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domingo, 20 de febrero de 2011

«Manuel Prado, el amigo del Rey, organizó la conspiración del 23-F»


«Un alto consejero de la Embajada de EE UU, que luego resultó ser el jefe de la CIA en España, me advirtió 24 horas antes del golpe de que se tramaba algo»

Con la publicación de esta entrevista al profesor Manuel Pastor, LA NUEVA ESPAÑA inicia hoy una serie especial sobre el fallido intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, acontecimiento histórico del que ahora se cumplen treinta años. Protagonistas y expertos de aquel episodio registrado durante la investidura del presidente Leopoldo Calvo-Sotelo aportarán cada día en este periódico perspectivas inéditas que ayudarán a arrojar nuevas luces sobre unos hechos que han supuesto la mayor amenaza a la democracia.

Entrevista a Manuel Pastor, director del departamento de Ciencia Política de la Complutense y dirigente socialista durante el golpe.

Isabel Bugallal

La Nueva España

18/02/2011

En vísperas del 23-F, Manuel Pastor, entonces miembro de la comisión internacional del PSOE, mantuvo contactos con el embajador de EE UU en España, Terence Todman, y con un alto consejero, Allen Smith, destacado agente de la CIA. Smith advirtió a Pastor 24 horas antes del golpe de que se estaba tramando «algo» con la anuencia del Rey y del Partido Socialista y que el muñidor era Manuel Prado y Colón de Carvajal, diplomático, amigo y administrador privado del Monarca, años después condenado por el «caso Torras».

-¿Manuel Prado y Colón de Carvajal, el amigo del Rey, tuvo relación con el 23-F?

-Yo escribí un artículo al hilo del libro de Jesús Palacios («El 23-F. El Rey y su secreto»), en el que profundiza todavía más después del anterior («El golpe del CESID»). Palacios, aunque lo menciona, no llega a perfilar el papel de Manuel Prado y Colón de Carvajal. Yo había conocido al entonces embajador de Estados Unidos en España, Terence Todman. Estaba con su mujer de vacaciones en Santander, los acompañé en algunas visitas y nos hicimos bastante amigos. Luego quedamos en vernos en Madrid, pero él no tenía mucho tiempo y delegó en un alto consejero de la Embajada, Allen Smith, que resultó ser el jefe de la CIA. Lo sorprendieron controlando las conversaciones telefónicas del Rey y fue el primer agente de la CIA expulsado de España.

-¿Smith estaba en el ajo?

-El historiador Palacios cree que sí. Yo, por la conversación que tuve 24 horas antes del asalto al Congreso de los Diputados, creo que no. Yo era miembro de la comisión internacional del PSOE. En aquella época, el PSOE no tenía aprecio alguno por Estados Unidos, pero yo sí, había estudiado allí con el historiador Stanley Payne y tenía muy buena relación con la Embajada, por eso Allen Smith me frecuentaba y me invitaba a comer o a tomar una copa de vez en cuando.

-¿Para sacarle información?

-En ese momento, el asunto era la postura del PSOE ante la OTAN, los americanos querían saber si el partido se oponía o no a la entrada de España. Yo tenía entonces muy buena relación con Curro López Real, un hombre clave en el PSOE, que tuteló a Felipe González frente a Rodolfo Llopis en el congreso de Suresnes. Me contaba muchas cosas y me hablaba de las presiones de Willy Brandt para que España rechazase entrar en la OTAN porque no le interesaba a la Unión Soviética. Yo intercambiaba información con la Embajada americana, sobre todo con Smith. Y en esto ocurrió la llamada «operación De Gaulle». Veinticuatro horas antes, Smith me llama con mucha urgencia y me cita en el restaurante Mazarino, en la calle Eduardo Dato, y me dice que se está tramando una operación -nunca dijo golpe de Estado- con el consentimiento del Rey y que el organizador es Manuel Prado y Colón de Carvajal, que podría ocupar la cartera de Defensa en un Gobierno de concentración. Me pregunta qué sé yo de eso, puesto que también tenía el consentimiento del PSOE, y yo le dije que no tenía ni idea. Se lo consulté incluso a Tierno Galván y él estaba completamente in albis: «No haga usted caso de esos rumores», me dijo.

-Madrid era un hervidero de rumores ese invierno.

-Ya, pero no se decía que estuviera el PSOE implicado, se hablaba de ruido de sables.

-Y de un Gobierno de concentración.

-Sí, pero no con una operación golpista por medio. Se hablaba de una gran coalición de Gobierno como se habla ahora de un Gobierno de concentración y de suspender las autonomías: lo dicen nada menos que en la revista de Alfonso Guerra («Temas»).

