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miércoles, 17 de marzo de 2010

República sin republicanismo


Hugo Martínez Abarca

15/03/2010

Quien mucho abarca

Ayer dedicó Público buena parte de su información al análisis de la imagen de la monarquía entre la juventud y permitió afianzar lo que cualquiera supondría: que la juventud es más que escéptica con la mitología de la Transición y que cada vez la monarquía tiene una peor valoración entre los jóvenes. De hecho, la institución supuestamente mejor valorada por el conjunto de los españoles es suspendida entre los españoles menores de 25 años y la tendencia es a empeorar esa valoración.

Si nadie hiciera nada, la monarquía iría perdiendo apoyos. La política está nutrida de mitos, pero ya no es época de mitos personales y mucho menos si las personas a las que mitificar no son perseguidos y pobres, sino millonarios, privilegiados incluso legalmente y están rodeados de lo más corrupto de las grandes fortunas españolas. Si nos quedamos mirando, la monarquía caerá.

Ocurre que apenas se está haciendo pedagogía republicana e incluso es posible que buena parte de la ciudadanía identifique antes a ERC como fuerza republicana que a IU (salvo quizás por la visita de Cayo Lara al monarca con pin republicano que fue tan comentada). Si hoy cayera la monarquía, nadie podría reivindicar la caída y, además, no habría un sustrato político realmente republicano: el cambio de régimen sería sólo una sustitución en la jefatura del Estado sin cambios estructurales en la paupérrima democracia española. O incluso lo más reaccionario podría aprovechar para alguna vuelta de tuerca más.

La necesidad de un discurso republicano es, pues, doble. El deterioro de la monarquía debe venir empujado desde la izquierda, para que cuando caiga, que caerá, no se nos caiga a todos, sino que le caiga encima al statu quo del Régimen de la Transición. Y eso tiene que venir acompañado de toda una pedagogía republicana que haga que, cuando caiga la monarquía, que caerá, la ciudadanía tenga claro que la III República es un proyecto político muy distinto y ambicioso: laico, socialmente más justo, con control democrático de la economía, con pleno cumplimiento de todos los derechos humanos, con un modelo de democracia muy participativo y blindado a castas de jetas…

Si a ello unimos que las encuestas parecen dar la razón a quienes defendemos el protagonismo de la simbología republicana para el conjunto de las reivindicaciones de la izquierdas, veremos que hasta por oportunismo deberíamos hacer de la III República el nombre de nuestro programa político.

Si dejamos caer la monarquía de madura, quienes se zamparán el cadáver, que lo habrá, serán los carroñeros. Como siempre.
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En Kabila también se habla del asunto.

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