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jueves, 22 de abril de 2010

Juan Antonio Samaranch, el falangista reciclado


Antonio Salvador

El Llanto de la Acequia

09/10/2009

A la desaparición del general Franco, la amnesia colectiva se fue instalando entre nosotros como por arte de magia, deslizándose bajo las alfombras de los ministerios y de las sedes partidarias. La oposición había legitimado la dictadura al sellar un pacto de silencio que anuló la memoria histórica de las izquierdas españolas, otorgando la dirección del cambio a las élites reformistas del propio franquismo.

Los secuaces del tirano, los cómplices del exterminio, las comparsas de la felonía, acabaron autoindultándose, sin que sus víctimas, hastiadas tras tanta represión, sedientas de democratismo formal, dijeran esta boca es mía. La claque que palmeaba al son que le marcaban desde El Pardo, se acomodó al renovado escenario, aprendiendo a aplaudir al gracejo sevillano, al toque de Cebreros.

La chaquetilla blanca, la camisa azul mahón, la boina roja, tiradas al fondo del armario, sustituidas por impecables trajes de alta costura, permutadas las esencias falangistas por aromas de tortilla campera, vestidas de pana marrón. El baile de disfraces de la oligarquía gatopardista puso coto al fascismo montaraz, salvando los muebles por enésima vez.

La otra semana, los telediarios ensalzaron sin sonrojo al ex presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Juan Antonio Samaranch, con motivo de la fallida candidatura de la ciudad de Madrid para los Juegos de 2016. Nadie parecía recordar el deshonroso pasado del patriarca venerable de la tribu olímpica. Voy a tomarme la libertad de rememorar los hitos más granados de su currículum:


"Fue designado concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Barcelona (1955-1962), organizando en dicha ciudad los II Juegos del Meditérraneo y posteriormente fue designado Delegado Nacional de Educación Física y Deportes (1967). En 1973 fue nombrado presidente de la Diputación Provincial de Barcelona y cuatro años después embajador en la Unión Soviética y Mongolia (1977), momento en que era ya vicepresidente del COI organización en la que ingresó en 1966." (Fuente: Wikipedia.)

Si queremos comprender el estatus de Samaranch a partir de los años 50, tenemos que resituarnos en la Barcelona de la posguerra, en la capital vencida del separatismo catalanista, derrotado y sojuzgado en la guerra civil precedente. Juan Antonio Samaranch es uno entre los muchos coraceros imperiales del fascismo, un cachorro del nazismo hispano, un burgués asustado, acorazado tras el uniforme. De repente, comienza a frecuentar ilustres compañías, participando en las correrías nocturnas de importantes prebostes del régimen.

Correveidile de Ramón Serrano Súñer o de Luis Carrero Blanco, por entonces en disputa por los favores del dictador, camarada de farras, de juergas y de vida disipada. España era un erial, un Estado-cárcel-cementerio, mientras los dueños de todas las cosas jugaban a ser señoritos calaveras. El pueblo español moría de hambre y de frío, financiaba con su indigencia el banquete suculento de los salvadores de la patria.


Precipitado a las prebendas del poder, equipado todavía con la indumentaria del Movimiento Nacional, acostumbrado al chalaneo del coche oficial, provisto de carta blanca para hacer lo que le viniera en gana, Samaranch inició un ascenso imparable en la pirámide franquista. El régimen necesitaba cuadros obedientes y eficaces, garantes del orden establecido, dispuestos a emplear cualquier método en defensa de los privilegios obtenidos en la victoria.

El posterior desarrollo de los acontecimientos históricos ha demostrado el excelente olfato político de nuestro protagonista, capaz de adaptarse a los bandazos de la realidad con una destreza admirable. El mismo Samaranch que celebraba, brazo en ristre, el 18 de julio en 1974, era nombrado tres años después embajador ante la URSS, el sempiterno rival, sin ni siquiera despeinarse la cabellera.


La inmensa mayoría de la nomenklatura franquista apostó a caballo ganador, sumándose a la operación de transmutación de la dictadura en un sistema democrático de corte occidental. Juan Antonio Samaranch, Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa, Juan José Rosón, Torcuato Fernández Miranda, el mismísimo Adolfo Suárez, fueron algunos de los conversos a la fe liberal, algunos de los que enterraron la pistola y los correajes junto al ataúd de Francisco Franco.