-Entonces, ETA mataba sin cesar.

-«Tenemos la solución para cuando nosotros estemos en el poder», me dijo Curro López Real, «es lo que hizo De Gaulle, contratar a la mafia marsellesa para acabar con la OAS, la organización terrorista de extrema derecha». Esto me lo dijo Curro López Real, que era el hombre fuerte de la inteligencia en el PSOE y el que orientaba a Felipe en política internacional.

-Volvamos a Prado, ¿cuál fue su papel en realidad?

-Palacios no sabe muy bien e insinúa que podía ser el enlace de Zarzuela con el general Armada. Hasta ahora, ningún libro sobre el 23-F menciona a Prado. La primera vez que lo vi citado fue en el libro de conversaciones con el Rey de José Luis de Villalonga. Al propio don Juan Carlos se le escapa que aquella noche estaba su amigo Prado en el palacio de la Zarzuela. También lo destacó Ricardo de la Cierva, pero todos los demás libros lo ignoran.

-¿Qué papel le atribuye usted?

-El que me dijo Allen Smith, que tenía muy buena información porque entonces el Rey no hacía nada sin consultar a la Embajada de Estados Unidos. Yo creo que Manuel Prado, u otra persona, informó a EE UU de la intención de hacer un Gobierno de concentración.

-Un Gobierno de concentración en el que estarían todos los partidos, de Alianza Popular al Partido Comunista.

-Al único que no mencionó Smith en ese Gobierno fue a Manuel Fraga, y no me cuadra que el historiador Palacios lo sitúe como ministro de Defensa, puesto que, según Smith, sería Prado. Yo sospecho que dudaron si estaba bien visto o no poner al frente de esa cartera a un amigo personal del Rey y a última hora lo sustituyeron por Fraga, y así se integraba también a AP, porque Smith, que yo recuerde, me dijo que el Gobierno estaría formado, fundamentalmente, por socialistas e independientes, pero no Alianza Popular, y en el que Manuel Prado, que era el que había negociado todo, sería ministro de Defensa. A mí todo esto me sonaba a chino, y se lo dije a Smith: «Es la primera noticia que tengo».

-¿Y qué le dijo Smith del papel del Rey?

-Me dijo que el Rey aceptaba esa iniciativa, pero no mencionó a Armada.

-«A mí, dádmelo hecho», fue la frase del Rey, según Palacios.

-Sí. Era una operación constitucional, un Gobierno de concentración que era legítimo. Nadie sabía que iba a haber un asalto al Congreso, Smith no me dijo nada de eso. Lo que cuenta Palacios, que es el máximo especialista, es que esta operación lo que hizo fue reventar el golpe duro de Tejero y Milans.

-De lo que no hay duda es del papel de Fernández Campo.

-Sabino fue el que se dio cuenta de que si Armada iba a la Zarzuela comprometería al Rey, y se lo impidió. En principio, se vio a Armada como un mal razonable (como presidente del Gobierno de salvación) para evitar un golpe militar. Seguía un dictamen que habían encargado al bufete de Carlos Ollero y que se inspiraba en el modelo de De Gaulle de 1958.

-¿Sigue habiendo incógnitas?

-Luis María Anson reconoce que todo lo que Palacios cuenta es cierto, pero que sólo ha contado el 70%; que él sabe el resto y que algún día, a lo mejor, lo cuenta.

-Siempre enigmático.

-Pero si él ya ha contado muchas cosas, incluso lo del dictamen de Ollero. Mi única aportación es lo que me dijo un día antes del asalto al Congreso Smith: que todo lo había organizado Manuel Prado y Colón de Carvajal, el amigo personal del Rey, pero no como un golpe, sino como una operación para formar un Gobierno de concentración o de emergencia que resolviese los problemas del terrorismo: una vía técnicamente legal, pero políticamente cuestionable. La paradoja es que Tejero desmanteló toda la operación al impedir que entrara Armada.

-Francisco Laína, director de la Seguridad del Estado entonces, lamenta que se sigan «escribiendo novelas» sobre el 23-F.

-Yo me fío de Jesús Palacios, sospecho que tiene información directa de Armada. Es el mejor informado y prueba de ello es que ganó el juicio a los dirigentes del CESID que lo denunciaron por su otro libro. El libro de Palacios ha sido avalado por Stanley Payne, que es el historiador americano más fiable de la historia contemporánea española. Me fío 100 por ciento de él, es un hombre de confianza del Gobierno de EE UU e ilustra a todos los candidatos a embajadores en Madrid.

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