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miércoles, 23 de febrero de 2011

El silencio sobre el 23-F


Andrés Aberasturi

Europa Press

22/02/2011

Treinta años ya y sigo sin poder ver las imágenes de la entrada de Tejero en el Congreso sin que me escueza el alma. Treinta años y ni se sabe cuántos libros leídos sobre aquella noche trágica y a la vez esperpéntica -vergonzosa en todo caso- sin que hasta hoy tenga ninguna certeza de cómo, cuántos, quiénes estuvieron detrás de aquel disparate que nos pudo costar la libertad. Y es curioso como las editoriales titulan o subtitulan sus publicaciones: "23-F, la historia no contada" de José Oneto, "23-F, el Rey y su secreto" de Jesús Palacios o "Adolfo Suárez, la historia que no se contó" de Juan Francisco Fuentes. Y pese a que tantos compañeros -habría que hablar también de Jáuregui y Cernuda con su "23-F: la conjura de los necios" o de Cercas y su "Anatomía de un instante") a pesar, digo, de tanto compañero contando lo que nadie contó, todo o mucho de lo ocurrido aquella fecha y en los días anteriores, sigue siendo un misterio.

Pero hay dos frases especialmente graves y que le ponen a uno los pelos como escarpias. La primera me la dijo el propio ex presidente Calvo-Sotelo en una entrevista para RNE muchos años después del intento de golpe. Al preguntarle yo por qué la investigación de la trama civil se quedo sólo en aquel histriónico García Carrés, don Leopoldo me vino a decir que fue una decisión casi personal suya por el bien de la democracia. Y no le pude sacar de ahí. La otra frase inquietante la relata Jesús Palacios en su libro antes reseñado y viene a cuento de la cantidad de cintas que se grabaron aquella noche y que a día de hoy la inmensa mayoría siguen sin conocerse; pues bien, según Palacios, Juan José Rosón, entonces ministro de Interior, llegó a decir que su contenido era dinamita y que lo mejor para la estabilidad de la democracia era que jamás se conocieran.

Naturalmente es imposible estar de acuerdo ni con el ex presidente ni con el ex ministro y aunque se pudiera entender en aquellas fechas, después de tres décadas uno cree que existe la obligación moral de hacer publicas esa cintas y lo que se investigara -y luego se callara- de una trama civil más amplia que sin duda existió. ¿Por qué nadie en el Congreso pide al Gobierno que se desclasifiquen o se hagan públicos todos los datos del intento de golpe? ¿Quién tiene miedo y de qué? ¿Qué presiones existen aun para que sigan apareciendo libros y recreaciones de unos días de los que tan poco sabemos? Han cambiado muchas cosas desde entonces pero algunas permanecen inalterables: los partidos políticos, la Corona y el CESID que sólo ha variado el nombre. ¿Habrá que buscar en lo que aun perdura las razones para el silencio?

http://www.europapress.es/opinion/andresaberasturi/andres-aberasturi-silencio-23-20110222120034.html

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