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domingo, 19 de diciembre de 2010

Eterno regreso a Granada


DIEZ AÑOS SIN CARLOS CANO / De emigrante a artista comprometido

Ignacio Díaz Pérez

El Mundo

19/12/2010

Granadino, como Lorca, y universal, como el flamenco, Carlos Cano se pasó la vida volviendo a Granada, donde nació. Volvió tras haber emigrado, casi adolescente, con apenas 18 años, a Suiza y Alemania en aquellos duros años de la dictadura, cuando en España no había trabajo ni libertad.

Y volvió también para morir. No quiso hacerlo cinco años antes, en Nueva York, cuando se sometió en el hospital Monte Sinaí a una delicadísima operación por culpa de un aneurisma de aorta. Esperó cinco años antes de marcharse definitivamente. Y lo hizo en Granada. Con 54 años y una veintena de álbumes a sus espaldas. Quien anduvo siempre buscando las raíces en su obra no podía dejar de hacer lo mismo con su vida.

Carlos Cano nació el 28 de enero de 1946. Muy pocos días después, el 9 de febrero, la Asamblea General de la ONU, en su Resolución 32, condenaba el régimen de Franco y prohibía a España ingresar en las Naciones Unidas. Juan Domingo Perón salía elegido presidente de la República Argentina, antes de que Carlos Cano cumpliera su primer mes de vida. Es el año del bikini y del inicio de treinta años de guerra en Indochina.

El 19 de diciembre de aquel año nació también Bill Clinton, que se convertiría en el 42º presidente de los Estados Unidos y que dirigiría los destinos de la principal potencia mundial, tocado ya por un escándalo sexual, el año que Carlos Cano se marchaba sin decir adiós.

De hecho, pareciera, al cumplirse diez años de su muerte, que no se ha ido. Ahí está su obra y su recuerdo, su memoria, y hasta su perfil en Facebook, en el que alguien muy próximo al cantante-poeta, de manera anónima, como si del propio artista se tratara, desgrana día a día lo que fue y lo que sigue siendo. Utópico y comprometido, artista reivindicativo, hombre de paz. Decía en una de sus últimas entrevistas que "vale la pena seguir vivo, seguir luchando, aunque sea por uno mismo". Y añadía: "yo me moriré vivo".

El emigrante José Carlos Cano Fernández

José Carlos Cano Fernández compuso su primera canción con 24 años de edad. En 'Miseria', escrita en Barcelona, volcaba su experiencia y su nostalgia de emigrante. Había trabajado en un hotel en Suiza, fabricando farolillos para féretros y en la imprenta del periódico Der Spiegel en Alemania, y como marinero en el puerto holandés de Rotterdam. Decidió dedicarse a la canción animado por gente como Lluís Llach y el recién fallecido Enrique Morente, otro granadino universal.

Es la época del Manifiesto Canción del Sur, movimiento que funda en Granada junto con intelectuales como Juan de Loxa, Enrique Moratalla y Antonio Mata. Canta acompañado de su guitarra dentro del ámbito universitario en un momento en que el franquismo empieza a dar síntomas de estar viviendo sus estertores.

En 1972, Arias Navarro, entonces alcalde de Madrid, le declaró persona non grata, tras participar en el homenaje que la Unesco dio en París a Federico García Lorca.

Andaluz en las dos orillas

El primer disco lo edita el año que muere Franco. El primer tema de A duras penas es 'Verde, blanca y verde'. Aunque Carlos Cano nunca militó en ninguna formación política siempre tuvo vocación republicana (su abuelo fue fusilado en 1936) y se sintió identificado con cierto andalucismo de izquierdas, hoy prácticamente desaparecido.

'Verde, blanca y verde' se convierte en un himno entre quienes reclaman, muerto el dictador, la autonomía para Andalucía. Sus letras, desde este primer disco, estarían para siempre plagadas de realidad, de una realidad de pueblo llano no edulcorada ni disfrazada.

A este disco le siguieron A la luz de los cantares (1976), Crónicas granadinas (1978), De la luna y el sol (1980) o El gallo de Morón (1981), en los que sigue cantándole a su tierra, buceando en las raíces de la música popular andaluza y dejando bien patente la influencia de poetas como el propio Lorca, Rafael Alberti, Antonio Machado y hasta del rey poeta árabe Al Mutamid.

De las Crónicas granadinas llegó a decir que las compuso tras "reconciliarse" con su ciudad: "Granada es muy hermosa, pero me hacía daño. Me di cuenta de que para vencer a Granada había que rendirse a ella. Y aquí es cuando descubrí ese poso árabe que impregna toda la vida en Granada".

Sin renunciar a su origen y su marcado sentido de lo andaluz (de él diría el malogrado José Antonio Labordeta que "a mí, y a toda una generación, nos descubrió una Andalucía ignota, reivindicativa, solidaria, lírica, épica y divertida"), sus siguientes trabajos se abren a influencias del otro lado del Atlántico. En discos como Si estuvieran abiertas todas las puertas (1983) o Luna de abril (1988) hay rumbas, tangos, habaneras y boleros.