Los prohombres de la Falange controlaron la Transición, apuntalando la monarquía Borbón, siguiendo fielmente el guión previsto en Washington DC. Samaranch se desentendió de la pelea electoral y fue consagrándose a nivel internacional. Los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 significaron su apoteosis, el blanqueo definitivo de la juventud escuadrista, de la madurez francofalangista. El fascista no arrepentido, en el cénit de su éxito, comprendió que como el Cid Campeador, el general ferrolano seguía ganando batallas después de muerto.

http://socialismoeslibertad.blogspot.com/2009/10/la-desaparicion-del-general-franco-la.html

* Con ocasión del reciente fallecimiento de Juan Antonio Samaranch, rescatamos este artículo de Antonio Salvador (antiguo seudónimo literario de nuestro compañero José María García Labrac), publicado en la bitácora El Llanto de la Acequia, con ocasión del fracaso de la candidatura olímpica de Madrid 2016, el pasado mes de octubre de 2009. Sirva como pequeña dosis de Memoria Histórica, frente al oscurantismo del régimen de la Transición, especializado en el maquillaje inmisericorde de las biografías de los servidores y lacayos del dictador.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Garzón sois algunos (y más bien pocos), dios gracias.

Rafael del Barco Carreras dijo...

EL FALANGISTA JUAN ANTONIO SAMARANCH TORELLÓ VERSUS EL SOCIALISTA NARCÍS SERRA.



Rafael del Barco Carreras



En la plaza San Jaime, ante la Generalitat, antes Diputación, y la Alcaldía, y después en la Catedral, estaban TODOS y su TELE, que son todas. Eché a faltar algún representante de la Familia FRANCO, cuyos intereses bancarios en Barcelona tan bien representó el difunto. Quizá no fuera “políticamente correcta” su presencia.



Aprovechando, Narcís Serra, nos contó que ya en 1979, recién alcalde, compartieron juntos el sueño de las OLIMPIADAS. En silencio, de camarada a camarada. De ser su jefe en la Diputación del MOVIMIENTO pasaba a amigo confidente del también camarada SOCIALISTA. Los extremos se tocan y se funden cerrando un círculo. La solución TOTAL, la llamada Transición, repartir cargos a la llamada Izquierda, a sus jefes ¡claro!



Y Jordi Pujol y Pascual Maragall, juntos ante las cámaras, rieron alguna anécdota de Samaranch. “No lo hacéis bien”, decían que les decía a TODOS, incluido el Poder Central. Broncas del convertido por el COI, y ya la presidencia de LA CAIXA, en el hombre más poderoso de Cataluña, y puede que de la España de entonces.



Entre las confidencias en 1979 seguro se consultarían la ficticia huida de Antonio de la Rosa (íntimo del Movimiento) por el desfalco del Consorcio de la Zona Franca, que de financiar junto al Banco Garriga Nogués (Banesto) al Movimiento y la llamada Derecha Democrática pasaría a financiar a los Socialistas de Narcís Serra. Para ello acusarían a cualquiera salvando a Javier de la Rosa.



Quizá pasado el tiempo, y vista por Samaranch la nebulosa política de Narcís, se negaría a su más ferviente deseo después que le echaran de Vicepresidente del Gobierno Felipe González por espiar del Rey para abajo, hacerle heredero, Presidente de LA CAIXA. Si con los Juegos Olímpicos hizo el primer y mayor favor histórico a la Ciudad de Barcelona, evitar entregarle LA CAIXA, sería el segundo. Narcís con quebrar la Caixa de Cataluña tendría suficiente. A considerar que Isidre Fainé se negó en redondo a absorberla.



Alguien ha dicho que solo falta MANUEL FRAGA… es un error… falta echarlos a todos, sus herederos, con una DEMOCRACIA REAL Y ABIERTA… desatar por fin el “atado y bien atado”… que además el nudo gordiano está podrido por el MAYOR FRAUDE INMOBILIARIO-FINANCIERO de la Historia de España.



Ver el www.lagrancorrupcion.blogspot.com referencias del libro RICOS POR LA PATRIA.