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jueves, 24 de febrero de 2011

Víctor Sampedro: "Sin el golpe estaríamos en un estado federal"


El catedrático de Opinión Pública y Comunicación Política considera que con el 23 F se acabó con una transición "que podría haber llevado esta democracia muchísimo más lejos de donde está ahora"

Julia Gas / Javier Pérez Martínez

Público

22/02/2011

¿Cómo están tratando los medios convencionales este 30 aniversario del 23 F?

El segundo periódico de tirada nacional tituló: "En Bahrein piden un rey como Juan Carlos"; algo que desapareció inmediatamente de la versión online. Una información no contrastada volvía a colocar al rey como el piloto ideal de cualquier transición democrática. Por una parte, un alarde de figura política que no se corresponde con la realidad. Y por otra, una banalidad absoluta. Parecida a los recopilatorios sobre ‘qué hacías la noche del 23-F', los líderes actuales cuentan qué hacían en sus vidas privadas y cómo, al igual que el resto de la población, no se implicaron en el curso de los hechos.

¿Cree que entonces se acabó la transición y comenzó la democracia?

Lo que acabó fue una transición que podría haber llevado esta democracia muchísimo más lejos de donde está ahora. El 23-F abortó la potencia regenerativa de esta sociedad, con dos discursos oficiales muy contradictorios. No se puede sostener al mismo tiempo que Tejero era un payaso sin ningún tipo de apoyo y que el monarca abortó un golpe de estado de consecuencias trágicas. Una cosa u otra. Estas historias son verdades, pero verdades a medias. Son verdades que ocultan una verdad todavía más profunda. Tejero no era el hombre clave de los golpistas. Y el rey se enfrentó al verdadero golpe (un gobierno de coalición en torno a Armada) cuando vio que fracasaba, precisamente por la astracanada de Tejero.

¿Cuál fue el verdadero papel del rey?

Está escrito y firmado por activa y pasiva. El rey participó en una representación. Como todo acto político, su intervención tuvo mucho de teatro. Viendo que los tiros y exabruptos de Tejero en el Congreso invalidaban la ‘operación De Gaulle' en torno a Armada, se escenificó que el rey ponía la Constitución por delante de la Corona. Algo falso en los meses previos y en el 23-F. Las muchas horas que pasan antes de su intervención son horas de consulta. Para saber si los capitanes generales se suman al tejerazo, si Armada logra reconducir las cosas... Cuando hay constancia de que nada de eso ocurrirá, entonces toma una postura pública a favor de la democracia, recordando cómo los Borbones pagaron con el exilio su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera . Lógico en un monarca: primero mira por su linaje y luego ve en qué régimen sale adelante.

¿Nadie cuestionó la figura del rey en ese momento?

Sí. Según el teniente coronel Amadeo Martínez Inglés -conocido por sus ideas republicanas- la cuestionan sobre todo los militares fascistas porque el rey traicionó a sus compañeros de armas. También le cuestiona una izquierda republicana que, a partir de entonces, pasa a ser extra-parlamentaria. Cuestionan al rey quienes, según Javier Cercas en su libro Anotomía de un instante, no fueron capaces de traicionar sus ideales. Habla de que éste es un país de héroes de la traición. Así es como retrata (y alaba) a Suárez, a Gutiérrez Mellado y a Carrillo, pero no al rey. ¿Insinúa Cercas que el rey no tenía ideales?

¿Cuál fue el objetivo del golpe?

Existen dos golpes en marcha que son barajados por la Corona y la clase política. El primero lo encabeza Tejero y una trama civil muy ligada a los restos del Movimiento Nacional franquista. Al mismo tiempo existe una búsqueda, por parte de la clase política y del monarca, de un gobierno de concentración nacional, que no era constitucional. Se deja que ambos planes continúen paralelamente, e incluso se mantiene la ambigüedad de que se puedan fundir en un momento dado. Es la precipitación de Tejero la que desbarata absolutamente todo. Los servicios secretos (el CSID, actualmente CNI) dejan que los dos golpes salgan adelante y el rey opta por asumir el protagonismo cuando ya no había forma de encauzar las cosas.

¿Cuáles son las consecuencias de ese 23-F?

Lo que ocurre es muy significativo para la marcha posterior de este país. La definición del modelo territorial sufre una regresión considerable. Si en 1981 las cosas hubieran continuado como iban estaríamos, casi seguro, en un estado federal. Además, el golpe fue utilizado por el PSOE como razón de permanencia en la OTAN, porque esto "democratizaría" a un ejército como el de Franco, socializado en el autoritarismo, la represión y el control de la población. Hay un alineamiento total con EEUU tras el referéndum de la OTAN, en el que González amenazó con dimitir (con el miedo a otro 23-F) si la población no aceptaba unas condiciones de permanencia que han sido desde entonces siempre incumplidas. El 23-F y el viaje posterior del rey a EEUU suponen una restauración borbónica. Todo eso frente a un ideal de socialdemocracia no alienada, al estilo escandinavo, que era el sueño de la población y que es abandonado por un PSOE entregado al posibilismo.

¿A qué se debe la desmovilización de entonces?

El principal legado de la dictadura es el miedo. Miedo a una represión que no tiene parangón con otro gobierno autoritario, tanto en extensión de años como en ensañamiento con los vencidos [de la guerra civil]. La destrucción de organizaciones ciudadanas que se produce tras cuarenta años es tal que hay un pavor tremendo a la involución. Asimismo, una democracia estable, según los padres de nuestra constitución y la clase política española, está reñida con la movilización. Y esto es un error de cultura política tan grave... No existe ninguna democracia viva merecedora de ese adjetivo sin una ciudadanía movilizada.

¿Cómo vivió aquel día la opinión pública?

Mientras en Madrid y Valencia salieron los fascistas a la calle, la oposición parlamentaria se escondía en el suelo de los tiroteos o preparaba su exilio. El contraste no puede ser mayor con otro momento de crisis. El 13 de marzo de 2004 [tras los atentados del 11-M] las nuevas generaciones hicieron uso de las nuevas tecnologías y defendieron la democracia como no lo habían hecho ni el monarca ni el país en 1981. Lo cual implica que el 13-M acabó con la cultura impuesta el 23-F. Un cambio generacional muy importante, que está teniendo consecuencias.

A los jóvenes, a veces, se les echa en cara quejarse de esta democracia...

Los jóvenes ya no están dispuestos a aceptar una democracia regalada y a que no se les reconozca ningún papel (ni previo ni actual) en profundizar en un modelo que se da como cerrado y perfecto. Cuando mis alumnos vuelven de la beca Erasmus, se dan cuenta de que aquí no ven reconocidas ni su valía laboral ni la dignidad ciudadana. Se saben en una sociedad imperfecta y en una democracia donde la implicación activa, al margen de los partidos (y, además, mayoritarios) está penalizada. Siendo como es la savia de una democracia viva, digna de tal adjetivo.

¿Cómo se podría abrir el debate para que avance la democracia?

Hagamos un reajuste generacional, empezando en nuestras casas. No hablemos tanto de la guerra y centrémonos en los cuarenta años más cercanos. En la dictadura sólo derramaron sangre el dictador y sus matarifes. ¿Por qué son tan difíciles de asumir dos cosas que parecen evidentes? Que ciertos consensos fueron útiles y, en su tiempo, sirvieron para evitar mayores conflictos. Y que aunque, hubiese que traicionar entonces muchos ideales ahora necesitamos recuperar al menos uno. O consideramos el antifascismo, la implicación democrática frente al autoritarismo, como semillas de democracia o no existe democracia posfranquista.

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