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viernes, 16 de septiembre de 2011
El regreso de la pobreza

miércoles, 14 de septiembre de 2011
Negocios de la Real Casa. Una música con sonido a Euros

13/09/2011
Por nada del mundo –con minúscula-- quisiera hacer propaganda del diario El Mundo –con mayúscula--, conocido popularmente –y sagazmente— como El Inmundo. Pero hoy, 12 de setiembre, la edición madrileña incluye un reportaje interesante en su página 10, titulado "La SGAE dio a dedo 300.000 € a Urdangarin". No es posible reproducir el reportaje, porque lo prohíbe el copyright del diario. Es lógico que procure vender ejemplares, ya que los únicos anuncios que le llegan son de puterío. Está claro que los lectores de este diario son aficionados al ejercicio del sexo. Aunque deben tener cuidado: a su director, Pedro J. [Jeta, según el decir popular] Ramírez le costó un vídeo su afán por establecer íntimas relaciones con Guinea, vía Exuperancia Rapú. Estaba muy mal realizado, aunque con mucha gracia.
Pero no pretendo hablar de cuestiones diplomáticas, sino de ese informe. Al no poder reproducirlo por cuestiones legales, vamos a resumir su contenido. Según cuentan Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta, la intervenida Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), cuando estaba presidida por el acusado de corrupciones innúmeras Teddy Bautista, músico en lejanos tiempos, firmó un lucrativo contrato con Nóos Consultoría Estratégica, S. L., presidida por Iñaki Urdangarin, el feliz esposo de Cristina de Borbón, dichosa hija de su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde. Con motivo de su romántico enlace con el exjugador de balonmano en 1997, el generoso y amantísimo real padre concedió a su hija el ducado de Palma de Mallorca (sin dignarse preguntar a los palmesanos su opinión, que hubiera sido muy digna de conocer, me parece), por lo que el balonmanista se convirtió en duque consorte y con tratamiento de excelentísimo señor. El deporte ennoblece en este reino: uno duque, otro marqués, y todos millonarios.
Esta circunstancia ha permitido al excelentísimo convertirse también en consejero de numerosas sociedades, y participar en chanchullos económicos lucrativos. Por ejemplo, en el conocido como caso Palma Arena, ahora investigado por el Juzgado número 3 de Palma de Mallorca. Parece probado que la entidad presidida por el duque consuerte de Palma se llevó 1.200 millones de euros de difícil justificación hasta hoy, y ya veremos lo que sucede cuando se celebre el juicio, si se celebra...
Y ahora se le añade el escándalo de la SGAE. Queda demostrado que no se puede pasar impunemente de jugador de balonmano a presidente de entidades financieras, a no ser que se que tenga un poderoso padrino. Aun así, cuentan los informadores de este reportaje que Nóos, es decir, el duque conmalasuerte, facturó a la SGAE en tres años una suma de 300.000 euros por la realización de unos presuntos informes que los consejeros de la entidad más recaudadora del mundo nunca jamás vieron.
Sentimos que la publicación de este reportaje le haya caído a su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde, en plena convalecencia de su última, por el momento, intervención quirúrgica. Lo que le faltaba.
Por la transcripción comentada del reportaje © El Mundo.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Melquíades Álvarez por partida doble
Luis Arias Argüelles-Meres
05/09/2011
«¿Que qué me parece el reformismo? Yo soy liberal, todo lo más liberal que usted quiera. Lo mismo me da Romanones, que Villanueva, que Alba, que Melquíades, con tal de que hagan lo que se debe hacer, a mi juicio: política liberal, verdaderamente liberal». (Unamuno, en una carta a Luis de Zulueta en 1916)
«En esencia, los reformistas eran socialdemócratas con un matiz fabiano. Siguiendo el espíritu de Costa, hacían hincapié en la reforma agraria, la tolerancia religiosa, la democracia parlamentaria y la educación laica». (Rockwell Gray)
¿Cómo es posible que haya pasado tan desapercibido el 75 aniversario de la muerte de Melquíades Álvarez, especialmente en esta tierra que fue la suya? El 22 de agosto de 1936 el gran tribuno gijonés fue vilmente asesinado por unos desaprensivos sanguinarios en el asalto que se produjo a la cárcel Modelo de Madrid contra los prisioneros políticos que allí se encontraban. Crimen aterrador, que horrorizó entre otros a Azaña y a Indalecio Prieto. De forma tan trágica como injusta así terminó sus días el gran tribuno, el prestigioso abogado, el catedrático universitario y el político que había fundado en 1912 el Partido Reformista, formación política en la que militaron, entre otros, Azaña, Ortega, Pérez de Ayala, Américo Castro y Augusto Barcia, formación política que -paradojas del destino- había sido el principal vivero del único Estado no lampedusiano de nuestra historia contemporánea, es decir, de la II República. De hecho, «La Liga para la Educación Política», que se creó en 1913 como apéndice del Partido Reformista fue, en palabras de José Gaos, el antecedente de la Agrupación al Servicio de la República.
