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miércoles, 21 de septiembre de 2011

Cuando menos es más


Emilio J. García-Wiedemann
*

Ideal

11/09/2011

Este mundo paradójico nos ofrecía, recientemente, una perla más con la que ejemplificar su calificación. Me refiero, en este caso, a la declaración de los milmillonarios “suplicando” que les suban los impuestos. La primera lectura, preñada de cándida bondad, interpreta que los ricos también lloran y que se apiadan de los que ellos mismos han desposeído y quieren contribuir a paliar, de algún modo, las desdichas que han generado. Acto seguido, superado el ‘ataque de sensibilidad’ y con la historia como fiel consejera, hay que pensar que la situación debe estar muy malita como para que los predadores quieran echar unas migajas a los crecientes menesterosos y que su ‘caridad civil’ esconda, en realidad, su imperiosa necesidad de que el común siga consumiendo sin fin para continuar alimentando sus insaciables cuentas bancarias.

Igualmente ‘curioso’ es el hecho de que la súplica del ‘flagelo fiscal’ se produzca allende los mares y en Francia y Alemania, mientras que las fortunas patrias callan y dejan que haga de portavoz Rosell, ‘casualmente’ abanderado de la patronal, para quien recuperar el impuesto sobre patrimonio en nuestro país sería “complicarse la vida”, calificándolo de “arcaico”. Con lo que el ‘futurista’, adalid del despido libre y cercenamiento de los derechos de los trabajadores, deja claro que sería tocarle el bolsillo a los poderosos. Una antigualla, vamos. ¿Cuánto han dejado de ingresar las arcas de Estado con la supresión del impuesto?

Unos pocos lo han acaparado todo, hecho del que Rousseau se hace eco, en su “Discurso sobre el origen y fundamento de la desigualdad entre los hombres”, denunciando claramente la falsedad de la propiedad: “¡Cuántas guerras, asesinatos, miserias y horrores no hubiese ahorrado al género humano quien, arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiese gritado a sus semejantes: ‘Guardaos de escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos pertenecen a todos y que la tierra no es de nadie!’” En efecto, como en otro texto roussoniano puede leerse, la propiedad es un robo.

El momento histórico que vivimos nos pone en una situación ideal para repensar muchos conceptos. En varias ocasiones, les he manifestado que el desarrollo capitalista que conocemos no puede ser, en absoluto, infinito, pues, los recursos no lo son. Hora es pues de crecer, sí, pero hacia adentro, de profundizar en los valores que realmente nos hacen merecedores de llamarnos humanos. Menos cosas, sí, más corazón solidario. Vindicación de lo pequeño que podemos admirar de cerca, de la lentitud que nos permite meditar debidamente. El futuro ha llegado, está en nuestras manos.

http://loquepiensasynodices.wordpress.com/2011/09/11/cuando-menos-es-mas/

* El autor es catedrático EU en el Departamento de Lengua Española de la Universidad de Granada.

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