el oficio de historiador, a viajar por Latinoamérica, África y Europa, así como a participar activamente en diversos movimientos sociales.

Editor de la revista “Gazuza” entre 1999 y 2002, ha colaborado desde entonces en diversas publicaciones y programas de radio de carácter independiente. También ha participado en el proyecto de investigación “Luchas Autónomas de los setenta” coordinado por la Fundació Espai de Blanc de Barcelona en 2007, y trabajado para el Centro de Estudios sobre el Espacio Público en el proyecto “Horizontes biográficos y espacio público en Melilla. Archivo general de historia oral de Melilla”, en 2008. Actualmente vive en Barcelona, donde desarrolla un nuevo proyecto de historia oral sobre el exilio y la emigración andaluza en Francia y Cataluña.

Info facilitada por: Museo Casa de los Tiros

martes, 6 de julio de 2010

Julio de 1936


Josep Fontana

Público

29/06/2010

Santos Juliá expone en un artículo publicado en El País el 25 de junio una tesis sobre la naturaleza de la Guerra Civil española que puede resumirse en la frase con que el propio periódico la sintetiza: “Las matanzas en el bando antifranquista durante la Guerra Civil no fueron de los republicanos, sino de los partidarios de una revolución social que, de haber triunfado, también hubiera supuesto el fin de la República”.

La tesis no es nueva. Es la de los sublevados –que pretendían que su objetivo era prevenir una imaginaria insurrección comunista–, la de la carta colectiva de los obispos o la del revisionismo neofranquista de nuestros días. No es de extrañar que la caverna de Intereconomía haya reaccionado con voces de júbilo para celebrar el regreso del hijo pródigo a la verdadera fe.

Tengo demasiado respeto a Santos Juliá como para despachar este asunto de la manera simplista en que lo hace Intereconomía; pero no puedo evitar la expresión de algunas discrepancias. Lo que había en España el 18 de julio de 1936 era un régimen democrático empeñado en una política reformista, definida así en el pacto del Frente Popular: “La República que conciben los partidos republicanos no es una República dirigida por motivos sociales o económicos de clases, sino un régimen de libertad democrática, impulsado por razones de interés público y progreso social”. Los “partidos obreros” habían aceptado estos límites por unas razones que Martínez Barrio expuso claramente en 1937: “El pacto del Frente Popular fue una necesidad política y moral, tanto para los partidos republicanos como para las organizaciones obreras. Advertían aquellos la rápida desintegración de las esencias del régimen y el peligro, cada vez más cercano, de que la Constitución del año 31, violada con reiteración, fuera abolida definitivamente. Los partidos obreros observaban, a su vez, que el terreno legal donde la derecha quería colocarlos les traería desastre idéntico al sufrido por las clases trabajadoras en Alemania y Austria”.

Aunque hablasen de revolución para azuzar los miedos de la derecha, los militares y sus asociados se sublevaron en realidad contra la democracia republicana. Lo dicen sus primeros textos internos, como el de Mola, que proclama: “Es lección histórica, concluyentemente demostrada, la de que los pueblos caen en la decadencia, en la abyección y en su ruina cuando los sistemas de gobierno democrático-parlamentario, cuya levadura esencial son las doctrinas erróneas judeo-masónicas y anarco-marxistas, se han infiltrado en las cumbres del poder”. Lo que debía hacerse era “un corte definitivo, un ataque contrarrevolucionario a fondo”, de modo que en el futuro “nunca debe volverse a fundamentar el Estado ni sobre las bases del sufragio inorgánico, ni sobre el sistema de partidos (…), ni sobre el parlamentarismo infecundo y nocivo”. De forma más expresiva lo decían los militares de su entorno, que, como nos cuenta su secretario en la primera versión de sus recuerdos, sostenían que “hay que echar al carajo toda esta monserga de derechos del hombre, humanitarismo, filantropía y demás tópicos masónicos”, lo que ejemplificaban con “la limpia que hay que hacer en Madrid entre tranviarios, policías, telegrafistas y porteros”.