Tengo escrito que Melquíades Álvarez fue, en el sentido más dramáticamente freudiano, el padre de la República. Y, por otra parte, a la hora de analizar su significado histórico hay un dato no menos inquietante y definitorio: nació, como Unamuno, en 1864, y murió, también como don Miguel, en 1936. Así las cosas, podría interpretarse que Melquíades Álvarez acaso fue el político más importante de la Generación del 98.
En cualquier caso, la cronología hace que nos encontremos con Melquíades Álvarez por partida doble, pues no sólo se acaba de cumplir el 75.º aniversario de su muerte, sino que además en abril del próximo año tendrá lugar el centenario de la fundación del Partido Reformista, partido político que combatió desde el primer momento la vieja política de la Restauración y que atrajo a los intelectuales más importantes de la España de entonces, y no olvidemos que estamos hablando nada menos que de la Edad de Plata de nuestras letras.
La figura de Melquíades Álvarez, que tanto protagonismo tuvo hasta la dictadura de Primo de Rivera, es inexplicable sin tener en cuenta el influjo de Clarín, a quien sucedió como catedrático en la Universidad de Oviedo. Melquíades Álvarez se forma culturalmente en el mejor momento histórico de nuestra Universidad.
Y, a propósito de Clarín, no olvidemos que en su lecho de muerte se anticipó la trágica suerte que correría el liberalismo español, liberalismo que nada tiene que ver con quienes tal cosa se reclaman desde postulados economicistas, cuando no reaccionarios. Se anticipó esa tragedia, digo, si se tiene en cuenta que don Alfredo Martínez, el galeno de nuestro gran escritor, sería asesinado en las calles de Oviedo pocos días antes del estallido de la Guerra Civil, que don Melquíades sería víctima del asesinato al que aludimos más arriba y que en febrero del 37 don Leopoldo Alas, rector de la Universidad e hijo de Clarín, sería fusilado en Oviedo, ocasionando aquella salvaje ejecución un escándalo nacional e internacional de grandes dimensiones, mientras las principales autoridades de aquella «cruzada» no hicieron más que darse por enterados.
En todo caso, sin perder de vista en ningún momento que en la trayectoria de Melquíades Álvarez hay, al menos, dos etapas bien diferenciadas, antes y después del golpe de Estado de Primo de Rivera, golpe al que no se opuso con la contundencia que de él se esperaba, su importancia histórica es mayúscula, y resulta tan incomprensible como injusto que, a día de hoy, sea un desconocido en Asturias y en España.
En efecto, dos etapas bien diferenciadas, antes y después de la dictadura de Primo. Ejemplo significativo es que Azaña abandonó su militancia en el partido de don Melquíades tras el referido golpe. Cierto es que Álvarez conspiró en algún momento contra la dictadura, pero sin el ímpetu que de él esperaban muchos de los que siguieron su mensaje reformista. Y, a propósito de Azaña y de don Melquíades, en su momento el que fuera presidente de la República llegó a confesar que el tribuno no lo había hecho ni siquiera concejal. Asimismo, no sin cierta consternación, Azaña escribió que el que había sido su jefe político podría haber tenido todo el protagonismo en la República y que, sin embargo, su deriva conservadora se lo impidió.
