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miércoles, 31 de marzo de 2010

Franco gana


Rafael Torres

La Opinión de Granada

29/03/2010

Si alguien no sabía que Franco lo dejó todo, en efecto, atado y bien atado, y que la famosa Transición no fue sino una operación de supervivencia de su Régimen, que a cambio de que jamás se recordaran sus crímenes concedía una democracia limitada y constreñida por la forma de Estado que el propio sátrapa había designado, ya lo sabe: sólo por nombrar judicialmente aquellos crímenes, a un juez, a uno de los pocos que el Pueblo Español reconoce como diligente, valeroso y afecto a los intereses generales de la Nación, se lo quieren quitar de enmedio ominosamente. ¿Quienes? los epígonos del franquismo, como es lógico.

Sentando a Baltasar Garzón en el banquillo, desacreditándole, arruinando su carrera y apartándole de la Audiencia Nacional por haber osado pretender que la Justicia lo fuera verderamente al llamar al franquismo por su nombre, cree ese franquismo irredento, intacto, demócrata de toda la vida cuando le convino, dueño de todo, que consigue el objetivo que le asegura, como mínimo, otros setenta años de preeminencia y, en consecuencia, de tiranía.

Tanto susto se llevó ese franquismo, luego de décadas de disfrutar la vida muelle de la desmemoria y de creer que se iría absolutamente de rositas, cuando Garzón intentó llevar a la Justicia lo que por necesidad metafísica debería estar siempre en ella, la execración y persecución del delito, que no ha encontrado reparo en despojarse, con su reacción, de la máscara. Todos a una, es decir, todas las familias del Régimen, toda esa España que nunca fue desnazificada sino antes al contrario, se han agavillado contra ese juez que representa, y es de los poquísimos que lo representa, el sentimiento democrático de la mayoría, y digo bien: sentimiento.

La Justicia se ha perdido en un jardín que no es un jardín, sino un laberinto. La Falange, Manos Limpias y los corruptos del Caso Gürtel están encantados de la vida, y eso, sólo eso, ya sería suficiente para apagar e irse. Pero, ¿quién habría de irse? La gente de bien, no creo; es mucha.


* La viñeta que preside este artículo es obra del humorista gráfico catalán Ferreres, y apareció en la edición del diario Público del sábado 13 de febrero de 2010.

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