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martes, 27 de julio de 2010

¡Santiago, Juanca y cierra España!


RG Almazán

Kabila

25/07/2010

¡Vaya espectáculo! Hoy 25 de julio, el jefe del Estado, a la sazón –aunque no a la razón democrática— rey de España, Juan Carlos I, se ha presentado en Santiago para celebrar el día del santo.

Había que ver al rey leyendo un papelillo y mirando de soslayo a una estatua del apóstol Santiago.

En su lectura pedía al santo, entre otras lindezas, que ayudara a que terminara esta crisis. ¡Qué será lo próximo! Tendremos que ir en peregrinación a Roma con velas a pedir que la crisis nos abandone o quizá se nos aparecerá la virgen y nos dirá que la crisis es un sacrificio que hemos merecido por nuestros pecados.

Ingenuamente y sin acritud me pregunto si no sería mejor que le pidiera ayuda a esos bancos estresados para que empiecen a soltar la pasta a los que lo necesitan, que hablara con las grandes fortunas, muy cercanas a él, para exigirles que no manden su dinero a paraísos fiscales, que se manifestara en favor de que todas las empresas pagaran el IVA y la Seguridad Social, que ordenara a los empresarios amigos suyos que no constituyeran empresas SICAV falsas para evitar pagar impuestos. O que a esos deportistas profesionales que tienen el domicilio fiscal fuera de España, a los que tanto le gusta acercarse, les animara a que volvieran aquí, a pagar sus impuestos. Pero claro eso es otra historia, y aquí lo que se busca es el milagro. Desde luego, hasta yo, ateo confeso, confío más en que el apóstol solucione la crisis a que lo haga el propio rey y sus amigos ricachones.

La cuestión es que si hay alguien que en este país no tiene crisis es nuestro querido rey que sigue disponiendo, sin control alguno, de casi 9 millones de euros para sus gastos particulares, aparte de esa pequeña casita donde vive y de esa legión de ayudantes y demás personal que la administración pone a su servicio. La verdad es que tendría la ocasión de colaborar contra la crisis, por ejemplo, disminuyendo a la mitad su presupuesto anual.

Este rey puesto por Franco, todavía sigue creyéndose el rey católico, y actúa en contra de lo que dice la Constitución, esa que por arte y magia le coló de rondón como jefe de Estado. Esa constitución que le ha encumbrado y en la que se apoya cuando le viene bien.

Así, esta mañana, no ha respetado su art. 16.3 cuando actuando como jefe de Estado ha leído la Ofrenda Nacional al Apóstol, incumpliendo de esta manera el principio de aconfesionalidad del Estado.

En su condición de rey tiene tics que confirman su deseado absolutismo y sus raíces, al alinearse claramente con el nacional-catolicismo en vez de mantener una actitud neutral, como le indica la Constitución.

Nadie puede ni debe impedirle ser católico o del Atlético de Madrid, lo que no puede hacer es llevar sus creencias personales a la Jefatura del Estado cuya neutralidad debería ser un hecho indiscutible. Que sea lo que quiera ser en su tiempo libre, al margen de su ejercicio como jefe del Estado, pero que no contamine con sus creencias y filiaciones personales su puesto de monarca.

Poco más hay que decir de este rey que es incapaz de entender las mínimas reglas del juego y que actúa sólo pensando en su propio interés y en el de los suyos (su familia, sus amigos y sus seguidores), eso sí, contando con el beneplácito de los dos grandes partidos de este país, que le adoran, al igual que hace él con la estatua del apóstol Santiago.

Y perdonen que termine con un desahogo personal que no he podido evitar al ver en el telediario al rey, con emoción contenida, dirigirse al santo:

¡Santiago, Juanca y cierra España!

Salud y República

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