La copla en libertad

Puestos a reivindicar, Carlos Cano reivindicó también la copla, que parecía secuestrada hasta entonces por el régimen franquista para el que el género había servido de adormidera. El granadino la desempolvó, le quitó la pátina que la dictadura le había dejado y publicó dos discos dedicados de manera específica a la copla: Cuaderno de coplas (1985) y Quédate con la copla (1987), donde, entre otras, incluye la canción 'María la portuguesa'.

Explicaba que se dedicó a la copla "para recuperar memoria. Para decir que yo vengo de ahí. No me avergüenzo de cantar coplas. Sin Falla, Albéniz y Turina no se hubiera dado el fenómeno del maestro Quiroga. Y lo mismo ocurre con García Lorca. Sin sus canciones y su poesía no hubiera existido, quizá, Rafael de León". "Para cantar copla", decía, "hace falta memoria, y la gente joven no la tiene".

Carlos Cano también grabó A través del olvido (1986), dedicado a Luis Cernuda, Ritmo de vida (1989), en el que lo acompaña por vez primera una orquesta sinfónica, Mestizo (1992) y Forma de ser (1994), con el que inició el catálogo de su propia casa discográfica, Dalur Discos.

La vida, 'algo especial'

Tras recuperarse de su operación en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York, Carlos Cano presenta Algo especial (1996), una recopilación de obras ya conocidas pero reinterpretadas que había concluido poco antes de sufrir el aneurisma. En El color de la vida (1996) incluye unas 'Habaneras de Nueva York'. "He vuelto a nacer en Nueva York, provincia de Granada", diría en alguna ocasión.

Sus últimos trabajos fueron Diván del Tamarit (1998), con textos de García Lorca, La copla, memoria sentimental (1999), dedicado a la memoria de su madre, mamá Lola, y su abuela, mamá Pepa, "siempre trabajando, siempre cantando". En el año de su muerte se editaría De lo perdido y otras coplas, en el que hace un recorrido por la copla de la II República.

En diciembre de 2000 iba a presentar Así cantan los niños de Cuba, disco benéfico en el que Carlos Cano hacía dueto con Compay Segundo para interpretar 'Guantanamera', el último corte del disco. A título póstumo y a modo de homenaje saldría a la luz Que naveguen los sueños (2001), un disco de duetos con artistas como Joan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Míguel Ríos, Martirio, Alberto Cortez, María Dolores Pradera y otros.

Carlos Cano siempre defendió el compromiso como elemento irrenunciable del arte y la música. "Gracias a las nuevas tecnologías -dijo en alguna ocasión- hay formas magníficas en la música actual, pero se está dejando de lado el sentido y la esencialidad de las cosas, que es donde debe estar siempre el poder de la música. Ahora, en nombre de una falsa modernidad, hay muchas cosas que se quedan en la forma. Pero carecen de ideas y de sentimientos, que es lo que mueve el mundo. Lo demás son trucos de magia".

Compromiso de solidaridad

Además de su amor por la música y las tradiciones, además de su carácter reivindicativo, Carlos Cano hizo siempre gala de un extraordinario sentido de la solidaridad. En 1993 participó en el concierto Pro-vitaminas para los niños de Cuba celebrado en julio en Madrid y en el Encuentro de Cantautores del Xacobeo 93, de septiembre en Orense. Un año más tarde colaboró, en Madrid, en el Concierto urgente por los pueblos indígenas de Colombia, y en abril en Sevilla, en el festival en apoyo a los trabajadores de las empresas Santana y Gillette, amenazadas de cierre. Sólo unos días más tarde, en Armilla (Granada), cantó en un recital solidario que entró en el libro Guinness de los récords al superar las 202 horas ininterrumpidas de música.

Ocupó desde 1995 la Presidencia del Patronato de la Fundación por los Pueblos Indígenas (sustituyó al juez Baltasar Garzón, que había dimitido) y también presidió la Fundación Alhayat, para ayudar a resolver problemas de la infancia. Esta adquirió en octubre de 1992 el cortijo de La Rehoya, en la localidad granadina de Órgiva, donde prestaba ayuda a niños saharauis.

Carlos Cano se casó dos veces. De su primer matrimonio nacieron sus dos hijas, Amaranta y Paloma. Cuando murió, Carlos Cano vivía con su compañera Eva Sánchez Martínez, con quien tuvo un hijo, Pablo, en 1996. Su última actuación en público fue el 22 de noviembre de 2000, durante una fiesta de la Sociedad General de Autores celebrada en el madrileño Círculo de Bellas Artes. Murió a las 5.30 horas del 19 de diciembre, cuando parecía que había salvado las mayores complicaciones médicas tras ser intervenido el 28 de noviembre de una rotura severa de aorta.

La Junta de Andalucía, que entonces presidía José Rodríguez de la Borbolla, le dio en 1989 la Medalla de Plata de Andalucía; nunca le fue concedida la de Oro. En el año 2001, Carlos Cano fue nombrado, a título póstumo, Hijo Predilecto de Andalucía . Y un manto de silencio oficial lo cubrió hasta ahora.

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