Cuando se analiza la violencia inicial del levantamiento, se puede ver que se trata sobre todo de asesinatos preventivos, movidos por el deseo de desarticular hasta sus raíces la sociedad republicana. Se mata a alcaldes y concejales, a sindicalistas o a maestros de escuela. ¿Cómo explicar de otro modo el asesinato en los primeros días de tantos maestros de escuela? ¿O el hecho de que hubiese tantas víctimas en provincias que votaban tradicionalmente a las derechas y donde el movimiento había triunfado sin resistencia? No eran víctimas de una guerra civil que no existía aún cuando sus muertes fueron decididas, sino de un proyecto de exterminio colectivo.En un balance sobre la violencia roja y azul que aparecerá próximamente, José Mª García Márquez ha reconstruido la realidad de los asesinatos del verano de 1936 en la provincia de Sevilla. Se trata de hombres y mujeres que murieron sin dejar rastro, no porque fuesen víctimas de actos incontrolados, sino porque hubo una voluntad deliberada de ocultación. Una de las aportaciones más interesantes de su investigación es la certeza de que las autoridades de la revuelta tenían exacta noticia de cada muerte que se producía.

Esta primera oleada salvaje de los muertos en los descampados y en las cunetas, realizada cuando no había motivo alguno que pudiera legitimarla, es la que revela con más claridad la naturaleza y el sentido de esta violencia fundacional. Después empezó una Guerra Civil que desbordó el proyecto político republicano y dio paso a una situación nueva, en que el análisis de la violencia de ambos bandos debe hacerse sin duda con algunas de las cautelas que preocupan a Santos Juliá. Pero la suposición de que la crisis del proyecto del Frente Popular se hubiese producido de todos modos sin la provocación inicial de la revuelta no aparece justificada por el estudio de lo que ocurrió en la primavera anterior. Y, privada de esta legitimación, la violencia azul del verano de 1936 resulta ser el mayor crimen colectivo de la historia de España: un crimen contra la humanidad que no tiene amnistía ni perdón.

Josep Fontana es historiador

domingo, 4 de julio de 2010

El Rey vendió al jefe de la patronal madrileña el Maserati que le había regalado un jeque árabe


Don Juan Carlos cobró más de 100.000 euros por el automóvil

José L. Lobo

El Confidencial

01/07/2010

El Rey vendió a finales de 2008 al jefe de la patronal madrileña, Arturo Fernández, íntimo amigo del monarca y dueño del grupo hostelero que lleva su nombre, el Maserati Quattroporte que le había regalado un jeque árabe, valorado en más de 150.000 euros. Fuentes muy cercanas al presidente de la Confederación Empresarial Independiente de Madrid (CEIM) y vicepresidente de la CEOE han revelado a El Confidencial que éste pagó a Don Juan Carlos casi 100.000 euros por el automóvil de fabricación italiana.

Fernández confirmó ayer a este periódico que compró el Maserati Quattroporte, una berlina de lujo, después de que el monarca se pusiera en contacto con él para ofrecerle el vehículo. "No tengo por qué ocultarlo. Pagué a Su Majestad unos 100.000 euros por el coche", aseguró el empresario, que posee una colección de más de 150 vehículos deportivos y de alta gama.

El presidente de la patronal madrileña negó, sin embargo, que un jeque árabe de una de las monarquías del Golfo Pérsico le hubiese regalado el automóvil a Don Juan Carlos, como aseguran las fuentes consultadas por El Confidencial. "El Rey compró el vehículo a la casa Maserati y lo pagó de su bolsillo. Lo sé porque me enseñó la factura. Lo que yo le pagué a él fue menos de lo que le había costado el coche", añadió Fernández.

Fuentes de la Casa Real no confirmaron ni desmintieron los detalles sobre la procedencia del Maserati Quattroporte y su posterior venta al empresario madrileño. El diplomático Ramón Iribarren, responsable de Comunicación de La Zarzuela, se limitó a señalar anoche desde Girona, donde acompañaba al príncipe Felipe de Borbón a un acto oficial: "No tengo ni idea". Iribarren se comprometió a aportar este jueves más información sobre el origen del vehículo.

Homologación del automóvil

Además de los 100.000 euros que Fernández pagó al Rey por el Maserati Quattroporte, el presidente de la CEIM tuvo que desembolsar otros 40.000 euros para homologar el automóvil, procedente del mercado asiático, a las especificaciones europeas, según las fuentes consultadas. Fernández, añaden esas fuentes, modificó los sistemas de navegación, seguridad, emisiones, frenos y dirección del vehículo para adaptarlos a los requerimientos de la UE, según explicó el propio empresario a varias personas de su entorno. Esa circunstancia contradice la afirmación de Fernández a El Confidencial de que el Rey compró el coche a Maserati.