Hay un Melquíades Álvarez combativo, reformista, comprometido con la modernización de España. Hay un Melquíades Álvarez que pierde sus esperanzas en una España mejor a partir del golpe de Estado de Primo. Y hay un Melquíades Álvarez, continuación del anterior, que en ningún momento muestra entusiasmo hacia el Estado que se proclamó en abril del 31, ello a pesar de haber contribuido tanto a su advenimiento desde el reformismo que había liderado.
Lejos, muy lejos, está la Asturias actual de contar con figuras de esa envergadura. Y lo peor de todo es volver la espalda, por desconocimiento, a personas y obras que representan lo mejor que hemos tenido.
sábado, 10 de septiembre de 2011
Lorca jibarizado

jueves, 8 de septiembre de 2011
El voto del rey

Aníbal Malvar
Público
30/08/2011
Vázquez Montalbán era un escritor tan grande que acabó asesinado por sus propios libros. En concreto, por su Autobiografía del general Franco, que consumió la última diástole que le quedaba. En ella pone en boca del atiplado generalito una anécdota para la meditación. Fue con motivo del referéndum de 1966 para aprobar la Ley Orgánica del Estado.
Cuenta Franco que don Juanito, tierno adolescente de 28 años, llamó por teléfono a su padre para preguntarle qué votar, como es costumbre entre los españoles menores de 50 años.
Ya estoy viendo el eslogan de IU y ERC para tan revolucionarios comicios: “Monarquía, de entrada, no”. Y luego, como con la OTAN, trágala y pa dentro. Porque si algo ha abalizado a nuestra monarquía es su capacidad mimética, un camaleónico instinto de supervivencia que la engendró franquista en el franquismo, ye-yé en la Transición, militarmente libertaria el 23-F y especuladora cuando la cultura del pelotazo. Por eso ahora, que ya somos democráticos y nos convocan a referéndum para cualquier tontería, el rey debería votar. Al no estar ya don Juan, majestad, llame usted a la Merkel, que le dice encantada a qué partido.
martes, 6 de septiembre de 2011
El sentido político del cierre constitucional

Íñigo Errejón*
31/08/2011
El martes 23 de agosto el Presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, anunció haber acordado ya con el Partido Popular una reforma de la Constitución para blindar un tope máximo de déficit público, que se realizaría antes del final de la legislatura, en las próximas semanas.
Se han escrito muchos y muy buenos artículos críticos con el contenido económico y el procedimiento constitucional escogido para la reforma. La iniciativa, en todo caso, tiene además un significado político directamente emparentado con el terremoto que ha supuesto el 15-M en los últimos meses: recuperar en un sentido conservador del orden existente la iniciativa que el movimiento le había arrebatado a los principales partidos en los últimos meses, y constitucionalizar un cierre frente a la suerte de “cerco social” al régimen que los indignados llevaban meses desplegando.
Para la reforma constitucional, bastan 3/5 de la representación en Parlamento y Senado, que reúnen sin dificultades los dos grandes partidos. Tras muchos años de discurso único que repetía que modificar la Constitución de 1978 era abrir la caja de los truenos de la convivencia cívica, los dos principales partidos del sistema político, cada vez más estrechamente vinculados en un funcionamiento orgánico como el gran “Partido del Estado”, acuerdan un profundo golpe de mano que, de facto, sentencia el ya maltrecho Estado social español.
Se trata de un hecho sin precedentes, de una gravedad que difícilmente puede ser exagerada. Los próximos días mostrarán el alcance de la reforma constitucional y sus resistencias, pero la constitucionalización de la austeridad neoliberal parece dar la razón a los indignados en su crítica no sólo a los recortes sociales y las soluciones regresivas e injustas frente la crisis, sino sobre todo a las graves carencias democráticas de un Estado en el que la élite política es ya tan solo testaferro de los poderes económicos europeos.
