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viernes, 10 de junio de 2011

Un reto para la Política


Julio Anguita González

Mundo Obrero

Junio de 2011

Es la tarde del día de reflexión y vengo de estar acompañando a los integrantes del movimiento Democracia Real Ya, instalados en el bulevar del Gran Capitán de Córdoba. Durante mi acto de presencia algunos jóvenes me han planteado la madre de todas las preguntas ¿y ahora qué?

Los acampados y supongo que la inmensa mayoría de los que están dando el toque de atención y reflexión más mayúsculo desde hace muchísimo tiempo, están siendo conscientes de que la fase de ocupación y manifestación en la vía pública está tocando a su fin como única manifestación visible de su ejemplar capacidad de traducir a consignas, propuestas y actitudes un estado de opinión generalizado. Es decir, se trata de afrontar el reto de la ampliación de este movimiento a sujeto de intervención política inmediata en nombre de las aspiraciones de una mayoría social que lo es en función de la situación objetiva de sus integrantes: paro, precariedad, pérdida de horizonte, futuro más que incierto, derechos fundamentales negados en la práctica, etc. El reto no es otro que la transformación de hábitos mentales, imaginarios colectivos y subjetividades alienadas en consciencia de la propia situación y las causas de la misma. Ese tránsito conlleva implícita y explícitamente la asunción del protagonismo para facilitarlo; es la Política.

Afortunadamente los portavoces de este movimiento han sentenciado algo fundamental, "somos apartidistas pero no apolíticos". Esta precisión los hace incompatibles con quienes hacen del apoliticismo bandera del medro propio y excusa para sus concupiscencias. Y es que el problema ahora radica en como Democracia Real Ya lleva a buen puerto sus denuncias, sus anhelos y sus propuestas.

Se ha afirmado en estos días que los cambios- para ser efectivos- son inseparables del voto. Es cierto, pero solo a medias; la afirmación necesita ser precisada. El voto ciudadano en Democracia es la única fuente legítima de las leyes; pero ello no puede interpretarse de manera reduccionista como la obligación ineludible de votar a tal o cual partido político; es una opción tan cerrada que más bien parece un trágala. ¿Por qué no hablamos de propuestas y/o programas en vez de siglas partidarias? ¿Por qué no llevamos a las instituciones directamente las medidas nacidas de un gran consenso social, hijo del debate ciudadano?

Nunca he olvidado mi pertenencia a un partido político pero en él aprendí que éste no era otra cosa que una herramienta útil para crear- en unos casos- y en otros ayudar, a conseguir consensos, acuerdos, programas y movilizaciones de transformación social.

Democracia Real Ya, a mi juicio, no puede esperar que su esfuerzo presente y futuro cristalice en una espera del caballo blanco de Santiago que le ofrezca, a cambio de su voto, su mediación en las instituciones; la experiencia vivida en España me exime de mayores comentarios. Tampoco puede resignarse a ser interpretada en el campo del funcionamiento político; ya sabemos lo de traduttore, traditore. Porque además eso sería dejar el ejercicio de la Política en las exclusivas manos de las organizaciones políticas. El ciudadano y la ciudadana son los sujetos principales de la actividad política. Los partidos y su más que obvia necesidad, son algo más que unos meros confeccionadores de listas electorales para ejercer su actividad en las instituciones; tienen un papel esencial en la formación de la ideología, la vertebración social y la formación del consciente ciudadano.

Si este naciente movimiento quiere -y digo además que debe- convertirse en un sujeto de intervención en la Política, desde su apartidismo, debe buscar una organización plural, participativa, activa, profundamente democrática y centrada en concretar sus anhelos y luchas en torno a programas, propuestas legales y proyectos de organización de la sociedad y del Estado. De esta manera ejercerían el papel de una función política totalmente objetivada en la realidad concreta sin tener que optar, como tal movimiento, por siglas partidarias y haciendo de sus relación con ellas una cuestión de debate programático y de compromiso en la defensa del mismo.

http://www.pce.es/mundoobrero/mopl.php?id=1462

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