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martes, 22 de febrero de 2011

Palacios: «El 23-F fue una operación del Estado con la aquiescencia del rey»


El periodista dice que fue un golpe del sistema contra el sistema, para corregir la deriva negativa de la Transición

F. Franco

La Opinión de Zamora

19/02/2011

«El 23-F fue una operación institucional del Estado con la aquiescencia del rey. Dicho de otro modo, fue un golpe del sistema contra el sistema, para corregir el sistema, que es como decir corregir la deriva negativa de la Transición. Fue ampliamente consensuado con la nomenclatura política e institucional».

Presentado por el periodista Javier González Méndez, éste inició la ronda de preguntas inquiriendo si Suárez había sido utilizado como un kleenex por el rey. Según Palacios el ex presidente de Gobierno había tenido una primera etapa de uña y carne con el monarca pero se distancian a partir de 1979. «En realidad -afirma-, a Suárez ya lo atacaba de forma despiadada la oposición, lo repudiaban los suyos dentro de UCD y los militares no le perdonaban que los hubiese engañado con la legalización del Partido Comunista, aquel 9 de abril de 1977». Los servicios de inteligencia del CESID, según Palacios, arbitraron una fórmula incierta dentro de la Constitución con el apoyo implícito de Estados Unidos: la «operación De Gaulle». Se trataba de crear una situación militar extrema para que los diputados, antes de someterse a un golpe de Estado, votasen un Gobierno de salvación nacional presidido por un general de prestigio. Según Jesús Palacios, «el general Armada era el hombre políticamente bendecido por todas las fuerzas políticas, especialmente por la cúpula del PSOE, para resolver la gravísima crisis del sistema semanas antes del 23-F». Sobre el grado de conocimiento o implicación del rey, Palacios asegura que don Juan Carlos repitió en 1980 varias veces la frase: «¡A mí dádmelo hecho!».

Los militares. Lo que afirma Palacios, autor en la editorial Libros Libres de «23-F, el rey y su secreto», es que no fue un golpe de involución ni lo tramaron militares descontentos. Al contrario, destaca cómo las Fuerzas Armadas permanecieron leales a la Corona durante toda la Transición. Armada tenía que ser presidente de un Gobierno de excepción, en el que habría representación pluripartidista. El Cesid fue el eje de la operación, y Estados Unidos dio su apoyo. Todo el arco parlamentario con el PSOE de Felipe González a la cabeza - «sin cuyo asentimiento no se hubiera llevado a cabo la operación» - apoyaban la formación de un gobierno de concentración cuyo objetivo era el redondeo de la Transición y de la propia democracia».

Un caos alrededor. Había que poner orden en plena descomposición de la UCD. Suárez, ya en el año 80, era un problema para la democracia: es un año de gran vacío de poder. Así, la nomenclatura política -de Felipe González a Manuel Fraga, de la Conferencia Episcopal a la CEOE y los barones de la UCD- hace presión sobre las más altas esferas para reformar la Constitución, quitar de ella el término «nacionalidades», corregir el Título VIII, que regula el sistema autonómico y reconducir a los nacionalismos mediante la reforma de la ley electoral.

Una doble fase. La operación se desarrollaría en dos fases, según Palacios: la primera al margen de la legalidad institucional con un «supuesto anticonstitucional máximo» que sería encarnado por el teniente coronel Tejero con una imagen de elemento de involución; la segunda fase, que fracasó, llevaría al general Armada al Congreso donde desalojaría a Tejero y haría aprobar por toda la cámara la propuesta de gobierno de concentración previamente consensuado por los grupos. «Tejero -explica-, a quien no le han explicado todo el desarrollo del plan, ve quiénes formarían aquel Gobierno (con González en la vicepresidencia) y niega el paso a Armada. En aquel momento todo termina y todos los que estaban involucrados se desentienden y señalan a Armada como el gran traidor».

Cosa de Tejero. El guardia civil sublevado quería una Junta Militar presidida por Milans, es decir, una fórmula similar a la de Primo de Rivera en 1923. El coronel Tejero, sublevado en Madrid, no obedeció a Armada. La «operación De Gaulle» a la española fracasó y todo el tinglado del CESID se vino abajo, según Palacios.

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