Don Juan Carlos, amante de la velocidad y de los coches deportivos, posee una notable colección de automóviles particulares, y tiene también a su disposición los 70 vehículos que integran el parque móvil de la Casa Real, de cuyo cuidado y mantenimiento se encargan más de 65 funcionarios.

El Rey disfruta también el privilegio de conducir vehículos prestados por un tiempo indeterminado por las marcas más exclusivas. Hace tres años, el presidente de Daimler-Chrysler, Dieter Zetsche, le cedió un Maybach 57S, y en 2003 el monarca recibió dos Nissan 350Z deportivos biplaza de 280 caballos valorados en más de 40.000 euros cada uno. La casa Mercedes también trabaja con La Zarzuela, con modelos como un deportivo SL55 AMG valorado en 150.000 euros, varios todoterreno o el Smart que el Rey regaló a Doña Sofía. Desde la marca alemana aclaran que el jefe del Estado "siempre paga religiosamente".

viernes, 2 de julio de 2010

Un párroco de Jerez prohíbe que se interprete el himno nacional en los actos religiosos


Justifica su postura en que es partidario de la independencia entre la Iglesia y el Estado y "más en un Estado aconfesional"

M. Valero

Granada Hoy

23/06/2010

Para algunos feligreses el final de la celebración del Corpus de la hermandad de La Candelaria de la parroquia de Santa Ana de Jerez (Cádiz) fue algo inusual. El pasado domingo, la procesión recorrió las calles de la barriada de La Plata, que culminó con una bendición en la que la banda de la Sentencia interpretó el himno nacional. Una web cofrade denunció en su página que el párroco, José Manuel Guzmán, declaró que "mientras yo esté aquí, el himno queda desterrado. No sabemos el por qué de esta reacción, ni a qué se debe esta salida de tono, pero no creemos que sea la mejor manera de finalizar una procesión eucarística".

Ante esta denuncia del ámbito cofrade, el párroco no dudó ayer en aclarar lo sucedido, reconociendo su negativa de que se tocara el himno en el templo. "Sí, es cierto que lo dije, pero todo tiene su explicación. Siempre he sido partidario de la independencia entre la Iglesia y el Estado, y he intentado durante toda mi trayectoria que esa relación se minimice lo máximo posible. Creo que no hay que permitir la intromisión de lo civil en lo religioso, como tampoco quiere el Estado que la Iglesia se meta en su terreno".

El párroco se sorprendió de la reacción negativa que tuvo sus palabras en el acto, ya que "no he recibido personalmente ninguna crítica tras decir mis palabras, gracias a Dios no hubo ninguna rebelión. Solamente, el capataz de la hermandad me comentó al final de la celebración que discrepaba de mi decisión, pero siempre de forma muy respetuosa y cordial. Por eso me extraña que ahora se digan esas cosas". El cura de Santa Ana reivindica que "siempre he sido constante y fiel a esta forma de pensar. Un Estado no debe participar en los actos de la Iglesia y viceversa, y más en un Estado aconfesional como éste. He sido coherente, porque creo que cada cosa tiene su sitio, y el himno no debería estar aquí".

Pero no sólo cree que estos acordes están fuera de lugar en el templo, sino que además declara que "la bandera de España tampoco debe mostrarse en los actos religiosos. Hay signos de la Iglesia que podían haberse usado, por ejemplo, en el Corpus del domingo, y no se utilizaron. Creo que también tengo derecho en defender mis ideas en este ámbito", señaló Guzmán, quien resaltó que "se tocó el himno a la salida de la procesión y no dije nada en ese momento, pero cuando me enteré que lo volvían a hacer al final es cuando pedí que tocaran otras canciones más acordes con el acto".

Este párroco, que con 18 años entró como franciscano en Nuestra Señora de Regla en Chipiona, ha ejercido también como profesor en Alemania, pasó por Roma y su primer destino como cura fue Jédula. Allí también tuvo cierto enfrentamiento con el Ayuntamiento de Arcos, "porque se empeñó en construir por su cuenta y cargo la iglesia de la pedanía". Es por ello por lo que Guzmán también resaltó que "no soy partidario de que el Consistorio o el Estado participe en la construcción de los templos, porque creo que el dinero público debe estar dirigido a otros fines. Los fieles son los que deben sustentar la Iglesia".