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lunes, 21 de diciembre de 2009

Carlos Cano no era ningún reaccionario


Ángel del Río*

Paralelo 36

09/12/2009

Con motivo del homenaje a Carlos Cano que el pasado día 3 de diciembre tuvo lugar en la Universidad Pablo de Olavide, la agencia Efe ha difundido una noticia con este titular: reivindican al “reaccionario” Carlos Cano. En su interior se decía textualmente: En su intervención, Del Río ha enfatizado la personalidad “reaccionaria” de Cano, que se preocupaba por “su gente” a la que convertía en “protagonista de sus letras”. Como suele ser habitual, los medios abonados a dicha agencia reproducen la noticia tal cual y ésta se extiende con velocidad por la red identificando injustamente a Carlos Cano con un calificativo que no lo define de ninguna manera. En mi descargo diré que no utilicé ese término en ningún momento de mi intervención y que todo se debe a un error de transcripción o interpretación del periodista. Error que adquiere una mayor magnitud al emplearse como titular de la noticia.

Según la RAE, el término reaccionario tiene tres acepciones: 1) Que propende a restablecer lo abolido; 2) opuesto a las innovaciones; 3) perteneciente o relativo a la reacción. En política, María Moliner, define al reaccionario como apostólico, carca, carlista, cavernícola, retrógrado, retardatario, ultramontano, conservador y moderado. Cualquier persona que conozca un mínimo la obra y la figura de Carlos Cano sabe perfectamente que no encaja en ninguno de estos calificativos. Más bien representa todo lo contrario.

En mi intervención destaqué la significación de Carlos Cano como artista comprometido con su tierra y con sus gentes. Siempre crítico con el poder —que le supuso el maltrato institucional— y alineado intelectual y emocionalmente con el pueblo en el sentido más antropológico del término: con los desfavorecidos, o como él mismo lo definía, con la morralla. No fue un militante de partido político, pero su obra entera es un compendio de coherencia y compromiso social. “Nunca he tenido militancia política —decía—. A veces me he dado cuenta de que tengo cosas que son anarquistas, otras más bien conservadoras, y algunas tienden a lo progresista y revolucionario, o sea, un lío. Pero ante todo me siento y defino como un hombre capacitado para comprender problemas humanos, sin color, ni raza, ni religión”.

Tal vez la catalogación errónea como “reaccionario” venga por la fuerte vinculación del artista con las raíces andalusíes de la identidad cultural andaluza, que algunos, en su momento, interpretaron de manera maliciosa, como una reivindicación del retorno de Al Andalus. Sin embargo no hay nada más lejos de la realidad. Carlos Cano, como tantos miles de granadinos y andaluces, se manifestó abiertamente contra la celebración extemporánea —y ahora sí, reaccionaria— de la Toma de Granada por considerarla una fecha oprobiosa para los vencidos que ensalza la intolerancia sobre otros valores. Decía que si la tristeza tuviera otro nombre se llamaría Boabdil, porque no podía imaginar mayor dolor que la expulsión de un pueblo de una tierra que había contribuido a modelar durante siglos. La comprensión profunda de este episodio y el de las posteriores deportaciones de los moriscos, unidos a su experiencia personal como emigrante en Alemania, Suiza y Francia en los primeros años de la década de 1970 donde descubrió el racismo: “todo lo que era moreno provocaba especial rechazo”, le llevó a sensibilizarse de manera especial con las grandes tragedias contemporáneas: los genocidios, las limpiezas étnicas, los integrismos, los exilios y el drama de las personas migrantes. En este sentido, buena parte de su obra poética y musical es una denuncia inequívoca a toda manifestación de intolerancia y una reivindicación de los derechos humanos. Los temas El Salustiano, Tango de las madres locas, Romance a Ocaña, Canción para Lucrecia, Mi general, Mi amiga Rigoberta, Laila, Diamantino, Srebrenica, Moros y cristianos… son sólo algunos bellos ejemplos.

Carlos Cano fue antes que nada un andaluz libre —Soy andaluz por nacimiento, por sufrimiento, por sensibilidad, por necesidad y por compromiso—, difícilmente clasificable en términos políticos, aunque, eso sí, en las antípodas del término “reaccionario”. En todo caso, nada mejor para definirlo que sus propias palabras: “Sabed que he sido brujo, escritor, cantante, morisco, gitano, bereber, sirena, gayamba, monjita de convento, bandolero, pirata, guerrillero, abogado de pobres, contrabandista y justiciero. Que me aferro al instinto cuando me traiciona la inteligencia. Que aprendí a cantar y a golpear las cuerdas de mi guitarra como si fueran barrotes de una prisión”.

* Ángel del Río es antropólogo e investigador de la Memoria Histórica. En alguna ocasión ha colaborado con UCAR-Granada, de la cual forman parte sus hermanos Nacho y Jesús. Es también hermano de la periodista Pilar del Río, casada con el Premio Nobel de Literatura 1998 José Saramago.

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