De momento, la reforma constitucional ya ha sido aprobada en el Parlamento, y el oligopolio de la representación que ostentan PSOE y PP parece augurar que los trámites seguirán su curso sin sobresaltos. El candidato Rubalcaba ha maniobrado lo mínimo necesario –derivando a una futura ley orgánica el límite específico del gasto- como para mantener prietas las filas de parlamentarios y senadores del PSOE, paliar las tímidas críticas internas y al mismo tiempo escenificar un poco creíble distanciamiento de su Gobierno. Aún así, será él, y no un absurdo Zapatero que juega al estadista sacrificado quizás para sembrarse un próspero ejercicio de expresidente, quien asumirá el coste electoral de una iniciativa impopular ante el regocijo del PP, que comienza así a gobernar ya en un relevo ordenado regido por el mismo programa regresivo y de subordinación a la troika europea.
Pese a su estabilidad institucional y la contundencia de las declaraciones de sus defensores, la reforma puede leerse como un movimiento defensivo, de cierre del régimen, que profundiza la limitación del alcance de la soberanía popular y, más aún, su condición de fuente de legitimidad política, a favor de una supuesta “lógica económica” que escatima al debate público sus indisimuladas prioridades normativas a favor de las minorías privilegiadas.
El Gobierno en descomposición de Zapatero pretende una maniobra ampliada de estabilización, con una reedición limitada, estrecha y regresiva del pacto constitucional original. Al blandir la Contitución como armadura contra el creciente descontento, estrecha aún más el margen de la política democrática –y de la soberanía nacional, atándose a las directrices de Merkel y Sarkozy-, pero podría estar colocando a la otrora intocable Constitución de 1978, pactada con la dictadura franquista, en la agenda política y en las miras de muchos de los indignados.
Si la visita de Benedicto XVI mostró la fortaleza del bloque social conservador, la apresurada iniciativa de “reforma express” de la Constitución, sin someterla a referéndum ni tan siquiera a debate público, muestra de forma nítida el secuestro de la soberanía popular por los poderes financieros privados y el cierre involucionista de un régimen temeroso de preguntar a sus gobernados. Si esta maniobra reduce el margen para la concertación e inclusión de algunas de las principales demandas del movimiento, aumenta por otro lado las posibilidades para que la crisis de legitimidad de la élite se contagie a un sistema político-constitucional crecientemente impermeable y replegado sobre sí mismo.
Tras su “primavera democrática”, el movimiento 15-M afronta una amplia contraofensiva sistémica, y todo parece indicar que nos espere un “otoño caliente”.
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=134861
* Íñigo Errejón Galván es investigador en la Universidad Complutense de Madrid.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Un Gobierno de concentración económica para la Transición en la Corona
José Manuel Martín Medem
Lo que exigía dicha fundación, como portavoz de los dueños del poder económico, pasando por encima del Parlamento, era precisamente “refundar España, interviniendo cuanto antes para cambiar el ámbito constitucional e imponer un nuevo modelo de Estado que garantice un nuevo esquema de conducción y planificación del país mediante cambios estructurales urgentes”. La banca y los grandes empresarios advierten a los ciudadanos de que deben renunciar a la democracia con espíritu de sacrificio porque “quien no se resigne está condenado al fracaso o, lo que es peor, a sobrevivir lastrando al resto del sistema como un nocivo e indeseable virus”.
La banca y los grandes empresarios han decidido que ya han sacado todo lo posible del consenso constitucional de 1978 y que ahora necesitan un nuevo modelo de Estado con menos democracia y más impunidad económica.
La refundación puede desembocar, después de las próximas elecciones,en un gobierno de la gran coalición para manejar la transición de Juan Carlos a Felipe en función de los intereses de los negocios y del futuro de la Corona.
Con el golpe del 23 de febrero de 1981 nos metieron en la OTAN y ahora emerge la trama civil, con la tremenda arrogancia del poder económico, para imponer el golpe constitucional definitivo que anule la soberanía nacional y la autodeterminción democrática.
Los confidentes del gran poder que colaboraron con Francisco Medina en la elaboración de su libro 23 F: La verdad le confimaron que el objetivo de ”los banqueros de la derecha tradicional” ya era entonces cambiar la Constitución. No lo consiguieron con la amenaza militar en el Congreso y ahora mejoran el procedimiento, ocupando el Parlamento con la complicidad del PSOE y del PP.